La esfinge de los hielos

Julio Verne · Capítulo 26 de 58

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La esfinge de los hielos

oír.

–¿Qué hay?– preguntó Jem West.

–El banco está cortado al Sudeste.

–¿Y más allá?

–Nada a la vista.

El lugarteniente subió por los obenques, y en algunos instantes llegó a la punta de la gavia.

Abajo, todos esperaban… ¡Y con que impaciencia! ¡Si se hubiera engañado el vigía!… ¡Si alguna ilusión de óptica!…

En todo caso, Jem West no se engañaría.

Después de diez minutos de observación- diez

interminables minutos-su voz clara llegó hasta el puente. – ¡Mar libre!–

gritó. Unánimes hurras le respondieron. La goleta puso el cabo al Sudeste. Dos horas después la

extremidad del banco era doblada, y ante nuestros ojos- aparecía una mar resplandeciente, libre de témpanos.