Nunca pasa nada
Capítulo 4
DOCE SEMANAS atrás, se había convertido en padre. Doce semanas atrás, se había convertido en padre, y aquel pequeño bulto que dormía en el hueco de su brazo había dado un vuelco a su vida. Acarició suavemente la cara del bebé, sonriendo cuando Daniel hizo una mueca. Permaneció dormido, acurrucado en el calor de su padre.
A veces Nathan no podía creer que aquella pequeña vida estuviera en sus manos. Cuando Alex y él se convirtieron en padres, fue como si todo lo que había deseado se volviera insignificante en comparación a aquella pequeña persona que los necesitaba. Desde su primera y dificultosa reparación, Daniel había capturado su corazón. Tres meses después, aún estaba fascinado con su hijo. Sin embargo, no estaba tan fascinado con las noches sin dormir, los pañales repugnantes y el constante e incesante asesoramiento; desde el cartero hasta el empleado de detrás del mostrador de la tienda local, todos habían opinado. ¿Existía alguien en el mundo que no necesitara contarles su experiencia?
Si no hubiera sido por Gabe, cuya opinión de la paternidad estaba al mismo nivel que la que tenía de Bush, y por Andrew y Stephanie, quienes el único consejo que le habían dado había sido: «Haz lo que creas que es correcto y al diablo todos los demás», Nathan pensaba que existía una buena probabilidad de que se hubiera vuelto loco en los primeros meses.
En lugar de eso, habían escuchado a sus nuevos amigos, ignorando a todos los demás, y tanto Alex como él habían experimentado los altibajos de la nueva paternidad con su hijo como guía. Nathan observó la foto de su nueva familia, tomada un par de días después del nacimiento de Daniel, por Andrew por supuesto. Era una foto excelente de los tres Peterson, dada como un regalo por parte de Stephanie. Nathan se había sentido incómodo
con la idea después de su desavenencia con Andrew, pero se presentó como un hecho consumado por las dos chicas y, tenía que admitirlo, fue lo correcto. El arte de Andrew sobresalía incluso en una foto prosaica como la de ellos.
Nathan trazó con un dedo el contorno de la cara de Daniel. Fue una simple foto la que hizo que finalmente se diera cuenta de que Andrew entendía lo que era la familia. Había estado sentado a solas en la cocina de su vecino, dormitando tranquilamente con una taza de café con leche, cuando deparó en una foto enmarcada, escondida en el fondo del aparador, apenas visible entre los restos de la vida diaria. No había nadie más en la cocina: Andrew no se había levantado todavía y Stephanie y Colin estaban ocupados en alguna otra parte, así que fue hacia ella y la sacó, soplando el polvo de la superficie. Era de un pequeño bebé en una incubadora, conectado a cables y tubos; parecía casi un extraterrestre.
—Ese soy yo.
Nathan saltó por la culpabilidad cuando Colin habló detrás de él. No lo había oído entrar en la cocina, así de absorto había estado en el pequeño bebé de la fotografía.
—Fui prema… prema… Nací antes de tiempo, así que necesité de todos esos tubos para mantenerme con vida. Papá tomó la foto por si acaso moría.
La simplicidad de la declaración le hizo comprender a Nathan por qué Andrew había entendido lo asustado que se sentía cuando Daniel estaba batallando por respirar.
—¿Cuánto tiempo estuviste en el hospital? —le preguntó, maravillado de que el pequeñito de la imagen se hubiera convertido en aquel saludable y vibrante niño que estaba frente a él.
—Pasaron cuatro meses antes de que pudiéramos llevarlo a casa, y otro año antes de que dejáramos de preguntarnos si sobreviviría —le dijo Stephanie sonriendo, mientras envolvía cariñosamente sus brazos alrededor de su hijo. Había entrado en la cocina detrás de él, por lo que había escuchado la conversación.
Nathan se quedó mirando la fotografía.
—Debes pensar que soy muy tonto por preocuparme por Daniel, después de lo que experimentaste. —Deseaba que Andrew le hubiera dicho algo al respecto cuando iban en el auto.
Ella se acercó y le apretó el brazo.
—Es tu bebé, y ninguno de nosotros hemos pensado ni por un momento que eres tonto.
Alargó la mano para agarrar su bolso, que estaba en la mesa, y sacó una foto. Era de Daniel, tomada mientras todavía estaba en la incubadora.
No parecía un extraterrestre como Colin, pero aun así, parecía muy vulnerable. Nathan bajó la mirada hacia él y las lágrimas brotaron de sus ojos. Stephanie deslizó un brazo alrededor suyo y lo atrajo hacia ella.
—Alex le pidió a Andrew que la tomara mientras todavía estuvieran en el hospital, solo para recordar lo pequeño que era. Tú deberías entregársela.
—Compré una cámara para tomar todas un montón fotos, y no he hecho ni una. —Nathan se atragantó, la fotografía se agitaba en su mano.
Stephanie le dio un ligero abrazo.
—Para eso son los amigos, cariño. Ahora, ve y saca a patadas de la cama al perezoso de mi marido, y haz que te lleve al hospital. Hoy tiene dos citas allí.
—¿QUÉ ESPERABAS? —le preguntó Gary, mirando por encima de la boca de su botella de cerveza—. Es una discoteca gay. No creo que vaya a esconderse en un rincón.
Nathan observó a Andrew bailando, envolviendo con los brazos a un hombre de más edad.
—No estoy seguro exactamente. Supongo que cada vez que lo miro, hallo otra faceta de Andrew Matthews. Es confuso.
Allí estaba él, en una discoteca gay con Andrew y Gary, su primera salida nocturna desde que había nacido el bebé, y Andrew se había ido a la pista de baile casi tan pronto como atravesaron las puertas. Nathan no había estado casi con él. Terminó tratando de tener una pequeña charla con Gary
mientras bebía cerveza tras cerveza, preguntándose para qué se había molestado Andrew en invitarlo.
Los ojos de Gary se entrecerraron mientras observaba a Nathan.
—¿Qué importa? Solo lo conoces desde hace cuatro meses.
—Es mi vecino, y el padre de uno de los niños a los que les doy clases
—protestó Nathan.
—¿Entonces no es tu amigo? —La voz de Gary era tajante.
Nathan miró a Gary y luego a Andrew, quien parecía más feliz y más relajado de lo que lo había visto durante semanas.
—Claro que es mi amigo. Solo que es un amigo nuevo, y cada vez que pienso que lo conozco, me entero de algo más sobre él.
—Es gay, ¿y qué? Ah, espera, se me olvidaba, eres un buen chico texano —dijo Gary sarcásticamente.
Nathan frunció el ceño.
—¿Qué pasa con esa mierda sobre los texanos? Ambos lo habéis mencionado. ¿Me llamas homofóbico porque soy de Texas? Andrew lo es también. Así que, deja eso ya.
—Sí, y mira lo que le pasó. —Gary empinó la botella, desestimando las quejas de Nathan.
Nathan dio un puñetazo sobre la mesa. Todas las botellas dieron un salto, pero afortunadamente ninguna se cayó. El barman se giró para mirarlos, para saber si había un problema, pero Gary sacudió la cabeza y él regresó a tomar las órdenes.
—No sé lo que le pasó porque no me lo ha dicho, y no me importa si es gay o heterosexual. —Por la incrédula expresión de Gary, Nathan insistió
—. No me importa. Gabe es bisexual. Yo… Bueno… —Se detuvo, con la esperanza de que Gary no lo hubiera entendido.
Improbable. Gary tomó un trago de cerveza.
—¿Tú lo has…, también?
—Hemos tonteando por ahí —murmuró Nathan, levantando la etiqueta de su botella. Había sido hacía mucho tiempo, una mamada estando ebrios
después de una fiesta, y no pensaba mucho en ello. Lo había disfrutado, por lo que podía recordar, pero no había tenido el deseo de repetir la experiencia, y Gabe nunca lo había mencionado. Gabe era mucho más aventurero que él, sus hazañas sexuales cubrían casi todo lo imaginable, y ni siquiera quería pensar en muchas de ellas.
Alzó la vista y encontró a Gary observándolo fijamente, con la boca un tanto torcida como si no estuviera seguro de si debía sonreír o no.
—Sí, ya veo que tienes mucha experiencia. —Gary arrastró las palabras—. Hablarte acerca de su pasado depende de Andrew, pero es un buen hombre, Nathan. Uno de los mejores. Ha hecho lo correcto con Stephanie y Colin, y solo ocasionalmente tiene una noche para salir sin tener que fingir ser algo que no es. —Se volvió para mirarle de frente. A decir verdad, Nathan estaba un poco intimidado por aquel hombre. Era evidente que era muy protector de Andrew, y hasta el momento no parecía simpatizar mucho con él—. A Andy le agradas mucho, pero tu reacción a esa revista le preocupó. Tiene un montón de secretos que no son del dominio público, y si salen a la luz… Bueno, la vida no sería tan buena para él.
—¿Más secretos? —preguntó Nathan con ironía.
Gary agitó la botella hacia el camarero, quien asintió y se agachó para agarrar un par de cervezas frías.
—Creo que te ha hablado de muchos de ellos. ¿Y ahora qué vas a hacer al respecto? ¿Ya le has contado a tu linda esposa todo acerca de él?
Nathan sacudió la cabeza. Notó que Andrew había dejado de bailar con el hombre y que ahora estaba enfrascado en una conversación con otra persona. Nathan se sorprendía de que pudiera oír algo por encima del nivel de la música.
—No, no lo he hecho. De todas formas, hemos estado bastante ocupados con el bebé. No es que a ella le vaya a importar más que a mí.
Gary le sonrió al camarero que había traído sus cervezas a la mesa, dejando una extra, presumiblemente para Andrew.
—Gracias, Rick. —Agitó una de las botellas hacia Andrew, quien dejó a su compañero y se unió a ellos por primera vez en la noche.
Andrew se dejó caer en la silla al lado de Nathan, tomando la cerveza con entusiasmo. Estaba cubierto por una fina capa de sudor, y Nathan podía ver que su camisa se aferraba húmedamente a él.
—Dios, necesito esto —dijo Andrew, y bebió largamente.
—Bebe, Droopy. Vas varias cervezas atrasado respecto a Nate y a mí.
—Gary sonrió, revelando sus blancos y afilados dientes.
Andrew alzó las cejas ante la declaración de Gary.
—¿Has estado siendo amable, Gary?
—Todavía está vivo, ¿no? —respondió este.
—Apenas —murmuró Nathan, pero Andrew lo oyó, y le lanzó una mirada divertida.
Puso un perezoso brazo alrededor de los hombros de Nathan y lo apretó ligeramente.
—No te preocupes por Gary. En realidad es un oso de peluche.
Gary se les quedó mirando.
—Con colmillos, no lo olvides.
Nathan amortiguó su impulso inmediato por esconderse detrás de Andrew y, en lugar de eso, buscó refugio en su cerveza. Andrew aún estaba sosteniéndolo, inclinándose ligeramente a medida que bebía de nuevo de su botella de cerveza. Nathan podía sentir en oleadas el calor que provenía de él.
Se sobresaltó cuando Andrew de repente se puso de pie, arrastrándolo con él.
—Ven, vamos a bailar.
Nathan sacudió la cabeza.
—Eh, no gracias. Soy un pésimo bailarín. Tengo dos grandes pies izquierdos.
Iba a sentarse de nuevo pero Andrew se aferró a su brazo, con una gran sonrisa en la cara.
—¿Sabes lo que dicen de los hombres con pies grandes? Alex debe ser una chica muy afortunada. —Y arrastró a Nathan hacia la multitud, haciendo caso omiso de todas sus protestas.
Nathan miró a Gary por encima de su hombro, pidiéndole auxilio. El otro hombre se limitó a sonreír y lo alentó sacudiendo la mano, pero no pasó desapercibida para Nathan la mirada de preocupación en sus ojos.
Quién sabe cuántas canciones habían pasado, y Nathan estaba extremadamente cansado. Pensó con tristeza que las cervezas, combinadas con las noches sin dormir y un trabajo agotador, habían disminuido su tolerancia. Podía oír la risa burlona de Gabe. «¿Nathan Peterson dándose por vencido antes de la medianoche?». Cuando chocó con alguien por cuarta vez al caminar cuatro pasos, supo que era hora de rendirse.
Andrew había desaparecido después del final de la última melodía, apuntando en dirección al baño. Podría haber ido también, pero había quedado atrapado por un grupo de jovencitas heterosexuales que utilizaban la discoteca como punto de partida para una salida nocturna. Se habían reunido en torno a él, moviéndose y tentándolo, haciéndolo sentir como un antílope en un clan de hienas. Andrew, el bastardo traidor, se había retirado frente a la solidaridad femenina, dejándolo a merced de ellas.
Sin embargo, al final el cansancio se impuso. Afortunadamente les dijo adiós a las chicas mientras agitaba su mano, luego tropezó en busca de Andrew. Un rápido vistazo a su mesa reveló a Gary metiendo su lengua en la boca de un tipo de pelo largo, pero no había rastro de su vecino. Nathan se dirigió al baño, decidiendo que lo encontrara o no, volvería a casa. Alex estaba en casa de su tía con el bebé, pero los perros necesitarían que los llevaran a pasear temprano por la mañana y él precisaba desesperadamente un sueño reparador.
Para su gran alivio, el baño estaba vacío, así que disfrutó de un momento de intimidad muy requerido. Estaba terminando cuando la puerta de la cabina que había detrás de él se abrió de golpe. Se giró sobresaltado y descubrió a un hombre completamente apoyado contra una de las paredes, con sus manos clavándose en el cabello corto de otro sujeto, uno más joven, arrodillado delante de él. El tipo que estaba de pie tenía los ojos medio
cerrados y gemía suavemente, y no parecía haberse dado cuenta de que tenía audiencia.
Como un insecto atraído hacia la luz, los ojos de Nathan fueron cautivados irresistiblemente por la imagen del pene enrojecido deslizándose húmedamente dentro y fuera de la boca hinchada del otro hombre; sus labios estaban brillantes y resbaladizos por la saliva. El hombre en el suelo se movió, con los ojos parpadeando hacia la puerta abierta. Por un momento pareció no inmutarse por ello, pero entonces Nathan vio el momento exacto en que la lujuria y la emoción se convirtieron en pánico, ya que Andrew se dio cuenta de quién lo estaba mirando.
El hombre de repente gritó y empujó con fuerza en la boca de Andrew.
Distraído por la visión de Nathan mirándole, se atragantó con el semen que llenó su boca.
Nathan se miró hacia abajo, descubriendo que estaba de pie con su pene todavía fuera. Rápidamente lo metió en sus ropas y salió del baño antes de que Andrew pudiera hacer un movimiento. Sinceramente, no quería hablar con él en aquellos momentos.
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