La bóveda
Posfacio
Documentarme sobre los hechos históricos, los escenarios y los desarrollos tecnológicos que necesité conocer para escribir el presente libro fue casi tan divertido como escribirlo, a veces incluso más, sobre todo cuando se trataba de correr por las autopistas alemanas a doscientos veinticinco kilómetros por hora con la excusa de que estaba comprobando detalles. El mundo contiene tal riqueza de lugares exóticos que visitar y misterios en los que hurgar que me costó seleccionar un puñado para organizar la novela. Al lector puede que le sorprenda saber lo poco que tuve que inventar para escribir esta historia.
Aunque el geolabio es una máquina ficticia, sus parientes auténticos, el Mecanismo de Anticitera y su réplica se encuentran expuestos en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Las vitrinas son exactamente como las describo y en la sala del Mecanismo faltaba realmente una cámara de seguridad el día que lo visité. Aunque abundan las teorías sobre la función de este aparato, la más aceptada es que servía para predecir el movimiento del Sol, las estrellas y los planetas. Para saber más del Mecanismo de Anticitera recomiendo el fascinante libro Decoding the Heavens, de Jo Marchant.
También está abierto a debate quién construyó el Mecanismo, aunque muchos arqueólogos creen que el diseño original fue del mayor científico e ingeniero de la Antigüedad, Arquímedes. El tratado que tanto se ha rumoreado que escribió, Sobre la construcción de esferas, viene jugando al escondite con los historiadores desde hace más de dos mil años, pero si alguna vez sale a la luz, descubriremos que el genio de Arquímedes era aún mayor de lo que imaginábamos.
De hecho, su manuscrito podría existir realmente. Hace poco, en 1998, salió a subasta un códice llamado Palimpsesto de Arquímedes. El escrito griego estuvo durante cientos de años debajo del texto de un libro de oraciones del siglo XIII. Para saber más sobre esta interesantísima historia y sobre el rompecabezas de Arquímedes, el Stomachion, recomiendo vivamente The Archimedes Codex, de Reviel Netz y William Noel.
Los griegos inventaron la esteganografía y escondían mensajes bajo la cera de tablillas escritas. Otro método auténtico para ocultar comunicaciones era afeitar la cabeza del mensajero, tatuar el mensaje y esperar a que le creciera el pelo para enviarlo a su misión. Lento, sí, pero efectivo.
El Museo Británico y el Nuevo Museo de la Acrópolis de Atenas siguen discutiendo todavía el destino de los Mármoles de Elgin.
Aún no he aparcado mi coche en un aparcamiento robotizado, pero ya existen en muchos países europeos y comienzan a hacerse un sitio en el centro de las grandes ciudades de Estados Unidos, así que es posible que cualquier día de éstos pueda hacerlo.
Si algún día quieren comer en una auténtica cámara acorazada de banco, hay varios restaurantes en Nueva York que ofrecen esa experiencia única.
Nápoles es una hermosa ciudad y cuesta creer que haya un vasto laberinto de túneles y cavernas bajo la bulliciosa metrópolis. Cada año se descubren más pasadizos subterráneos, así que estoy seguro de que conoceremos mejor a sus artífices griegos y romanos. Para conocer la sensación de estar en un espacio oscuro y claustrofóbico, la próxima vez que vayan a Nápoles pueden dar un paseo por los túneles en Napoli Sotterranea, al lado de la plaza de San Gaetano.
La Camorra está arraigada en Nápoles desde hace más de un siglo, y las mujeres comienzan a tener el mando de algunos clanes. Para una aleccionadora investigación sobre la Camorra, lean Gomorra, de Roberto Saviano.
La rocambolesca historia de la casa con bombas trampa de Louis Dethy no necesitó ningún añadido por mi parte.
El combustible radiactivo estroncio 90 para generadores termoeléctricos de radioisótopos es una amenaza auténtica para la seguridad internacional. Desde el desmembramiento de la Unión Soviética, han desaparecido varios de estos artefactos, acrecentando la posibilidad de que se usen en bombas sucias. Varios analistas de seguridad de todo el mundo están buscándolos en este preciso momento, y encuentran algunos cuando los ladrones ingresan en el hospital en estado grave por culpa de la radiación.
Aunque el Toque de Midas es una fantasía, destilar oro del agua no lo es. Los extremófilos, unos microbios llamados arqueobacterias, viven en fuentes termales y en cráteres del fondo oceánico, y algunas especies consumen el metal disuelto en el agua y luego lo excretan en estado sólido. Nadie ha ideado todavía cómo aprovechar la diminuta concentración de oro que flota en el agua del mar, pero hay millones de kilos esperando a quien quiera recogerlos.
La leyenda de Midas es exactamente eso, una leyenda. Pero como muchas leyendas, los personajes implicados tienen una base histórica. Los historiadores creen que Midas fue rey de Frigia, en la moderna Turquía, pero hasta ahora nadie ha encontrado su lugar de nacimiento ni su tumba. Si alguien descubriera alguna vez el lugar donde descansan sus restos, no me extrañaría saber que a su lado hay enterrada una inmensa cantidad de oro. He oído decir que este sujeto era rico.
Terminaste La bóveda
Boyd Morrison
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Después del libro
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