La bóveda
Capítulo 28
Tyler deseó no haber cenado tanto. La idea de que Orr estuviera construyendo un arma de destrucción masiva le producía retortijones.
—Detesto volver a sacarlo a colación —intervino Stacy—, pero quizá deberíamos reconsiderar lo de llamar al FBI.
—¿Y qué decimos? —preguntó Tyler.
—Que Jordan Orr tiene estroncio noventa.
—¿Lo tiene?
—Acabas de decir que sí.
—Eso es lo que digo yo. Tú has dicho que era una carretera regional, y también podría ser verdad.
—O una dirección —apuntó Grant—. O las iniciales de alguien. Hay cientos de posibilidades.
—Además, está la cuestión de para qué querría Orr una bomba sucia. Si planea chantajear al Gobierno, no nos necesita para nada.
—Quizá quiera volar la cámara de Midas cuando la encuentre —sugirió Grant—. A Goldfinger casi le salió bien. —Stacy le dirigió una mirada confusa y él añadió—: Ya sabes, la película de James Bond en que el malvado Goldfinger quiere hacer explotar una bomba atómica dentro de Fort Knox.
—Pero Goldfinger ya tenía un montón de oro que aumentaría de valor después de la explosión —repuso Tyler—. No creo que Orr tenga una reserva de oro acumulada y quiera que aumente de valor.
—¿Y si hablar con el FBI nos permitiera encontrar a Carol y a tu padre? — preguntó Stacy.
—Pensemos en lo que puede pasar si mezclamos al FBI ahora. Yo no digo que sea un error hacerlo, pero tenemos que ser más listos que Orr. Grant, tú haces de FBI.
—Vale, pero no pienso ponerme traje y corbata.
Tyler se levantó y empezó a pasear.
—Llamo para denunciar que mi padre y la hermana de Stacy han sido secuestrados.
—¿Cuándo los han secuestrado?
—Ayer por la mañana.
—¿Y llama ahora? ¿Desde Londres?
—Nos preocupaba que Jordan Orr los matara.
—¿Y por qué razón se ha decidido a llamar ahora? —preguntó Grant.
—Porque tengo nueva información. Es posible que los secuestradores posean una cantidad indeterminada de estroncio noventa.
—¿Qué pruebas tiene?
—Mi padre nos envió un mensaje por señas. Tengo el vídeo.
—Quizá le esté indicando dónde se encuentra. ¿Por qué ha llegado a la conclusión de que se trata de estroncio noventa?
—Mi padre es un general retirado, especializado en localizar amenazas con material radiactivo.
Grant estrechó la mano de Tyler.
—Gracias, doctor Locke. Iniciaremos la búsqueda de ese tal Jordan Orr y alertaremos a todas las fuerzas policiales del país sobre la posibilidad de que haya un arma nuclear. Por cierto, tendremos que pinchar sus teléfonos y hacerlos volver a Estados Unidos.
Tyler se detuvo y señaló a Grant.
—Y ahora Orr descubre que lo están investigando y liquida a Carol y a mi padre.
—O puede que haga estallar su arma radiactiva antes de tiempo —dijo Grant—. O quizá no, porque a lo mejor no la tiene. En estos momentos es sólo una suposición.
Stacy levantó las manos para indicar que se rendía.
—Está bien, está bien, está bien. Tenéis razón. No llamaremos al FBI. ¿Cuál es la alternativa? ¿Vamos a aceptar las condiciones de Orr?
—No —dijo Tyler—. Si realmente tiene un arma nuclear y mi padre la ha visto, Orr no lo dejará vivo tanto si lo llevamos hasta el tesoro como si no.
—¿Y Carol?
Tyler no dijo nada. Stacy cruzó los brazos y se acercó a la ventana.
—Sé que parece que no hay esperanzas —razonó Tyler—, pero la buena noticia es que si recuperamos el geolabio podremos dejar de defendernos y pasar a la ofensiva.
—¿Ofensiva? —dijo Stacy.
—La próxima vez que veamos a Orr, no lo dejaremos marchar.
—¿Y qué pasa con tu padre y su hermana? —preguntó Grant.
Tyler respiró hondo.
—Negociaremos con Orr. Su vida por las suyas. Luego llamaremos al FBI.
—Podemos decirle que hemos resuelto el rompecabezas de Arquímedes y que se reúna con nosotros en Nápoles —propuso Stacy—. ¿Por qué vamos a esperar?
—Porque estoy convencido de que Orr sabrá si le mentimos cuando le digamos cuál es la entrada del túnel. No se habría tomado tantas molestias si no tuviera esa certeza. Tenemos que continuar, pero guardándonos un as en la manga, porque estoy seguro de que se daría cuenta del engaño.
—¿Cuál es el plan, entonces?
—El plan es descubrir la forma de quitarle el geolabio a Cavano. Vamos a escuchar la grabación de su despacho.
Tyler la puso en marcha. Las voces sonaban ahogadas y subían y bajaban en consonancia con los movimientos de las personas en la habitación. Esperaba que Stacy pudiera entender algo que les sirviera de ayuda.
La muchacha miraba fijamente el ordenador mientras tomaba notas. Tyler admiraba su forma de comportarse, sin quejarse nunca, centrándose completamente en el trabajo que tenían entre manos. Pero se daba cuenta de que la tensión le empezaba a hacer efecto. Lo había visto antes en soldados bajo su mando, cuando tenían que entrar en combate. Querían mantenerse firmes por sus compañeros, pero la expresión angustiada y el fruncido entrecejo delataban su miedo.
Era el motivo de que Grant y él bromearan si las cosas se ponían demasiado feas cuando les llegaba el turno de atacar. Algunos de sus subordinados lo apreciaban, pero a otros les parecía desagradable. Estos últimos eran los que más preocupaban a Tyler. Hasta el momento, Stacy no le preocupaba.
Tras repetir la grabación un par de veces, ella la detuvo.
—Esto es lo que he podido entender. Cuando Cavano dejó de maldecir por los destrozos que causaste en su despacho, un hombre preguntó: «¿Aún quieres salir mañana a las seis y veinte?». Ella respondió: «No, cambia la reserva a las ocho y media. Asegúrate de que el Ferrari esté esperando en Bruselas cuando lleguemos. Llamaré a Rödel por la mañana y le diré que no llegaré a Boerst hasta las cuatro. La reunión no durará más de veinte minutos». —Stacy levantó los ojos de las notas—. ¿Alguna idea sobre lo que eso significa?
—Al parecer va camino de Bruselas —sugirió Tyler—. Pero antes dijiste que se iba a Múnich.
—Puede que haga escala en Bruselas.
—Veré si puedo encontrar el vuelo —dijo Grant, escribiendo en el teclado. Al poco rato añadió—: No es un vuelo. Es Eurostar. El tren de alta velocidad que atraviesa el canal. Sale de Saint Pancras.
—Así que irá en tren hasta Bruselas y luego irá en coche a Múnich —resumió Tyler—. Por eso el geolabio está en el maletero. El coche lo transportarán a Bruselas. ¿Y Boerst y Rödel?
—No encuentro nada de Rödel, pero Boerst es una agencia inmobiliaria alemana con sede en Múnich. Puede que Rödel trabaje allí.
—Lo comprobaremos mañana. ¿Algo más sobre la agencia?
—Aquí pone que está especializada en transacciones internacionales. —Grant recorrió la página—. Paja… paja… paja… Un momento. Esto es bueno. En su nueva sede de Múnich hay un aparcamiento con lo último en robótica.
—Y eso ¿qué es? —inquirió Stacy.
Tyler se quedó mirando a la lejanía.
—Entras con el coche hasta una plataforma móvil. Sales, recoges el tíquet y la plataforma desaparece automáticamente y se dirige a una plaza vacía del aparcamiento. Ningún empleado toca el coche. La idea es aprovechar el espacio al máximo en zonas congestionadas, como los centros urbanos.
—¿Estás pensando lo mismo que yo? —preguntó Grant.
—Ha sido un día muy largo —arguyó Tyler—. Vamos a dormir un rato para despejarnos. —Miró a Stacy—. Tú también. Ya analizarás la tablilla por la mañana.
Tyler y Grant se pusieron en pie, pero ella no se dirigió a su dormitorio.
—¿Puedo hablar contigo un minuto? —preguntó.
—Llamaré al piloto y le diré que esté preparado a las siete. Estaremos en Múnich antes de las nueve. Buenas noches —se despidió Grant, bostezando y cerrando la puerta de su cuarto.
Stacy y Tyler se sentaron. Él la miró fijamente a los ojos. Ella intentó hablar, pero no alcanzó a verbalizar lo que quería decir. Finalmente, él rompió el silencio.
—Vamos a atrapar a Orr —le aseguró—. Te lo prometo.
Stacy esbozó un amago de sonrisa.
—No lo prometas. No puedes prometerlo.
—Lo sé.
—Iba a decir que nunca me había enfrentado a algo parecido, aunque me doy cuenta de lo estúpido que suena.
—Está bien. Yo tampoco había pasado nunca por algo así.
—No, pero tú has estado en el ejército. Ya te has enfrentado a la muerte.
—Tú también.
—Sí, a la de mis padres. Pero esto es diferente.
—En efecto.
Stacy le sostuvo la mirada.
—Nada más quería decirte que mi hermana Carol quiere ser fiscal.
—Si se parece a ti, será una fiscal estupenda.
—Me refiero a que aspira a poder enviar a prisión a los malos. Nunca me perdonaría si permitiera que Orr utilizara un arma nuclear. Aun en el caso de que ella…
Le tembló la voz. No podía pronunciar el verbo que concluía la frase.
—Mi padre piensa igual. Pero eso no pasará.
—No te preguntaré cómo lo sabes. Pero gracias por decirlo.
Se levantó para irse y él hizo lo mismo. Antes de entrar en el dormitorio, Stacy se volvió y le dio un abrazo, estrechándolo con fuerza. Apenas le llegaba a los hombros y Tyler le apoyó la cabeza suavemente en su pecho. Se dejó envolver por la confortable calidez que le transmitía el cuerpo femenino. Hasta ese momento no había sido consciente de lo mucho que lo necesitaba. Sin darse cuenta, le acarició tiernamente el pelo.
Se quedaron así durante un minuto, sin deseos de separarse, hasta que ella se apartó en silencio y se fue a su cuarto. Tyler fue consciente de que se había quedado solo.
También estaba agotado, pero antes de irse a dormir tenía que hacer una llamada.
—Hola, Tyler —respondió Aiden—. ¿Ha podido Stacy traducir el archivo de audio que te mandé?
—Sí. Ahora sabemos dónde puede estar el geolabio, pero necesitamos el localizador de la señal para asegurarnos de que está donde creemos. ¿Han conseguido descifrarla los muchachos?
—Puedo ayudarte en eso. Las grabaciones que hiciste en el laboratorio han resultado suficientemente inteligibles para descodificar la señal. Nos está dando las coordenadas en el GPS cada treinta segundos. Tecnología punta. Te enviaré la dirección de Internet para que tengas las actualizaciones.
—¿Puede enterarse Orr de que estamos pinchando su señal?
—Me conoces demasiado bien para preguntar una cosa así. He clonado la página web de Orr que registra la señal. No se enterará.
—Un trabajo magnífico.
—Mejor aún, he conseguido información sobre tu nueva amiga, Gia Cavano.
Tyler le había enviado un mensaje a Aiden con la esperanza de que pudiera conseguir información sobre ella. Quería saber a qué clase de mujer se enfrentaba, aunque ya estaba convencido de que era tan peligrosa como Orr les había advertido.
—¿Qué sabes de ella?
—No te va a gustar.
—¿Por qué?
—Porque he encontrado su nombre utilizando una búsqueda muy creativa, aunque técnicamente ilegal, en la base de datos de la Interpol. Al parecer, la Interpol cree que es un miembro de la Camorra con mucho porvenir. He encontrado fotos de lo que les hizo a algunos de sus enemigos. En la peor de todas había una máquina de picar carne. Pero las autoridades no han conseguido acusarla de nada.
Aiden tenía razón. A Tyler no le gustó aquello.
—¿Qué es la Camorra? —preguntó, aunque creía conocer la respuesta.
—La Camorra es en Nápoles lo que la Cosa Nostra en Sicilia, pero más despiadada. Te está persiguiendo la Mafia italiana.