La bóveda

Boyd Morrison · Capítulo 13 de 72

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La bóveda

Capítulo 12

 

Stacy y Tyler estaban de acuerdo en que tenían que tomar en serio la advertencia de Orr. Tras dejar a Grant en la base naval para que pudiera atar algunos cabos sueltos del proyecto del depósito de municiones y recoger su coche, los dos habían vuelto al muelle a tiempo de abordar el ferry de Seattle de las 11.10. Ella se quedó sentada en el Viper mientras él paseaba bajo la lluvia, esperando a que el transbordador se vaciara para subir a bordo. Stacy encontraba relajante el golpeteo de los limpiaparabrisas; le recordaban soñolientos viajes infantiles en la camioneta de su padre, cuando llevaba a sus hijas al cine durante un atardecer lluvioso.

—¿Estás más cómoda ahora? —preguntó Tyler.

Mientras había estado sentada en sus rodillas durante el regreso al ferry, se había dado cuenta de que Tyler había mantenido respetuosamente las manos a ambos lados, pero como era mucho más corpulento que ella, los brazos masculinos, en cierto modo, la envolvían. Tanto si había sido intencionado como si no, aquella posición la había hecho sentirse segura.

Si los miembros de su programa de televisión lo hubieran sabido, no se lo habrían creído. La aventurera trotamundos que se adentraba valientemente en oscuras tumbas llenas de arañas necesitaba un abrazo.

—Hace un rato debí de parecerte una idiota —dijo.

—¿Cuándo?

—Cuando te pedí que prometieras que Carol estaría bien. Es que no me había enfrentado nunca a la idea de perderla.

—Conozco esa sensación —repuso Tyler—. Yo también tengo una hermana.

—¿Por qué ha secuestrado a mi hermana y a tu padre?

—Mi hermana está de excursión en la Patagonia. Ni siquiera yo podría encontrarla.

—¿Así que no vas a ponerte en contacto con ella para decirle que tu padre ha sido secuestrado?

Él negó con la cabeza.

—Se pondría en contacto con el FBI. Y Orr nos ha advertido que no lo hagamos.

—¿Crees que Orr los mataría si metiéramos al FBI en esto?

—Hasta ahora ha sido totalmente impredecible. No me extrañaría nada en él.

—Pero el FBI podría encontrarlos.

—Podría encontrarlos muertos. De momento seguiremos solos. Mi compañía, Gordian, tiene grandes recursos y además Grant nos ayudará. Si llamamos al FBI, perderemos el control. Los federales dirigirían el caso. Si fuera un asunto de dinero, los llamaría. Pero la situación es mucho más complicada. Y sería imposible impedir que Orr se enterase de que el FBI está implicado. Sería un riesgo y, una vez que los llamáramos, no podríamos volvernos atrás.

—No me gusta eso de perder el control. Y si la prensa se entera, se convertirá en noticia de primera plana. Es uno de los riesgos de la fama.

—Entonces, por el momento, lo haremos nosotros. ¿Te parece bien? Para llevarlo a cabo necesitamos trabajar juntos.

Stacy asintió con la cabeza.

—Lo haremos solos por el momento.

Los coches empezaron a subir al ferry y Tyler puso el Viper en marcha. Lo dejaron en la cubierta de vehículos y Stacy se dirigió al lavabo de la cubierta de pasajeros.

Mientras se lavaba las manos frente al espejo, no le gustó el aspecto derrotado de la mujer que le devolvía la mirada. No era el cabello húmedo y enredado ni la falta de maquillaje lo que le molestaba. Había tenido un aspecto peor en muchos episodios del programa, y a los espectadores parecía gustarles su disposición a revelar que las presentadoras de televisión también sudaban y se ensuciaban. Pero ella se enorgullecía de mantener una actitud optimista en todo momento ante la cámara, sin embargo, ahora parecía cualquier cosa menos optimista.

Respiró hondo y se enderezó. Orr no iba a vencerla tan fácilmente. Estaba recuperando el control. Cuando volvió a su asiento, encontró a Tyler cerrando el móvil.

—¿Alguna novedad? —preguntó Stacy.

—Era el presidente de Gordian, Miles Benson —explicó Tyler—. Ha almorzado con mi padre.

—¿Hoy? ¿Cuándo lo han secuestrado?

—Ha debido de ser inmediatamente después. He preguntado a Miles si había ocurrido algo fuera de lo normal. Dijo que un oficial del ejército había ido a buscarlo por un asunto urgente, pero no se fijó bien en su aspecto. Va a preguntar discretamente a los empleados y esta tarde tomará un avión para venir aquí.

Stacy se inclinó hacia él con los codos en las rodillas, una postura que adoptaba a menudo cuando el personal de producción del programa se dedicaba a dar ideas para los episodios siguientes.

—La cuestión es cómo vamos a seguir el juego a Orr —arguyó—. El Toque de Midas es una fábula griega. Es ridículo considerarla una historia verdadera.

—A veces las leyendas tienen una base real —dijo Tyler mirando a la lejanía.

—Cierto. Algunos historiadores creen que Midas fue real. Se especula sobre si fue rey de Frigia, que era parte de la moderna Turquía, aunque no hubiera nacido allí.

—¿De dónde era?

—Unos dicen que de Macedonia y otros que de más lejos aún. Nadie lo sabe con certeza. Pero dicen que Midas llegó como hijo de un campesino en el momento justo en que el oráculo profetizaba que el siguiente rey de Frigia aparecería en un humilde carro. Al padre de Midas lo hicieron rey al momento.

—Un tipo con suerte.

—Y esto te va a gustar: el nombre del rey era Gordias. Cuando Midas sucedió a su padre en el trono, dedicó el carro a Zeus por haberle dado tan buena fortuna y declaró que el que consiguiera deshacer el nudo diabólicamente complicado de su yugo gobernaría Asia entera.

—Te refieres al nudo gordiano. Fue Alejandro Magno quien resolvió el enigma. Aunque se limitó a cortarlo en lugar de deshacerlo.

Stacy sonrió.

—Supongo que el nombre de Gordian Engineering viene del nudo gordiano.

—Exacto. Un problema al parecer insoluble con una solución audaz. Pero no sabía que era Midas el que había hecho el nudo.

—Todos los días se aprende algo nuevo. Por eso me encanta mi trabajo.

—¿Qué pasó con Midas?

—Nadie lo sabe, pero hay varias teorías. Una dice que está enterrado en Turquía. Hay quien asegura haber encontrado su tumba. Según otra, fue expulsado por los persas. El mito dice que Midas ofendió a uno de los dioses y fue castigado con unas orejas de burro por su delito. Huyó de Frigia avergonzado y nunca volvió a saberse de él.

—Todo eso forma una gran historia —comentó Tyler—, pero tienes razón en que la parte del Toque de Midas es absurda. Los alquimistas trataron de crear su propia versión del Toque de Midas durante siglos, buscando la forma de transmutar el plomo en oro. Fracasaron siempre, porque es materialmente imposible.

Stacy no había dado un curso de ciencias desde el instituto, así que sus conocimientos de química eran, en el mejor de los casos, rudimentarios.

—¿Por qué es imposible? —preguntó—. Quizás haya una fórmula oculta que no se ha descubierto.

Tyler se echó a reír.

—A menos que la fórmula oculta suponga una fisión atómica, no funcionará.

—¿Eso es lo mismo que fisión nuclear?

—El plomo tiene un peso atómico mayor que el oro, lo que significa que tiene más protones, así que la única forma de convertir el plomo en oro es quitarle protones. Para que el núcleo de un átomo se desprenda de protones hace falta una reacción nuclear. Supongo que podría hacerse en un reactor nuclear, pero sería tan caro que no merecería la pena.

—Entonces, ¿piensas que Orr está loco?

—Como una cabra, si cree en la magia.

—Ahora veo por qué te quiere metido en esto. Tú construiste el geolabio. Pero ¿para qué me quiere a mí? Hay miles de doctores en clásicas por ahí.

—Las humanidades no fueron una prioridad para mí —dijo Tyler—. ¿Qué se estudia exactamente en clásicas?

—La lengua, la cultura y la historia de la Grecia y la Roma clásicas. —Por eso sabes griego. ¿Sabes también latín?

—Me licencié en lingüística. Sé hablar griego, latín, italiano, francés y alemán.

Tyler silbó.

—Impresionante. Me gustaría saber algún idioma extranjero. Pero me temo que no tengo predisposición. A menos que cuente el lenguaje de los signos. Mi abuela era sorda. También se lo he enseñado a Grant.

—El lenguaje de los signos cuenta —admitió Stacy—, pero yo no lo conozco. Sólo conozco lenguas orales.

—¿Y por qué estudiaste clásicas?

—Me crié en una granja cercana a Des Moines. Mis padres no tenían mucho dinero, así que nunca fuimos más allá de algún cámpin de Minnesota. Siempre quise ver todas esas maravillosas ciudades de Europa, y pensé que un doctorado en clásicas me ayudaría. Mientras preparaba la tesis me di cuenta de que la investigación no era lo mío. A pesar de todo, me obligué a terminar, pero todavía tenía que devolver los cien mil dólares del préstamo que me habían dado, así que cuando me enteré de que hacían audiciones para En busca del pasado, me apunté. No soy actriz, pero preferían a alguien con una formación sólida a una rubia tonta que leyera el teleprompter, así que conseguí el trabajo. Devolví el préstamo en un año.

—Tus padres deben de estar muy orgullosos. ¿Siguen en Iowa?

—Han muerto. Los dos eran fumadores. El cáncer se los llevó.

—Lo siento.

—Ahora sólo quedamos mi hermana y yo. Ella estaba en la Facultad de Derecho. Está en la Facultad de Derecho, maldita sea.

Él le apretó la rodilla. Fue un pequeño gesto de simpatía que la joven supo apreciar.

Sonó el teléfono de Tyler.

—Será Grant —supuso, pero al mirar la pantalla, adoptó una expresión irritada.

—¿Qué pasa? —preguntó ella.

—Es Orr. Dice que compruebe el correo electrónico.

Pulsó algunos mandos táctiles y se inclinó para ver más de cerca. En la pantalla apareció un vídeo. Stacy oyó unas palabras, pero no pudo entenderlas.

Tyler giró el teléfono para que Stacy pudiera verlo y reinició el vídeo. La imagen inicial era un periódico con la fecha de aquel día. Luego retrocedía hasta que se veía a un hombre con pasamontañas negro situado al lado de otro hombre sentado en una silla. El hombre sentado tenía alrededor de sesenta años y vestía un traje. Tenía las muñecas y los tobillos esposados, pero no parecía herido. De hecho, parecía increíblemente en forma, y no sólo a pesar de la edad que tenía. Llevaba los ojos vendados, pero su fuerte mandíbula y su corto cabello castaño no dejaban lugar a dudas de que era el padre de Tyler.

Una voz dijo en el vídeo:

—Nombre.

Hubo un cambio de imagen, como si hubieran editado la grabación. El hombre sentado confirmó sus sospechas.

—Sherman Locke —respondió el interpelado con una voz de barítono que recordaba ligeramente a la de Tyler, aunque la edad le había dado más profundidad.

El vídeo con la prueba de vida terminó bruscamente. Stacy cerró los ojos y vio mentalmente el que ella había recibido aquella mañana con Carol atada e inconsciente.

Cabeceó y abrió los ojos para mirar a Tyler, esperando ver cólera. Ante su sorpresa, estaba sonriendo.

—El muy hijo de puta —murmuró él conteniendo la risa—. Algo me dice que no va a rendirse sin luchar.