Los 36 hombre justos

Sam Bourne · Capítulo 33 de 80

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Los 36 hombre justos

Una Cadena Es Tan Fuerte Como su Eslabón Más...

posible por mantener con vida a su esposa, pero hágalo también por lo que le dije ayer y lo que acabo de repetirle: lo que está aconteciendo es una historia muy antigua cuyo desenlace la humanidad ha temido durante siglos. Su esposa es importante para usted, señor Monroe, desde luego que lo es, pero el mundo, la creación del Todopoderoso es importante para mí.

Le llegó entonces el turno al rabino de dejar que fuera Will quien llenara el silencio. Este se dio cuenta, pero no pudo contenerse.

–¿Qué me está pidiendo que haga?

–Que no haga nada, señor Monroe. Nada en absoluto.

Que se mantenga fuera de este asunto y que tenga paciencia. Faltan pocos días; entonces sabremos qué destino nos aguarda. Por lo tanto, a pesar de lo desesperado que pueda estar por ver a Beth, le ruego que espere. Confío en que hará lo correcto, Will. Buenas noches. Que la gracia de Dios nos ilumine.

La comunicación se cortó y Will miró a TC, que parecía temblar con él.

–Después de lo que hemos hablado -comentó ella-, se me hace tan extraño escuchar la voz de ese hombre…

Will había anotado la conversación con el rabino mientras hablaba para que entre él y TC pudieran desentrañar sus posibles significados. No obstante, lo más sorprendente había sido el tono. Si Will hubiera tenido que resumir la conversación ante Harden, ese habría sido su titular: el rabino le había parecido conciliador, pero también algo más; casi arrepentido.

El silencio no duró mucho. El móvil de Will tenía más mensajes que entregar:

UNA CADENA ES TAN FUERTE

COMO SU ESLABÓN MÁS DÉBIL.

Y un instante después:

SEGURIDAD EN LOS NÚMEROS. NO

MÁS.

Will los leyó, deteniéndose cuando TC le pidió alguna aclaración sobre la puntuación de la frase. Will le contestó que había dos puntos, uno seguido y otro final. ¿Estaba seguro? Sí, lo estaba. Le costaba concentrarse. Seguía oyendo la voz de Beth: «¡Will! ¡Will! ¡Soy Beth!».

–De acuerdo -dijo TC-, supongamos que lo que dice va en serio, que no habrá más mensajes. Este es el lote completo.

Ante ella, extendidos sobre la mesa, había diez rectángulos de papel. Escritos en cada uno de ellos figuraban los últimos mensajes.

Aquel que vacila está perdido.

Quien nada sabe de nada duda.

Las oportunidades rara vez se presentan dos veces.

Un amigo en apuros es un amigo de verdad.

Al vencedor, los despojos.

La bondad es mejor que la belleza.

A un hombre se le conoce por sus compañías.

Los grandes robles crecen de pequeñas bellotas.

Una cadena es tan fuerte como su eslabón más débil.

Seguridad en los números. No más.

TC los miraba fijamente, con el cuaderno en el regazo, examinando el orden en que estaban. Los mensajes formaban tres grupos: de ánimo, de aviso y enigmáticos.

Dejó el cuaderno sobre la mesa. Estaba casi todo lleno de tinta, de lo mucho que había llenado la hoja. Por todas partes había palabras o medias frases que se entrecruzaban, escritas en diagonal o al revés. Había anotado los mensajes en todos los órdenes posibles y, en su intento de conseguir un acróstico, cada vez había subrayado la primera letra. Will podía ver los resultados:

«AQLUALALUS» seguida de una lista de variaciones con las mismas letras. Todas ellas sin sentido.

Como si le leyera el pensamiento, TC pasó la página del cuaderno para mostrarle la siguiente. Su superficie estaba