Los 36 hombre justos
Capítulo 45
con un deje de orgullo-: Es femenina.
–A ver -empezó a decir Will en tono vacilante-, quiero estar seguro de haberlo entendido correctamente. Las enseñanzas de los judíos dicen que existen treinta y seis personas que viven en un momento dado del tiempo y que son verdaderamente justas; que pueden estar ocultas, llevar vidas normales y hasta parecer vulgares pecadores; pero que, calladamente y en secreto, siguen realizando actos de extraordinaria bondad, y que mientras los tengamos a nuestro alrededor estaremos a salvo y el mundo se mantendrá a flote. – Will entendió entonces el sentido de la última pista que le habían dado: la estatua de Atlas del Rockefeller Center, la del coloso que sostenía el mundo sobre sus hombros-. Lo cual quiere decir que, si por la razón que fuera ya no estuvieran entre nosotros, eso supondría el fin del mundo.
El anciano rabino asintió lenta y pesadamente.
–Me temo que eso es precisamente lo que significa.
Capítulo 45
Domingo, 20. 46 h, Crown Heights, Brooklyn
Así, esa era la razón de que aquella gente hubiera muerto: ni más ni menos que por algo tan oscuro como una leyenda bíblica. Aquel desperdicio de vidas golpeó a Will con fuerza renovada. ¡Qué locura, qué crueldad que Howard Macrae y Pat Baxter hubieran sido asesinados en nombre de una fantasía para chiflados! ¡Conque el fin del mundo!
Obviamente no tenía sentido. ¿Quién podía creer que treinta y seis personas mantuvieran el mundo con vida? No en vano Will se había empapado de los conocimientos empíricos y del escepticismo de Oxford.
No obstante, lo que él pudiera opinar carecía de importancia. Estaba claro que había otras personas que sí creían en ello, y con una convicción que los llevaba a asesinar a individuos completamente inocentes en cualquier
parte del mundo. Si ese era el móvil de los asesinos, ¿qué importaba que fuera racional o no?
Eso era lo que Will se decía. Sin embargo, algo seguía incomodándolo, algo sobre aquel hombre y sus libros, algo relacionado con el respeto que TC le manifestaba; algo sobre TC, sobre Tova Chaya. Esos judíos no eran unos estúpidos maníacos, sino los encargados de preservar una antigua tradición que se remontaba a los tiempos de Sodoma. La historia de los treinta y seis había ido pasando de generación en generación desde los tiempos de Abraham a través de los siglos, desde Babilonia hasta Europa Central y, después, a América. Los judíos no eran una panda de chiflados entregados a fantasías, al menos no por lo que él sabía. Sus conversaciones con TC siempre le habían producido la misma impresión, que el judaísmo no estaba interesado en lo sobrenatural sino en la forma en que los seres humanos se trataban unos a otros en el momento presente: no parecían creer en platillos volantes ni en la posibilidad de que, de repente, un tullido pudiera levantarse y caminar. Eran demasiado sensatos para algo así; de manera que si creían en la presencia oculta de treinta y seis hombres justos debía de ser por alguna razón.
Algo más se le escapaba al normalmente escéptico Will.
De no haberlo descubierto por sí mismo, no lo habría creído, pero Macrae y Baxter, Samak en Bangkok y Curtis en Londres encajaban a la perfección con la descripción del rabino. Ciertamente, habían llevado a cabo actos de desacostumbrada bondad y lo habían hecho en el más absoluto secreto. Habían esquivado toda publicidad, como mandaba la leyenda. Will sospechaba que, hasta que él los había sacado a la luz, los actos de Macrae y de Baxter habían permanecido en el anonimato más completo. De hecho, aquellas cuatro personas se habían disfrazado de pecadores y de individuos más dignos de ser despreciados que admirados. Un macarra y un activista de extrema derecha, ¡por el amor de Dios!