Los 36 hombre justos

Sam Bourne · Capítulo 50 de 80

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Los 36 hombre justos

2 mensajes nuevos.

Los secuestradores le habían arrebatado ya dos mujeres bajo sus narices. Se suponía que él debía protegerlas, a las dos; y les había fallado, a las dos.

Sandy estaba a su lado, pero Will no lo oía ni lo veía. Solo una cosa lo arrancó de aquel estupor: la regular y persistente vibración que notaba junto al muslo: su móvil.

2 mensajes nuevos.

Abrió el primero.

¿Dónde te has metido? He tenido que

salir. Llámame. TC.

Will dejó escapar un suspiro de alivio y dio gracias a Dios.

A continuación abrió el segundo mensaje, convencido de que sería TC para decirle el lugar donde podían encontrarse.

Lo que vio lo hizo retroceder de la sorpresa.

QUINCUAGÉSIMA Y QUINTA.

Puede que Yosef Yitzhok hubiera muerto, pero sus acertijos lo habían sobrevivido.

Capítulo 40

Domingo, 16.04 h, Manhattan

–¿Cuándo ha llegado?

–Ahora mismo.

–Bueno, pues la primera conclusión es que, después de todo, Yosef Yitzhok no era nuestro informante.

–De eso no podemos estar seguros, TC. Su asesino puede haberle cogido el móvil y seguir enviando mensajes.

Nada más decirlo, se dio cuenta de que aquello era absurdo. ¿Cuántas posibilidades había de que un agresor robara un móvil, comprobara el archivo «enviar» y siguiera mandando mensajes en clave con la misma pauta? Además, había una manera muy fácil de comprobarlo.

–Sandy, ¿puedes hacerme un favor? Llama a casa y averigua si alguien cogió el móvil de Yosef cuando lo asesinaron. – Luego, volviendo a hablar por teléfono con TC, le expuso una nueva teoría-: ¿Y si, para empezar, alguien le hubiera robado el teléfono?

–Bueno, pues entonces tampoco habría sido Yosef, ¿no te parece?

TC se estaba poniendo nerviosa. Temerosa de regresar a su apartamento, se había refugiado en Central Park, y para su alivio se había encontrado con gente a la que conocía, parejas casadas y con montones de hijos. Will oyó a través del teléfono que se había metido en medio del grupo. Según TC, los carritos de recién nacido, los crios y las mantas del picnic formaban un buen cordón de seguridad capaz de mantener a raya tanto a posibles secuestradores como a quien la estuviera siguiendo. Al escuchar el sonido de la charla de los niños, de los juegos de pelota y de las madres repartiendo la comida, Will sintió una punzada de envidia o de añoranza por poder pasar un domingo de tranquila y soleada normalidad.

–¿Quieres decir que se trataba de otra persona desde el principio?

–Sí. Eso creo. Yosef está muerto, pero los mensajes no han cesado. Por lo tanto, no era él quien los enviaba.

–Vale, pero entonces, ¿por qué lo mataron?

–¿Quiénes?

–Los hasidim.

–No sabemos si quienes lo mataron fueron los hasidim.

Esa no es más que otra de tus conclusiones precipitadas, Will. La verdad es que no sabemos prácticamente nada.

Podemos especular y dar tantas vueltas al asunto como quieras, pero lo cierto es que seguimos sabiendo muy poco.

–¿Y qué hay del dibujo de la biblioteca? ¿Has visto algo?

–Creo que seguramente nos está diciendo algo muy simple. Nos está diciendo que pensemos en la cábala. La imagen es tan compleja, está tan llena de elementos relacionados entre sí que no puede ser uno solo de ellos.

Tiene que ser la idea general. Ese diagrama es la piedra fundacional de toda la cábala. Es casi como un logotipo.

–Espera un momento. Está entrando otro mensaje.

Enseguida te llamo.