Tandem

Maria Barbal · Capítulo 19 de 34

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Tandem

Capítulo 4

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Nos informaron de que nos dirigíamos a Poole, la ciudad más grande de la zona. Nos detuvimos en Wareham para dar una vuelta y admirar sus dos iglesias principales. La pequeña se portaba bien y entre nosotros reinaba el buen humor. De todos modos, yo no había conseguido sacudirme las tribulaciones de la noche y, cada vez que me encontraba con la mirada de Antoni, creía ver en ella una demanda, una interrogación. El tiempo era claro y un poco ventoso.

Elena y Annie parecían haber congeniado y se alternaban en un diálogo distendido que me recordó a las golondrinas cuando, antes de que empiece a llover, parece que se roben el espacio unas a otras. Sus palabras acompañaban nuestros pasos.

De nuevo en el coche, Antoni nos resumió los hechos que habían afectado a Tyneham. Entendí que durante la Segunda Guerra Mundial, bajo la amenaza de la invasión nazi, los ingleses inspeccionaron el perímetro de las islas Británicas en busca de algún lugar para que los norteamericanos desembarcaran. Una de las posibilidades era un punto de la costa de Lulworth Cove, dentro de la llamada isla de Purbeck.

Annie y Elena hicieron una pausa en su charla de colegialas en día de excursión. Lo agradecí, pues no disfruto demasiado de esa familiaridad entre mujeres, frecuente en todas las latitudes, que hace que los hombres nos sintamos excluidos. Como no podía ser de otra manera, bajamos del coche.

La belleza de la bahía nos arrancó exclamaciones de sorpresa y, enseguida, nos dejó sin palabras. Antoni cargó a la pequeña en una mochila que la cobijaba en su pecho y avanzamos en fila india. Primero por la arena, junto al océano, y después ascendimos entre el verdor de la hierba. Pese a estar fascinado por lo que veían mis ojos, cuando llegamos arriba pedí llevar un rato a mi nieta ligada al cuerpo. Una mirada de Annie bastó para que Antoni no ofreciese resistencia. Al poco, llegamos a Tyneham.

Era un pueblo bellísimo que entonces, en el año 43 del siglo XX, resultó encontrarse en el lugar equivocado, algo así como alguien que sale a la calle, coincide con dos que se están peleando y paga las consecuencias.

Tenía 225 habitantes, y la mayoría de las familias se dedicaban a la pesca.

Ahora, la práctica totalidad de las casas está en ruinas. Quedan la iglesia y la escuela. Ambas han sido conservadas. La escuela, tal como debía de ser en aquella época, momentos antes de ser abandonada por sus habitantes. La mesa del maestro, los mapas, la pizarra, cada uno de los pupitres de los alumnos con su material escolar. Al salir, Elena tenía los ojos brillantes.

Continuamos caminando, y el mar, la inconmensurable belleza de la Costa Jurásica, siempre se mantenía al alcance de nuestras miradas, pero estábamos en territorio militar e íbamos topándonos con señales que lo atestiguaban.

—Los habitantes de Tyneham esperaban poder volver una vez que se acabara la guerra, pero, pese a las protestas, el pueblo y todos sus alrededores pasaron a ser propiedad del Ministerio de Defensa. Y hasta ahora.

—Quedó abandonado para siempre.

Creo que Antoni temía que yo hablara de la guerra civil española, de la experiencia familiar, pero no lo hice, ni tampoco Elena. Ella no mencionó que había sido maestra durante muchos años, que había pasado un montón de horas dentro de un aula, como yo esperaba que hiciera.

Entonces Annie me pidió que le devolviera a su hija, totalmente dormida sobre mi corazón. Después pasé el brazo por encima de los hombros de Elena.

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