Nunca pasa nada

Sue Brown · Capítulo 11 de 21

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Nunca pasa nada

Capítulo 11

IBA A vomitar, a desmayarse, a comportarse como un maldito llorón tan pronto como pusiera un pie en el lugar que solía llamar hogar. Los nudillos de Andrew se volvieron blancos cuando el auto se detuvo en la calle y pudo ver su vieja casa con un desconocido Impala azul estacionado en la entrada.

—¿Estás bien?

Dios, si oía esa pregunta una vez más… De todos modos ya era muy tarde para eso. Andrew pudo ver a Colin salir disparado desde la esquina de la casa para ir a saludarlo, justo cuando estacionaron detrás del Chevy. No podía decir «Llévame a casa», ¿o sí?

Una cálida mano se posó sobre sus puños cerrados y los apretó suavemente.

—Vamos, entremos. Te sentirás mejor una vez que hayas tomado un trago.

Obediente, Andrew salió del coche, y fue envuelto en los brazos de su hijo. Su hijo, quien al parecer había crecido repentinamente unos diez centímetros, ahora le llegaba más allá de los hombros. Automáticamente sus brazos rodearon a Colin, sosteniéndolo cerca, y durante unos minutos hundió la cabeza en el pelo un tanto grasiento de su hijo; estaba feliz de abrazarlo por primera vez en meses. No hablaban, Andrew sentía los hombros de su hijo temblar ligeramente contra su pecho. Lo sostuvo un poco más fuerte y cerró los ojos.

—Colin, ¿vas a dejar que tu padre entre?

El familiar tono de desaprobación de su madre penetró en su abrazo y Andrew suspiró, sabiendo que tenía que enfrentarse de nuevo al mundo.

Colin sorbió y levantó la cabeza; había un brillo travieso en sus ojos al sonreír a su padre.

—Está enojada conmigo porque te he saludado primero. Ha estado diciéndoles a todos que ella debía ser quien te recibiera. Solo quiere mostrar que es grandiosa. —Ante la expresión desconcertada de Andrew, añadió—: Sí, eso es lo que pensamos, así que mamá se aseguró de que estuviera ocupada hasta que llegaras.

Andrew le sonrió, uniéndose a la conspiración del menor de los Matthews. Pasó un brazo alrededor de sus hombros y se volvió para saludar a su madre, sabiendo que no podía postergar por más tiempo el momento.

—Mamá, estás más bella que nunca. —Le dio un beso en la mejilla.

Ella olía a rosas y lirios.

Su madre le brindó una cálida sonrisa, y Andrew pudo ver que Ruth realmente estaba tratando de parecer alegre, lo cual debió haber ido en contra de todo lo que ella creía. Solo los labios ligeramente fruncidos desmentían sus sentimientos.

Andrew se volvió hacia el hombre que había estado esperando pacientemente en el otro lado del coche, mientras que los saludos se efectuaban. Le hizo señas para que se acercara y el hombre se movió para estar junto a él. Tomando una respiración profunda, Andrew lo tomó de la mano y dijo:

—Mamá, quiero que conozcas a mi novio, Rich.

Rich le tendió la mano a la mujer y Andrew contuvo la respiración cuando ella vaciló antes de tomarla, diciendo:

—Es un placer conocerte al fin, Rich.

—También lo es para mí, señora Matthews. —La voz de Rich era ligera y agradable, sin mostrar signos de nerviosismo, cuando por primera vez se presentó ante la abiertamente homofóbica madre de su novio.

Ella le dedicó una sonrisa tensa.

—Por favor, llámame Ruth. Todos me dicen así.

Andrew la miró con recelo, más preocupado por cuán encantadora estaba siendo en vez de mostrar su habitual hostilidad sobre su

homosexualidad. Sin embargo, su fachada amistosa no mostró ningún signo de caérsele mientras los guiaba hacia la casa para que saludaran a Stephanie y Joe, y eso dejó a Andrew completamente desconcertado.

Andrew pasó su brazo alrededor de Rich y siguió a Colin y a Ruth a la casa. No pudo evitar mirar hacia la casa con el número veinticuatro, para ver si había alguna señal de vida. Rich notó la dirección de su mirada y Andrew se sonrojó por la culpabilidad, pero su novio se limitó a asentir y dirigirle una sonrisa tranquilizadora. Se tomaron de las manos mientras Colin los apremiaba para que fueran a la cocina, y después de más de dos años, Andrew estaba en su vieja cocina, rodeado de su familia.

NATHAN OBSERVÓ el regreso de Andrew desde una larga, larga distancia, dado que Stephanie le había dejado muy claro que, a pesar de su amistad, no era bienvenido a ningún lugar cerca de su casa mientras que el hombre estuviera de visita.

Solo que no era así, ¿o sí? No era únicamente la visita de Andrew. Era la de Andrew y Rich. Rich y Andrew. Drew y Rich. Cualquier forma en que lo dijera, era una mierda.

Así que ahora estaba mirando desde su habitación mientras Andrew bajaba del Mercedes recién comprado y estiraba la espalda. El conductor hizo lo mismo, y Nathan quiso vomitar al ver el afecto en el semblante del novio de Andrew. Los nervios se le crisparon más cuando incluso, desde la distancia, pudo notar que Rich era un hombre bien parecido; la luz del sol hacía sobresalir los destellos rojos en su cabello oscuro.

Por lo que todos decían, Rich era un buen hombre y adoraba a Andrew.

Era mayor que Andrew, tenía aproximadamente unos cuarenta años, y era un contable competente. Llevaban juntos casi dos años, lo que Nathan supuso que coincidía con su desastrosa visita a Los Ángeles. Hacía casi dos años y medio que no había podido estar cerca de Andrew. Ahora era el trigésimo cumpleaños del hombre y había vuelto a casa para celebrarlo con su hijo.

Colin salió disparado desde la esquina de la casa y fue cubierto por los brazos de su padre. Llegar a la adolescencia no había disminuido su

exuberancia, o su necesidad de estar realmente sucio de pies a cabeza.

Nathan contempló con una sonrisa cómo Andrew besaba y abrazaba a su hijo estrechamente; el chico estaba casi tan alto como su padre. Solo podía imaginar lo mucho que la separación de Colin había afectado a Andrew.

Podía ver a Colin hablando, y entonces distinguió a la señora Matthews de pie en la puerta principal. Se dio cuenta de que Rich estaba acercándose para también saludar. La sonrisa se borró de su cara cuando se dio cuenta de lo contento que Colin estaba por ver a Rich. Vio como Andrew puso su brazo alrededor del hombre, y si eso no le sentó como una puñalada, el que Andrew mirara brevemente hacia su casa, lo hizo. Y el aliento se atoró en su garganta mientras se hacía para atrás, no queriendo ser visto pero deseando ser descubierto, deseando y sufriendo cuando los tres empezaron a caminar hacia la casa. Sin embargo, el novio lo vio.

Nathan se quedó junto en la ventana hasta que se perdieron de vista.

No estaba seguro de si Andrew había mirado de nuevo hacia su casa, solo un poco, antes de entrar. Su hija resopló en sus brazos. Nathan le dio unas palmaditas en la espalda, calmándola suavemente hasta que se quedó dormida. Andrew parecía feliz. Y él estaba contento por ello. Dios sabe que algo bueno tenía que salir de aquel lío.

Se giró y se encontró con que Alex lo observaba desde la puerta.

—Andrew está en casa —le dijo él.

—Tal vez ahora puedas dejar de espiar por la ventana —espetó ella, y se dirigió al piso inferior.

Mordiéndose el labio, Nathan fue tras ella, con Jess acunada en el hueco de uno de sus brazos. Abajo, Daniel estaba jugando con sus trenes de juguete. Alex pateó uno quitándolo del camino mientras pasaba a su lado, ignorando el gemido de descontento de su hijo.

Nathan bajó deprisa las escaleras y recogió el pequeño juguete que estaba debajo de la mesa del vestíbulo.

—Aquí tienes, amigo. No hay necesidad de llorar —murmuró mientras se lo entregaba al niño.

Su hijo se calmó inmediatamente y continuó con su juego. Nathan le revolvió el pelo cariñosamente y siguió a su esposa a la cocina.

Alex estaba limpiando la encimera. Frotando con tanta fuerza que estaba seguro de que se imaginaba que se trataba del rostro de él lo que estaba limpiando.

—¿Por qué has hecho eso? —preguntó sin más—. No tienes que desquitarte con Daniel.

Ella se negó a responder.

PASARON CASI cinco horas antes de que Andrew lograra hablar tranquilamente con su exesposa. Stephanie mandó a Colin a la cama con la promesa de que podría quedarse despierto hasta muy tarde la siguiente noche. Ruth y Nick habían ido a conocer al nuevo bebé de Nathan y Alex, y Joe y Rich estaban comparando los campos de golf y los handicaps, en la sala de entretenimiento instalada en la antes sala de Andrew.

Andrew estaba bebiendo un Jack Daniels y observando a Stephanie mientras ella preparaba la comida para la parrillada del día siguiente. No podía creer cuán familiar resultaba ser todo. Habían pasado muchas tardes de esa manera, Andrew llevando a Colin a acostarse mientras Steph cocinaba y preparaba lo del día siguiente.

—Como en los viejos tiempos —comentó ella mientras picaba cebolla, y la añadía a medida que lo hacía a la creciente montaña en frente de ella.

Él asintió.

—Así es. Es agradable. Realmente no me canso de esto. Nosotros no comemos mucho en casa en Los Ángeles.

—¿No cocináis para nada? —Stephanie se frotó los ojos cuando el efecto de los vapores de la cebolla fue demasiado.

Sacudiendo la cabeza, Andrew tomó un trago de su bebida.

—No mucho. A Rich lo invitan tanto que tiendo a salir a comer con él, y cuando no, agarro cualquier bocadillo.

Stephanie picó otra cebolla y la empujó hacia la pila.

—¿Crees que tenemos suficiente? —preguntó.

—¿Para la fiesta, o para toda la población de Castleton?

—¡Oye! No voy a permitir que Allison critique la cantidad de comida con la que alimento a mis invitados. —Stephanie se mordió el labio inferior mientras observaba la comida preparada.

—Ella no va a venir, ¿o sí? —inquirió Andrew con una mueca de horror.

Sonriendo, Stephanie le lanzó un pedazo de cebolla.

—¿De verdad crees que pude mantenerla lejos cuando supo que vendrías? Me costó mucho evitar que viniera esta noche. Todos los de la calle vendrán mañana.

—Excepto Nathan.

—Excepto Nathan —confirmó Stephanie.

Andrew trazó la decoración de la copa con la punta de sus dedos.

—Realmente no es justo mantenerlo alejado.

Stephanie levantó la vista.

—No me importa si lo es o no. Me importas tú. Me importa que disfrutes de tu fiesta de cumpleaños con nuestros amigos y tu hombre.

Nathan puede irse al infierno.

Viendo la expresión de determinación en su rostro, Andrew no tuvo ninguna duda de que le había dicho algo similar a Nathan.

—Gracias, Steph —le dijo en voz baja, conmovido por su actitud protectora.

Habían trabajado muy duro en protegerlo después de su ruptura. Todos sus amigos y su familia lo hicieron, incluso su madre, a su manera, al no hacer demasiadas preguntas. En dos años, no le habían mencionado el nombre de Nathan. Aun cuando trataba de sacarlo en la conversación, ellos cambiaban de tema. Gary había dejado claro que Gabe no era bienvenido mientras fuera todavía amigo de Nathan, lo cual acabó con la relación.

Andrew aún se sentía culpable por ello, a pesar de que Gary le aseguró que había sido solo por diversión y sexo.

Y aquella noche, cuando Alex fue con la invitación de conocer a la niña, un poco inseguros al recibirla, se habían aglomerado alrededor de Andrew, no dejando que Alex entrara hasta que estuvieron seguros de que Nathan no estaba con ella.

Casi había tenido que abrirse paso para darle un abrazo y prometerle que podía traerle a la niña mientras él estuviera en Castleton. Ella parecía…

extraña a su alrededor, rígida y tensa, aunque sus palabras fueran lo suficientemente amables y pareciera estar bien con la idea de que la madre de Andrew fuera a su casa. Hubiera dado lo que fuera por ver la reacción de Nathan cuando Ruth estuviera en su puerta.

—¿Cómo le va a Daniel con su nueva hermanita?

Stephanie sonrió.

—No creo que a sus cuatro meses, ella realmente tenga mucho impacto en él.

Andrew frunció el ceño. Cuatro meses sonaba incorrecto. Si Alex estaba embarazada hacía más de dos años, la niña debía ser mayor.

—¿Cómo estás? De verdad, quiero decir. —Stephanie interrumpió sus pensamientos.

Andrew la miró.

—Bien. —Ante su mirada escéptica, Andrew agregó—: Estoy mejor.

Tengo días buenos y días malos, ¿sabes? —Comenzó a tirar sin cesar de la etiqueta de la botella de bourbon. Era un hábito que solía volver loca a su exesposa en su época de casados. Sonrió mientras Stephanie le quitaba la botella y la colocaba sobre la mesa que había detrás de ella—. La mayoría de las veces estoy bien.

—Rich dijo que estás viendo a un terapeuta. ¿Eso está ayudando?

Andrew se encogió de hombros, pensando en la última sesión que había soportado con el hombre que parecía sacado de los años setenta y que era muy aficionado a preguntar: «¿Cómo estamos hoy?»; eso lo volvía loco.

Quería señalar que si se trataba de una sesión de terapia mutua, Andrew también debería cobrarle una cantidad exorbitante. Sin embargo, eso hacía feliz a Rich, y Andrew suponía que ayudaba… un poco.

ERAN LAS cinco y media de la mañana y Nathan estaba cansado de mirar al techo. Se levantó de la cama, con cuidado de no despertar a Alex. Todavía estaba oscuro, pero no podía dormir. Decidió llevar a los perros a correr al parque, antes de que los niños se despertaran y le exigieran su atención.

Ahora solo eran dos, Mollie había muerto el año anterior.

Solo le tomó unos minutos ponerse sus zapatillas y salir de la casa con los dos perros pisándole los talones. Últimamente, recibían poca atención, por lo que disfrutarían de la oportunidad de correr sin niños. Nathan se sentía con ganas de sacar su frustración y miseria durante kilómetros.

Corrió por el vecindario, devorando metro tras metro; su mente todavía era un tumulto de ira, y más ira, al pensar en Andrew y el devastador efecto que había causado en su propia vida.

Mudarse a Castleton había parecido una aventura. Con su esposa, un bebé recién nacido y una carrera completamente nueva que tanto le había costado conseguir. Un nuevo vecindario con nuevos amigos. ¿Y ahora?

Consumido por los celos, infiel a su esposa, deseando a Andrew tanto que podía gritar, y no se le permitía acercársele a menos de un metro de distancia. ¿Por qué no lo abofeteaban con una orden de alejamiento si ya estaban en esas?

¿Y por qué él era el malo de la película? Andrew había estado encima de él antes de que tuviera la oportunidad de hacer cualquier otra cosa más que comentar algo sobre su cabello, y entonces habían estado discutiendo.

¡Maldición! Un paso. ¡Maldición! Un paso. ¡Maldición! A cada paso que daba soltaba otro improperio.

Nathan corrió a través del parque, prestándole poca atención a lo que le rodeaba, dándoles la oportunidad a los perros de que olfatearan sus rastros. Tendía a correr en círculo, por lo que sabían que su amo volvería a ellos.

Subió corriendo la colina, mordiéndose el labio para tratar de evitar que las imágenes de Andrew contra el árbol, pasaran intermitentes y en cámara lenta por su cabeza. Llegó a la cima de la colina y descubrió que los

perros ya estaban allí, deambulando felizmente mientras Andrew les rascaba las orejas. Andrew… acariciando a sus perros… Andrew.

—¿Qué quieres? —Nathan no estaba de humor para portarse de forma amable; estaba enojado, maldita sea. No le hacía sentir mejor el verlo con una ceja arqueada.

—A ti.

Oh, mierda, no había nada que pudiera obligar a Nathan con más fuerza a permanecer allí.

—Quiero decir… Quiero hablar contigo —corrigió Andrew.

«¿Hablar? Eso debiste hacerlo hace años, amigo».

—No debería haberme ido de esa manera.

«¿Tú crees?». Nathan estaba apretando sus dientes con tanta fuerza que su mandíbula le dolía.

—Es que… yo estaba… Nathan, ¿vas a decir algo o solo vas a tener esa expresión enojada conmigo? —Andrew se puso de pie y empezó a caminar hacia él.

Nathan se alejó.

—¿Dónde están tus perros guardianes?

Andrew le sonrió y una vez más Nathan se quedó petrificado por lo guapo que era.

—Supongo que dormidos, si es que tienen algo de sentido común.

Sabía que la única posibilidad de hablar contigo era hacerlo ahora. —La cara de Andrew se puso seria—. Realmente quiero hablar contigo, Nate.

—¿Por qué ahora? —Nate estaba todavía demasiado enojado por la forma en que había sido controlado por una mirada suplicante.

—Porque antes no estaba lo suficientemente bien como para hacerlo.

Andrew estiró una mano, pero Nathan dio otro paso atrás. De ninguna manera quería ser tocado. Los toques le hacían dejar de pensar, y no pensar lo conducía a otras cosas que definitivamente no quería considerar.

—¿Has estado enfermo?

¿Andrew había estado enfermo y ninguno de esos hijos de puta había pensado en decírselo? El estómago de Nathan se revolvió ante la idea.

Frunciendo el ceño, Andrew preguntó:

—¿No te lo dijo Stephanie?

—¿Decirme qué? —Nathan maldijo cuando su voz se levantó por la ira—. Drew, nadie ha mencionado tu nombre en meses. Ni siquiera yo estoy autorizado a decir tu nombre.

—Eso se aplica también para mí. Supongo que pensaron que eso era lo mejor. Tuve… —Andrew hizo una pausa—. Un colapso nervioso. Creo que podría ser llamado así.

Nathan se lo quedó mirando con la boca abierta.

—¿Debido a mí?

Andrew resopló con fuerza.

—¿Podrías ser más arrogante?

Sin contar con el humor para andarse con estúpidos rodeos, Nathan persistió:

—¿Fue por mi culpa, por lo que hicimos?

—¿Te refieres al sexo? —Andrew se encogió de hombros—. En parte, supongo. —Ante la mirada de Nathan, agregó—: Estoy bromeando.

—No es gracioso, hombre.

—Tampoco lo fue en aquel entonces —admitió Andrew en voz baja.

—Así que, ¿qué pasó?

Los perros se apiñaron a su alrededor, confundidos por la repentina hostilidad de Nathan, y Andrew se quedó perdido en su propio mundo de dolor. ¿Y Nathan? Estaba a unos treinta segundos de golpearlo o besarlo.

Ninguna de las dos opciones le sería de utilidad.

Andrew lo miró, confundido.

—Eh, tuve un colapso nervioso, como ya te dije. Abandoné la casa de Gary y no regresé.

—¿A dónde fuiste? —preguntó Nathan, aunque ya había adivinado la respuesta.

—Me quedé con Rich hasta que pude volver a trabajar. —Andrew hizo una pausa, y se perdió de nuevo en su propio mundo.

Nathan se sentó en una zona de hierba húmeda y aguardó. Andrew pareció inseguro por un momento, y entonces también se sentó.

Curiosamente, los perros parecían más tranquilos por esto, así que se alejaron a inspeccionar los cubos de basura en busca de sobras de comida.

Pasaron varios minutos antes de que Andrew hablara otra vez. Nathan había esperado pacientemente en lugar de tratar de apurarlo.

—Realmente no sé por dónde empezar —dijo finalmente.

—Dime por qué tuviste un ataque de pánico. —Ese parecía un buen sitio para empezar, tan bueno como cualquier otro podía serlo.

—No lo sé. Sufrí una fuerte impresión, supongo. Pasé de estar teniendo sexo apasionadamente, a enterarme de que ibas a tener otro bebé, y todos estaban muy tranquilos al respecto. Como si estuviera bien que te acostaras conmigo cuando Alex estaba embarazada.

—No esperaste precisamente a escuchar las ultimas noticias —señaló Nathan, herido por la insinuación de que todo había sido culpa suya.

—Tampoco me rechazaste —replicó Andrew.

Nathan miró a lo lejos; la parte de su mente que todavía funcionaba quiso comprobar a dónde se habían ido sus perros.

—No quería hacerlo. Necesitaba… algo.

Andrew suspiró suavemente

—Yo lo necesitaba también. Te necesitaba, y pensé que por eso estabas allí…, para estar conmigo para siempre. La verdad es que soy un estúpido.

Mi suerte nunca ha sido muy buena —dijo, sin rastro de amargura—.

Cuando me di cuenta de que había sido solo un revolcón de despedida…

Bueno, mi mente se colapsó. Mi terapeuta cree que me cayó de golpe la adolescencia.

Nathan parpadeó. Eso era nuevo. Andrew siguió hablando.

—Pasé la mayor parte de mis años de adolescente, ocultándole a mi madre el hecho de que era gay; después tuve que lidiar con un recién nacido y un matrimonio. Realmente nunca fui un adolescente. Él piensa que solo necesitaba un poco de descanso. Y lo tuve. Me acosté en mi cama, lloré mucho, dejé de comer, me comporté como un adolescente hasta que…

—¿Hasta que qué?

—Me di cuenta de que había un hombre que me hacía sentir bien conmigo mismo. —Andrew miró a Nathan, quien se percató de cómo sus ojos se suavizaron al hablar de su pareja.

Nathan frunció el ceño. Había pensado que Andrew solo había salido con Rich.

—¿Rich?

Asintiendo, Andrew volvió a sonreír; su sonrisa era tierna mientras pensaba en su novio. Nathan quería quitársela a golpes.

—Lo conozco desde hace años, así que solo tuve que meditar lo que pensaba de él. Me abrazó, me dio de comer; no dijo nada hasta que estuve dispuesto a escuchar, y entonces hizo que volviera a enfrentarme al mundo exterior como un adulto. Le debo mucho.

Con vergüenza e ira, Nathan escuchó.

—¿Por qué no me lo dijeron? ¿Gary, Joe, Steph? No tenía ni idea.

¿Estabas enfermo y creyeron que no me interesaba saberlo? —No quería que el otro hombre notara la indignación en su rostro. Levantó la mirada, y descubrió que Andrew lo observaba con los ojos muy abiertos. Su rostro estaba tan pálido que cada peca, cada lunar, se destacaba en sus facciones.

—Y si te hubieras enterado, ¿qué? ¿Habrías ido corriendo a verme para quedarte para siempre?

—Drew, yo…

Andrew le dirigió una triste sonrisa cínica.

—Ya no importa. Lo hecho, hecho está, Nate. Pensaron que era lo mejor. No podría haber manejado el que trataras de ser amable conmigo.

—Pero…

—Ya lo superé. He vuelto a ser un chico grande. Y en el proceso he encontrado el amor con un hombre maravilloso. —La cara de Andrew se suavizó.

Nathan abrió la boca para hablar, pero Andrew lo interrumpió.

—Nate, quiero que vayas a la parrillada. Para mostrar a todos que el tiempo ha pasado.

¡Por supuesto que no! Nathan quería mantener sus testículos intactos.

—No creo que sea muy buena idea, ¿tú sí? —Se removió inquieto en el suelo húmedo, tratando de estirar las piernas. Detenerse tan repentinamente después de correr había acalambrado un poco sus músculos.

No estaba preparado para que de pronto, Andrew se deslizara entre sus piernas y colocara las manos en uno de sus muslos—. ¿Qué carajo crees que estás haciendo?

—Cállate y déjame trabajar. —Andrew tenía el ceño fruncido mientras sus largos dedos buscaban los nudos en los músculos del muslo.

—Solo tengo que levantarme. —Nathan estaba casi retorciéndose en su intento por escapar de él—. ¡Andrew, quítate! —Lo empujó y se puso en pie—. ¿Qué demonios ha sido eso? —Apretando la mandíbula, miró hacia abajo con indignación al otro hombre.

—Tienes un calambre —indicó Andrew innecesariamente—.

Únicamente estaba tratando de ayudar.

—Tú… Nosotros… Con el contacto… suceden cosas. —Nathan era maestro. Debería poder formular una oración coherente. «Sí, pero no con Andrew tan cerca de mi pene».

—Sucedían. —Andrew destacó el tiempo pasado—. Vamos, Nate. —

Levantó una mano para que lo ayudara a ponerse en pie. Automáticamente, Nathan le dio un tirón hacia arriba—. Esto es importante. Les mostrará a todos que no hay nada entre nosotros.

Los dos hombres se miraron en silencio. El parque estaba tan tranquilo que Nathan podía oír la rápida respiración de Andrew.

—¿Es verdad lo que dices? —dijo Nathan finalmente—. ¿No sientes nada por mí?

—Solo amistad —le aseguró Andrew—. Y podemos mostrar eso a todos, así dejaran de entrometerse y me… nos darán una oportunidad para tratarnos de nuevo.

—Así que amigos, ¿eh? ¿De los que se toman de la mano?

Andrew miró hacia abajo y vio que sus manos estaban todavía entrelazadas. Estaba sujetando fuertemente la de Nathan. La soltó a toda prisa, pero Nathan suspiró.

—¿A quién estás tratando de convencer, Andrew? ¿A ellos o a ti mismo? Disfruta tu fiesta.

Haciendo caso omiso de la mirada afligida de Andrew, silbó a los perros para atraer su atención. Ya era hora de ir a casa y no de mirar hacia atrás para saber si Andrew lo estaba mirando. Nathan podía hacer eso.

CALIFICAR TRABAJOS escolares era una calamidad en el mejor de los casos.

Hacerlo cuando tus pensamientos continuaban vagando a unos cuantos cientos de metros, jodía a lo grande.

Nathan se quitó los lentes y se frotó las sienes con cansancio. Había estado leyendo treinta variaciones diferentes de: «¿Qué es lo que voy a ser cuando sea mayor?», durante más de tres horas. Para ser justos, las respuestas no eran todas iguales. Todos los chicos querían hacer explotar cosas. Sí, señor Skinner, el señor Peterson seguía impartiendo el cuarto grado con explosiones en el aula. Sin embargo, se tuteaba con todos los del cuerpo de bomberos de Castleton. Las chicas eran un poco más inventivas, pero ninguna parecía tener ninguna ambición más allá de Castleton. Era deprimente.

Todo estaba tranquilo en casa. Los niños estaban con Alex en la casa con el número doce, y a excepción de los resoplidos de los perros, no había otro ruido que interrumpiera sus errantes pensamientos. La reunión con Andrew lo había desconcertado. No habría dejado pasar la oportunidad de unirse a la fiesta, si no hubiera tenido que lidiar con los dos perros guardianes, Gary y Stephanie. Nathan no estaba seguro cuál de ellos tenía los dientes más afilados, y tampoco estaba dispuesto a averiguarlo.

Maldición, necesitaba un descanso. Sacó un refresco del refrigerador y salió al patio trasero. Hacía frío, pero no era insoportable; se sentó en el escalón mirando al patio. En el último año había puesto mucho esfuerzo en diseñar un entorno favorable para los niños, y estaba empezando a dar sus frutos. Justo a tiempo. Daniel daba señales de seguir los pasos de Colin y Bobby, con su propensión por el lodo y el desorden. ¿Debería impedir que su hijo jugara con el de Andrew? Tal vez deberían alejarse de allí.

Comenzar de nuevo en otro vecindario.

Desde donde estaba podía oír el ruido de la fiesta. Los gritos y las risas. Muy pronto los hombres se pondrían inquietos y se escaparían al parque con los niños. Nathan podía sentir su mejilla contraerse.

Tyler se había acostado sobre los pies de Nathan. Distraídamente, le rascó detrás de las orejas y el perro cerró los ojos en éxtasis. Un ruido repentino por el lado de la casa, perturbó a ambos. Tyler se sentó, gruñendo ligeramente. Mientras Nathan se ponía de pie, Ruby pasó junto a él, ladrando con fuerza.

—Oye, Ruby. ¿Dónde está Tyler?

Al oír su nombre, Tyler fue corriendo detrás del otro perro. Nathan frunció el ceño al oír la voz de Colin. Siguió a los perros y se reunió con él en la esquina de la casa. El muchacho estaba enrojecido como si hubiera corrido una gran distancia.

—Hola, señor P. Nos vamos al parque. Venga.

—Pero…

—Peterson, trae tu trasero aquí.

Nathan se quedó boquiabierto. ¿Gary estaba gritándole que fuera?

Instintivamente se cubrió los testículos.

Colin se rio de él.

—¿Algún problema, señor P?

—Claro que sí, eh, no, eh… —Nathan se calló cuando Colin le dirigió una mirada de complicidad.

—No se preocupe. Papá tiene a Gary controlado. Prometió que no molestaría a mamá Ruth y a los vecinos este fin de semana.

Gary asomó la cabeza por la puerta del jardín. Nathan dio un paso hacia atrás. No importaba que el tipo tuviera la mitad de su tamaño.

Siempre le había provocado terror.

—No prometí nada de eso, Colin. Pero no voy a morder, Nathan… Por ahora.

Nathan habría estado más convencido si Gary no le hubiera enseñado los dientes al sonreír. El muy bastardo era plenamente consciente del efecto que tenía en él.

—Colin, trae a los perros. Los chicos se están poniendo impacientes —

ordenó Gary.

Tyler y Ruby avanzaron con entusiasmo, pero Nathan los sujetó de sus collares para impedirles que se fueran.

—Alto.

Ellos lo miraron, confundidos por el cambio de órdenes.

—Lleva tu trasero al parque —dijo Gary con cansancio—. Los chicos quieren jugar y que estés allí. Él quiere que estés allí. Voy a ser amable por su bien.

Nathan estaba entre la espada y la pared y se dio cuenta de que no le quedaba más remedio que pasar la tarde en el parque. ¿Poner notas o jugar al fútbol? ¿A qué demonios estaba esperando? No tenía que acercarse a Andrew, Rich o Gary en absoluto.

—Solo voy a cerrar con llave la casa. Colin, ven a por las correas.

Gary, agarra a los perros.

A los pocos minutos, estaba en la acera uniéndose a los otros. Daniel había estado con su mano en la de Andrew, pero al ver a su padre, lo soltó y corrió hacia él.

—¡Danny!

Nathan utilizó la distracción de cargar a su hijo para sobreponerse a la incomodidad de ver a Andrew y Rich. Daniel se rio alegremente y empezó a hablarle acerca del helado que Colin le había estado dando, el cual, según Nathan, parecía consistir en dulces, dulces y un poco de helado mezclado con ellos.

—¿Tu mamá te vio comer todos esos dulces?

Daniel negó con la cabeza.

—No son dulses. Es helado. Colin me lo dio —explicó, dándose importancia.

Su padre miró hacia Colin, quien le dirigió una mirada inocente abriendo mucho los ojos. Nathan hizo un gesto de exasperación y se volvió hacia su hijo.

—Apuesto a que sabía asqueroso, ¿eh?

—Oh, no, papi. Sabía dico.

Daniel continuó tratando de convencer a su padre mientras se dirigían hacia el parque. Nathan acababa de entrar en el tema de los gusanos de gomita con sabor a col, cuando cruzaron las puertas.

—Eso es repugnante, amigo. —Gary hizo una mueca mientras Nathan bajaba a Daniel para que corriera y se uniera a Colin y a los perros que rodaban sobre la hierba.

Nathan abrió la boca para responder, pero Andrew se le acercó, con Rich pisándole los talones.

—Nate, este es Rich.

Era un tipo apuesto. Un poco por debajo de un metro ochenta y dos —

Nathan sintió una infantil sensación de satisfacción porque el hombre tuviera que mirar hacia arriba para ver su cara—, pelirrojo y con los ojos grises. Era un cuarentón pero se mantenía bien, y le mostraba una amistosa y amplia sonrisa mientras se estrechaban las manos.

Nathan quería odiarlo, aunque solo fuera para sentirse mejor, pero Rich era un tipo realmente agradable que no parecía tener ningún problema en conocer al hombre que había causado el colapso nervioso de su novio.

—Nathan. Genial, al fin te han traído. Ven. Estás en mi equipo. Colin, vamos. ¡Tenemos que hacer picadillo a tu padre! —Michael corrió y le lanzó el balón a Nathan.

En cuestión de minutos, se halló corriendo al lado de Rich y Colin con Andrew y Gary en el lado opuesto. Durante un rato, dejó todos los

problemas e incomodidad a un lado mientras jugaban al fútbol, hasta que se agotaron y reposaron en el césped.

Afirmando que era demasiado viejo para jugar, Jim se había mantenido al margen cuidando de Daniel y los perros. Mientras los hombres se relajaban, les tendió botellas de refresco y agua.

—¿Qué vas a querer, Nate?

—Agua, gracias, Jim.

Gary se dejó caer a su lado. Nathan no le hizo caso durante unos minutos mientras observaba a Colin jugar con Daniel y los perros. Podía sentir a Gary inquieto junto a él.

Finalmente perdió la paciencia.

—Suelta de una vez cualquier amenaza o advertencia que desees hacer.

—¿Tengo que hacer alguna amenaza?

—No, que yo sepa, Gary. Me alejé cuando quisiste que lo hiciera. Y

estar aquí ahora no ha sido mi elección. —Desde donde estaba sentado, podía ver a Andrew acurrucado contra Rich mientras hablaban con algunos de los vecinos.

—Lo sé. No ha sido la mía tampoco. Si por mí fuera, nunca habrías estado ni a tres metros de él.

Nathan oyó la dureza en su tono. Al parecer, Gary solo podía comportarse amablemente durante un rato. Lo mismo ocurría con él.

—Solo quiero dejar claro, por si acaso buscas que te vuelvan a lustrar el bate, que no lo obtendrás de mi chico —puntualizó Gary.

—Ese es el problema, ¿no es así, Gary? Ya no es tu chico. Has perdido a tu amigo con derechos, al igual que yo. —Nathan se volvió para dirigir a Gary una sonrisa cruel.

—¿Habéis terminado la discusión sobre quién es mejor? —Una fría y exasperada voz sobresaltó a ambos.

Nathan miró hacia arriba. Andrew y Rich se encontraban tras ellos.

Andrew parecía furioso, tenía los labios apretados con tanta fuerza que Nathan podía verlos completamente blancos. Rich no dijo nada. Sabia

decisión. Se quedó mirando al suelo, preguntándose cuál de ellos huiría esta vez.

—Sí, creo que sí. Nate y yo hemos hablado acerca de ti y decidido que no vales la pena, así que en lugar de eso vamos a ir a emborracharnos.

Nathan se sobresaltó cuando Gary dejó caer un pesado brazo sobre sus hombros, apretándolo en una advertencia tácita.

Los ojos de Andrew se abrieron como platos, y entonces se echó a reír, inclinándose para golpear a Gary en la cabeza.

Gary se encogió de miedo teatralmente.

—¡Ay! ¿Por qué has hecho eso? ¿Y por qué Nathan no ha sido golpeado?

—Porque no acaba de decirme que no valgo la pena —señaló Andrew.

—¿No lo ha hecho? ¿No lo has hecho? —le preguntó a Nathan.

Nathan negó con la cabeza.

—No, tú lo insultaste por tu cuenta.

Gary hizo una mueca.

—Maldita sea, es mucho más divertido ser grosero con él que con otra persona. ¿Dónde está Gabe cuando se le necesita?

UNA HORA más tarde, el grupo que estaba en el parque decidió de mala gana regresar a las mujeres de sus vidas, y a la fiesta. Aunque Jim no parecía ansioso por volver con Allison y su tabla sujetapapeles.

En el camino de vuelta a casa, Andrew notó que Nathan lo observaba y luego lo evitaba. Le tomó unos minutos darse cuenta de que no estaba seguro de si la invitación al parque se extendía también a la casa.

—Te espero mientras te ocupas de los perros, Nate —gritó, mirando a Rich en busca de su aprobación.

Su novio asintió, y Andrew se apartó de su lado para ir con Nathan.

Colin se les unió, llevando a Daniel en sus brazos. El niño estaba casi dormido, con la cara enterrada en el cuello de Colin.

Gary se encogió de hombros y condujo al resto de los hombres al patio trasero de Joe y Stephanie.

Nathan llevó a Tyler y Ruby alrededor de la casa y los dejó en la cocina. Después de unos minutos, se reunió con Andrew y Colin. Daniel aún estaba rendido en los brazos de Colin.

—¿Quieres que yo cargue a Daniel? —ofreció—. Sé que pesa mucho.

—Así está bien. —Colin se aferró al niño, protectoramente.

Andrew no se había dado cuenta de que, a pesar de la década entre ellos, Colin y Daniel se llevaban muy bien. Hubo una punzada en su pecho cuando reconoció que no había estado presente para ver crecer esa amistad, y a nadie se le había ocurrido, o no habían querido, mencionárselo. Y se preguntó cuántas otras cosas se había perdido.

Sonrió a Nathan.

—Vayamos a ver si Gary nos ha dejado alguna cerveza.

—¿Puedo…? —dijo Colin.

—¡No! —Ambos hombres lo interrumpieron.

Stephanie distinguió la expresión malhumorada en el rostro de Colin cuando entraron en la casa. Ella arqueó una ceja mirando a Andrew, quien articuló: «Cerveza».

—Ah… Pongamos a Daniel en el estudio. Así podremos oírlo cuando se despierte.

Colin siguió a Steph al estudio y acostó al niño en el sofá. Los dos hombres observaron mientras ella colocaba cojines a su alrededor para evitar que se cayera.

—Vendré de vez en cuando para ver cómo está —le prometió Colin a Nathan.

—No sabía que los chicos se llevaran tan bien —le comentó Andrew a Nathan cuando Colin salió corriendo hacia la cocina en busca de una bebida no alcohólica.

Nathan le dirigió una pequeña sonrisa.

—Yo tampoco puedo entenderlo. Son como hermanos más que vecinos. Creo que eso cambiará cuando Jess camine y Daniel realmente se dé cuenta de que tiene una hermana. También Colin descubrirá a las chicas en algún momento.

—Dios nos ayude —murmuró Andrew—. Primero tendrá que descubrir lo que es el agua y el jabón. ¿Una cerveza?

—Por supuesto que sí.

—¿CÓMO VAS?

Tratando de pescar una cerveza en la enorme cubeta con hielo derritiéndose, Andrew se giró y se encontró a Rich justo detrás de él. Le sonrió a su novio y tiró de él para darle un abrazo.

—Bien. ¿Y tú? —Enterró la nariz en su cuello, disfrutando de la calidez y el aroma ligeramente picante de su colonia.

Rich se inclinó hacia la caricia, por lo que Andrew sintió calidez y protección.

—Mejor ahora que no me estás obligando a correr por ese parque. Soy demasiado viejo para eso.

Andrew levantó la vista y lo miró lascivamente.

—¿Ah, sí? ¿También eres demasiado viejo para otras cosas?

Rich le dedicó una sonrisa pícara, con sus ojos arrugándose en las esquinas.

—¿Quieres encontrar un lugar tranquilo y averiguarlo? —Se frotó sutilmente contra Andrew.

—Cie… —Andrew contuvo el gemido que burbujeaba por salir—.

Cuando quiera, señor Andrews. Mientras que sea muy, muy lejos de mi mamá.

—¿Cómo de lejos tiene que ser?

—Por lo menos a dos estados de distancia —dijo Andrew, medio bromeando.

Rich rio disimuladamente mientras se inclinaba hacia delante para darle un beso.

—Entonces mejor lo dejamos para más tarde.

—Más tarde —accedió Andrew, deslizando las manos por el trasero de Rich para acercarlo más. Mientras lo besaba, una parte de su cerebro estaba sorprendida por su atrevimiento de hacerlo en donde cualquiera podía verlo: su madre… Nathan…

—No tienes que hacer esto, ¿sabes? —susurró Rich en su oído.

—¿Qué? —preguntó Andrew, moviendo la cabeza de modo que sus labios descansaron contra los de Rich.

—Besarnos públicamente. No tienes que demostrarle nada a nadie.

Andrew le dio otro beso.

—Tal vez eso quiero —dijo, casi entrecortadamente—. Nunca he podido hacerlo antes.

Está bien, quizás parte de él estaba actuando como un adolescente rebelde, pero nadie se quejaba cuando Stephanie besaba a Joe, ¿verdad?

Aparte de su madre, por supuesto. Realmente esperaba que su madre hubiera visto eso.

Se arriesgó a dar una rápida mirada. Nathan los estaba observando desde la puerta de la cocina. Había sido testigo de todo el intercambio.

«Qué bueno», pensó Andrew. Nathan también necesitaba ver aquello.

En la mente de Andrew había existido la idea de que, si sus amigos pudieran verlo actuar normalmente con Nathan, las cosas volverían a ser como eran antes de irse a Los Ángeles; podía ser solo su amigo, a pesar de la atracción mutua.

Le dio otro beso a Rich y retrocedió, agitando su mano hacia Nathan para que se aproximara.

—¿Quieres otra cerveza, Nate?

Nathan asintió y tomó la botella que Andrew le entregaba, estremeciéndose cuando sus dedos se rozaron brevemente. Andrew fingió que no lo había notado y rebuscó en la cubeta para sacar otras dos botellas.

Dándole una a Rich, preguntó:

—¿Daniel sigue durmiendo?

—Profundamente. Colin lo hizo correr bastante. Por supuesto, estará despierto toda la noche si duerme demasiado tiempo. —Nathan tomó un trago de cerveza—. Lo despertaré dentro de un rato y le daré un refrigerio.

—No estoy seguro de que Daniel sea el único cansado. ¡Mirad! —Rich señaló hacia la puerta abierta del estudio. Gary y Colin se habían acurrucado en el sillón al lado de Daniel. Habían comenzado a jugar con la Xbox de Colin, pero se quedaron dormidos a mitad del juego. Gary roncaba con la boca abierta. No era un espectáculo agradable.

Andrew vio a Jess, acunada en los brazos de su madre. Acababa de ser alimentada y estaba hipando ligeramente en el hombro de su madre. Ruth le palmeaba suavemente la espalda; su cara era de gentileza mientras le murmuraba palabras de amor a la pequeña niña.

Rich siguió la dirección de su mirada.

—Tienes una hermosa niña, Nathan.

—Así es —convino Nathan—. Hemos tenido mucha suerte con nuestros hijos. Aunque hemos echado de menos tu toque mágico con las fotos, Drew. El otro hombre fue bueno, pero de alguna manera no tan bueno como tú con la foto de Daniel.

—Las cámaras están en el coche. ¿Quieres que les tome algunas antes de que nos vayamos mañana?

La cabeza de Nathan se giró bruscamente y lo miró con consternación.

—¿Te vas mañana? ¿Tan pronto? —Ante la mirada confundida de Andrew, Nathan se puso rojo—. Es que pensé que te quedarías aquí unos cuantos días.

—Tengo una reunión el lunes —explicó Rich—. Y Andrew tiene una sesión fotográfica.

—¿Ya trabajas de nuevo?

—Sí. —Andrew no dio más detalles. Era para una revista gay, y él recordaba claramente la última vez que Nathan vio una de sus fotos en una

revista porno.

Nathan frunció el ceño y parecía que estaba a punto de cuestionarlo, cuando Joe interrumpió.

—¿Dónde hay más cerveza? —preguntó, agitando la botella vacía.

—En la cubeta, aunque pronto necesitarás poner más. No querrás que Allison se queje, ¿verdad? —bromeó Andrew.

Rich frunció el ceño.

—¿Allison?

—La pequeña rubia.

—La de los temibles suéteres de pareja.

—La de la tabla sujetapapeles.

Su entrecejo se alisó mientras los otros hombres le hablaban a la vez.

—¿La que se quejó sobre la altura del césped en el patio?

Joe asintió.

—Esa misma. Mi habilidad para podar no es igual que la de Andrew.

Así que siempre está quejándose de mí. La semana pasada fue por la maleza en el jardín delantero.

Nathan balbuceó mientras se ahogaba con su cerveza.

—¿A ti también? Me dio un sermón por un poco de mala hierba. Pensé que eran flores.

Mientras observaba a los dos hombres intercambiar historias de horror acerca de sus encuentros con Allison, Andrew sintió una punzada de celos.

Este era su mundo antes de que Joe se mudara. Ahora Joe tenía su casa, su hijo, sus amigos y hasta sus terroríficos vecinos. Era feliz en Los Ángeles, pero a veces, a menudo, si era sincero, echaba de menos la vida que había dejado atrás.

Un toque en su brazo llamó su atención. Se giró y vio una comprensiva expresión en el rostro de Rich. De inmediato se sintió culpable, aunque no tenía por qué sentirse así.

Rich lo acercó a él.

—Vendremos más a menudo —le susurró al oído.

Andrew respiró hondo. Estaba bien. Podía ocuparse de eso. Ya no estaba solo.

ALEX ESTABA totalmente borracha y reía sin parar. La mayoría de ellos estaban igual. Sin embargo, eso no parecía molestar a Ruth, lo cual Andrew no comprendía, porque si había una cosa con la que podía contar, era la desaprobación de su madre por el sexo, el alcohol y cualquier cosa entretenida, sobre todo cuando a Andrew se refería. Pero allí estaba ella, sin labios fruncidos ni comentarios mordaces.

Se estremeció un poco y Rich lo apretó en sus brazos.

Andrew inclinó la cabeza para darle un beso en la mandíbula para así tranquilizarlo.

—Estoy bien. Un poco cansado, eso es todo. —No le había pasado inadvertido que los dedos de Nathan estaban apretados alrededor de la botella de su cerveza.

Alex estaba hablándole en voz baja a su madre, acerca de Jess.

Andrew estaba a punto de preguntarle a Nathan sobre la discrepancia con la edad de Jess, cuando Ruth dijo:

—Es hermosa, Alex. ¿Nathan y tú vais a tener más hijos?

La joven se echó a reír.

—Eso espero. Nathan querrá un montón de niños con los que jugar.

Andrew miró de reojo el rostro de Nathan. Estaba extrañamente inexpresivo.

La señora Matthews le dio un suave beso en la frente a la niña dormida.

—Siempre quise más nietos, pero Andrew y Stephanie no parecían querer más.

Stephanie apretó los labios. Era una frecuente y vieja queja de su exsuegra.

—Tú sabes por qué no tuvimos más, mamá Ruth.

—Lo sé, pero ya que teníais a Colin, ¿os habría hecho daño tener otro?

—Así que, entonces, no se había producido un cambio de personalidad.

—Andrew y yo no teníamos ese tipo de relación. —Steph estaba obviamente tratando de no perder la paciencia con Ruth.

Andrew podía sentir que sus mejillas comenzaban a calentarse. Podía sentir la tensión en los brazos de Rich mientras lo rodeaba.

Su madre dio un suspiro.

—Deberías haber sido más como Alex, en lugar de alentar a Andrew en su… enfermedad.

—Andrew es gay, no está enfermo, Ruth —replicó Stephanie automáticamente. Tomó un largo trago de su bebida—. ¿Qué quieres decir con más parecida a Alex?

Los tres hombres notaron como Alex puso una tonta sonrisa.

Distraídamente, Andrew recordó el número de veces que Steph había acabado ebria en aquel tipo de eventos. Desde que estaba con Joe, no parecía sentir la necesidad de hacerlo. Estaba feliz y relajada, y se le notaba.

—Quedar embarazada lo habría mantenido contigo, querida, en vez de dejarte para estar con ese hombre.

Joe resopló con fuerza. Andrew desenroscó sus dedos de donde estaban clavándose en el brazo de Rich. Notó que Nathan le dirigía una mirada comprensiva.

—Para tu información… —comenzó a decir Stephanie con vehemencia.

—O solo di que lo estás. —Alex hipó en su vaso—. ¿Hay más vino?

—preguntó, agitando el vaso hacia Stephanie.

—Ten. ¿A qué te refieres con decir que estás embarazada? —

Stephanie rellenó el vaso de Alex. Miró hacia el lugar donde los tres hombres estaban de pie, inmóviles. No parecía que Alex supiera que estaban allí.

Alex se encogió de hombros.

—Nathan me iba a dejar por Andrew. Lo oí hablando con Bob sobre eso, así que fingí estar embarazada. Sabía que no me dejaría con dos niños.

Sería fácil decir que lo había perdido y después volver a intentar tener otro.

No iba a perder lo que era mío.

Andrew se preguntó si Rich podía escuchar el estruendo de la sangre en sus oídos mientras trataba de respirar. Vio cómo se drenaba el color de la cara de Nathan, y quedó tan pálida que pensó que se desmayaría.

Obviamente, ese mismo pensamiento se había producido en Joe, porque había ido a pararse junto a él y estaba hablándole, con la mano en su brazo.

Andrew no podía oír lo que estaba diciéndole por el ruido en sus propios oídos.

Eran como figurillas de un reloj a las que hubieran detenido, todos miraban a la mujer que había hecho aquella devastadora confesión en su estado de embriaguez. Nathan estaba mirando a su esposa como si nunca la hubiera visto antes. Rich se aferraba a Andrew como si necesitara apoyo. Si Andrew hubiera estado pensando con claridad, habría puesto una sonrisa cínica mientras su madre mecía al bebé y le sonreía con aprobación a la mujer que le había hecho tanto daño. La aceptación de su sexualidad, obviamente, solo era superficial. Nadie se movía excepto Alex, quien se estaba sirviendo otro vaso de vino.

Andrew no estaba mirando a Ruth en absoluto. Su vista estaba fija en Nathan.

Egoístamente, en lo único que podía centrarse era en la idea de que Nathan había pensado en dejar a Alex para vivir con él. Había planeado dejarla.

Nathan había querido estar con él.

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