Un mal comienzo

Meghan Quinn · Capítulo 21 de 24

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Un mal comienzo

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HUXLEY

La beso en la curva del cuello y ella desliza la mano por mi pelo.

—Sí —susurra y se queda callada por una vez.

Muevo la mano por su vientre y le cojo el pecho mientras sigo penetrándola.

Esta mañana me he despertado excitado y necesitando a mi chica. No porque la haya echado de menos —pues no la pierdo de vista salvo cuando está en el trabajo—, sino porque la deseaba. Me despierto todas las mañanas con ganas de follar con ella y, por suerte, Lottie también me desea.

Me he despertado duro como una piedra, me he acercado a ella y aún recuerdo el sonido de su gemido cuando ha levantado la pierna para darme acceso.

Esta es una de mis posturas favoritas: tumbados, penetrándola desde atrás mientras apoya la cabeza en la almohada.

—Estoy a punto —digo.

—Yo también —suspira con fuerza.

No hay nada salvaje en lo que estamos haciendo ahora, es más bien suave, perezoso, pero me hace sentir genial.

Me muevo unas cuantas veces más y siento que se tensa a mi alrededor; cuando sé que está a punto de estallar, le pellizco el pezón y no hace falta nada más. Grita mi nombre, se tensa y me hace explotar a mí también.

Juntos, surcamos la ola de placer hasta que estamos saciados y respiramos con dificultad.

No me muevo al acabar, y ella tampoco mientras recuperamos el aliento.

Jugueteo despreocupadamente con su pecho y la acerco más.

—Es la manera perfecta de despertarse —comenta, con voz soñadora.

—Sí, soy un cabrón afortunado.

Se ríe y apoya la mano sobre la mía.

—Tengo suerte de que puedas satisfacer mi libido.

—¿Estás diciendo que tu deseo es más intenso que el mío?

—¿No recuerdas lo que pasó en medio de la noche?

¿Cómo podría olvidarlo?

Me desperté con ella cabalgándome. No tenía ni idea de que estaba empalmado, pero al parecer así era, porque, flotando entre sueños, abrí los ojos para encontrarme a Lottie flotando sobre mí, con sus tetas botando de una forma maravillosa mientras subía y bajaba en mi polla para correrse.

Es lo más sensual que he experimentado en mi vida.

—Claro que lo recuerdo. —Le doy un beso en el cuello—. No creo que pueda olvidarme nunca de eso.

Se aparta de mí, se gira entre mis brazos y me mira.

—¿Debería sentir vergüenza?

Me río a carcajadas.

—Nena, deberías tener un monumento. Fue muy sexy.

—¿En serio?

Asiento.

—Sí. Por favor, hazlo de nuevo cuando quieras.

Pasea los dedos por mi pecho.

—Anoche estabas tan duro que me despertaste y, aunque seguías durmiendo, solo podía pensar en lo que sentiría al montarme sobre ti.

—¿Y qué sentiste?

—Algo increíble. —Desliza la pierna sobre la mía, deja caer la mano sobre mi pectoral y me pasa el pulgar por el pezón.

—Si sigues así, nunca saldré de la cama.

—¿Sería tan malo?

Le aprieto el culo con fuerza.

—Tú y yo tenemos trabajo. Si decimos que estamos enfermos, no se lo creerá nadie. Todo el mundo imaginaría lo que estamos haciendo en realidad.

—Aggg…, odio las responsabilidades del mundo real.

—Eso me pasa a mí —convengo, besándola en la punta de la nariz.

Suspirando, se aparta de mí y se levanta de la cama, para mi desgracia.

Esperaba tener más tiempo para abrazarla.

El correr del agua de la ducha indica que comienza el día.

Me levanto de la cama con un gemido y me deslizo por el suelo de madera hasta el cuarto de baño, donde me encuentro a Lottie de pie junto a

la ducha, con uno de sus vibradores en la mano y una sonrisa traviesa en la cara.

—¿Quieres divertirte en la ducha?

No tiene que pedirlo dos veces.

—Hermanito, ¿estás escuchando?

—¿Qué? —pregunto, mirando a JP, que parece irritado conmigo.

—Estoy tratando de explicarte algo de un contrato y no eres capaz de centrarte dos segundos antes de ponerte a soñar despierto.

—No estoy soñando despierto —protesto, aunque eso es exactamente lo que estoy haciendo. Sigo pensando en Lottie y en la sonrisa perversa que me dedicó antes de pasar el vibrador de arriba abajo por mi polla, haciendo que me corriera en treinta segundos, según contaba mentalmente.

—Mentira —interviene Breaker—. No has prestado atención a nada de lo que hemos dicho en toda la reunión.

—Eso no es verdad.

—Ah, ¿no? —pregunta Breaker—. Entonces, ¿quién hemos dicho que llegará dentro de cinco minutos?

¿Va a venir alguien?

—Eeeh…, ¿Karla? —me arriesgo a decir, sonando más patético de lo que me gustaría.

Breaker pone los ojos en blanco, mientras que JP levanta los brazos, cabreado.

Llaman a la puerta de mi despacho y Karla aparece con la tablet en la mano.

—Señor Cane, el señor Dwayne Hernández ha llegado.

—Gracias —le digo a Karla—. Hazlo pasar. —Cuando desaparece, me vuelvo hacia mis hermanos—. Viene Dwayne.

JP aplaude despacio con aire socarrón.

—Vaya, tío. Impresionante.

No tengo tiempo para ofrecerle una réplica sarcástica, porque Dwayne entra en mi despacho.

He hecho muchos negocios con Dwayne en el pasado. Es un buen hombre, alguien en quien confío, alguien con quien no me importaría seguir trabajando, en especial, porque lidera una constructora limpia, sostenible y

puntera. Es nuestro hombre de confianza. Y si hubiera prestado atención a mis hermanos en lugar de soñar despierto con Lottie, sabría por qué está aquí.

Pero no se me da mal improvisar.

Me levanto de mi escritorio y lo rodeo para darle la bienvenida.

—Dwayne, me alegro de verte. —Le estrecho la mano.

—¿Cómo estás, Huxley? —pregunta Dwayne antes de estrechar también la mano a mis hermanos.

—Bien. Bien. Por favor, sentaos. —Me uno a ellos en la zona de estar del despacho.

Dwayne se desabrocha la chaqueta del traje y toma asiento; su enorme cuerpo hace que apenas se vea la silla.

—¿Cómo están las niñas? —pregunto. Tiene tres hijas, de ocho, seis y dos años.

—Me hacen comer de la palma de su mano. Acabamos de instalar un tobogán en la piscina y ayer pasé tanto tiempo en el agua con ellas que creo que mis pelotas se han convertido en pasas.

Soltamos una carcajada.

—Pero ver esas caras sonrientes mientras caían al agua hizo que valiera la pena.

—Ya me imagino —digo—. ¿Y Maxine? ¿Cómo está?

Se remueve en su asiento.

—Está muy bien, y… embarazada de nuevo.

—Vaya, eso es genial —comenta Breaker—. ¿Y qué te parece a ti?

—Estoy emocionado. —Dwayne se frota las manos—. Espero que sea otra niña. Maxine quiere un niño, pero yo no. Sé que, si tenemos un niño, acabará siendo un gamberro como yo. Quiero tener otra niña, otro ángel como mi mujer.

Y esto es exactamente por lo que siempre contratamos a Dwayne. Porque es un buen hombre en todos los sentidos. Un padre de familia. Un tipo honrado. Un hombre íntegro.

—Sabes, puede que tener otro Dwayne Hernández en el mundo no sea algo malo —me río.

—Tus halagos siempre son bienvenidos. —Luego me hace un gesto con la mano—. Y supongo que hay que felicitarte o, al menos, felicitarte en broma. —Se ríe.

Eeeh…, ¿qué?

—¿Felicitarme en broma? —pregunto, alucinado, aunque me invade una sensación de temor.

—Sí. —Se ríe y se acomoda en su asiento—. Cené con Dave Toney la otra noche y me lo explicó todo sobre esa bola que le has contado sobre tu compromiso y que vas a ser padre. —Dwayne niega con la cabeza—. No sé si yo sería capaz de llevar a cabo algo así, pero Dave aseguró que lo estabas haciendo muy bien.

¿Qué coño dice?

Breaker y JP me miran con expresiones horrorizadas, que probablemente sean unas réplicas exactas de la mía.

—¿Dave… mmm… te ha dicho eso? —pregunto, sin saber qué más hacer.

—Sí. Dijo que no se imaginaba nada raro hasta que su prometida, Ellie, le abrió los ojos.

Mi mente empieza a dar vueltas. Siento el pulso martilleándome la cabeza mientras trato de entender lo que Dwayne está explicando.

¿Ellie le ha dicho a Dave que mi compromiso es falso?

¿Cómo ha podido saberlo?

A menos que…

No.

Lottie no diría nada. ¿O sí?

Es leal a mí. Eso me dijo.

Pero…

—Pero, sí, los proyectos que tiene para esos terrenos vacíos en el sur son una gran idea —continúa Dwayne.

¿Proyectos?

¿En el sur?

¿Se refiere a los terrenos que estoy tratando de adquirir?

Una furia ardiente y llena de confusión me estalla en la boca del estómago.

No, no es posible.

—No estaba seguro de poder encajarlo en mi agenda, pero de todas maneras me reuní con Dave. Es un tipo un poco extraño. ¿Has pasado mucho tiempo con él?

Demasiado tiempo. Y ahora sé por qué ha estado evitando reunirse conmigo. Qué capullo…

—Eeeh…, sí —digo, tratando de mantener la compostura, pero no lo estoy haciendo bien, ya que me noto unas gotas de sudor en el labio superior.

—Sin embargo, aunque tenga sus rarezas, es un tipo cabal. —Dwayne da una palmada—. Bien, deberíamos ir a la finca de Malibú, ¿no?

—Mmm… —Levanto el dedo y me pongo de pie—. ¿Podrías darme un segundo?

—Por supuesto. —Saca el teléfono del bolsillo del traje—. Si te parece bien, me gustaría llamar a Maxine para asegurarme de que todo está en orden. Tengo un mensaje de ella y, como tenía un extraño dolor de espalda esta mañana, quiero comprobar cómo va, asegurarme de que no ha pasado nada.

—Dile a Karla que te lleve a la sala de conferencias. Te ayudará encantada.

—Gracias —dice Dwayne, levantándose de la silla.

Sale de mi despacho.

—¿Qué coño ha dicho? —pregunta JP en el momento en el que se cierra la puerta—. ¿Que Dave lo sabe?

—Es la primera noticia que tengo —digo, pasándome la mano por el pelo frenéticamente.

—¿Cómo coño lo sabe? No le has dicho nada, ¿verdad?

—¿Estás loco? ¿Crees que le diría la verdad mientras intento firmar ese trato con él? Un trato que parece que no tiene intención de aceptar, ya que tiene planes para sacar provecho de nuestro proyecto. —Enfadado, me levanto de la silla y empiezo a pasearme por la habitación.

Lo sabe.

Dave lo sabe.

Y se lo está diciendo a la gente, a la gente con la que trabajo, lo que va a destruir mi reputación.

Mis peores temores salen a la superficie y la mortificación se me clava en el pecho.

—¿A quién más crees que se lo ha dicho? —pregunto—. Joder, esto puede ser un buen marrón.

—Esto podría ser el fin —añade JP—. Si se lo ha dicho a Dwayne, se lo habrá contado a alguien más. Dwayne es lo bastante maduro como para reírse de ello, pero no podría decir lo mismo de todas las personas con las

que trabajamos.

—En especial, de gente con la que podríamos querer trabajar en el futuro.

—Me tiro del pelo con las dos manos—. Joder, seguro que nos está convirtiendo en el hazmerreír de todo el mundo. ¿Qué coño hacemos ahora?

Tengo una reunión con él mañana mismo.

—¿Para qué? Está claro que no va a vendernos sus propiedades —

interviene Breaker, con la cara arrugada por la preocupación. Noto que se me revuelve el estómago al mirarlo.

Esto es lo que mis hermanos temían que ocurriera, que mi error y mi prepotencia se volvieran contra nosotros. No solo estoy jodiendo mi vida, sino también la de ellos, y eso duele más que nada.

Me han apoyado en las buenas y en las malas. Hemos levantado este negocio juntos, desde abajo. Hemos madurado, hemos pasado juntos por los problemas, los altibajos y los éxitos con muy pocos fracasos. Si esta mentira me afectara individualmente, sería algo que tendría que aceptar, pero destrozar a mis hermanos… Joder, no puedo imaginarme llevando esa carga sobre mis hombros.

—No lo sé.

—Creo que tienes que averiguar cómo se enteró —dice JP.

—¿Y cómo voy a hacer eso? —Inmovilizo a mis hermanos con una mirada, y lo leo en sus rostros. Por sus mentes pasa el mismo pensamiento que ha pasado por la mía.

—Dwayne ha dicho que Ellie lo sabía —dice Breaker—. Creo que…

Niego con la cabeza.

—No lo digas.

—Tienes que preguntarle —explica JP—. Tienes que enfrentarte a Lottie.

Y ahí está, la patata caliente, lo que no quería considerar.

—No creo que haya dicho nada —aseguro con firmeza, defendiéndola.

—¿No estuvo a solas con Ellie? ¿Antes de que salierais de verdad? —

pregunta Breaker.

—Sí, pero ella no habría dicho nada.

—¿No crees que podría haberle dicho algo por despecho? Al principio, discutíais por todo. Estoy casi seguro de que dijiste que había momentos en los que pensabas que te odiaba de verdad.

Hubo momentos en los que creo que apenas podía mirarme. Ni siquiera quería estar cerca de mí.

Pero…

—Firmó un contrato.

—A algunas personas eso no les importa —dice Breaker. Mira por encima del hombro para ver si viene Dwayne—. De cualquier manera, tienes que preguntarle, porque si fue Lottie, necesitamos saber exactamente lo que le dijo a Ellie.

—Joder —suelto; los nervios me tensan los músculos.

—No me gusta decir esto —añade JP—, en especial, porque Lottie me cae muy bien, pero Breaker tiene razón. Tenemos que llegar al fondo de la cuestión. Ella es la única persona que tiene una conexión cercana a la verdad y tuvo ocasión de decírselo a Ellie.

Me paso las manos por la cara.

—¿Y qué pasa si le dijo algo? Entonces, ¿qué?

Breaker se reclina en la silla.

—Entonces, creo que debemos llamar a las cosas por su nombre: nos ha jodido vivos. Y no estoy seguro de que podamos recuperarnos.

Y eso me hace sentir un frío resentimiento en las venas.

Que me jodan a mí es algo asumible.

Que jodan a mis hermanos es harina de otro costal.

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