La esfinge de los hielos

Julio Verne · Capítulo 8 de 58

Páginas del PDF

La esfinge de los hielos

Y se retiró.

La Jane era, en la novela de Edgard Poe, el nombre de la goleta que había recogido a Arthur Pym y a Dirk Peters sobre los restos del Grampus, y por primera vez el capitán Len Guy acababa de pronunciarla al final de nuestra conversación.

–El capitán de la Jane se llamaba también Guy- pensé,– el navío era inglés, como éste… ¿Qué consecuencia, puede deducirse de esta semejanza…? El capitán de la Jane no ha vivido más que en la imaginación de Edgard Poe…, mientras que el capitán de la Halbrane está vivo… bien vivo… Ambos tienen de común este nombre, muy corriente en la Gran Bretaña… Pero sin duda cita identidad de nombres ha turbado el cerebro de nuestro desdichado capitán. Se habrá figurado que pertenece a la familia del capitán de la Jane. ¡Sí!

¡Está es la cansa que lo ha llevado al extremo en que está, y la de que compadezca de tal modo la suerte de los imaginarios náufragos!

Hubiera sido interesante saber si Jem West estaba al corriente de la situación, y si su jefe le había hablado alguna vez de su locura. Pero tratábase de cosa delirada, por referirse al estado mental de Len Guy.

Aparte de esto, toda conversación con el segundo de a bordo era difícil, y sobre aquel asunto presentaba ciertos peligros…

Guardé, pues, silencio… ¡Después de todo, yo iba a desembarcar en Tristán de Acunha, y mi travesía a bordo de la goleta terminaría dentro de algunos días. ¡Pero, en verdad, confieso que jamás hubiera pensado que algún día debería encontrarme con un hombre que tomase por realidades las ficciones de la novela de Edgard Poe!

Al siguiente día, 22 de Agosto, desde el alba, habiendo dejado a babor la isla Marión y el volcán que su extremidad meridional endereza a una altura de 4.000 pies, vimos los primeros lineamientos de la isla del Príncipe Eduardo, por 46º 55’ de latitud Sur y 37º 46’ de longitud Este.

La isla quedó a estribor, doce horas después, sus últimas alturas se desvanecieron en las brumas de la tarde.

Al día siguiente la Halbrane puso el cabo en dirección Noroeste, hacia el paralelo más septentrional del hemisferio Sur, que ella debía tocar en el curso de aquella navegación.