Nunca pasa nada

Sue Brown · Capítulo 6 de 21

Páginas del PDF

Nunca pasa nada

Capítulo 6

—¡DATE PRISA, papá! ¿Qué estás haciendo ahí? El señor P ya empacó y está listo desde hace horas —gritó Colin desde la parte superior de las escaleras del sótano, a donde había llegado corriendo.

Se oyó a Andrew maldecir fuertemente como respuesta.

—El señor P nos castiga cuando maldecimos —le informó Colin, dándose importancia.

—Al perfecto señor P le van a cortar los testículos si tengo que escuchar esto todo el fin de semana.

—¡He oído eso! —gritó el perfecto señor P desde lo alto de las escaleras, sonriendo a Colin.

—¡Mierda!

Nathan rio disimuladamente cuando oyó a Andrew maldecir de nuevo, dándose cuenta de que inadvertidamente había hablado en voz alta.

—Mmmm… Colin, tenemos que pensar en un castigo por cada vez que tu padre diga una palabrota este fin de semana. ¿Cuál debería ser?

—¡Genial! Eh, ¿podríamos obligarlo a cocinar? —Las ideas de castigo de Colin carecían un poco de imaginación.

—¿Alguna vez has probado la comida de Nate? —dijo Andrew mientras subía las escaleras—. Por supuesto que voy a cocinar.

—Eso es verdad, Colin. Puedo ser un maestro increíble, pero mis habilidades son tristemente deficientes en el departamento culinario. —

Nathan puso una mano sobre su corazón, fingiendo sinceridad.

Ante la expresión de incomprensión de Colin, Andrew dijo:

—Eso significa que no puede cocinar. —Suspiró teatralmente—. ¿Qué es lo que tu profesor te enseña, si no entiendes estas cosas?

Colin sabía la respuesta a esa pregunta.

—Esta semana hicimos estallar el aula y tuvo que llamar a los bomberos.

Nathan gimió. Andrew se volvió hacia él, con una ceja levantada.

—¿Debería preguntar?

—Mejor no. Un pequeño experimento que se fue de las manos. En este momento, no soy muy popular con el director, el señor Skinner.

—¡No me extraña! —Andrew sonrió al pensar en la reacción del director.

Stephanie salió de la cocina sosteniendo una gran taza de café. Los ojos de Andrew se iluminaron.

—¿Es para mí? —preguntó.

Ella sonrió mientras él extendía sus manos codiciosamente hacia la taza.

—No lo era, pero si de esa manera sales más rápido de casa, adelante

—dijo, entregándosela con un resignado gesto de exasperación.

Nathan miró mientras Andrew se bebía el café.

—Realmente deberías pensar en reducir la cafeína —opinó—. ¿Qué ha sido eso? —preguntó cuando Andrew masculló en su taza—. Espero que no hayas maldecido otra vez.

Andrew le mostró su dedo medio mientras bajaba las escaleras. Salió unos minutos más tarde con una enorme mochila y varias bolsas.

—Solo vamos a estar ahí una noche, Drew. No necesitas un esmoquin para el bosque. A las ardillas no les importará —indicó Nathan.

—¡Ja, ja! —dijo Andrew con amargura—. Son bolsas de la cámara. No me arrastrarás al infierno sin alguna forma de entretenimiento.

Nathan le dirigió una sonrisa maliciosa.

—Cualquiera diría que no estás deseando este viaje.

—¿Tú crees? —Andrew soltó su equipaje en el suelo con un suspiro agradecido—. ¿No habría sido posible ir a un lugar con una cama y almohadas?

—¡Gallina!

—Lo soy.

Nathan le hizo un guiño a Colin.

—Tu padre tiene que salir más al campo. Experimentar de primera mano la naturaleza.

—La última vez que lo hice, un estúpido idiota chocó conmigo y me aplastó —le recordó Andrew.

—Sí, bueno, cuanto menos se hable de eso, mejor —murmuró Nathan.

Agarró algunas de las maletas para ponerlas en su camioneta—. ¿Listo para irnos?

—No. —Andrew apretó su taza con café.

—Bien. Vamos, Colin. ¿Dónde está tu amigo? —Nathan sonrió ampliamente.

Colin iba a llevar a su mejor amigo, Bobby, con él. Andrew y Nathan, como padre y maestro, pensaron que era una muy mala idea. Bobby era…

muy animado. En realidad, Nathan tenía un montón de otras palabras para describir a Bobby, pero «animado» era la única que usaría frente a Colin.

Desafortunadamente, Colin era terco y Bobby era su mejor amigo, así que no hubo negociación e invitaron a Bobby.

Cuando Andrew le preguntó a regañadientes a la madre de Bobby si su hijo podía ir a una acampada, pudo escuchar los gritos de alegría mientras se alejaba. Andrew le dijo a Stephanie que, para ser exactos, ella se había atragantado con su café, e inmediatamente había hecho reservas en el hotel de lujo más cercano para pasar el fin de semana. Por tanto, no había marcha atrás.

—Recogeremos a Bobby en su casa —informó Andrew a Nathan cuando el equipaje estuvo en la camioneta—. Espero que estés listo para esto.

—¿Para Bobby? No estoy seguro de si alguna vez estaré listo para él.

Es como preguntar si estás listo para un terremoto. Es mejor decir preparado. —Nathan tenía un aspecto claramente travieso en su rostro.

Andrew tuvo otro mal presentimiento sobre aquel viaje.

—Eh, ah… ¿Debería preocuparme? —Los planes de Nathan siempre parecían implicar explotar cosas.

Nathan le dio una palmada en la espalda.

—No. Vas a estar bien. En cuanto a Bobby…, hay que esperar y ver.

—¿Estás seguro de que tengo que ir a este viaje?

—¡Sube!

Andrew subió.

—HOLA COLIN. Hola señor P, Andrew. Hazme sitio, Colin. ¿Dónde está tu consola DS? ¿Tienes algo para comer? No me gustan esos. ¿Tienes Cheetos? ¿Vamos a ir a McDonald’s? No me gustan los nuggets. ¿Vamos a tardar mucho en llegar allí? Mi mamá dice que te diga que necesito ir al baño cada hora. ¿Vamos a dispararle a algo? ¿Ya estamos cerca? Adiós, ma.

Y esa fue la introducción de Bobby para la acampada.

Dos horas y Nathan estaba listo para matar al pequeño mocoso. Sin duda, sería homicidio justificado por su comportamiento irrazonable.

¿Cuántas veces un niño tenía que preguntar «¿Ya llegamos?», antes de que entendiera que no?

Miró a Andrew, quien parecía bastante relajado. ¡Cabrón! Tan pronto comenzaron el viaje, se había puesto sus auriculares y se olvidó del mundo gracias a algo con un ritmo realmente irritante. Lo peor era el sinsentido que tarareaba y los golpecitos que se daba en la pierna. Oh, sí, los golpes en la pierna en verdad lo molestaban. No le extrañaría que Andrew empezara a tocar una guitarra invisible de repente.

Y sí, acababa de empezar a hacerlo.

¡Cabrón!

Llegar al campamento hizo mucho para recuperar parte de su jovialidad. Los chicos salieron disparados del auto en cuanto este se detuvo; reían y exploraban los alrededores, mirando en todos los rincones. Entonces Nathan les impuso la tarea de encontrar el mejor lugar para montar las tiendas de campaña.

En algún momento, Andrew se había quedado dormido, y no despertó incluso después de haber llegado. Estaba echado contra la puerta, con la boca abierta y resoplando levemente mientras dormía.

Nathan miró a su amigo con cariño. Podría dejarlo dormir un rato o podría despertarlo e involucrarlo en la diversión. Realmente no había punto de comparación. Hizo lo que cualquier amigo haría en esas circunstancias.

Abrió la puerta del copiloto y observó a Andrew desplomarse sobre el duro suelo.

—Buenos días, dormilón. Despiértate, ya amaneció —exclamó en voz alta.

—Mierda. —Los ojos de Andrew se abrieron al golpear el suelo, sus brazos se agitaron inútilmente. Alzó la vista y vio a Nathan de pie a su lado, riéndose de él sin arrepentimiento—. ¡Tú, hijo de puta!

—¡Sí! Me la debías, Matthews, por cada vez que he tenido que escuchar «¿Ya llegamos?» —señaló Nathan, con una sonrisa maliciosa.

Aún boca abajo en el suelo, Andrew le sonrió a su amigo. Trató de poner una expresión inocente, pero falló por mucho.

—Lo siento, amigo, no lo oí. Estaba durmiendo.

Nathan se inclinó y tiró de Andrew hasta dejarlo en pie.

—En el trayecto de regreso, yo usare el iPod.

—No, si yo lo agarro primero.

—Papá, señor P. Vengan. ¡Lo hemos encontrado! Es perfecto. —Colin corrió hacia ellos, Bobby venía pisándole los talones.

Andrew revolvió el cabello de su hijo, riendo mientras Colin se liberaba y le tiraba de la mano, rogándole que fuera a ver.

—Está bien, vayamos a ver ese lugar. Nathan es el líder, él puede decidir.

Los dos hombres se sonrieron mutuamente por encima de las cabezas de los niños, y se dejaron arrastrar para inspeccionar el posible sitio para montar las tiendas.

Tras mostrarse satisfecho con el lugar, Nathan puso a todos a trabajar para instalar las tiendas de campaña y organizar el sitio. Había pocos campistas en aquel momento, así que ocuparon mucho espacio. Los chicos compartirían una tienda de campaña y los hombres otra.

La idea de estar tan cerca de Andrew le provocó algunos momentos de incomodidad a Nathan, pero se dijo a sí mismo que estaba siendo un estúpido. Ambos estaban en un estrecho contacto todo el tiempo. Tal vez era porque la tienda era un espacio muy reducido, demasiado personal, y él todavía tenía fuertes emociones por la imagen de Andrew dándole una mamada a aquel tipo en la discoteca.

Mientras tanto, Andrew se quejaba de que no había bebido suficiente café por la mañana, y decía que cómo esperaban que funcionara, y mucho menos que fuera feliz, si no conseguía más cafeína. Colin le informó a Nathan de que su padre se pondría más quejumbroso si no era complacido pronto. Alzando las manos en desesperación por no poder terminar rápido, Nathan mandó a los niños en una misión para buscar troncos y palos para el fuego. Había hoyos excavados en el campamento para permitir el uso seguro de fogatas.

—Me pregunto cuánto tiempo pasará antes de que Bobby haga algo estúpido —dijo Andrew, mientras martillaba las estacas en el suelo.

—Me sorprenderá si tarda mucho en hacerlo —coincidió Nathan—.

Todavía tengo pesadillas sobre el paseo por el zoológico.

Se refería a una excursión escolar que terminó abruptamente cuando Bobby decidió que quería compartir su almuerzo con los leones. Nathan aún despertaba con sudores fríos al pensar en lo rápido que su incipiente carrera como profesor podría haber terminado si Bobby hubiera logrado terminar su ascenso por encima de la valla. Le agradecía a Dios que,

además de ser alto, tuviera largos brazos que le permitieron capturar al niño para bajarlo.

Estaban clavando la última estaca, cuando Colin regresó corriendo a las tiendas de campaña, sin Bobby. Los hombres se miraron el uno al otro con resignación.

—¡Papá! Bobby se ha caído en el arroyo. Está agarrado a una rama y se va a ahogar. —Colin parecía más entusiasmado que preocupado.

Andrew miró su reloj.

—Ha tardado una hora completa. Eso tiene que ser una especie de récord.

Nathan se levantó, estirando los músculos de su espalda. No estaba muy preocupado. En comparación a los leones, un poco de agua era un juego de niños.

Sacaron a Bobby del arroyo, chorreando agua y muy apenado. Andrew le dio una toalla y Nathan, su mejor sermón como maestro. Bobby asintió arrepentido y accedió a ser un poco más cuidadoso.

Y lo fue, por lo menos durante un par de horas, hasta que asaron malvaviscos y tomaron chocolate caliente.

Nathan cuidaba a los dos niños, quienes reían mientras empujaban sus esponjosas golosinas en las llamas. Incluso a la luz del fuego, podía ver las manchas de tierra que cubrían la cara de Colin. A pesar del frío, estaba vestido con una fina camiseta y un short. Bobby estaba más limpio, pero solo ligeramente; tenía el pelo desaliñado colgando lánguidamente alrededor de sus orejas mientras se inclinaba hacia adelante, empujando más el palo.

—Bobby, ten cuidado. Te vas a… —dijo Nathan, al darse cuenta de lo que Bobby hacía—… ¡quemar!

Bobby comenzó a chillar cuando una chispa prendió las puntas de su cabello. Andrew le echó su sudadera sobre la cabeza, evitando rápidamente otro desastre. Hizo un gesto de exasperación a Nathan al tiempo que sentaba a Bobby, entregándole una varilla nueva; la otra había sido arrojada a la fogata en medio del pánico.

—Pensaba que estabas preparado para esto —dijo Andrew, recordándole su conversación anterior.

—Recuérdame nunca decir eso de nuevo. —Nathan se estremeció—.

Nada podría prepararme para esto.

Vio como Andrew inspeccionaba su sudadera buscando marcas de quemaduras. El cabello de Andrew estaba más largo que cuando se conocieron y se rizaba alrededor de sus orejas; las puntas atrapaban la luz del fuego. Sus lentes se habían deslizado por la nariz, así que distraídamente, Andrew se los acomodó con un dedo. El gesto dejó una pequeña mancha de ceniza en su nariz.

Andrew levantó la mirada, captando la de Nathan. Avergonzado por haber sido descubierto admirándolo tan abiertamente, este se sonrojó, pero Andrew solo le dirigió una tímida sonrisa. Nathan tragó saliva y después le devolvió la sonrisa.

Algo había cambiado en aquella fracción de segundo. Pero no estaba seguro de qué.

NATHAN SE despertó lentamente. Podía oír a los niños riéndose en su tienda de campaña y los sonidos de los pájaros dándole la bienvenida al nuevo día.

La luz solar se filtraba tenuemente a través de la tienda mientras sonreía perezosamente para sí mismo.

Giró la cabeza para mirar a Andrew, todavía dormido. Sabía que iba a tener que recurrir a medidas drásticas para conseguir que se levantara. En casa, raramente lo hacía antes de las once, e incluso a esa hora era por obligación.

Andrew tenía el pelo despeinado y aspecto desaliñado. Estaba durmiendo boca abajo, con el rostro aplastado en la cama de aire y babeando ligeramente. Nathan sonrió, considerando tomarle una foto furtivamente para un chantaje futuro. Mientras lo miraba, Andrew se movió; su saco de dormir quedó atorado alrededor de sus piernas, dejando su espalda y trasero al descubierto.

Al igual que él, Andrew se había metido en el saco de dormir con una vieja camiseta y un pantalón deportivo. La camiseta se había arrugado en torno a su pecho, y los pantalones, flojos después de muchos lavados, reposaban debajo de sus caderas.

Nathan se dio cuenta de que había mucho más para ver de Andrew de lo que normalmente exponía. Sintiéndose un poco culpable por contemplarlo tan descaradamente, pero incapaz de resistir la tentación, se puso tranquilamente de lado y estudió a su amigo sin ser visto.

Por primera vez se dio cuenta de que las pecas de Andrew no estaban solo sobre su rostro. Estudió el patrón de estas, las cuales se extendían sobre la espalda, el pliegue de su trasero, y se deslizaban por debajo de la cintura del pantalón. Su piel era pálida en comparación con la de Nathan, lo que demostraba la cantidad de tiempo que pasaba encerrado en su cuarto oscuro y no afuera. Se preguntaba si se quemaría fácilmente con el sol. Había algunas líneas blancas que desaparecían debajo de la cinturilla. Mirando un poco más cerca, notó que eran como delgadas marcas. Pensó en qué era lo que habría causado que se formaran cicatrices.

Luego desvió su atención hacia la parte superior, mirando el fino vello que cubría los brazos de Andrew. Para un hombre que pensaba que el ejercicio era una pérdida de tiempo de buen dormir, sus brazos estaban bien ejercitados. Por supuesto, el equipo de la cámara pesaba una maldita tonelada, así que probablemente eso ayudaba. Sus largos dedos estaban levemente curvados, lo que llevó a sus pensamientos a divagar en cómo se sentirían alrededor del pene de un hombre, de su pene, y eso hizo que sus mejillas se calentaran.

Se tomó un tiempo para estudiar el rostro de Andrew; había pecas por doquier, incluyendo las orejas. Colin era igual. Dios, el hombre tenía unas largas y lindas pestañas. Nathan se mordió el labio. Aquello era como estudiar a una chica, excepto que no estaba seguro de haber pasado alguna vez tanto tiempo examinando a una novia.

Andrew bostezó, sorprendiendo a Nathan. Vio cómo el hombre se volvía sobre su espalda, con el ceño fruncido mientras sus piernas atoradas se lo obstaculizaron por un momento, hasta que se hundió de nuevo en un sueño profundo.

Su estómago estaba expuesto, la camiseta arrugada casi hasta sus pezones. Solo había un muy leve rastro de vello por debajo de su ombligo, dirigiéndose a… Oh, diablos. La boca de Nathan de repente se puso muy seca. La pretina del pantalón de Andrew se había bajado tanto que la punta de su pene se asomaba, y estaba duro, su erección matutina estaba allí para que él la viera. Dormido, Andrew se rascó el estómago, dejando a su pene más expuesto, rojo y goteando contra su vientre.

Nathan se dio la vuelta, con el rostro encendido por la vergüenza.

Tenía que salir de allí antes de que hiciera algo realmente estúpido, como tocar. Se zafó de su saco de dormir, tratando de no despertar a Andrew.

La cremallera de la tienda se deslizó con facilidad y Nathan salió, aspirando con gratitud una bocanada profunda del fresco aire matutino.

Trató de ser lo más silencioso posible para que los niños, que parecían estar jugando a algo que implicaba gritar mucho pero permanecer dentro de la tienda de campaña, no se dieran cuenta de que estaba despierto.

Se puso sus zapatillas de deporte y se alejó, necesitando desesperadamente aliviarse en todos los sentidos. No estaba seguro de qué era más urgente. Al final, se apoyó en un árbol, con la cabeza descansando en el brazo, y se masturbó tan rápido y silenciosamente como pudo. Un intenso orgasmo lo dejó jadeando contra el árbol y con imágenes indeseadas en la cabeza.

Después, volvió a las tiendas y encendió el fuego. Andrew finalmente salió, con el ceño fruncido, vistiendo una sudadera que le iba grande, la sudadera de Nathan, y exigiendo café. Nathan trató de actuar con la mayor normalidad posible; le dio café negro y dejó que se reincorporara a la raza humana a su propio ritmo.

Los chicos habían ido a alguna parte, y los dos hombres se sentaron en silencio alrededor del fuego, disfrutando de la paz.

Hasta que Bobby se quedó atascado en un árbol.

Bobby no tenía la intención de quedar atrapado en el árbol.

Probablemente no tenía la intención de hacer un montón de cosas. Aunque eso no lo detenía.

«Mierda, es un árbol muy alto».

Nathan vio a Bobby aferrándose a una rama, a unos quince metros de altura. Estaba colgando precariamente sobre una ramificación delgada, negándose a moverse. Colin estaba al pie del árbol, mordiéndose el labio.

La risa por la situación de su amigo se había convertido rápidamente en un par de lágrimas cuando se dio cuenta de que estaba genuinamente atrapado.

En aquellos momentos estaba aferrándose a la mano de Andrew mientras los dos hombres discutían qué hacer. La sugerencia de Colin de cortar el árbol fue vetada rápidamente.

Se enfrentaban a la perspectiva de que uno de los dos debía subir para rescatar al niño. Andrew suspiró. No había nada que pensar. Él era más ligero y ágil que Nathan y, además, a este no le gustaban las alturas.

—¿Tienes la constitución del abominable hombre de las nieves y no te gustan las alturas? —Andrew miró a Nathan con incredulidad, mientras el maestro murmuraba sus razones para no subir al árbol.

Nathan pateó la tierra con la punta de su zapatilla deportiva.

—Siempre le he tenido miedo a las alturas. Me marean y debilitan. Lo siento, hombre.

—Está bien. Yo voy por él. —Andrew miró al niño petrificado en el árbol. Había dejado de llorar, pero estaba claramente aterrorizado—. Bobby, voy a subir.

Andrew soltó la mano de Colin y caminó alrededor del árbol, evaluando la mejor manera para treparlo. Después se quitó la sudadera de Nathan y comenzó a subir, dándole a este una excelente vista de su trasero.

Nathan apartó los pensamientos que se originaban en su mente.

En un par de minutos, Andrew llegó a donde estaba Bobby. Nathan vio que Andrew se preparaba para ayudar al niño a bajar, persuadiéndolo y calmándolo para que se soltara de la rama. Andrew fue muy paciente con él, dándole palmaditas en la espalda cuando los nervios le pudieron.

Andrew esperaba mientras Bobby soltaba lentamente su férreo agarre, lo que le permitió maniobrarlo hasta la siguiente rama. Poco a poco, rama por rama, Andrew lo convenció para descender del árbol hasta que Nathan fue capaz de alcanzarlo y cargarlo. Por un segundo, el chico se asió a él, y a continuación se quedó de pie en el suelo, mirando hacia donde había estado.

—¡Ha sido genial! —Bobby bailó alrededor, apuntando hacia la copa del árbol—. ¡Tengo que hacerlo de nuevo!

—¡No! —Ambos hombres le gritaron simultáneamente; Andrew seguía sentado en el árbol.

—Tengo otros planes —dijo Nathan apresuradamente—. Vosotros dos id al campamento y os mostraré lo que haremos. ¡Id directos allá, sin distracciones!

Les miró con el ceño fruncido. Estaban claramente aterrorizados mientras se reían y decían:

—Por supuesto señor P. Lo que usted diga, señor. —Colin y Bobby salieron corriendo, jugando a atraparse el uno al otro, mientras desaparecían entre los arbustos.

—Se nota que de verdad te tienen miedo, profe. Te respetan mucho.

Nathan miró a Andrew, todavía sentado en una de las ramas más bajas.

—¿Vas a bajar pronto, o te quedarás ahí sentado inútilmente?

Andrew sacudió la cabeza.

—¿Para estar allí con Bobby? Creo que podría ser más seguro el permanecer aquí.

—Puede que tengas razón, pero de ninguna manera cuidaré a ese niño yo solo. —Nathan resopló de mal humor. Estaba claro que realmente no había estado preparado para cuidar de Bobby.

—Cobarde. —Andrew le sacó la lengua groseramente.

Cualquier otra cosa que Andrew fuera a decir, se perdió en un chillido decididamente impropio de un hombre, cuando Nathan tiró de sus piernas y lo derribó del árbol. Solo que, obviamente, no había tomado en cuenta el tamaño y peso del hombre.

Acabó estrellado contra el suelo con Andrew encima de él.

—¡Uf! —El aire salió completamente de sus pulmones—. ¡Rayos!

Nathan jadeó mientras trataba de convencer a sus pulmones de que funcionaran de nuevo. No era una tarea fácil, ya que había un peso muerto sobre su pecho. Abrió los ojos y descubrió a Andrew mirándolo con

preocupación. Estaba tan cerca que Nathan podía ver cada mota de color en sus ojos y sentir el olor a café que no había tenido tiempo de terminarse.

Andrew lo miraba como si estuviera paralizado. Nathan se percató de que le estaba mirando la boca. Se lamió los labios nerviosamente, y Andrew siguió el movimiento; su lengua, inconscientemente, imitó la acción de Nathan.

Sintió endurecerse, y los delgados pantalones hacían poco para ocultar su reacción a que Andrew estuviera encima de él, pero no era el único.

Estaban recostados, por lo que sus penes se frotaban uno contra el otro, cada pequeño movimiento de sus cuerpos aumentaba la excitación de ambos.

—Ah, diablos, Nathan —susurró Andrew suavemente. Nathan lo sintió inclinarse hacia adelante, presionando sus cuerpos incluso más cerca—.

Esto no es justo.

Andrew rozó sus labios con los de Nathan, después se apartó y se puso en pie. Miró al hombre, mordiéndose los labios, pero no dijo nada mientras se alejaba hacia el campamento.

Nathan se tumbó en el suelo, sintiéndose como si hubiera pasado un mal trago. Rayos. ¡Rayos!

OceanofPDF.com