Los 36 hombre justos

Sam Bourne · Capítulo 12 de 80

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Los 36 hombre justos

Avise a la Policía y la Perderá.

Las cinco horas que pasó en el aire fueron las más duras de la vida de Will. Se quedó mirando por la ventanilla, balanceando la pierna nerviosamente con el mismo tic nervioso que solía tener cuando debía examinarse. Rechazó la comida y la bebida, pero notó que los auxiliares de vuelo lo miraban con expresión suspicaz. Puesto que no deseaba que pensaran que se disponía a volar el avión en pedazos pidió un vaso de agua y pasó todo el tiempo pensando en su amada Beth. ¿Qué le estarían haciendo? No tardó en imaginarla atada a una silla, y a un sádico blandiendo un cuchillo…

Tuvo que hacer un gran esfuerzo para poner fin a aquellas ideas antes de que se descontrolaran. Tenía un nudo en el estómago.

«¿Cómo es posible que yo no estuviera allí? Si la hubiera llamado antes… Puede que ella me llamara al móvil mientras yo dormía.»

A pesar de que llevaba la Blackberry a todas partes, odiaba todo lo relacionado con aquella maldita máquina. Le bastaba mirarla para que las terribles palabras surgieran ante él. Podía verlas en esos momentos, flotando en el aire, ante sus ojos.

AVISE A LA POLICÍA Y LA

PERDERÁ.

Observó aquel artefacto, tan pequeño y sin embargo tan lleno de veneno. Estaba en espera: no había señal a aquella altitud. Miró el símbolo que le indicaría el instante en que volvería a estar dentro del radio de alcance. Mientras el aeroplano iniciaba el descenso le lanzó furtivas miradas. No quería que las azafatas tuvieran que recordarle que habían avisado de la necesidad de apagar todos los aparatos electrónicos hasta que el avión se hubiera detenido.

Por fin pudo divisar el resplandor de la ciudad de Nueva York al atardecer. «Ella está allí, en alguna parte.» Los puentes, las autopistas, los parpadeantes haces de luz