Nunca pasa nada
Capítulo 7
ANDREW ESTABA inquieto.
Mientras se aproximaban a la discoteca, la inquietud se volvió una insistente hambre, y necesitaba satisfacerla o iba a hacer algo estúpido.
Había estado intranquilo durante semanas; siendo completamente sincero, desde la acampada. Gary había tratado de calmarlo, pero nada funcionaba, y al final se hizo evidente que había una sola cosa por hacer.
Gary fue y habló con Nathan.
La discoteca era nueva. Gary y Nathan lo habían sacado a rastras de su cuarto oscuro y lo habían llevado a la ciudad para pasar un fin de semana de chicos. Eso estaba bien, excepto que Gabe iba con ellos, y eso dejó bastante claro que Gary y Gabe quería pasar tiempo de calidad en los rincones oscuros, lo que significaba que no tenía ni siquiera a Gary para saciar su hambre. Era una noche; podía hacerlo, tal vez, si conseguía el permiso.
Andrew estaba inquieto.
Hicieron cola pacientemente para entrar en la discoteca; sin embargo, Andrew no podía quedarse quieto. Se balanceó de lado a lado hasta que Nathan estuvo prácticamente conteniéndolo para que frenara sus movimientos. Cuando cruzaron las puertas, Andrew se comportó como un tigre olfateando su presa. Había visto a un pelirrojo en la fila por delante de ellos y quería acercarse a examinarlo. Mientras avanzaba para estar más cerca de su presa, Nathan tiró de su brazo para llamar su atención.
—¿Realmente necesitas esto? —Sus ojos comunicaban todas sus palabras no dichas. «¿Tienes que joder con algún extraño?».
Andrew asintió, casi vibrando bajo la mano de Nathan. Estaba ansioso por irse antes de que la urgencia se convirtiera en una acción de la cual se
arrepentiría. «Por favor, aléjate».
—¿Por qué?
—Porque no puedo tener lo que quiero, Nathan —susurró Andrew.
«Porque no puedo tenerlo contigo».
Nathan lo observó durante un largo momento, después dejó caer su brazo.
—Ten cuidado, Drew. Por favor.
—Te lo prometo. Solo es aliviar la presión, eso es todo. —«Evita que haga algo estúpido».
—Lo siento, Andrew. —«Desearía ser yo».
Andrew miró hacia otro lado.
—Lo sé. —«Sí».
Gary puso su brazo alrededor de Nathan.
—Déjalo ir, Nate. Será más feliz una vez que haya pasado un buen rato.
Andrew estaba inquieto. El retraso hacía que sus nervios aumentaran, pero tenía que hacérselo entender a Nathan.
Lo miró, rogándole su comprensión. Nunca antes había sentido que tenía que pedir permiso, pero esta vez era diferente. Nada era hablado en voz alta, solo con miradas y gestos.
Nathan asintió bruscamente, y Andrew le sonrió agradecido. Se abrió paso entre la multitud, sin mirar atrás. En alguna parte de ese lugar, había alguien que podía aliviar la presión que se acumulaba en su interior.
Bailó durante horas, a veces solo, a veces envolviendo a otro hombre.
Andrew quería más, joder más, pero no había nadie que le llamara la atención. El hombre que había visto en la fila no estaba por ninguna parte.
¿Dónde estaba?
Andrew estaba tan inquieto que no podía aguantar más.
Regresando del baño, pasó por los rincones oscuros. Gemidos y murmullos llenaron sus oídos, por lo que el dolor en su interior aumentó
aún más.
Mientras caminaba, una mano le tapó los ojos y otra lo tomó del brazo con firmeza. Andrew entró en pánico cuando fue conducido, incapaz de ver, hasta que fue estrellado contra una pared, y su rostro empujado en la textura áspera de la misma.
Andrew luchaba por liberarse. No dejaría que intentaran violarlo sin oponer resistencia. Pero las manos no lo soltaban. En lugar de eso, se vio obligado a pegarse más contra la pared por otro cuerpo. Pudo oler a sol y sudor cuando el desconocido moldeó su cuerpo alrededor de él.
No podía ver nada. Una franja de luz se extendía desde una puerta, pero estaban demasiado lejos para que pudiera ser de alguna utilidad.
Respiró hondo, intentando calmar su pánico.
—Suéltame. —Trató de gritar, pero las palabras no salieron. Fue inmovilizado por las enormes manos que cubrían a las suyas y la sensación de un duro pene restregándose en su cadera.
Cuando notaron que su lucha disminuía, las manos se deslizaron a lo largo de sus brazos y le dieron la vuelta, todavía dentro de los confines de los brazos.
—¿Qué…? —Un dedo fue colocado sobre su boca, impidiéndole preguntar.
Una mano fue a sus hombros, empujándolo firmemente hacia el suelo.
Estaba claro lo que el hombre quería. Aunque no era lo que Andrew necesitaba. Él quería ser jodido hasta el cansancio, no darle a alguien una rápida mamada.
Podía elegir. ¿Pero el hombre? Olía a sol y sudor.
Las manos de Andrew se deslizaron a lo largo del cuerpo que estaba delante de él. No podía ver nada, pero podía sentir la fuerza de los músculos bajo la suave mezclilla. Se arrodilló hasta llegar al vértice de las piernas.
Haciendo una pausa por un instante, tocó el bulto, apretándolo suavemente.
La mano en su pelo tembló. Andrew sonrió y apretó la cara contra la entrepierna, oliendo el detergente superpuesto con la excitación. Con su boca delineó la erección a través de la tela, sintiendo contraerse al pene
debajo de sus labios. ¿Este tipo quería una mamada? Podía hacer eso, pero a cambio, conseguiría lo que quería.
Atacó la hebilla. Por un momento las manos del hombre se agitaron en torno a él, como si estuviera indeciso. Parecía un extraño comportamiento después de su agresión anterior. Andrew hizo una pausa, dejando que las manos se posaran en las de él, y juntos desabrocharon el cinturón. Bajó la cremallera y lo acarició a través de los bóxers, que estaban húmedos.
Una mano empuñó su cabello, tirando insistentemente. «Tosco bastardo». No lo haría sin condón. Andrew metió la mano en su bolsillo.
Siempre llevaba suministros. Expertamente, lo liberó de los confines de sus bóxers y rodó el preservativo sobre su pene. Jesús, aquel hombre era grande. Sin preámbulo, tomó la cabeza en la boca.
Podía oír el gemido del hombre mientras sus caderas empujaban inevitablemente y penetraba una y otra vez su boca. Andrew agarró al hombre por las caderas, calmándolo. ¿Quería una mamada? Sí, recibiría su mamada, pero bajo sus términos.
Andrew le bajó los pantalones y la ropa interior, liberando al hombre lo suficiente para poder atenderlo con una mano; ahuecando y acariciando sus testículos, le lamió el eje, aprendiéndose la forma y la textura bajo el látex. Lo deslizó lentamente dentro de su boca, llenándola, empujándolo a la parte posterior de su garganta.
Quería… Andrew quería más. La inquietud volvió, pero el hombre olía a sol y sudor.
Lo mantenía sujeto por las caderas, sintiéndolo temblar bajo sus dedos.
Podía escuchar todos los ruidos a su alrededor, quedos gemidos de deseo y frases alentadoras, pero nada provenía del hombre que tenía en la boca. La única indicación eran las manos, apretando y relajándose en su cabello mientras lenta y cuidadosamente, lo chupaba hasta llevarlo a la inconsciencia.
Exploró la cabeza, chupando lánguidamente mientras su lengua lamía la parte inferior; después, unos empujes profundos los volvieron locos. A Andrew le dolía la mandíbula y su cabello parecía que iba a ser arrancado de raíz, pero continuó, con sus manos resbalándose por el redondo trasero
del hombre, los firmes músculos flexionándose bajo sus manos mientras lo acercaba.
El hombre estaba a punto de terminar. Andrew cambió a empujes menos profundos para acercarlo más al orgasmo, y luego lo soltó con un ruidoso «pop». Oyó una sorpresiva protesta cuando se levantó.
—¡Jódeme! —ordenó.
Luego se dio la vuelta, sin esperar a la reacción del otro hombre.
Andrew se desabrochó los pantalones y los bajó a sus muslos; después puso las manos contra la pared y aguardó. El tipo no había hecho ningún movimiento. Andrew no estaba seguro de si podría manejar un rechazo en aquel momento, pero esperó, aparentemente relajado. Justo cuando pensó que lo había echado a perder, el hombre exhaló ruidosamente y se puso detrás de él, al igual que en el inicio, moldeándose en torno a Andrew una vez más; el sol y sudor llenaron sus fosas nasales.
—¿Estás seguro? —preguntó el hombre, arrastrando quedamente las palabras en el oído de Andrew, alzándole el cabello con su aliento.
—Hazlo. Yo estoy preparado —admitió Andrew.
Los dedos que habían estado acariciando sus caderas se clavaron en él.
Enseguida, Andrew fue empujado contra la pared y finalmente, finalmente, llenado; su inquietud fue llevada hasta la sumisión cuando el hombre lo empaló en un empuje.
Ambos estaban demasiado excitados como para hacer que se prologara. El hombre estaba aferrándose con crueldad a sus caderas mientras empujaba erráticamente en él, y Andrew se retorcía, animándolo, sin importarle si alguien escuchaba sus incoherentes plegarias. Podía sentir endurecerse sus testículos, y envolvió una mano alrededor de su pene, hasta ahora intacto. El primer contacto fue suficiente para que llegara al orgasmo; delgados hilos blancos se escurrieron entre sus dedos. Apretó el pene que estaba en su trasero y llevó al otro hombre al éxtasis, con las caderas moviéndose en un vaivén mientras eyaculaba en su interior.
Los dos hombres descansaron lánguidamente contra la pared, todavía envueltos el uno en el otro mientras se recuperaban de sus orgasmos.
Andrew se sentía como si hubiera sido liberado del molesto dolor dentro de
él, y sonrió al tener los brazos del otro hombre rodeándolo y sujetándolo firmemente contra su pecho todavía jadeante por el esfuerzo, y su rostro enterrado en el cuello.
Su sonrisa se desvaneció cuando sintió el calor de las lágrimas deslizándose por su cuello. No dijo nada, pero rodeó los brazos del hombre, mientras ambos se estrechaban. Después de un momento, pareció calmarse, por lo que Andrew dijo:
—Está bien, Nate. De verdad.
Después se quedó solo cuando el hombre se apartó y lo dejó en la oscuridad, todavía apoyado contra la pared.
—Está bien —repitió Andrew en voz baja para sí mismo.
OceanofPDF.com