Un mal comienzo
Unmalcomienzo-7
7
HUXLEY
—Te odio —me susurra Lottie al oído cuando se levanta de la mesa y me acaricia cariñosamente el hombro al pasar.
—Gracias, cariño —digo. No le quito los ojos de encima mientras coge mi vaso y va a la cocina para rellenarlo. No le gusta nada eso de «Servir a su hombre», como ha dicho Ellie. Lo pillo.
A Lottie parecen no gustarle muchas cosas.
Si no fuera por su maravillosa habilidad para esbozar una sonrisa y mostrar interés por la historia de amor de Ellie y Dave, sé que me encontraría con su inquebrantable ceño fruncido, un montón de comentarios sarcásticos y quizá un rápido borrón de sus manos enfadadas aquí y allá.
Es una fiera. Para ser tan menuda, tiene mucha fuerza.
Me resultó difícil mantener la cara seria en el coche cuando estaba enfadada conmigo. Pero supuse que encontrarle gracia a su enfado no iba a hacerme ganar puntos.
—Es genial —comenta Dave—. Entiendo por qué su abuela te la presentó. Y a Ellie parece caerle muy bien.
—Sí, soy bastante afortunado —digo, muy consciente de ello. Soy un cabrón con suerte, pues en tan poco tiempo (cuatro días, para ser exactos) he logrado encontrar a alguien que no ha tenido ningún problema para adoptar el papel de prometida embarazada y ayudarme.
¡Qué suerte tengo!
Lottie vuelve a entrar en la habitación con un vaso de agua en la mano y esboza una sonrisa enorme al acercarse a mí. El vestido, sí, es condenadamente perfecto en ella. Sabía que tenía unas tetas estupendas desde la primera vez que la vi, pero ¿qué decir de cómo las resalta este vestido? Son muy bonitas. No demasiado grandes, sino del tamaño perfecto, hechas para mis manos. Y con el pelo flotando alrededor de los hombros en ondas sueltas, de un hermoso color castaño, está muy guapa. Como he
dicho, soy un cabrón con suerte.
Me ofrece el vaso y se sienta. Me ladeo hacia ella.
—¿Has escupido en el agua? —le pregunto.
—Si Ellie no pudiera verme —responde, acercándose más—, habría lamido el borde, escupido en el agua y luego añadido vinagre como toque delicioso.
—Eres perfecta —digo un poco más alto para que Dave pueda oírme, alejándome de ella.
Me acerca la mano a la mejilla y me acaricia la barba incipiente.
—Lo sé.
Dave se ríe a carcajadas, mientras que Ellie suelta una risita.
—La respuesta idónea para un hombre tan poderoso —comenta Dave—.
Conozco a Huxley desde hace algunos años y tiene un gran concepto de sí mismo, como debe ser por el imperio que ha montado, pero ver que no le respondes que el perfecto es él… me pone contento.
Seguro que sí, Dave.
Lottie me sonríe, y puedo ver un brillo malvado en sus ojos cuando se vuelve hacia Dave y Ellie.
—Sé que me matará por decir esto… — Pues no lo digas, joder—, pero está lejos de ser perfecto. —Se echa hacia delante con aire conspirador—.
No sabe recoger los calcetines usados y llevarlos a la cesta de la ropa sucia.
Ellie suelta un jadeo y luego señala a Dave.
—A Dave también le pasa lo mismo.
Dave levanta la mano con una mirada tímida.
—Culpable. Pero he mejorado. Las broncas que me ha echado han funcionado.
—Mmm, tal vez debería regañarlo más —dice Lottie. Me pone la mano sobre el muslo, y aplica con las uñas más presión de la necesaria, en especial cuando desliza los dedos más hacia el norte. Eh, ahí, cuidado—.
¿Qué piensas, Hux? ¿Quieres lidiar con una prometida molesta?
—Creía que ya lo hacía —respondo con un guiño, con el que les hago saber a Dave y a Ellie que solo estoy tomándole el pelo.
—¿No os parece encantador? —pregunta Lottie—. Es lo que me conquistó de él, su encanto inherente, que no deja de aparecer cuando menos lo esperas. Eso, y que mi abuela decía que era un hombre triste y solitario que necesitaba algo de diversión en la vida.
Creo que puedo dejar de preocuparme. Veo que se está soltando.
Poniéndose cómoda.
Pero eso también me aterra un poco, porque Lottie es, sin duda, un elemento peligroso.
—¿No estamos todos tristes y solos? —pregunta Dave, negando con la cabeza—. Este mundo puede ser increíblemente despiadado. Brutal, a veces. Tener a alguien con quien volver a casa por la noche, alguien cariñoso, alguien que no quiera hablar de negocios, sino de nosotros, de nuestra relación… —Levanta la mano de Ellie y le besa el dorso—. Eso es lo que quiero. Es lo que necesitaba. Estoy seguro de que a ti te pasa lo mismo —me dice Dave.
Ajá, sí, totalmente.
Asiento.
—Las largas noches en la oficina me han destrozado. No sabía cuánto necesitaba a Lottie hasta que apareció como por arte de magia en mi vida.
Ellie suspira.
—¿No son los mejores? —le pregunta a Lottie.
—Por supuesto —responde Lottie con una sonrisa que sé que es fingida.
—Entonces, ¿cuándo pasaréis por el altar? —pregunta—. Nos ha sido casi imposible encontrar el sitio para celebrarlo. ¿Os habéis puesto a buscar?
Dejo el vaso de agua sin tocar y pongo la mano en la pierna de Lottie.
—Estábamos pensando en una celebración pequeña, quizá en el jardín.
—Uf, eso sería un sueño —dice Ellie—. La madre de Dave exige la fanfarria de una ceremonia y una gran recepción. Quiere campanas y flores para su hijo. Desde un grupo de música en directo hasta bengalas al final de la noche, pasando por la mesa de postres con más especialidades de las que nadie haya visto nunca. —Se echa hacia delante—. De acuerdo, estoy encantada con lo de los dulces, pero lo demás me pone nerviosa.
—Sí, pero estaré allí contigo, cariño —la sosiega Dave con calma—. Te prometo que será como si estuviéramos solos tú y yo.
Ver ese lado de Dave resulta esclarecedor. No es de extrañar que no conectáramos en el ámbito empresarial. Es una persona sensible. No era lo que esperaba al intentar hacer negocios con él, así que no seguí esa perspectiva. Al contrario, le hablé de mercados, le hablé de números, pero al pasar este tiempo con él esta noche, estoy viendo que por su cabeza no solo pasan cifras. Tiene corazón, y lo muestra también en las actividades
comerciales, por lo está claro que mi enfoque directo no sirve con él.
Pongo los ojos en blanco para mis adentros.
Demasiado sensiblero para mí.
Esto es un negocio, y eso le roba la emoción. Puede ser un buen acuerdo o un mal acuerdo. Puedes beneficiarte económicamente o no. Si no es una decisión comercial viable, paso página.
Y la verdad es que lo que le ofrecemos a Dave le beneficia de forma impresionante.
—¿Cuál sería la boda de tus sueños? —le pregunta Lottie, y cruza las piernas, acercándose más a mí. Estos son los pequeños detalles que agradezco. El lenguaje corporal, las miradas que me lanza, la mano que constantemente posa en algún lugar de mi cuerpo. Se le da muy bien, y no sé si eso debería alegrarme o aterrorizarme.
Ellie busca la mirada de Dave y le sonríe con delicadeza.
—Me encantaría casarme en un barco. Dave me propuso matrimonio en Malibú, al atardecer, en el agua, y ese momento se ha quedado grabado en mi mente como la perfección absoluta. Me encantaría alquilar un yate y que nuestros padres asistieran a la ceremonia. Besarnos como marido y mujer justo cuando se ponga el sol.
—Entonces, ¿por qué no hacéis eso? —pregunta Lottie. Me muevo en mi silla y le agarro la pierna con más fuerza, pues no quiero que inicie una pelea entre la pareja. Ellie ya ha mencionado que la familia de Dave es la que los presiona para celebrar la boda a lo grande. Sacar a relucir lo que parece ser un tema incómodo no puede ser bueno para nadie, pero Lottie no parece captar la indirecta o, más bien, parece que no le importa, porque me aparta la mano de su pierna y entrelaza nuestros dedos con una sonrisa en la cara.
—¿Qué quieres decir? —pregunta Ellie.
—¿Ya está la comida? —las interrumpo para intentar cambiar de tema—.
No puedo dejar que mi chica se quede con hambre. —Señalo a Lottie—. Se pasa el día comiendo.
Dave se ríe y mira a Ellie.
—Ella también.
Ellie aparta juguetonamente la mano de Dave y mira de nuevo a Lottie.
—¿Estás diciendo que deberíamos tener dos bodas?
¿Por qué vuelve a eso? Al infierno.
—¿Por qué no? —dice Lottie despreocupadamente—. Es decir, parece que este es un momento muy especial para los padres de Dave, y lo respeto.
—Lottie se lleva la mano al vientre—. Cuando este pequeño se case pondré un anuncio a página completa y contrataré una valla publicitaria para que todo el mundo lo sepa. Pero me pregunto si además podríais celebrar una ceremonia pequeña e íntima, en la que solo estéis vosotros, y luego, tal vez al día siguiente, llevar a cabo la boda que se está planeando. —Lottie se encoge de hombros—. Supongo que podéis planteároslo. Así todos contentos.
Dave se vuelve hacia Ellie.
—¿Eso te haría feliz, cariño? —le pregunta.
Ellie sonríe y asiente.
—En realidad, sí. Me encantaría, de verdad.
Cuando Lottie se vuelve hacia mí, me lo está diciendo todo con los ojos.
Y yo que creía que era el más chulito…
—Entonces, hablaré con mi madre y le contaré nuestros planes. Tendrá que estar de acuerdo con ellos.
Ellie besa a Dave con emoción justo cuando suena el timbre de la puerta.
—Ha llegado la comida. ¿Puedes encargarte, Dave? Lottie y yo pasaremos antes al comedor.
—Por supuesto.
—Te echo una mano —le digo a Dave; me levanto de la silla y luego le tiendo la mano a Lottie, que por suerte la acepta.
Ellie enlaza su brazo con el de mi prometida.
—Cómo me alegro de haberte conocido —le dice.
Juntas se dirigen al comedor, mientras que Dave me agarra por el hombro y me guía hasta la puerta principal.
—Tengo que confesarte que creo que nunca he visto a Ellie tan feliz. Tu Lottie es lo más. Tu abuela fue muy inteligente al presentártela. Te suaviza el carácter y llena de luz cualquier sitio donde está. Es un buen partido.
Si él supiera… Pero, joder, tengo que reconocer que se lo merece: Lottie está arrasando esta noche.
Es mucho más que un buen partido, es la perfección absoluta.
—¿De cuánto tiempo estás? —pregunta Ellie—. Supongo que de pocas semanas, ya que no parece que se te note en absoluto.
—Ocho semanas —anuncia Lottie, y luego me da un empujón con el
hombro—. Ay, no debería andar diciéndolo por ahí, pero parece que se le escapa más de lo que debería.
Devoramos los menús de Chipotle, y las chicas terminan antes. Si no supiera que no es cierto, pensaría que Lottie está embarazada de verdad por la forma en que iguala sin reparos el voraz apetito de Ellie. Ahora estamos sentados en una salita trasera, con el fuego encendido delante nosotros, Lottie y yo en un sillón, Dave y Ellie en otro. Lottie está acurrucada contra mi costado con la mano apoyada en mi pecho, y su pelo me hace cosquillas en la mejilla. Es muy pequeña y encaja contra mí a la perfección. No voy a admitirlo ante ella —porque oírla presumir al respecto sería irritante—, pero me siento bien con ella hecha un ovillo a mi lado.
Al parecer, he olvidado lo que es disfrutar de una compañera femenina, aunque, en realidad, tampoco es que lo haya hecho antes, pero he salido con algunas chicas, y disfrutar de este toque femenino, de la atención, sí, es agradable.
—A mí también me costó mucho guardarme la noticia —comenta Dave
—. Cuando descubres que tu chica está embarazada, es difícil no gritarlo a los cuatro vientos.
—Lo mismo digo. Parece que no puedo mantener la boca cerrada —
afirmo.
—¿Has comprado algo para el bebé? —se interesa Ellie.
—Todavía no. Pero he mirado algunas cunas de Pottery Barn que me han llamado la atención. A mi hermana le gusta la sostenibilidad, y en Pottery Barn fabrican muchos muebles con madera reutilizada.
—Oh, guau, me encanta eso. Dave, deberíamos mirar en Pottery Barn.
—Lo que tú quieras, cariño.
Dave siempre le dice que sí a Ellie. Desearía que también lo hiciera conmigo en los negocios. Tal vez debería emplear algunas de las tácticas de Ellie. Qué dirían mis hermanos si me vieran acurrucado contra Dave, acariciándole lentamente el muslo mientras apoyo la cabeza en su hombro.
Además, ¿Lottie ha estado mirando cunas de verdad? Dudo que diga algo que no sea cierto por miedo a que la pillen. Entonces, ¿cómo sabe tanto sobre las cunas de madera reutilizadas?
—¿Has visto? —me pregunta Lottie—. Dave le va a dar a Ellie todo lo que quiera. ¿Harás lo mismo conmigo? —Lottie me toca el pecho y me mira. Está a solo unos centímetros de distancia, y sé que, si yo fuera un
extraño mirándonos, pareceríamos una pareja de verdad. Todo gracias a ella.
—Sabes que puedes tener lo que quieras —respondo—. ¿Cuándo te he dicho que no?
Desliza el dedo entre los botones de mi camisa.
—Pero anoche, cuando te pedí…
—Mejor cuando estemos a solas —digo, sin estar seguro de lo que va a soltar, pero queriendo interrumpirla antes de que comente algo que no debería. Lottie es un comodín y se ha comportado muy bien toda la noche; pero podría estar a punto de meter la pata.
Dave se ríe.
—Será mejor que tomemos el postre mientras Lottie convence a Huxley para que haga… lo que sea que quiera que haga.
—Podría ser lo mejor —dice Lottie guiñando un ojo.
Dave y Ellie se retiran al interior de la casa. Cuando se cierra la puerta, Lottie se queda quieta, pero me mira con intensidad
—No me gusta que me aprietes la pierna cuando crees que voy a decir algo malo —me reprende, desaparecido ya cualquier rastro de dulzura de su tono—. Me van a salir moratones.
—No seas dramática.
Me pasa el dedo por la mejilla, rascándome la barba incipiente con la uña.
—En realidad, estoy llevando el peso del equipo. No me extraña que Dave no quiera hacer negocios contigo; eres un soso con una camisa cerrada hasta el cuello.
Frunzo el ceño, amenazador.
—No soy un soso.
—Es casi imposible conseguir que muestres algo de carácter. En serio,
¿dónde está el chico del Chipotle? Era mucho más divertido que con el que he estado siendo cariñosa toda la noche.
—No has estado siendo cariñosa.
—Pues a mí me parece que sí. —Me pasa el dedo por el labio inferior—.
¿Vamos a tener que besarnos en algún momento? Porque no estoy demasiado interesada. No me apetece nada besar a un soso.
—Que no soy un puto soso —me quejo.
—Pues me tienes engañada —dice—. Apenas te ríes. Eso ayuda, ya sabes…, reír, interactuar. Hacer una broma de vez en cuando. Sé que es un
socio de negocios, pero relájate, hombre.
—¿Qué tal si dejamos las interacciones comerciales para mí y tú sigues haciendo lo que sea que estés haciendo?
—Oh, ¿conseguir que parezcas simpático porque hay el suficiente sentido común en ese cerebro tuyo del tamaño de un guisante para pedirme que me case contigo de mentira?
—Es un asco tenerte tan cerca —digo.
Arquea las cejas y luego abre mucho los ojos por la ira.
—¿Es un asco tenerme cerca? Eeeh…, le dijo la sartén al cazo: no te arrimes, que me tiznas. Además, no sé cómo te da asco tenerme cerca cuando está claro que soy la que da vida a esta película de Hallmark que hemos estado viviendo en las dos últimas horas —susurra—. Tengo veintiocho años y tengo que hablar de matrimonio, de bebés y de qué tipo de sábanas me gusta usar en mi cama —sigue susurrándome—. Mátame, camión…
—Entonces, habla de algo que te guste —sugiero.
—Oh, ¿en serio quieres que haga eso? ¿Les hablo del último consolador que me he comprado en una página erótica? Les contaré que me encanta usarlo en la ducha porque tiene una ventosa.
Dios. Mío.
Me muevo en el asiento y me giro más hacia ella.
—No, no saques ese tema.
Sonríe.
—Pero pensaba que querías que hablara de lo que me gusta.
—Por esto es por lo que es un asco tenerte cerca.
—Dijo el que tiene un palo en el culo. —Sus ojos viajan a mis labios y luego vuelven a subir—. Eres muy borde.
—Y tú estás chiflada.
—Cuando abres la boca, la gente se duerme —responde ella.
—Eres odiosa.
—Eres idiota.
—Estás salida.
—Eres un mandón.
—Ay, míralos… —dice Ellie, que vuelve a acercarse—. Son tan monos juntos… ¿Verdad, Dave?
—Son perfectos el uno para el otro.
Si ellos supieran…
Le sonrío a Lottie y le acaricio un lado de la cara con cariño antes de girarme hacia Ellie y Dave y la bandeja con trozos de bizcocho que traen.
—Quería hacer tarta de melocotón, pero ayer empezaron a darme náuseas los melocotones, así que espero que a todos os guste el bizcocho de fresa.
—Ellie se vuelve hacia Lottie—. Lottie, tengo que darte la receta. Es para morirse.
Lottie se aparta un poco de mí, pero sigue con la mano en mi pierna.
—Me encantaría, Ellie. —Me aprieta el muslo con fuerza mientras se incorpora, y sé exactamente lo que significa ese apretón: «Antes muerta que intercambiar recetas con Ellie».
¿Sabes qué ha sido lo peor de esta noche?
No ha sido tener que esquivar las preguntas sobre nosotros que Ellie nos ha lanzado a diestro y siniestro.
Ni tocar el vientre plano de Lottie en alguna ocasión, como hace Dave con el ya ligeramente redondeado de Ellie.
Ni tener que ver cómo un hombre al que respetaba en una sala de juntas queda convertido en un ser balbuciente que está de acuerdo con todo lo que Ellie tiene que decir.
Ni tampoco que la idea de que Lottie tenga un maldito consolador con ventosa que usa en la ducha esté dando vueltas en mi cabeza.
Puedo ocuparme de todo eso.
Lo que no soy capaz de soportar es no haber podido aprovechar un minuto de ese tiempo para estar a solas con Dave. No he tenido la oportunidad de sacar el trato a colación ni una sola vez. Ni siquiera se ha dado la ocasión de mencionarlo, porque no es apropiado cerca de Ellie y Lottie. Los negocios deben mantenerse separados del «tiempo en familia», pero creí que iba a poder escabullirme con Dave en algún momento. Pero allá donde mire, Ellie tiene las garras clavadas en Dave, y él es el más feliz de los hombres por ello.
Ellie bosteza.
—Oh, qué noche más divertida… Me lo he pasado muy bien.
—Yo también. —Lottie también bosteza y luego me da una palmada en el pecho—. Aunque deberíamos irnos. No queremos ser los causantes de
impedir que disfrutéis de un sueño reparador, ¿verdad, Dave?
Dave se ríe y asiente.
—Oh, sí, Lottie, tú sabes que necesito descansar o por la mañana no habrá quién me mire.
—Diría que la intimidación no es algo malo para un hombre en tu posición —comenta Lottie—, pero después de pasar la velada con vosotros, voy a asumir que ese no es tu modus operandi habitual, Dave.
—Estarías en lo cierto. Muy perspicaz, Lottie.
Finge una reverencia.
—Gracias. —Y luego se vuelve hacia mí—. ¿Preparado, mofletitos?
Tampoco me gusta ese apodo.
—Sí. —Me levanto de la silla y la ayudo a levantarse también. Luego me vuelvo hacia Dave y le ofrezco la mano para que me la estreche, consciente de que ha llegado el final de la velada y no hemos hablado de nada—.
Dave, gracias por invitarnos esta noche. Ha sido un placer conocer a Ellie.
—Me alegro de que hayáis podido venir.
Nos guían por la casa y, cuando llegamos a la puerta, Ellie le da un abrazo a Lottie y Dave me ofrece otro apretón de manos. Es todo tan hogareño, tan cómodo, que me hace sentir claustrofobia. Noto una obstrucción en la garganta, y mientras Lottie se despide otra vez, me limito a asentir antes de acercarme al coche para abrirle la puerta. Poso la mano en su espalda mientras sube, y cierro la puerta cuando se ha acomodado.
Rodeo el vehículo y me siento detrás del volante. Dave y Ellie están en la puerta, abrazados por la cintura, sonriéndonos. Si esto es lo que implica tener una prometida —domesticidad y docilidad—, me alegro mucho de que nunca haya nada parecido entre Lottie y yo.
Nunca habrá nada parecido con nadie, y punto.
Arranco el coche y me despido una vez más con la mano antes de recorrer el camino de entrada circular y bajar por el sendero de grava. Por fin puedo respirar profundamente.
Lottie también lo hace, pero luego se encorva en su asiento.
—Siento que por fin puedo ser yo. —Una sonrisa de satisfacción le curva los labios—. Ha sido una experiencia irreal. Me he sentido como si me hubiera transportado a otro cuerpo y fuera este quien controlara cada una de mis palabras y acciones. Porque si hubiera estado en mi propio cuerpo, le habría arrebatado a Ellie el trozo de bizcocho de la mano después de darle
un rodillazo en la cabeza para asegurarme de que no lo devolviera. Estaba buenísimo. Habría comido más. ¿Y qué me dices de que Ellie se ofreciera a compartir la receta conmigo? No, no quiero la receta, quiero que alguien me la haga.
—Me alegro de que no le dieras un rodillazo en la cara.
—Se lo estaba comiendo muy despacio. Para mí que estaban haciendo una especie de juego erótico delante de nosotros.
—No estaban practicando ningún juego de esos delante de nosotros —
digo, bloqueando ese pensamiento con rapidez.
—¿Estás seguro? ¿Estabas prestando atención? Porque lo cierto es que parecías un robot. Se ha puesto a lamer la cuchara provocativamente y luego lo miraba a él. A Dave lo vi moverse en su asiento un par de veces.
Te apuesto lo que quieras a que ya se han quitado la ropa y están follando contra la puerta de entrada en este mismo momento. Aunque Dave no parece un empotrador. —Considera esto último durante un rato—. Bueno, en realidad suelen ser los silenciosos los que son unos folladores natos. —
Se gira hacia mí—. Tú eres silencioso, ¿cómo te comportas en la cama?
—No es algo de lo que tengas que preocuparte —respondo.
—Dios —gime con frustración—. Gracias por esa respuesta evasiva.
Sacaré entonces mis propias conclusiones, y supondré que tienes una salchicha diminuta y no sabes cómo usarla.
Agarro el volante con más fuerza.
—¿Qué tal si no hablamos?
Estoy enfadado. Necesito guardar silencio durante el trayecto. Porque aquí estaba yo, yendo a una reunión de negocios, pensando que estaba a punto de cerrar un trato, y ni una sola vez hemos hablado de negocios; salieron a colación las diferentes variantes del color crema, el impacto que puede tener una simple alfombra en un comedor y las distintas formas de servir una tosta con aguacate. Dios…
—Oh, he dado en el clavo. Sí que tienes una salchichita. Probablemente por eso estás soltero y pasas tanto tiempo en la oficina; por eso no tenías un catálogo de chicas al que recurrir y tuviste que buscar una chica al azar en la calle. Ahora todo tiene sentido.
—Lottie, basta.
Pero no se calla.
—Te das cuenta de que puedes atrapar más moscas con miel, ¿verdad?
Puedes cambiar un poco tu actitud. Después de todo, somos socios en este negocio. ¿Qué te parecería si te llevara a la reunión del instituto y te hablara como tú me hablas a mí?
No respondo. En cambio, recuerdo lo cómodo que parecía Dave. Tan en su sitio. No es que lo viera incómodo en las reuniones, pero no parece su lugar. Se muestra a disgusto, desconfiado. Pero sentado en su casa, con Ellie a su lado, ha bajado la guardia.
—Estoy segura de que no te gustaría esa actitud. Deberías hablar a los demás como quieres que te hablen a ti. No creo que sea tanto pedir. Y ya que estamos en esto, trata a los demás como quieres que te traten…
—¿Puedes callarte un maldito segundo? —pregunto, con la mente acelerada, tratando de juntar las piezas.
—¿Perdón? —dice ella, cruzando los brazos—. ¿Te importaría preguntarlo con algo más de educación? Porque, a menos que quieras que regrese a esa casa y les enseñe un test de embarazo negativo, yo cambiaría de actitud.
—Has firmado un contrato.
—¿Y sabes qué? Creo que mi familia preferiría que lo perdiéramos todo antes de que me ataque verbalmente un idiota. Soy un ser humano, Huxley, trátame como tal —me suelta, airada, y luego se gira en el asiento para no mirarme a mí, sino a la ventanilla.
Joder.
Me siento culpable, porque tiene razón.
Es un ser humano y hoy ha hecho un trabajo de puta madre. Por lo general, no soy tan idiota. Sé comportarme de forma educada, así que ¿por qué he pasado de mis buenos modales con Lottie?
La miro. Está impertérrita; no hay nada que pueda decirle en este momento, nada traspasará el muro que ha levantado, así que, en lugar de intentar ofrecerle una disculpa a medias, me quedo en silencio durante el resto del viaje, sumido en mis propios pensamientos y reviviendo la noche.
Dave parece estar más receptivo en su casa, cuando está con Ellie, pero me ha quedado claro que tampoco quiere hablar de negocios en esa situación. Entonces, ¿cómo podría combinar las dos cosas?
Normalmente no me empecinaría tanto un trato como este. De hecho, nunca me he comportado así. Nunca he tenido que mentir ni ser un completo gilipollas con nadie para conseguir mis objetivos. Pero, con los
ojos puestos en los diez millones de dólares de beneficio que este acuerdo va a hacerme ganar, no hay quien me pare. Cane Enterprises necesita esas propiedades. Y eso es mi prioridad.
Al final serán mías, lo garantizo.
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