Nunca pasa nada
Capítulo 18
LA CEREMONIA en honor de Rich tuvo lugar en la casa junto al lago. No había sido un hombre religioso, a pesar de su educación baptista, así que Andrew quería un evento en el que quien deseara decir algo, tuviera la oportunidad de hacerlo. Había gente de todo su círculo social: laboral y personal, amistades de muchos años y recién formadas. Todos ellos fueron invitados a tomar parte de la ceremonia, en la que Gary era el encargado de la música.
No había invitado a sus padres, al no poder hacer frente a la desaprobación de su madre por la falta de un sacerdote y de que gran parte de la congregación era homosexual, pero allí había un contingente de Castleton: Stephanie, Joe y Colin, por supuesto; además de Jim, Michael, y Nathan. Todos ellos fueron juntos; Andrew los invitó a que se quedaran en la casa para evitar los gastos de alojamiento, así como los de los alimentos.
No estaba allí cuando llegaron, pero hubo una comida aguardándolos a su llegada el viernes por la noche. Cenaron y se acostaron agradecidos en la cama, conscientes de que el sábado sería un largo día.
Acostumbrado a despertarse temprano, Nathan se encontró mirando el reloj a las cinco y media de la mañana. Cuando lentamente pasaron quince minutos, se levantó; necesitaba estirar las piernas o comer, simplemente hacer algo. Se puso unos pantalones deportivos y una delgada sudadera con capucha; después buscó sus zapatillas deportivas. Finalmente las encontró, debajo de la cama a donde las había pateado cuando se las quitó la noche anterior. Cinco minutos después estaba en el frío aire matutino, tratando de recordar cuál era el camino que iba hacia el lago.
Después de vagar por algunos minutos, encontró el camino y comenzó a trotar a ritmo rápido a pesar de la tierra desigual. El lago era
impresionante a la luz plateada del amanecer, con una niebla que emergía del agua y las telarañas que se delineaban por el rocío de la mañana.
Nathan corrió alrededor del perímetro del lago, levantando a su paso pequeñas polvaredas de arena. Estaba regresando cuando vio una figura observándolo desde el otro lado del lago. No le hacía falta mirar muy de cerca para saber de quién se trataba.
Andrew esperó a que corriera hasta donde estaba parado.
—Pensé que podrías estar despierto —lo saludó.
Ambos dudaron en dar el primer paso. Entonces, Nathan alargó la mano y atrajo a Andrew dándole un abrazo; solo recordó que estaba caliente y sudoroso por correr, después de que lo tuvo contra él. Aunque Andrew no parecía oponerse, ya que incluso soltó un pequeño suspiro.
—Buenos días —murmuró contra su cuello.
—Buenos días —respondió Nathan, con sus labios rozando la parte superior del pelo corto de Andrew.
—Dios, necesitaba esto.
El resoplido de alivio de Andrew contra su piel hizo sonreír a Nathan.
Él también lo había necesitado, necesitaba a Andrew.
Había tenido miedo de perderlo una vez que el hombre volviera a Los Ángeles y a su otra vida. Mientras Andrew estaba en Castleton, había sido fácil fingir, solo durante esos pocos minutos que estaban juntos todos los días, que Andrew era suyo. No le gustaba la realidad, el hecho de que pronto los dejaría otra vez y comenzaría de nuevo.
Nathan se estremeció ante la idea y Andrew se retiró, preocupado.
—Ven —murmuró Nathan; no quería romper el contacto.
Obediente, Andrew regresó a los brazos, adentrando sus cálidas manos bajo la delgada sudadera para extenderlas sobre la espalda de Nathan. Era reconfortante y cariñoso, así que los dos hombres se relajaron el uno en el otro.
—Hoy va a ser un día difícil —dijo Andrew, con la voz ahogada por el cuello de Nathan.
—Lo sé, lo sé —lo tranquilizó Nathan—. Pero estamos aquí para apoyarte. —Su mano trazó tranquilizadores círculos en su espalda y Andrew se acercó más a él.
Andrew retrocedió, respirando profundamente. Miró a Nathan y fue solo entonces cuando este pudo ver la tensión alrededor de sus ojos. Su brazo se estiró para frotar suavemente, con el pulgar, la delgada piel debajo de los apagados ojos azules.
—¿Cómo estás sobrellevándolo, Drew?
—¿La verdad? —Andrew se inclinó contra la mano de Nathan—. Mal.
—Deberías haberte quedado en Castleton con nosotros.
Sacudiendo la cabeza, Andrew dijo:
—No, no podía. Necesitaba volver a mi casa. Necesitaba tiempo para despedirme de Rich.
Nathan lo instó a que se sentara en el tronco de un árbol caído cercano a ellos.
—¿Crees que él lo sabía? ¿Que estaba enfermo?
—Sí, creo que sí. Estoy seguro de que lo sabía. —Andrew apoyó su cabeza en el hombro de Nathan—. Tú, yo, la manera en que continuó presionándonos para que estuviéramos juntos. Lo sabía. En las revisiones médicas debieron habérselo dicho.
—Pero nosotros no estamos. Juntos, quiero decir.
—No, no lo estamos. —La voz de Andrew se entrecortó ligeramente
—. Pero siempre fue un optimista.
—Te quería mucho.
Los enormes ojos de Andrew se suavizaron y Nathan se sintió culpable por la punzada de celos que tuvo al ver la expresión de adoración en su rostro.
—Sí, me amaba, y realmente entendía lo nuestro. Probablemente era el único. ¿Alguna vez te contó algo sobre Paul?
Nathan frunció el ceño, pensando en la conversación que Rich y él compartieron no muy lejos de allí.
—¿Que Paul era su pareja anterior?
Andrew asintió.
—Sí. Estuvo con él durante unos quince años, pero Paul estaba con otra persona cuando lo conoció.
—¿Fue ese el tipo que le contagio el VIH?
—Fue en esa época —dijo Andrew simplemente—. Una época mala.
—Entonces, ¿qué pasó?
—Rich conoció a Paul y fue lujuria a primera vista. Según Rich, estaban tratando de evitarse el uno al otro porque Paul amaba a su pareja y se sentía muy culpable por sentir algo por alguien más. Por supuesto, cada vez que se encontraban, terminaban haciéndolo como conejos.
Nathan no pudo evitar estallar en carcajadas.
—Por Dios, no me extraña que no tuviera problemas con lo nuestro.
—Bueno, él entendía cómo es que yo no era capaz de mantener mis manos lejos de tu cuerpo. A él y Paul los descubrieron haciéndolo sobre el escritorio del despacho de Rich cuando Paul fue a verlo por una reunión de negocios. Esa fue la primera vez que se vieron.
—¡Oh, diablos! —Nathan se aferraba a sus costados—. ¿Tu madre sabía que él era así de fácil?
—No, y me daba una gran satisfacción cada vez que ella hablaba de cuán respetable era… para ser un homosexual. —Andrew torció la cara con un poco de amargura.
La imagen mental de alguien tranquilo como Rich jodiendo con otro sobre un escritorio, de repente fue reemplazada por la imagen de Andrew extendido debajo de él, con su pálido trasero levantado, tomando cada centímetro del pene de Nathan.
Sacudió la cabeza para borrar la imagen, pero un pensamiento similar debió haber pasado por la cabeza de Andrew, porque este se sonrojó súbitamente. Se miraron el uno al otro, ambos atrapados en la excitación del otro.
—Rayos —maldijo Andrew en voz baja, apretando los dedos en su pantalón deportivo.
Nathan siguió el movimiento con la mirada, podía ver la tienda de campaña formada en el fino material.
—Drew…
—¡No! Hoy no. No puedo… No hoy. —Andrew tragó saliva convulsivamente. Se puso de pie, y Dios, eso fue aún peor. Nathan podía tirar de él, y morder y trazar con la boca ese suave bulto—. Voy… voy a volver a la casa. Hacer las preparaciones tomará mucho tiempo.
—Drew…
—Nathan, ¿eres tú? ¿Has visto a Andrew?
La voz de Stephanie penetró la neblina de la mente de Nathan. Levantó la vista cuando ella venía hacia él.
—Ah, aquí estás. Andrew, la compañía del servicio de comida quiere saber dónde colocar las cosas.
Él asintió bruscamente y con una última mirada a Nathan, partió de regreso a la casa. Stephanie observó su retirada y luego se giró hacia Nathan, quien se sonrojó bajo su fija mirada.
—¿Necesitó saber lo que pasa? —Ella no sonó acusatoria, sino más bien resignada a la situación.
Nathan negó con la cabeza y se estremeció, de pronto percatándose de que tenía frío.
Stephanie notó el escalofrío.
—Deberías volver para que te duches.
—Lo haré. —Nathan se dio la vuelta y entonces se detuvo—. Steph…
Sorprendida, Stephanie lo miró; el que usara el diminutivo había captado su atención.
—¿Sí?
—No estoy seguro de lo que le dijiste a Alex, pero gracias. —Nathan hizo un gesto con la mano—. Por esto. Habría odiado no estar aquí para
apoyarle.
El rostro de ella se suavizó.
—Está bien. Nos necesitaba a todos aquí. Desearía…
—Sí, yo también —la interrumpió Nathan.
Nathan le tendió la mano. Ella la tomó y regresaron a la casa juntos, esquivando el pequeño ejército de gente que deseaba instalar el servicio.
Al aproximarse a la casa, Stephanie puso una mano en el brazo de Nathan. Él se puso tenso, sin saber lo que iba a decir. Ella lo miró, mordiéndose el labio nerviosamente.
—No puedes seguir así, Nate. No es justo para Alex y Andrew…
Todavía está de luto por Rich, pero no lo estará por siempre.
—Lo sé, pero mis hijos…
—Ellos lo superaran. Son lo suficientemente pequeños para hacerlo.
—Stephanie le apretó el brazo con suavidad—. El asunto es, ¿lo harás tú?
LA CEREMONIA se llevó a cabo con la puesta del sol sobre el lago. Más de cien personas se sentaron y compartieron sus recuerdos de Rich en cada parte de sus vidas. Gente de negocios sobriamente vestida estaba mezclada con algunos de los personajes más extravagantes que Nathan hubiera visto en su vida; todos ellos sostenían una foto de Rich tomada por el hombre que lo amó.
Nathan se sentó en la parte trasera, prefiriendo observar en vez de participar, ya que no lo había conocido realmente bien. Era un asunto completamente irreverente, la mayoría de los comentarios se centraban en el amor que Rich le tenía a la vida y a su retorcido sentido del humor, liderado por supuesto por Gary. Básicamente, Nathan se limitó a observar las reacciones de Andrew a los discursos.
Conforme Nathan escuchaba a las personas hablar sobre el hombre al que habían conocido, poco a poco aprendió por qué Rich había sido tan bueno para Andrew. Aquel era un hombre que nunca había sentido vergüenza de quién o qué era. Nunca lo había ostentado por la calle, pero
tampoco lo había escondido, ya fuera en casa o en el trabajo. Si alguien le había mostrado a Andrew que estaba bien ser gay, ese fue Rich. Nathan se vio obligado a admitir que él no podría haber hecho eso. Era difícil aceptar el hecho de que Andrew había necesitado más a Rich que a él. Claro, no podía negar que Andrew lo había amado durante años, pero Rich había sido el hombre idóneo para amarlo en el momento en que había estado más vulnerable.
Durante una pausa en la ceremonia, Gabe llegó. Su amistad con Nathan había sufrido bajo la presión de su relación continua con Gary. Este último le había dejado claro que no sentía ningún respeto por Nathan, y Gabe había encontrado sus lealtades atrapadas entre su viejo amigo y su amante.
Se deslizó en el asiento junto a Nathan.
—Nate, amigo.
—No esperaba verte aquí —susurró Nathan, frunciendo el ceño.
Gabe se encogió de hombros.
—Yo tampoco, pero Gary me lo pidió, así que aquí estoy. Podría decir lo mismo de ti.
—Andrew nos preguntó si nos gustaría venir.
—¿A ti? —Gabe le miró con escepticismo.
—Así es. Bueno, a mí y algunos otros del vecindario.
—¿Y Alex y los niños?
—Están en casa. Ella saldrá el siguiente fin de semana con Stephanie.
—Deliberadamente, Nathan se mordió las uñas, no queriendo encontrarse con los ojos de Gabe—. No hicimos nada, si eso es lo que te preocupa.
—Eh, uh…
—No lo hicimos.
—No es asunto mío si lo hiciste —señaló Gabe—. No voy a meterme nunca más.
Nathan lo miró.
—¿Por qué no te creo?
Gabe le sonrió.
—¿Porque me conoces demasiado bien?
—¿Qué es lo que quieres, Gabe? Aparte de venir a molestarme.
—¿Cuántas personas te han dicho que dejes de quejarte y tomes una maldita decisión?
—Cuatro, cinco, más…
—¿Y…?
—Los niños… —A Nathan le pareció que estaba empezando a sonar como un disco rayado.
Gabe, obviamente, estuvo de acuerdo. Se quedó mirando a Nathan durante un largo rato.
—¿Cuándo vas a dejar de usarlos como excusa?
Hundiéndose en el asiento, Nathan se mordió de nuevo una uña. Miró hacia donde estaba sentado Andrew. Se estaba riendo de algo que uno de los compañeros de trabajo de Rich acababa de decir y su rostro estaba bañado por el cálido resplandor de la puesta del sol.
—Lo miras como si fuera tu mundo entero.
Nathan levantó la vista al oír las palabras de Gabe y le dirigió una sonrisa triste.
—No todo, pero es bastante especial.
Su amigo asintió y se volvió hacia Andrew.
—Me pregunto si ya podemos emborracharnos.
Parecía haber una pausa en los altavoces, y Andrew se puso de pie.
Nathan se dio cuenta de que estaba cuidando de su brazo izquierdo. Le habían quitado el yeso, pero seguía recibiendo fisioterapia para recobrar totalmente la movilidad. A juzgar por la forma en que se estaba abrazando a sí mismo, Nathan estaba seguro de que Andrew había olvidado tomar sus medicamentos para el dolor.
Andrew dio las gracias a sus invitados por acudir y compartir sus experiencias de Rich. Les ofreció quedarse para comer y beber, y el grupo de personas fue conducido a la casa.
Gabe se puso de pie para seguirlos. Puso una mano en el hombro de Nathan.
—Te conozco desde hace mucho tiempo. Nunca has mirado a Alex de esa manera. Bueno, esa es mi opinión.
Nathan permaneció sentado un largo rato después de que Gabe se marchara, con los ojos fijos en el rostro de Andrew. Había notado que este no dejaba de mirar hacia su sitio durante toda la ceremonia, buscándolo como para asegurarse de que seguía allí.
Acercándose a él, Andrew le tendió la mano derecha.
—¿Vendrías conmigo? —preguntó en voz baja.
—Por supuesto. —Sin tomar la mano, Nathan se puso de pie—.
Entonces, ¿dónde te duele? —Pasó las manos por los brazos de Andrew.
—Casi en todas partes.
Al menos estaba siendo sincero.
—¿Quieres ir a tomar tus medicamentos? ¿Dónde están?
Andrew frunció el ceño mientras trataba de recordar.
—Eh, en mi habitación en la mesita de noche, creo. Pero los tomaré más tarde. Tienden a darme sueño.
—No. —Nathan sacudió la cabeza y empezó a arrastrarlo hacia la casa
—. Vas a tomártelos ahora. Puedo ver cuánto te duele, ven conmigo.
—Tengo invitados.
—Tienes a Gary. Tus invitados están bien. Ahora cállate e iremos a por tus medicinas.
Nathan puso su brazo alrededor de Andrew y lo condujo por el largo pasillo. Nadie les dirigió otro gesto que no fuera una sonrisa, y Nathan se dio cuenta de que, allí con esa gente, podía ser abiertamente afectuoso con Andrew y a nadie le importaba.
Podía sentir a Andrew vacilante, mirando hacia el lugar donde los invitados estaban aceptando bebidas del personal del servicio de comidas sobriamente vestido.
—Medicamentos. Ahora. Muéstrame el camino.
—Te vas a quedar ahí y verme tomarlos, ¿no es así?
—Sí. Eso haré —afirmó Nathan—. Ahora, muévete o voy a llevarte en brazos a tu habitación.
—Bastardo mandón —dijo Andrew, pero Nathan notó la sonrisa situándose en sus labios.
Fiel a su palabra, Nathan se puso frente a Andrew mientras se tomaba las pastillas. No permitiría que volviera abajo hasta que las líneas de su rostro se suavizaran y pareciera más tranquilo. Eso le dio tiempo para mirar alrededor de la habitación principal. Era una sala luminosa, espaciosa, decorada en color azul pálido y crema, con muebles de madera clara. No era exactamente lo que esperaba, pero tampoco sabía realmente lo que había estado esperando. Aunque se adaptaba a la casa. Nathan se preguntó si aquel era el gusto de Rich o el de Andrew.
Andrew lo observó mientras él miraba alrededor.
—Nunca modifiqué realmente este lugar. Me gustó bastante la forma en que lo decoró. Esta siempre fue la casa de Rich.
—Es un lugar maravilloso —admitió Nathan.
—Sí, lo es, y ahora supongo que es mío.
Nathan no había pensado en eso.
—¿Qué vas a hacer con él? ¿Vas a conservarlo?
Andrew trazó un patrón en el edredón con un dedo.
—No estoy seguro —confesó—. Me siento un poco perdido en este momento. Es demasiado pronto para tomar una decisión. —Miró a Nathan y después desvió la mirada; sus pestañas rozaban sus mejillas.
—Más que demasiado pronto —coincidió Nathan, luchando con fuerza contra las emociones que incluso la más mínima mirada provocaban en él.
Dios, incluso después de todo aquel tiempo, Andrew solo tenía que estar cerca de él para que su cuerpo comenzara a vibrar.
—¿Por qué no me dijiste que te habían ofrecido un ascenso? —
preguntó Andrew repentinamente.
Nathan parpadeó. No esperaba eso.
—No fue una oferta como tal, solo la oportunidad de solicitar el trabajo. Me olvidé de ello después de tu accidente.
—Perdón por echar a perder tu oportunidad —dijo Andrew.
Sacudiendo la cabeza, Nathan le sonrió.
—No es importante. Habrá otras.
Había sido importante y fue la causa de que existiera más tensión entre Alex y él, pero Andrew no tenía por qué saberlo.
Andrew parecía dudarlo, pero dijo:
—Me siento mejor ahora. Tenemos que reunirnos con los demás. —Se puso de pie y le sonrió. Su rostro tenía más color y las líneas se habían relajado.
—Está bien. —Nathan lo siguió fuera de la habitación e inmediatamente se topó con el cuerpo sólido de Gary.
El hombre más bajo lo fulminó con la mirada antes de decir:
—Andrew, ¿dónde has estado? Hay gente aquí, ¿lo recuerdas? ¿O es que te distrajo este machote?
Ansiando plantar su puño en medio de su cara, Nathan dio un paso adelante, pero Andrew le puso una mano firme en el brazo.
—Nathan estaba haciendo de doctor mientras yo tomaba mis medicinas. Me olvidé de ellas cuando comí.
—Lo que me preocupa es que estuviera jugando a los médicos contigo
—gruñó Gary.
—Escucha, imbécil… —empezó Nathan, pero fue interrumpido a media frase.
—Esta es la ceremonia conmemorativa de mi esposo. Creo que eso hace que mantenga mis pantalones puestos por hoy, gracias —dijo Andrew con frialdad, y se alejó de ambos.
—¡Rayos! —Gary habló por lo bajo.
—Eres un idiota, Gary —dijo Nathan mientras se alejaba para seguir a Andrew.
Fue detenido en seco por una mano tirando de él. Gary era un poco más bajo, pero era más fuerte de lo que Nathan esperaba.
—¿Por qué simplemente no lo dejas en paz? No necesita de tus idioteces de nuevo.
Nathan estaba muy cansado de esas interminables conversaciones.
Gary estaba irritado, enrojecido, y sus ojos azules, endurecidos, mientras aguardaba la respuesta de Nathan.
—Lo amo.
—Eso no ha sido suficiente, ¿o sí? Siempre has puesto a tu familia en primer lugar, y todavía tienes un problema con eso de ser gay.
—Tengo hijos. Por supuesto que voy ponerlos en primera lugar, y sí, la idea de ser gay, perder a mis hijos y mi trabajo… Tengo un problema con eso. Pero lo amo y él lo sabe. Puedes ser su perro guardián. —De repente Nathan entró en el espacio personal de Gary. Estaba cansado de ser amenazado por aquel tipo, así que utilizó su altura para hacer que el hombre diera un paso atrás—. Y él necesita de buenos amigos. Pero me ama, y ninguno de estos interminables enfrentamientos va a cambiar eso.
Gary se quedó en silencio por un momento.
—No me agradas.
—Sí, me he dado cuenta —dijo Nathan secamente.
—Él es vulnerable y ahora está solo. Si lo lastimas otra vez… —Hubo una advertencia implícita en el tono de Gary, y Nathan asintió a ella.
—No lo haré, pero aún no es el momento indicado. Todavía tiene que superar su pérdida.
Gary asintió.
—Quién sabe por qué aguanta tu lamentable existencia.
—Me he preguntado lo mismo de ti muchas veces, Keenan.
Gary soltó un bufido y rodó sus hombros, aflojando los músculos de su postura de pelea.
—Él necesita que le examinen la cabeza. Y yo un maldito trago.
Nathan definitivamente estuvo de acuerdo con eso.
Al entrar en la habitación donde la mayor parte de los invitados estaban, Andrew se excusó con la pareja con la que había estado hablando y se les acercó, mirándolos con cautela.
—¿Alguna herida que no esté visible? —preguntó.
Ambos hombres negaron con la cabeza.
—Yo lo amenacé de nuevo y él me mandó otra vez al carajo. Como siempre —le informó Gary.
Andrew hizo un gesto de exasperación.
—Dios, vosotros dos sois unos idiotas. No sé por qué os aguanto. Id a tomar algo y comportaos bien con los invitados.
Se alejó sin esperar una respuesta. Gary lo miró marcharse, con una expresión de preocupación en su rostro.
—Todavía no se derrumba. Sigo esperando, pero no sucede.
—Lo hará —dijo Nathan suavemente—. Creo que está esperando algo.
Gary frunció el ceño.
—¿Cómo qué?
—No estoy seguro, pero tengo esa sensación.
—Solo espero que alguien esté allí para recoger los pedazos cuando lo haga.
Nathan miró a Andrew, quien estaba hablando con un hombre vestido con un traje impecable.
—Creo que quizás está esperando a estar solo.
Gary se mordió el labio.
—Creo que tal vez tienes razón.
EL LAGO brillaba, el aire era intenso y limpio, y Andrew soltó un suspiro tembloroso. En el fondo, las montañas cubiertas de nieve reflejaban la puesta del sol.
Había regresado a la pequeña aldea italiana donde Rich lo había llevado para su luna de miel. La pareja propietaria del hotel recordó su primera visita y, cuando descubrieron lo que había pasado, lo trataron como si se tratara de su hijo, envolviéndolo en la calidez y el amor que él no había recibido de su propia madre.
Una noche, tomó una manta de su cama y, envolviéndose en ella, buscó el banco donde Rich y él habían pasado muchas horas juntos, contemplando la vista. Cuando Andrew observó el sol ocultarse detrás de las montañas, descubrió lágrimas corriendo por sus mejillas. No se había dado cuenta de que estaba llorando hasta que una gota cayó sobre su mano.
Lloró durante mucho tiempo, solo y por fin capaz de dejar salir su dolor. Lo había dejado vacío y cansado, pero en paz por un rato, envuelto en los recuerdos de un hombre que había cambiado su vida.
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