Un mal comienzo
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HUXLEY
JP: ¿Cómo fue anoche? No hemos sabido nada de ti, y nos preocupa que esa chica lo haya jodido todo. ¿Es así? ¿La ha cagado?
Miro el mensaje de mi hermano y cojo mi humeante taza de café negro.
Soplo el líquido caliente y me llevo el borde a los labios para dar un sorbito, dejando que la amarga pero suave bebida se deslice por mi garganta.
¿Lottie la jodió anoche?
No.
No ha jodido ni una puta cosa…
Ya me entiendes.
Sinceramente, no esperaba que le quedara tan bien el vestido que elegí.
Tampoco esperaba que saliera del cuarto de baño de su hermana con el aspecto de una diosa, con el pelo ondulado y un maquillaje sutil que resaltaba sus hipnotizadores ojos.
Y tampoco esperaba pasarme la noche pensando en ella, toda las putas horas, imaginándola con ese maldito vibrador. Después de meterme en la cama, apenas ni respiré, esperando poder oírla mientras se daba placer.
Después de treinta minutos en silencio, con la polla dura como una roca, me alivié y me puse a dormir.
Tres consoladores. ¿Qué mujer necesita tres consoladores?
Lottie, por supuesto. Porque no solo estoy a punto de perder mi empresa con mis descuidados errores, sino que he tenido que elegir a la única chica que se ha metido en mi cabeza con facilidad. Es irritante, frustrante, hermosa y sarcástica. Un todo en uno. Me hace contener la respiración con cada palabra que sale de su boca, y luego me sorprende con su brillantez.
Es agotadora.
Dejo el café y miro la hora. Llega con dos minutos de retraso al desayuno.
Mientras la espero, le envío un mensaje a JP.
Huxley: No ha jodido nada. Por desgracia, superó mis expectativas: consiguió que Dave y Ellie comieran de la palma de su mano y me hizo quedar genial.
Doy otro sorbo a mi café y mis hermanos responden al mensaje.
Breaker: ¿«Por desgracia»? ¿No deberías estar contento?
JP: Ay, Dios… ¿Hay algún problema en el paraíso?
Huxley: Sois un puto coñazo.
Breaker: Jajaja. Bueno, eso me hace muy feliz.
JP: ¿Es difícil trabajar con ella?
Huxley: Se podría decir que sí. Me desafía a cada paso y llega tarde a desayunar.
Breaker: ¿Le has puesto hora para desayunar esta mañana? Hermanito, es domingo.
JP: Déjame adivinar: estás siendo un completo gilipollas con ella. Típico de Huxley.
Huxley: No estoy siendo gilipollas. Estoy considerando nuestras interacciones como transacciones comerciales. Porque eso es lo que son: negocios.
Breaker: Qué romántico eres…
Huxley: No hay nada romántico en este acuerdo.
Breaker: Entonces, ¿no la encuentras ni un poco atractiva?
JP: ¿Qué aspecto tiene?
Huxley: ¿Importa?
Breaker: Sí.
JP: Por supuesto que sí.
Huxley: ¿Por qué?
Breaker: Porque necesitamos saber si vas a cagarla follando con ella.
JP: Tenemos que preparar a los abogados, asegurarnos de qué pueden esperar.
Huxley: No voy a cargarme nada con ella. Creedme.
En ese momento, oigo el sonido de unas zapatillas que se deslizan por el
suelo de madera, lo que lleva mi atención hacia las escaleras. Lottie entra arrastrando los pies en el comedor con aspecto de haber resucitado, pero, joder…, lleva puesto «el pijama».
Los pantalones cortos no deberían recibir tal nombre. Se ciñen a sus caderas y sus muslos, y se adaptan a sus curvas, y el top… Bueno, me deja ver su vientre, hasta justo por encima del ombligo, y oculta mínimamente sus pechos. La tela es tan fina que, si fuera blanca, vería sus apretados pezones pugnando tras ella.
Su pelo sigue ondulado, pero tiene la cara limpia y sin el maquillaje que llevaba anoche.
Se ve desaliñada, familiar, y es una complicación.
Hay un cubierto a mi lado en la mesa y, sin decir nada, se deja caer en la silla, coge mi café y le da un sorbo antes de estirarse en la silla y apoyar la cabeza en el respaldo.
—Llegas tarde —constato—. Y ese es mi café.
Intento cogerlo, pero me sisea como una bestia rabiosa, haciéndome retroceder con auténtico miedo.
—Si me lo quitas, te mato —dice con una voz profunda de poseída.
No es madrugadora. Me lo apunto…
Después de unos segundos y de tomar grandes tragos de café, deja mi taza y se gira lentamente hacia mí.
—Esa idea de desayunar a las siete y media es una absoluta mierda.
Lo cierto es que yo tampoco soy madrugador.
El chef, Reign, trae dos platos con el desayuno desde la cocina. Cada plato tiene una rebanada de pan tostado con aguacate, huevos revueltos y ensalada de frutas, todo perfectamente presentado.
—Gracias, Reign —digo. Cuando está a punto de irse, señalo a la encarnación del diablo que está a mi lado—. Esta es mi prometida, Lottie.
Lottie, este es Reign. Tenemos mucha suerte de contar con él. Su comida es impecable.
Despojándose de parte de la coraza que ha acumulado durante la noche, se sienta un poco más derecha y se pasa el pelo por detrás de la oreja
—Hola, Reign. Me encanta comer, así que creo que seremos buenos amigos.
—Señorita Lottie, el placer es todo mío. Por favor, no dude en pedirme cualquier cosa. Me aseguraré de que reciba la encuesta sobre sus gustos
para saber qué alimentos prefiere.
—Gracias —responde Lottie con una sonrisa. Cuando Reign se va, ella se vuelve hacia mí, con el ceño fruncido—. Podrías haberme avisado de que iba a haber otras personas presentes. Estoy prácticamente desnuda.
—Te he dicho que tengo servicio en casa.
—¿Incluso los fines de semana? —sisea—. Qué monstruo eres…
—Les compensa.
—Genial, tienen dinero, pero ¿cómo se supone que van a divertirse con él si siempre están trabajando para ti? —Desdobla la servilleta de tela y se la coloca en el regazo.
La estudio: el ángulo pomposo de su barbilla, la elevación orgullosa de su pecho, el conjunto obstinado de sus hombros.
—Si te preocupa tanto cómo te percibe la gente por lo que llevas puesto,
¿por qué has venido a desayunar con eso puesto? Soy un extraño para ti.
Sus ojos reptan hacia mí mientras hunde el tenedor en los huevos.
—Si has visto mis consoladores, entonces has visto casi todo.
—Casi —incido; cojo la taza y doy un sorbo, mirando su pecho. Ella capta mi insinuación.
—¿Se supone que eso debe hacer que me derrita? ¿Que me desmaye a tus pies? ¿Esa mirada, el tono profundo de tu voz? Vas a tener que esforzarte un poco más.
—¿Quién dice que lo estoy intentando? —pregunto, y dejo la taza.
—Tu voz jadeante anoche, cuando entré en tu habitación.
—Creo que me confundes contigo. Tú eras la que estaba sin aliento, con el pecho agitado, mientras mirabas mi torso desnudo.
—Pufff, ya te vale…, Huxley. —Se lleva a la boca el tenedor con huevos.
Gran defensa. Puede negarlo todo lo que quiera, pero sé lo que noté anoche. Puede que me odie, como ella misma dice, pero no se priva de mirarme.
—Y tras esta espectacular réplica, vayamos al grano.
Me lanza una mirada fulminante, pero no añade nada. Abro la carpeta que hay encima de la mesa a mi izquierda, saco el primer papel y se lo doy. Lo agarra con cara de confusión.
—¿Qué es esto? —pregunta.
Cojo una tostada con aguacate como si no tuviera ninguna preocupación en el mundo.
—Esto es el documento que indica que tu préstamo universitario ha sido cancelado. Guárdatelo.
Se queda con la boca abierta examinando el papel. Me doy cuenta de que sus ojos se centran en la cantidad que debe —donde pone «cero»—, porque se queda sin palabras.
—¿Está todo pagado?
—Eso es lo que establecimos en el contrato, ¿no?
—Sí, pero ¿de verdad lo has pagado?
—¿Crees que no soy un hombre de palabra?
—Estás engañando a un potencial socio de negocios haciéndole creer que tienes una prometida embarazada. Perdóname si soy ligeramente escéptica.
—Deja el papel sobre la mesa.
—He firmado un contrato contigo —digo—. No es algo que me tome a la ligera. Tú has ido a cenar conmigo, yo he pagado tu deuda. Ahora seguimos adelante.
—¿Es así de sencillo, avanzamos? ¿Cómo? Parece que nos odiamos.
—Puedes odiar a una persona y seguir trabajando con ella. Hay que aprender a eliminar las emociones de los negocios.
—¿Intentas convertirme en tu pupila? —pregunta.
—Eso sería mi sentencia de muerte. No tengo tiempo para tus tonterías.
—¿Tonterías? —pregunta justo cuando Reign vuelve a entrar en el comedor.
—¿Qué tal todo? —pregunta.
La cara de enfado de Lottie se transforma en una sonrisa mientras mira a Reign.
—Una absoluta maravilla. Gracias.
—Genial. Señor Cane, ¿es todo de su agrado?
Asiento.
—Como siempre, Reign. ¿Podríamos tomar otra taza de café? Aunque disfruto teniendo los labios de Lottie en mi taza, está dejándome sin nada.
Reign se ríe.
—Por supuesto. Un error por mi parte, señorita Lottie. ¿Cómo toma el café?
—Como el de Huxley está bien.
Reign asiente y vuelve a la cocina.
—Es aterrador lo rápido que puedes pasar de estar enfadada a ser
agradable —comento.
—Mira quién fue a hablar, la versión moderna del doctor Jekyll y míster Hyde.
Una vez que Reign trae el café de Lottie y nos deja algo de privacidad, vuelvo a llevar la conversación a los negocios.
—No estoy seguro de cuál será el plazo de nuestro contrato. Parece que Dave no tiene prisa por promover la negociación, y no quiero tentar a la suerte presionándolo.
—Me lo imaginaba —reconoce, con la boca llena de comida, y se reclina en la silla.
Es curioso lo diferente que es su actitud conmigo. Se suelta y no se avergüenza de la forma en que se acomoda en su silla o habla con la boca llena. Y lo que es más extraño, no lo encuentro repulsivo. Más bien me intriga esa dualidad. ¿De verdad no le preocupan sus acciones? ¿Sus modales? Y, sin embargo, anoche, cuando estábamos con Dave y Ellie, fue la quinta esencia de la clase. El contraste es increíblemente confuso.
—Dave estaba volcado en Ellie la noche pasada. Tienes mucho trabajo por delante.
—Lo que significa que tú también. Estoy seguro de que recibiré mañana alguna noticia de Dave, un seguimiento de la noche. Por lo que pude observar, a Ellie le caíste muy bien. Es probable que quiera invitarte a salir, las dos solas.
Lottie detiene el tenedor a medio camino de la boca.
—¿Perdón? Eso no estaba en el contrato.
—Entra dentro de las salidas adicionales —explico. Mis abogados han pensado en todo.
—Entonces ¿me estás diciendo que tengo que tomar café con ella? ¿Será como tiempo extracurricular? En la vida real no tenemos nada en común. Es muy… de barrio rico, y yo soy…, bueno, mis ahorros vienen del dinero de las vueltas de la compra, y los tengo en un tarro. Los gastaré cuando venga Foreigner: compraré entradas en primera fila para verlos por fin en directo.
Estoy segura de que Ellie no tiene ni idea de quién es Foreigner. ¿Y tú?
Me recuesto en mi silla, divertido.
—Tengo debilidad por Cold as Ice —digo.
Arquea las cejas.
—Al menos conoces uno de sus principales éxitos.
— Agent Provocateur es mi álbum favorito.
Se sienta más erguida.
—¿En serio? —Sonríe, y noto un indicio de intriga—. No te habría catalogado como seguidor de Foreigner.
—¿Qué creías que me gustaba?
—No sé, te imagino oyendo La marcha imperial una y otra vez.
Miro el plato, con una sonrisa en los labios: la idea de andar al ritmo de la sintonía de Darth Vader es divertida.
—Considéralo mi segunda opción. —Me aclaro la garganta y trato de continuar con la reunión—. Con respecto a tu trabajo…
—Eso no tiene nada que ver contigo.
—Te prometí que ayudaría a tu hermana con su negocio. Tengo las conexiones que ella necesita. ¿Acaso tu ego, tu orgullo, es demasiado grande para quedarte conmigo y hablar de su futuro?
Por el gesto de su mandíbula, me doy cuenta de que no le gusta mi enfoque, ¡qué pena! Un trato es un trato.
—No, pero tampoco estoy segura de que necesitemos tu intervención.
—¿Cuánto te paga? —pregunto, y me llevo la taza a los labios, plenamente consciente de que no le paga nada de momento.
—Dios, eres un capullo. Y yo pensando que eras normal por un segundo porque te gusta Foreigner, pero luego vas y sueltas algo así. —Niega con la cabeza—. Todo negocio tiene que despegar de alguna forma, así que antes de que empieces a juzgar…
—No estoy juzgando nada. Intento ayudarte, pero no lo permites.
—No quiero tu ayuda.
—Entonces, ¿por qué estás aquí? —respondo, manteniendo la voz baja.
Parece que va a responder, pero luego cierra la boca y se reclina en la silla. Se queda mirando su plato durante unos segundos; a continuación, coge la servilleta, la tira encima y se levanta. Sale del comedor y vuelve a subir las escaleras.
Fantástico. Condenadamente fantástico.
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