Un mal comienzo
Unmalcomienzo-13
13
HUXLEY
—¡Huxley, Lottie, aquí! —grita Ellie, agitando la mano mientras se balancea sobre una pelota de ejercicios.
Aprieto la mano de Lottie y la guío hasta la jubilosa mujer embarazada.
Me preocupaba estar invadiendo la agenda de Lottie con esta petición, no sabía lo que estaba haciendo, pero no pareció importarle. De hecho, está de buen humor, lo que me desconcierta. Todavía sigue siendo borde, pero parece que se ha suavizado un poco.
Lottie me mira por encima del hombro.
—Cualquiera diría que acaba de salir del manicomio —comenta.
Me río y observo a Ellie. Rebota demasiado en la pelota, lleva leggings y un sujetador deportivo, su melena se agita de un lado a otro y una sonrisa gigante le curva los labios. Lottie tiene razón.
Justo entonces Dave se acerca a Ellie por detrás y la frena un poco, poniéndole las manos en los hombros. Me ve y me saluda.
—Me alegro de que hayáis podido venir.
Nos acercamos a ellos, y Ellie abraza a Lottie de inmediato, mientras que Dave me da un fuerte apretón de manos.
—Te encantará Heaven —asegura Ellie—. Es la mejor.
—¿Heaven? —pregunta Lottie, confundida.
Coloco la mano en la parte baja de la espalda de Lottie
—La profesora prenatal. ¿Recuerdas que te he hablado de ella en el coche? —digo.
No le he dicho nada. Porque leer «Creo que has encontrado a alguien a tu altura, Huxley Cane» me ha inspirado. En lugar de hablar sobre la salida de hoy, he entrado a saco, y le he dicho que debía hacerse ya la pedicura, que le había pedido cita para que sus rugosos pies no rayaran los preciosos suelos de madera. Y la mirada asesina que me ha lanzado Lottie cuando le he dicho que no me quedaba más remedio que llamar al carpintero para que
revisara una raspadura en el suelo donde ella había pisado no ha tenido precio.
—Oh, sí, lo siento. —Se golpea la cabeza—. Desconcentración de embarazada. —Se vuelve hacia Ellie—. ¿Estás segura de que no es demasiado pronto para hacer algo así? —le pregunta.
Ellie hace un gesto para que Lottie olvide sus preocupaciones.
—Creo que cuanto más puedas aprender y practicar, mejor.
—Eso es lo que le he dicho yo en el coche —intervengo.
—Nos encanta aprender, ¿verdad, Hux? —me replica ella.
La miro.
—Por supuesto. Nos encanta aprender.
—Entonces, estáis en el lugar adecuado —dice Dave—. Coge una esterilla de yoga, una pelota y uno de esos cojines. La clase está a punto de empezar.
—Genial.
Estoy volviéndome hacia la pared cuando Lottie me aprieta una mano entre las suyas, recordándome que debo ser cariñoso en este momento.
Juntos, nos acercamos a la pared donde está todo el material.
—¿Qué demonios se supone que vamos a hacer con una pelota gigante, una esterilla de yoga y cojines? —susurra por lo bajo para que no la oigan
—. No soy muy flexible, Huxley. Estoy rígida y, cuando me pongo en cuclillas, me crujen las rodillas. Puede que tenga veintiocho años, pero mi cuerpo parece el de una mujer artrítica de setenta y cinco.
—No creo que sea una clase de flexibilidad.
—¿Has estado en alguna?
La miro con intensidad.
—¿Te parece que he estado antes en alguna?
Se encoge de hombros.
—No sé qué haces en tu tiempo libre.
—Esto no —siseo. Tengo que empezar a pensar antes de reaccionar ante las situaciones, es decir, no decir que sí a todo lo que Dave me sugiera—.
No creo que se nos exija ser profesionales. Es nuestra primera vez.
—¿Y si tenemos que imitar posiciones sexuales? —Me mira por encima del hombro.
—¿Por qué cojones tendríamos que hacer eso?
—No lo sé —susurra—. Estamos en Los Ángeles, en una clase de
preparación al parto. Un lugar donde les gustan de verdad los cereales de avena. Y están siempre a la última. ¿Y si esta clase no es sobre la respiración, sino más bien sobre el viaje, sobre el proceso? Por si no lo sabes, publicamos una historia sobre este tema en Angeloop; no solo se hablaba del parto, sino también de que tenías que compartir el embarazo con toda la clase. ¿Y si es así?
—Acabas de quedarte embarazada. Estás de ¿qué?, ¿seis semanas?
Abre los ojos de par en par.
—No lo sé. ¿En serio? No recuerdo lo que dije.
—¡Dios mío! —Me paso la mano por la cara.
—¿Todo bien? —pregunta Dave—. ¿Necesitáis ayuda?
—Todo en orden —digo con una sonrisa, y le hago un gesto con la mano.
Me vuelvo hacia Lottie—. Creo que dijiste que estabas de ocho semanas.
—¿Estás seguro?
—No —respondo—. Pero me suena.
—Tú eres el cerebro de la operación, se supone que debes apuntar estas cosas —me sisea—. ¿Qué clase de madre voy a parecer si ni siquiera puedo recordar cuántas semanas tiene el pequeño anacardo que llevo en mi vientre? —Se acaricia el vientre plano.
—Entonces, deberías recordar lo que dijiste.
Entrecierra los ojos.
—Discúlpame por ponerme en un aprieto y no acordarme. Teniendo en cuenta que a menudo me desmayo en situaciones de estrés…, estás de suerte.
—Estupendo —murmuro, y luego busco un cojín. La camaradería que teníamos en el coche se está evaporando muy deprisa—. Tal vez deba evitar la pregunta si me la hacen.
—Sabes que el profesor va a preguntar, todo el mundo pregunta eso. —Es algo que preguntan incluso cuando se supone que no deben preguntarlo. Es un tópico común de las charlas sobre el embarazo—. «Hola, Judy, ¡así que estás embarazada! ¿De cuántas semanas?». «Gracias, Carolyn, sí, el pequeño plátano tiene ya treinta y dos semanas».
—¿A las treinta y dos semanas tiene el tamaño de un plátano?
—¿Y yo qué sé, Huxley? Hacía que cotorreaba.
—Ahh…, pues por el amor de Dios, no cotorrees.
Veo que esboza una sonrisa porque Ellie se acerca a nosotros
—Cotorrear es el resultado de pillar a una aficionada en la calle —asegura Lottie.
—¿Estáis nerviosos? —pregunta Ellie cuando llega a nosotros. Pone la mano en el brazo de Lottie para tranquilizarla—. Lo entiendo. Yo también estaba nerviosa la primera vez. Puede ser embarazoso tener que hacer todas esas cosas delante de la gente, pero te prometo que estás en un lugar seguro.
Y empezar con solo ocho semanas de embarazo te da más tiempo para sentirte cómoda. —Coge una pelota de la estantería—. Venga, os la llevo yo.
Cuando Ellie ya no puede oírnos, Lottie se vuelve hacia mí.
—Gracias a la moderna esposa de Stepford, ya sabemos que estoy embarazada de ocho semanas. —Suelta un profundo suspiro—. ¿Y qué coño vamos a tener que hacer delante de la gente?
—No lo sé —confieso, mirando a la gente que forma el círculo—. No puede ser tan malo, ¿verdad?
—Inspirad y… espirad profundamente. Eso es, y cuando estéis preparados, empezad a pulsionar contra vuestra pareja. —Lottie está debajo de mí boca arriba, con las piernas muy separadas, y sus ojos muestran un peligroso tono sangre mientras se agarra las rodillas. Al mismo tiempo, yo aprieto mi entrepierna cubierta por los vaqueros contra su sexo—. Conectar con el momento de la concepción os acercará cada vez más a la pequeña semilla.
Recordad esa noche, lo que sentisteis. ¿Fue apasionada? ¿Fue seductora?
¿Qué implicó? Si alguien está intentando quedarse embarazada, que piense en conectar con su pareja. Mantened el contacto visual. Mantenedlo siempre.
—Quiero morir —murmura Lottie.
—Lo mismo digo —vocalizo en silencio.
Como hemos descubierto muy pronto, se trata de una clase para todo el mundo, no solo para las parejas que están embarazadas, sino también para las que lo están intentando. No es Lamaze en sí, se trata de que aprendas a conectar con tu cuerpo y con el de tu pareja, de ahí la posición sexual en la que me encuentro.
—Dave, tu ritmo es hermoso, y el contacto visual que mantienes con Ellie… Puedo sentir cómo crece tu pasión, que tus entrañas se agitan
mientras te preparas para darle tu semilla.
Lottie se muerde el labio inferior para intentar mantener la compostura.
—¡Qué imagen tan hermosa, Dave! Y ahora, Ellie, por favor, deja caer la cabeza hacia atrás por la pasión, piensa en lo que estás haciendo con tus manos. ¿Te estás acariciando los pechos? ¿Acariciando a Dave? Cuanto más evolucione este momento hacia la realidad, más abrirás tu flor y recibirás todo el amor que Dave tiene para ti.
—Voy a vomitar —susurra Lottie.
—Cierra el pico y haz como si disfrutaras de mis pulsiones —respondo, tenso.
—Pero no es así. Tus pulsiones son cualquier cosa menos agradables.
—Eso no fue lo que dijiste anoche.
Me mira con los ojos entrecerrados.
—Anoche me follaste con los dedos, no me pulsionaste con la pelvis. Es diferente.
Me atraganto y empiezo a toser, lo que, por supuesto, atrae la atención de la instructora hacia nosotros. El tintineo de las pulseras que lleva en sus muñecas anuncia su proximidad y hago una mueca al ver sus zuecos. Joder.
—Nuestra nueva pareja, Hanley y Lonnie. Por ahora parecen incómodos.
En primer lugar, somos Huxley y Lottie.
En segundo lugar, no estábamos preparados para fingir una maldita orgía al venir a esta clase.
En tercer lugar, sí, estamos incómodos porque nunca hemos concebido ni intentado hacerlo, joder.
Pero no lo digo. Me limito a sonreír.
—Creo que estábamos borrachos la noche que concebimos.
—Por eso tardó tanto en correrse —dice Lottie, y, cuando la miro con el ceño fruncido, me sonríe.
—No tardé mucho, nunca tardo mucho con ella —respondo, apretándole los costados para recordarle quién está pulsionando a quién.
—Oh, una noche de borrachera. Una de mis parejas favoritas, porque todo es posible, ¿verdad? Incluso hacer el amor sin protección, que supongo que es lo que pasó.
Que alguien me mate, por favor…
—Sí —interviene Lottie—. Eso es. Ya habíamos follado mucho antes de eso, pero solo fue necesaria una noche de copas jugando al Catch Phrase en
el jardín con unos amigos para pifiarla. Subimos las escaleras a trompicones, llegamos a nuestra habitación completamente vestidos y, de repente, bam, me di la vuelta y allí estaba Huxley, de pie y desnudo en toda su gloria. Con solo una mirada a su erección, supe lo que quería. Recuerdo vagamente haber dicho «A la mierda los condones» y que los tiré por la ventana antes de saltar sobre él. El encantador chico de la piscina los encontró en el agua al día siguiente. Comentó que nunca había sacado condones antes. Es un buen chico.
Está cotorreando. Dios mío, está cotorreando.
—Oh, ¿entonces le saltaste encima? —pregunta Heaven.
—Sí.
No tiene sentido detenerla.
—Por lo tanto, ¿habrá sido esta la posición en la que se encontraba?
—En realidad, no —dice Lottie—. Esta no es la posición en la que estábamos. Me encanta ponerme encima.
Heaven se ríe.
—Bueno, por eso esto os resulta tan incómodo, porque no estamos pensando en el auténtico día de la concepción. Si no lo estamos recreando correctamente, no estamos conectando con nuestro bebé. —Nos hace un gesto con las manos—. Por favor, por favor, levantaos y volved a intentarlo.
Volved a rememorar esa noche.
—¿Debo emborracharme también? —pregunto.
Heaven se ríe de nuevo.
—¿No crees que eso es pasarse?
Claro que no, joder.
Me pongo de espaldas y apoyo la cabeza en la almohada, mientras Lottie se sube encima de mí y une su centro al mío.
—Ya veo que esto es mucho más cómodo para los dos. —Heaven se pone de rodillas y se acomoda junto a nosotros. Las otras parejas siguen pulsionando, hablando entre ellas, conectando, y no puedo evitar preguntarme cómo coño está Dave de acuerdo con esto. No solo parece cómodo, sino que participa activamente. Algunos podrían decir que es el preferido de la profesora.
—Hanley, cuéntame lo que recuerdas. ¿Tenía las tetas al aire?
Entonces, ¿vamos a ir paso a paso con la instructora?
¡Dios!
—Ah, sí. Estaba completamente desnuda.
—Vale, vale.… Y cuando la recuerdas así, con sus pechos rebotando delante de ti, sus pezones duros por la excitación, ¿dirías que es en ese momento cuando tus entrañas sabían que ibas a dejarla embarazada?
Esto…, ¿qué?
—En realidad, no estaba pensando en dejarla embarazada. No ha sido planeado.
—Oh, ya veo. —Heaven asiente—. Fue solo una noche de pasión, algo visceral. —Se acerca, coge las manos de Lottie y le pone una en el pelo y la otra en el pecho. Luego la ayuda agarrándola por las caderas y moviéndola sobre mi polla. Guau, más despacio—. ¿Dirías que esto te resulta familiar?
—Sí —asegura Lottie—. Muy familiar. —Sus caderas se arquean contra las mías, se muerde el labio inferior y veo cómo desliza los dedos por el duro pezón.
Joder.
¡JODER!
De ninguna manera voy a ponerme duro en una estúpida clase de preparación al parto con Dave a mi lado.
Pero Lottie está consiguiendo que eso sea muy difícil, en especial porque lleva ese top corto y puedo ver retazos de su piel desnuda, la misma piel desnuda que toqué y acaricié anoche.
—Hanley, necesito que te centres en el momento. Estás pensando demasiado. Finge que no hay nadie más que Lonnie y tú. —Es difícil hacerlo con una gallina clueca ladrándome al oído—. Contempla la forma en que el cuerpo de Lonnie pulsa contra el tuyo. Se expresa con pasión, mira cómo desliza los dedos sobre sus pechos, cómo se tira del pelo.
Jesús, esto no ayuda en absoluto.
Estoy muy tenso, casi rozo las orejas con los hombros, y dejo caer las manos sobre sus muslos, tratando de conseguir que aminore un poco para poder recuperar el aliento.
—Eso es —la anima Heaven—. Así, Lonnie, sigue el ritmo. —
Lentamente, la profesora retrocede y se mueve hacia el centro del grupo—.
No flaquees, Lonnie, sigue avanzando como hasta ahora.
Lottie asiente y luego me mira.
—¿Intentando que no se te ponga dura?
—Eres una creída —susurro.
—Después de lo de anoche, me cuesta creer que esto no te la pone dura.
—Continúa con su ritmo.
—No soy un adolescente. Sé cómo controlarme.
—Estoy de acuerdo. —Y luego mueve la mano que tenía en el pelo y la pone en la parte baja de mi estómago. El cambio de posición hace que se eche hacia delante lo suficiente para permitir una mejor fricción. Acelera el ritmo y me embiste después de levantarse, y cae sobre mi polla en el punto justo. Una oleada de calor me recorre y mi erección empieza a alzarse.
Aprieto los dientes, trato de bloquearla, de no establecer contacto visual, pero cada vez que se sube, vislumbro el bralette de encaje verde oscuro que lleva, y eso no ayuda a la causa.
—No recuerdo el día de la concepción —dice Lottie mirándome a los ojos
—. Pero te aseguro que me acuerdo de anoche y de cómo conseguiste que me corriera.
Joder.
Me desmadro y ella lo sabe, porque sonríe mientras se impulsa contra mí.
—Mmm, tener tus dedos así dentro de mí fue… —Se humedece los labios
—. Quería más. Se echa hacia delante y me mira con intensidad—. Tuve que volver a correrme con el vibrador, imagínate lo que me excitaste.
Joder, joder… Mi polla empieza a hincharse debajo de ella, y una sonrisa de satisfacción cruza por su cara.
—Ahí tienes. La venganza es un plato que se sirve frío, Hanley.
Aprieto los dientes, mi polla pide más.
—Recuérdalo, porque esto no ha terminado —la amenazo, y ella sigue pulsionando sobre mí, poniéndome cada vez más duro hasta que… Heaven da una palmada.
—Vale, pongámonos en otra posición.
La tensión en la sala es palpable y, mientras todos se separan de sus parejas, me doy cuenta con rapidez, por el cambio de ambiente en la estancia, de que no soy el único excitado.
Pero es la imagen a mi izquierda la que de verdad hace que me replantee todas mis decisiones. De pie, alto y orgulloso, con las manos en las caderas, está Dave, con una enorme erección abultando sus pantalones.
Madre del amor hermoso…
Esa visión nunca se borrará de mi cabeza.
No, Dave, al parecer, está reclamando su territorio, dejando que todos los
presentes sepan que es el campeón de las erecciones.
No sé si debo aplaudir, horrorizarme o lavarme los ojos con lejía cuando llegue a casa.
Lo más probable es que haga lo último.
HUXLEY: Acabo de ver a Dave empalmado.
Breaker: Eeeh… ¿Qué?
JP: Por favor, dime que no has sido tú el que le ha provocado la erección. Estoy a favor de hacer lo que sea necesario, pero, tío…, anda ya.
Huxley: Lo único que puedo decir es que la clase de preparación al parto ha sido un fiasco. Hemos tenido que simular la procreación. Ahí pulsiona todo el mundo.
Breaker: ¿Tú y Dave habéis tenido que fingir que procreabais? Joder, ¿quién estaba pulsi… qué?
JP: Mi opinión es que Dave estaba pulsionando a Hux.
Huxley: No, Dios. Estábamos practicando con nuestras respectivas prometidas.
Breaker: Ohhh… ¿Significa eso que pulsionaste a Lottie?
JP: Las cosas se ponen interesantes.
Breaker: ¿Que Dave haya tenido una erección pone las cosas interesantes?
JP: Espera… ¿Tú también has tenido una erección, Hux?
Breaker: ^^ Esto. Por favor, responde a esto.
Huxley: Estaba bien hasta que se ha subido encima de mí, se ha agarrado las tetas y ha empezado a moverse.
Breaker: Joder.
JP: ¿Era una clase? Suena más bien a un buen rato. ¿Dónde puedo apuntarme?
Huxley: Tienes un serio problema.
JP: Lo dice el tipo que se ha empalmado durante una clase de preparación al parto al lado de un colega de trabajo.
Huxley: No estabas allí. No lo sabes.
Breaker: ¿Al menos has felicitado a Dave por su erección?
Huxley: ¿Desde cuándo un tipo felicita a otro por su erección?
Breaker: Podría ser agradable. Una firme palmada en la espalda y luego un cumplido. «Buena tranca, tío».
Huxley: Solo Dios sabe por qué hablo con vosotros.
—Qué clase tan maravillosa, ¿no crees? —pregunta Ellie, y lame el helado de menta y chocolate en un cono de gofre enorme.
—Oh, sí, ha sido genial —responde Lottie, aunque sé que su voz destila sarcasmo.
No ha sido una clase maravillosa. Ha sido una pesadilla, por muchas razones.
—¿A que Heaven es una instructora maravillosa? —pregunta Dave—. A mí me ayuda a conectar a otro nivel. Ellie y yo hemos fortalecido nuestra relación gracias a ella.
—Sí. —Me acerco a Lottie, pongo la mano en el respaldo de su silla mientras compartimos un cono de helado. Y cuando digo «compartir» me refiero a que se lo come todo ella sola—. Heaven es genial. Me ha hecho pensar en cosas que nunca había considerado. —Es la verdad. Sin tapujos, me ha llevado a un nuevo nivel.
—¿Crees que seguiréis con las clases? —pregunta Ellie, llena de esperanza.
—Depende del horario de Lottie —respondo—. Está poniendo un negocio en marcha con su hermana, así que no tiene mucho tiempo.
—¿En serio? —pregunta Dave, que parece interesado—. ¿Y de qué…? —
Baja la mirada a su móvil, que vibra encima de la mesa—. Joder… Es Gregory. Quiero visitar una de nuestras propiedades —explica con pesar—, y le dije que me enviara un mensaje cuando estuviera listo. Por mucho que lo lamente, tengo que irme ya.
—Lo entiendo perfectamente —respondo, y voy a despedirme de él—.
Nosotros también tenemos que irnos. Después de terminar el helado, por supuesto.
Dave se levanta y ayuda a Ellie.
—Sí, disfrutad del día soleado. Espero que nos encontremos de nuevo
pronto.
—Me encantaría —dice Ellie con un arrullo—. Estoy deseando volver a estar con vosotros.
Se despiden y se van de la mano hacia el coche.
En lugar de soltar a Lottie de inmediato, mantengo el brazo firmemente plantado donde está.
—¿Vas a compartir el helado conmigo?
—No —dice, y le da un enorme mordisco al helado Rocky Road que hemos decidido tomar juntos—. Es solo mío. Es lo mínimo que puedes hacer.
—¿Sabes?, no has sido la única que se ha visto atrapada en un agujero negro en esa clase —le siseo al oído, pero mantengo una postura y una expresión neutrales. Dave y Ellie aún podían vernos.
—¿Estás refiriéndote a tus pelotas moradas? —pregunta Lottie, con una sonrisa lobuna en los labios.
Sí, tal vez un poco.
Las pelotas moradas están en pleno apogeo en este momento.
No ayuda que siga imaginándola encima de mí, embistiendo mi polla mientras se agarra el pecho…
—Lottie…, mi Lottie, ¿eres tú?
Al instante, Lottie se pone rígida a mi lado mientras una rubia de piernas largas se acerca a nosotros ataviada con una falda rosa chicle y un top blanco. Esa mujer parece sacada de Una rubia muy legal.
Lottie se endereza y me pone la mano en el muslo. Con ese movimiento
—su mano reclamándome—, me dice algo importante: sea quien sea esta mujer, necesita que yo interprete mi personaje.
—Angela —dice Lottie después de tragar el helado—. ¿Qué… eeeh…
qué estás haciendo aquí?
¿Angela? ¿La examiga que despidió a Lottie?
Angela me mira, y sé que me reconoce en el acto porque se lleva las gafas de sol a la punta de la nariz y se queda con la boca abierta.
—¿Huxley Cane? ¿Eres tú? —me lanza, ignorando a Lottie por completo.
¿Se supone que la conozco? Porque hace que parezca que nos hemos visto antes.
Me muevo en mi asiento, acercándome más a Lottie mientras deslizo el brazo hasta su hombro en lugar de dejarlo apoyado en su silla.
—Lo siento, ¿nos conocemos? —pregunto.
Lottie se echa hacia mí. Su lenguaje corporal pide ayuda a gritos. La tranquilizo pasándole la mano por el hombro.
Angela agita la mano.
—Qué gracioso. Nos conocimos en la Gala Stardom del año pasado. Yo era la preciosa diosa con el vestido morado hasta el suelo. —Se echa el pelo hacia atrás por encima del hombro.
—Eeeh… —digo, ladeando la cabeza—. No consigo ubicarte.
Lottie lanza un resoplido tan suave que estoy seguro de que soy el único que lo ha oído.
—Bueno, esa noche había mucha gente. —Angela se pone la mano en la cadera—. Qué locura que nos encontremos ahora. —Luego mira a Lottie.
Noto que sus ojos se posan en el brazo con el que la rodeo, que percibe la cercanía de nuestros cuerpos, y entonces…, clic —. Oh, Lottie, ¿estáis…
saliendo?
Lottie me mira en ese momento, así que aprovecho para levantarle la mano con la que sostiene el helado, llevarla a mi boca y darle un mordisco antes de guiñarle un ojo.
—¿Sigues escondiéndome de tus amigos, nena? ¿Qué te he dicho? Deja de mantener nuestra relación en secreto.
—Espera un momento… —dice Angela. La cabeza debe de estar bulléndole—. ¿Lo dices en serio? ¿Estáis saliendo? —Hace un gesto con el dedo para señalarnos a los dos.
Lottie asiente.
—Sí, estamos saliendo —dice sin dejar de mirarme.
—Nena, dile que estamos más que saliendo. —Le quito el helado y le levanto la mano para enseñar el enorme anillo de compromiso. Luego le doy un beso —. Vamos a casarnos.
—¡¿Qué?! —grita Angela—. ¿Desde cuándo? No me habías dicho nada, Lottie.
—Hemos estado ocupados. ¿Verdad, nena? —le digo a Angela, volviéndome hacia ella con una sonrisa en la cara. Luego me agacho hacia Lottie y le beso el lateral del cuello.
La presión de la mano de Lottie en mi pierna se incrementa.
—Sí, muy ocupados. Pero, sí, estamos comprometidos.
—Ya veo, bueno…, me duele que no me lo hayas dicho.
Vaya, menuda jeta tiene esta chica.
—Eso es lo que pasa cuando cortas lazos con tu mejor amiga, Angela, que ella lo considera como una señal para seguir adelante. —Lottie me sonríe y me ofrece de nuevo el helado para que pueda tomar otro bocado—. He pasado página.
Angela retrocede, con una mano en el pecho.
—Lottie, estás siendo muy cruel. Pero si he venido por aquí a ver si querías almorzar conmigo alguna vez. — Oh, qué bruja—. Te echamos de mucho menos en la empresa. Tal vez podamos volver a contratarte. En especial ahora, que estás saliendo con Huxley Cane. Es más, podríamos ser socias.
Por el rabillo del ojo, veo que Lottie aprieta los dientes. Su ira está creciendo, y estoy viendo otro lado de ella. Está claro que yo la he hecho enfadar, pero esas banales discusiones que hemos tenido parecen casi superficiales en este momento, y más comparadas con esto. Esto es ira de verdad. Le sube desde la boca del estómago.
Y me doy cuenta de que quiere saltar sobre Angela y arrancarle la cabeza, lo que no resolverá nada, así que la detengo antes de que ocurra.
—Nena, recuerda que tenemos una reunión y ya llegamos tarde. —Bajo el brazo y le cojo la mano—. Estoy seguro de que a Angela no le importa ponerse al día contigo en otro momento. —Le echo una mirada a Angela de soslayo.
—Oh, por supuesto que no —cede con facilidad—. No os entretengáis por mí. Pero me encantaría charlar contigo en algún momento, Lottie. Te echo de menos. Y ya sabes lo ocupada que estoy. Plantéate lo de la reunión del instituto; necesita un «toque Lottie». —Roza los dedos de Lottie y luego entra en la heladería.
Lottie permanece sentada en silencio, sosteniendo el helado, pero sin decir nada. Ni siquiera se mueve.
—¿Así que esa es Angela? —digo sin saber qué hacer.
Lottie se levanta y me da el helado.
—¿Podemos irnos ya?
—Sí, si eso es lo que quieres.
—Pues sí —dice, y por primera vez desde que la conozco, le cojo la mano no porque esté montando un espectáculo, sino porque creo que lo necesita.
El ruido de las cucharas en los platos de sopa es el único sonido que se oye en el comedor. El silencio es tan ensordecedor que, si alguien entrara, pensaría que está accediendo a un funeral.
El funeral de mi autoestima.
Lottie no ha dicho nada desde que salimos de la heladería. No parece enfadada, sino más bien pensativa. Probablemente esté lamentando su decisión, como yo.
Todavía no puedo clasificar a qué tipo de clase hemos asistido. Sé que Los Ángeles es ligeramente diferente a otras ciudades, pero follar con ropa delante de extraños mientras te imaginas que fertilizas a alguien con tu semilla es demasiado.
Y como ha sido tan raro, como ha estado tan fuera de lugar, no tengo idea de qué decirle a Lottie. ¿Debo disculparme? ¿Debo preguntarle si le ha gustado? ¿Debería apuntarnos a otra clase? ¿Debo mencionar a Angela de nuevo?
—¿Qué tal la sopa? —pregunta Reign, entrando con una cesta de galletas.
—Deliciosa —digo.
—Muy buena —añade Lottie—. ¿Son galletas caseras?
—Sí —responde Reign—. De cebollino y cheddar.
—Como si eso importara —replica Lottie mientras coge una de la cesta, sonriendo.
¡Ya está bien! Está de mejor humor que cuando salimos de la heladería.
Decido probar suerte con ella.
—¿Quieres que hablemos de lo que ha pasado con Angela?
Clava los ojos en los míos.
—No.
—Porque me ha parecido que…
—He dicho que no, Huxley —insiste secamente.
Bien, tomo nota. No le gusta hablar de Angela. Lo he pillado. Intento un enfoque diferente.
—Dave me ha dicho que Ellie cuenta con que vayas de compras con ella en algún momento. Para mirar cosas de bebés.
No cambia la dirección de su vista, ni siquiera me dirige una mirada de reojo.
—Me dijo que quería informarse sobre los sacaleches —dice.
—Oh… —Joder, eso no suena divertido. No tengo ni idea de lo que
implica, pero ya puedo intuir que no es algo que le interese a Lottie—. ¿Ha mencionado cuándo?
—En algún momento de la próxima semana. —Rompe un trozo de galleta y se la mete en la boca.
—¿Vas a ir?
—¿Tengo otra opción? Después de lo que ha pasado esta tarde, estoy casi segura de que estamos unidos a Ellie y Dave de por vida. —Se lleva otro trozo de galleta a la boca—. Cuando estábamos guardando las colchonetas de yoga, Ellie me dijo que había tenido un orgasmo mientras Dave estaba pulsionando sobre ella. —Se limpia la boca despreocupadamente—.
¿Entiendes el daño que le hace eso a una persona? ¿Saber que alguien, a pocos metros de distancia, tuvo un orgasmo mientras su prometido la follaba con ropa en una clase de preparación al parto? —Sus ojos por fin se encuentran con los míos—. No estoy bien, Huxley.
—Bueno, por si te sirve de consuelo, nunca podré mirar a Dave de la misma manera después de que exhibiera orgulloso su erección a la vista de todos.
—Me sorprende que no te unieras a él. —Ella toma un poco más de sopa sorbiendo de la cuchara—. Ya que parece que te gusta ser el mejor en todo.
Habría sido divertido ver quién tenía la erección más grande.
—Lo que ha sucedido hoy ha sido muy poco profesional y no tengo intención de repetirlo.
—¡Lo sabía! —Niega con la cabeza.
—¿El qué? —pregunto.
—Que tenías un palo en el culo mientras estábamos allí.
—¿Me estás diciendo que te gustaría ir a otra de esas clases?
—Por supuesto que no, pero es una experiencia más de la vida. No hay que mostrarse tan tieso todo el tiempo, y no es un juego de palabras.
—No estoy tieso todo el tiempo —protesto—. Es solo que no me gusta que me hagan follar con ropa delante de un posible socio de negocios, y menos ver la erección de dicho socio después.
—Él no se ha excitado porque tú hayas hecho eso.
Me pellizco el puente de la nariz.
—Ya lo sé. Solo lo añadía a la «experiencia» —digo, dibujando unas comillas en el aire—. Tú misma me has dicho que no lo has pasado bien.
¿Por qué la tomas conmigo?
—No la tomo contigo —responde ella; inspira hondo y se reclina en la silla—. ¿Sabes?, no creo que esto vaya a funcionar.
—¿Perdón? —digo con la voz llena de pánico.
—Esto. —Nos señala a ambos—. Parece que no podemos estar en la misma longitud de onda, y, francamente, estoy cansada de pelear contigo todo el rato.
—¿Crees que disfruto discutiendo contigo?
—Creo que te complace hacerme enfadar. Lo sé desde anoche.
—La verdad es que me dan placer otras cosas —digo, arqueando una ceja, porque disfruté mucho hundiendo los dedos en ella.
Pone los ojos en blanco y coloca las manos sobre la mesa.
—Creo que esto de cenar juntos es demasiado. Estamos forzando la situación, y eso es algo que no deberíamos hacer.
Me echo hacia delante.
—No estamos forzando nada —digo bajito—. Estamos interpretando un puto papel —continúo sin subir la voz—. Las cenas no son para que pasemos tiempo juntos, son para mantener viva esta charada.
—¿De verdad crees que Reign podría contar algo? ¿Como que no cenamos juntos? Parece un tipo agradable y de confianza. Por desgracia, todavía no te ha envenenado.
Genial…
—No es que vaya a decir algo de forma deliberada, pero podría comentar sin querer que no cenamos juntos. Eso podría llegar a oídos de alguien interesado, que lo retuerza para escribir un artículo y venderlo a esas páginas de mierda. Cuando estás en una posición como la mía, tienes que ser consciente de que la información surge de cualquier manera, aunque sea inocente.
—Aggg… —gime y se cruza de brazos—. No sé cuánto tiempo más soportaré esto, Huxley.
Sus ojos parecen agotados cuando se encuentran con los míos, y me doy cuenta de que tal vez tenga razón. Interpretar un papel todo el rato es absolutamente agotador; tener que asegurarte de que estás diciendo lo más apropiado todo el tiempo. Estoy acostumbrado a ser yo mismo, y así es como he actuado con todos mis socios. Un auténtico profesional, medido, reflexivo, centrado, aunque, en realidad, soy como cualquier otro tipo cuando quiero relajarme; bromeo y me divierto como el que más. Cuando
no se está acostumbrado a representar un papel, acaba siendo agotador, sobre todo, si está en juego no solo tu sustento, sino también el de otra persona.
—¿Cuánto tiempo más aguantarás? —pregunto con seriedad.
Sus ojos se clavan en los míos.
—¿Qué quieres decir?
—Dame un plazo. Podría llamar a Dave mañana, a ver si quiere reunirse para hablar del trato. Quería cultivar un poco más nuestra amistad antes de volver a planteárselo, pero entiendo tu necesidad de acabar con esto cuanto antes.
—Bueno, no lo sé. —Su expresión es confusa.
Asiento.
—Mañana hablaré con mis hermanos.
Cojo un poco de sopa con la cuchara y me la llevo a la boca antes de volver a encerrarme en mí mismo. Lottie no se mueve. Se queda sentada mirando la comida, sin tocarla.
—¿Sabes lo que ayudaría? —dice después de unos minutos en silencio.
—¿Qué? —pregunto, volviendo mi atención hacia ella.
—Una de las razones por las que dije que sí a esto fue porque cuando estábamos cenando en Chipotle parecías un tipo con el que podría llevarme bien, pero en algún momento cambiaste.
—No puedo evitar ser como soy.
—Ese es el problema. No sé cómo eres. Y tú no sabes cómo soy yo.
—No pensaba que te interesara conocerme en el plano personal, dado que nuestra relación es estrictamente de negocios.
—¡Dios! —gime—. Tú y tus malditos negocios. ¿Qué tal si dejas a un lado esa mentalidad profesional durante un rato y te dedicas a conocerme?
Tal vez sea más fácil así salir contigo. Así, al menos, no me sentiré como si estuviera follando con ropa con un desconocido en una clase de preparación al parto.
Valoro lo que me pide…, y no es mucho. Pero sé que he puesto una coraza mi alrededor para tratar con ella. Si la conozco más, va a gustarme más. Lo sé. Es el tipo de chica que captaría fácilmente mi atención y me mantendría en vilo. Y no quiero eso, que me pesquen y comenzar cualquier tipo de relación. No tengo paciencia para centrarme en eso ni estoy dispuesto a dedicarle mi tiempo. Soy demasiado egoísta en esta etapa de mi
vida. Estoy demasiado centrado en mi carrera, en mis objetivos.
Pero la necesito.
¡Joder!, la necesito.
Necesito que me ayude a conseguir este trato y, si eso significa cambiar de actitud y permitir que me conozca mejor, pues, joder, eso es lo que tendré que hacer.
—Vale —acepto—. Puedes hacerme dos preguntas cada día. Y dos preguntas más en la cena. Eso será suficiente.
—¿Suficiente? Pareces Mary Poppins, pura corrección y concreción.
—¿Aceptas el trato? —arqueo una ceja.
—¿Estás diciéndome que podré hacerte cuatro preguntas todos los días?
—Sí. ¿Qué te parece?
Mueve la cabeza, divertida.
—No esperaba algo tan formal, pero supongo que podría servir. ¿Quién empieza?
Me paso la servilleta por la boca.
—Tú.
—¿Ahora mismo?
—¿No es eso lo que querías? —pregunto, tratando de ocultar mi irritación.
—Claro, claro. Supongo que no estaba preparada para que te mostraras tan abierto.
—No soy idiota, Lottie.
Mueve los labios hacia un lado, como diciéndome que cree todo lo contrario.
—Vale, bien, supongo que me centraré en las preguntas. —Me mira con intensidad—. ¿Por qué este trato con Dave es tan importante como para llegar a este extremo para conseguirlo?
Debería haber imaginado que sus preguntas no serían fáciles.
Me muevo en la silla, me vuelvo distraído hacia ella y paso el brazo por encima del respaldo de la silla.
—En realidad, es bastante sencillo. Cuando me propongo algo, voy a por ello sin importar las circunstancias. Dave tiene tres propiedades que pueden resultar extremadamente beneficiosas para nuestra empresa. Pero él no quiere venderlas solo para ganar dinero, sino que también quiere asegurarse de que las compre la persona adecuada. Quiero ser esa persona.
—Parece muy agresivo.
—Cuando te dedicas a la promoción inmobiliaria, tienes que ser agresivo.
No puedes dormirte en los laureles. Hay que saber qué se vende, dónde se vende y el potencial del lugar. Breaker, JP, y yo siempre mantenemos los ojos y los oídos abiertos mientras desarrollamos otras promociones inmobiliarias, así podremos seguir ganando, invirtiendo para el futuro. Las propiedades de Dave son una gran oportunidad que no puedo dejar escapar solo porque él no me conozca como persona. No me gusta eso.
Asiente.
—Ya, tiene sentido. Yo no llegaría a ese extremo, pero lo entiendo.
La hostilidad en su voz ha disminuido y ya no tiene el ceño tan fruncido.
Odio admitirlo, pero tal vez esto de las preguntas no haya sido una mala idea después de todo.
—¿Quieres que te haga una pregunta?
Asiente de nuevo.
—Sí, es tu turno.
Pues allá voy, si ella ha ido a saco con una pregunta complicada, yo también.
—¿Por qué te da tanta vergüenza contarle a tu madre y a Jeff que te han despedido?
—Debería haberme esperado esa pregunta, dada la que te lancé yo. —
Suspira—. Crecí con Angela, la dueña de Angeloop; es un blog muy conocido sobre estilo de vida. Le hace la competencia a Gwyneth Paltrow,
¿sabías? Hemos sido amigas de forma intermitente a lo largo de mi vida.
—¿Cómo es eso? —pregunto—. En lo que a mí respecta, o se es amigo de alguien, o no.
Lottie mueve la cabeza.
—No es así con Angela. Tenía su amiga de la semana, algo así como el plato del día. No tenía ningún problema en pasar de una amiga a otra; cuando se cansaba de una, iba a la siguiente, que era su nueva mejor amiga.
Crecí al borde de un barrio rico, en una familia de clase media, Angela era emocionante. Sé que suena ridículo, pero cuando eres pequeña, esta clase de cosas llamativas son divertidas. Angela era llamativa siempre, y nos divertíamos mucho juntas. Íbamos al instituto en su BMW, pasábamos los fines de semana en su casa celebrando fiestas en la piscina y, luego, un día cualquiera, me apartaba de ella. Era una relación tortuosa y tóxica, y, sin
embargo, seguía aceptándola por los momentos divertidos que pasábamos juntas.
—Entiendo —digo—. Esa es la definición de persona tóxica.
—Lo sé, y eso es lo que me ha dicho siempre mi madre. En realidad, mi madre odia a Angela. Así que, cuando me saqué el máster universitario en desarrollo de empresas y Angela me ofreció un trabajo en su reciente start-up, mi madre se mostró extremadamente escéptica por que me uniera a alguien que tanto es fría como caliente.
—Algo natural.
—Sí, tal vez. Mi madre tenía razón. Me dijo una vez una cosa que no hace más que darme vueltas en la cabeza en este momento: «Te ha tratado con desprecio y crueldad implacable como amiga durante toda vuestra vida, Lottie, ¿cómo crees que puede tratarte en los negocios?».
—De la misma manera, ¿no?
—Sí. Pero, en realidad, no tenía muchas opciones. Podía empezar a trabajar en alguna empresa donde apenas rozaban el campo en el que quería estar, o podía trabajar para Angela, hacer crecer su negocio y hacerme cargo de él. Me ofreció un salario inicial bajo y dijo que, después de un año, si la ayudaba a hacer crecer el negocio, me daría el aumento que me merecía.
Me pareció una propuesta firme. Mi madre, Jeff y mi hermana me dijeron que no lo hiciera, que no se podía confiar en Angela. Pero lo hice de todos modos y conseguí mi objetivo. Hice crecer su negocio hasta donde está ahora. Llevé a Angela a la vanguardia ante los ojos de todo el mundo. Y
cuando llegó el momento de que me aumentara el sueldo…
—Te despidió. —Niego con la cabeza—. Yo soy bastante despiadado cuando se trata de negocios, pero de ninguna manera haría algo así.
Reconozco a un buen empleado cuando lo veo y, en lugar de despedirlo, me aseguro de promocionarlo. Lo hará mucho mejor bajo mi ala que con un competidor. Supongo que Angela se sentía amenazada y quería deshacerse de ti antes de que toda empresa se diera cuenta de lo valiosa que eres.
—Probablemente. —Se mira las manos entrelazadas—. En cualquier caso, me da demasiada vergüenza decírselo a mi madre y a Jeff. No quería escuchar sus «Te lo dije», y así es como he llegado a estar aquí sentada, contigo. Estaba desesperada por mantener la fachada.
—Entiendo la necesidad de proteger tu reputación. Creo que es una de las razones por las que estoy siendo tan agresivo en mi enfoque con Dave.
Todo el mundillo sabe que voy a por las mejores propiedades, y todos saben que consigo lo que quiero, pero Dave me está dando mucha guerra a cambio de mi dinero, y eso supone una mancha en mi reputación.
—No se puede ganar siempre.
—Yo sí —aseguro—. Siempre gano.
—Me alegro de que tengas una perspectiva tan indulgente.
Suelto una risita.
—¿Cuál es tu segunda pregunta?
Ladea la cabeza, estudiándome.
—Pareces tan rígido todo el tiempo que me cuesta imaginar que te diviertas de verdad —comienzo—, así que supongo que mi pregunta es:
¿qué te gusta hacer para divertirte?
Me rasco la mandíbula.
—Cuando consigo tomarme un segundo para respirar, disfruto yendo a ver partidos de béisbol.
—Déjame adivinar: vas a los asientos acolchados.
—No me conformaría con menos.
—Sé que es otra pregunta, pero la llamaremos pregunta 1A.
—Vale… —respondo.
—¿Cuál es tu equipo favorito?
Niego con la cabeza.
—La verdad es que no tengo un preferido, lo cual me parece raro. Me gustan algunos de los equipos californianos, y disfruto yendo a diferentes estadios; los estudio para encontrar las diferencias de unos con otros, y sigo a mi buen amigo de la universidad. Se retira este año, es su gira de despedida.
—Oooh, pregunta 2B, ¿quién es tu amigo?
Me río.
—Penn Cutler. Es lanzador de los Bobbies de Chicago. Fuimos juntos a la universidad. Ha tenido una carrera accidentada en las ligas mayores, pero parece que todo le va bien en esta última temporada.
—Voy a tener que buscarlo. Pero… béisbol, ¿eso es todo? ¿Eso es lo único que te gusta hacer?
—No, me gusta salir con mis hermanos. Y pasar el día en la piscina.
Además, disfruto de juegos sencillos como el ring toss, el cornhole, ir a la playa. No soy surfista, pero los chicos y yo jugamos al fútbol americano en
la playa muy a menudo. —Me encojo de hombros—. Nos divertimos cuando tenemos la oportunidad.
Parpadea un par de veces y luego se ríe, negando con la cabeza.
—Nunca habría imaginado que te gustara jugar al fútbol en la playa. Me imaginaba que eras el típico al que le gusta pasar el rato en viejas salas de fumadores, con una chaqueta con logotipo, cigarrillo en mano, hablando de la bolsa y de cómo el Dow te está jodiendo la vida. El tipo de hombre que va a la ópera y le gusta. El tipo de hombre que toma clases de piano en su tiempo libre porque necesita ser bueno en todo.
—Aprendí a tocar cuando era pequeño.
—Claro que sí. Pero jugar al fútbol americano en la playa es una actividad de una persona normal. Luego me dirás que te gusta ir a conciertos.
—Me gusta —digo—. Pero tiene que ser de la música adecuada. No voy a ir a un concierto de Bruno Mars, pero digamos que, si Foreigner está en la ciudad, me aseguraré de comprar entradas.
—No, de eso nada, no te veo en uno. No te imagino en un concierto. Y si vas a conciertos, probablemente serás el tipo tieso, con la cerveza en la mano, que no se mueve, que no canta, que no esboza una sonrisa.
—Te sorprenderías. —Me ha relajado con estas preguntas, y no me siento muy cómodo con eso. Soy cauteloso por naturaleza, implacable cuando es necesario. Al ser mis hermanos mis mejores amigos, me he vuelto reticente con los demás. Y aquí está Lottie, decidida a conocerme más de lo que estoy dispuesto a permitir.
—Qué interesante… —Hay una sonrisa en su cara, una expresión tan genuina que me sorprende que esto sea todo lo que necesitaba. Solo una conversación, algo simple—. Bien, es tu turno, haz tu última pregunta de hoy.
La pienso un poco.
—¿A qué concierto te gustaría asistir? —pregunto finalmente.
—¿De un artista vivo o de uno muerto?
—De los dos —respondo.
—Si pudiera resucitar a Freddie Mercury… Daría mi alma por verlo actuar. Oírlo en vivo, verlo en un escenario… Dios, sería mi último sueño.
Y vivo…, mmm…, ahora mismo…, probablemente a Fleetwood Mac.
—No esperaba esa respuesta —digo, sorprendido—. Por todo lo que has dicho, había imaginado que ibas a decir Foreigner.
—A ver, están en lo alto de la lista, pero en este momento de mi vida estoy obsesionada con Stevie Nicks; y las nuevas colaboraciones que hizo con Miley Cyrus son… Oh, buenísimas. Y es música relajada, ¿sabes?
Puedes escucharlos en un día lluvioso o cuando estás en la playa. Dreams…
— Una sonrisa cruza su cara—. Creo que sería la canción perfecta para besarse. El ritmo, la sensación que produce. Es fabulosa. ¿Te gusta Fleetwood Mac?
Asiento.
—Sí. A veces los pongo mientras trabajo.
Levanta la mano en señal de sorpresa.
—¿Escuchas música mientras trabajas?
—Todos los días.
—Vaya. —Me empuja el hombro—. ¿Ves? Esto es lo que necesitaba.
Verte actuar como un ser humano. —Suelta un profundo suspiro—. Me siento mejor. —Coge la cuchara y vuelve a concentrarse en la sopa.
—¿Te sientes mejor? ¿Así sin más?
—Sí. Ya deberías saber, Huxley, que soy bastante fácil.
—Sí…, lo descubrí anoche.
—Mira tú…, si también sabe hacer bromas.
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