Los 36 hombre justos

Sam Bourne · Capítulo 30 de 80

Páginas del PDF

Los 36 hombre justos

Al Vencedor, los Despojos.

por el pánico! ¡Uno de esos matones podría pasarse de la raya o mantenerle la cabeza bajo el agua un segundo de más!

–Tú sí que estás dejándote llevar por el pánico. Ya te lo he dicho. Esto es como escalar una montaña: no hay que mirar abajo; de modo que no debes pensar en eso. Además, ese lugar está lleno de policías. Hoy no se atreverán a nada mientras la policía ronde por allí. Lo que el tono de los mensajes de Yitzhok nos dice es que el juego todavía no ha empezado. Nada ha cambiado. No ha ocurrido nada irreversible.

–Salvo que tú no crees que sean de Yosef Yitzhok.

–No estoy segura. Eso es todo.

La discusión se repitió varias veces hasta que terminó de modo poco concluyente cuando los dos se sumieron en un hosco silencio. Más tarde, Will recordó que él y Beth nunca se peleaban. Discutían, pero no se peleaban. En cambio, él y TC lo habían convertido en un deporte olímpico.

Las interrupciones se sucedían cada vez que llegaba un mensaje. Aquellos textos, que al principio Will esperaba con nerviosa expectación, se estaban convirtiendo en algo rutinario, incluso aburrido. Leyó el último: AL VENCEDOR, LOS DESPOJOS.

Aquello sonaba a amenaza, como si los hasidim estuvieran apuntándose un tanto con Beth, como si dijeran:

«Si ganamos, nos la quedamos». Will notó que el odio se apoderaba de él.

–Ahora nos amenazan.

–Al vencedor, los despojos -repitió TC lentamente, como si lo estuviera tomando al dictado.

Will echó un vistazo a lo que parecía una retícula dibujada en el cuaderno de TC y que había sido pulcramente rellenada con cada nuevo mensaje de Yitzhok.

–¿Qué tienes ahí?

–Lo de los números no ha funcionado, así que he asignado anagramas a cada uno. Algo he conseguido, pero nada que tenga coherencia. No hay una constante. He intentado convertirlo en acróstico…

–¿En qué?

–En acróstico. Es cuando la primera letra de cada frase te proporciona las letras de la palabra oculta. Ya sabes: «Rosas rojas» te da la «R»; «Violetas azules», la «V». Hay algunos salmos que están escritos de esa manera: juntas las primeras letras de cada línea y obtienes otra línea de rezo.

Era un truco: un poema de doce líneas con una decimotercera línea invisible.

–Lo entiendo. ¿Y qué tenemos si haces eso?

–¿Hasta ahora? Lo que tenemos es «A, Q, L, U, A», y ni siquiera prescindiendo de los artículos conseguimos nada.

–¿A qué coño está jugando? Espera… Llegaba otro mensaje:

LA BONDAD ES MEJOR QUE LA

BELLEZA.

Will empezaba a sentirse sobrepasado. TC tenía que pensar como un gran maestro de ajedrez en una partida múltiple, yendo de un lado a otro y jugando a la vez un centenar de partidas distintas en un centenar de tableros diferentes. Le había costado un buen rato descifrar un mensaje, y en ese momento tenía seis.

–Will, no hay forma de resolver esto hasta que termine.

Cada vez que se me ocurre una teoría, llega el siguiente mensaje y se la carga. Lo mejor será que primero tengamos todos los mensajes, y después ya intentaremos averiguar qué quiere decirnos ese tío.

–¿Te refieres a YY?

–Sí, suponiendo que sea él.

–¿Quién coño podría ser, si no?

–Déjame en paz, Will.