La esfinge de los hielos
millas.
Por desgracia, desde el mediodía el viento no nos ayudó. No obstante, gracias a la corriente, la isla Tsalal fue señalada a las seis y cuarenta y cinco de la tarde.
Desde que el ancla fue enviada a fondo, se extremó la vigilancia.
Los cañones estaban cargados, los fusiles al alcance de la mano, las redes de abordaje dispuestas.
La Halbrane no corría el riesgo de ser sorprendida. Todos los ojos vigilaban a bordo, particularmente los de Hunt, que ni por un instante se apartaron del horizonte de la zona austral.
XVI