Resina

Ane Riel · Capítulo 2 de 40

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Resina

Querida Liv

Pongo esta página la primera de la carpeta. Considérala una

introducción. Las otras puedes leerlas en el orden que prefieras. No creo que haya ningún orden.

Siempre me faltó valor para decirte todo lo que habría querido, y a

medida que mi voz se fue desvaneciendo, ya no fui capaz de hacerlo. Pero sí puedo escribir y tú sabes leer —de eso me he ocupado personalmente—, y puede que un día leas estas reflexiones mías. Puede. No sé si debo esperarlo. Lo que espero es que, si lo haces, tengas edad suficiente.

Ya te he escrito varias cartas largas, pero también hay algunas

breves que, en realidad, son apuntes apresurados, ocurrencias repentinas. No sé cuántas habrá al final. Ni cuál será ese final.

He escondido la carpeta para que no la encuentre tu padre, creo que

es lo mejor. Si la cuelo entre el borde de la cama y el colchón y le echo la manta por encima, no se ve nada; además, así siempre la tengo cerca por si surge algo que contarte.

Aun así, cada vez me cuesta más sacarla. Peso tanto que ya casi no

puedo darme la vuelta. Y me duele todo el cuerpo.

Perdona si lo que dicen mis cartas te parece caótico. Pero estás

acostumbrada a manejarte en el caos, así que quizá lo comprendas todo. Quizá también comprendas a tu padre.

Debes saber que le quiero. Y debes saber también que lo más

probable es que algún día tu padre acabe con mi vida. Yo lo entenderé, Liv. Pero ¿y tú?

Con todo mi amor,

tu madre

P. D.: No sé si nuestra vida ha sido un cuento de hadas o una

historia de terror. ¿Tal vez un poco de cada? Espero que logres ver lo que ha tenido de cuento.