Un mal comienzo

Meghan Quinn · Capítulo 16 de 24

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Un mal comienzo

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HUXLEY

Todavía puedo saborearla en mi lengua.

Todavía puedo sentir el latido de su clítoris palpitando de placer.

Todavía puedo oír sus gritos de éxtasis mientras se corría en mi cara.

Y, joder, no puedo pensar en nada más.

Esta es exactamente la razón por la que no quería involucrarme. Porque sabía que cruzar esa línea con ella era una mala idea, porque es demasiado acaparadora. Porque es el tipo de mujer de la que tienes que protegerte.

Porque deja una impresión duradera. Una huella que no se desvanece.

Por eso estoy comprobando el reloj, viendo qué hora es, contando los malditos minutos que faltan para que me envíe un mensaje con su pregunta, por eso estoy deseando verla hoy en la reunión con su hermana.

Solo fue necesario que me descontrolara una vez para que ocurriera un maldito desastre.

La deseo.

Por eso esta mañana no la he visto. Me he escabullido con mi bolsa de deporte en cuanto me he despertado, he venido al despacho, he hecho ejercicio y me he duchado aquí, demasiado preocupado por si la veía y volvía a enterrarme entre sus piernas, buscando su dulce sabor, deseando oírla gritar de nuevo mi nombre.

¡Joder!

¿Qué me pasa?

No debería haber cruzado esa línea. No debí siquiera considerarla una opción, y la razón es que creo que estoy empezando a sentir algo por esta chica, y sé que es probable que no me corresponda.

Sí, claro, está conociéndome, pero no porque le guste —joder, parezco un adolescente—, sino para no tener que relacionarse con un imbécil que no sabe cómo actuar con las mujeres.

Y si de verdad estuviera interesada en mí, me habría seguido arriba

anoche. Yo no esperaba que lo hiciera, jamás esperaría que una mujer me devolviera el favor, pero si Lottie sintiera alguna atracción hacia mí, se habría acercado a la puerta de mi habitación, y habría oído, al menos, que me derramaba sobre mi estómago mientras me acariciaba como un maldito caballo de batalla concentrado en los sonidos y el sabor de su orgasmo.

Pero no lo hizo, y tengo que ser consciente de ello. Necesito recordar lo que estoy haciendo: intentando firmar un contrato.

Vuelvo a centrar mi atención en el ordenador justo cuando recibo un mensaje. Cierro los ojos con fuerza, tratando de mantener algo de autocontrol, pero fracaso de forma estrepitosa porque cojo el teléfono y miro el mensaje de Lottie.

Lottie: ¿Qué vas a comer hoy?

Me recuesto en mi silla de oficina y le devuelvo el mensaje.

Huxley: ¿Es esa una de tus preguntas?

Lottie: Considérala un extra. Las mentes inquietas son curiosas.

Huxley: No estoy seguro. Probablemente nada. Tengo mucho trabajo.

No necesita saber que lo que quiero comer en realidad es su coño, y si estuviera aquí ahora mismo, me estaría dando un festín antes de que pudiera respirar.

Lottie: ¿Cómo puedes pasar sin almorzar? Me he comido un dónut hace una hora, y un burrito enorme de desayuno, y vuelvo a estar hambrienta, casi me roo un brazo.

Y tú te saltaste la cena.

Huxley: Yo lo recuerdo de manera diferente. En la cena, comí hasta reventar.

Joder, no puedo evitarlo. No puedo evitar recordarle cómo la hago sentir, joder, cómo me hace sentir ella.

Satisfecho.

Lottie: Pregunta: ¿siempre has sido tan guarrete?

Huxley: Cuando sabes lo que quieres, vas a por ello. No hay suciedad en ello, solo sinceridad.

Lottie: Bueno, esa ha sido una respuesta aleatoria que te ha funcionado bien. Ahora

hazme tú una pregunta. Distráeme mientras Kelsey llega con el almuerzo.

Huxley: ¿Sientes que me conoces un poco mejor?

Lottie: Sí, pero creo que no lo habría conseguido sin las preguntas. Me alegro de que te hayas mostrado dispuesto a responderlas.

Huxley: Es tu turno.

Lottie: ¿Eso es todo lo que vas a decir sobre el asunto?

Huxley: Sí.

Lottie: Vale, veo que hoy me toca el Huxley introvertido, pero no pasa nada.

Mmm…, pregunta: ¿cuándo fue la última vez que practicaste sexo, y con quién?

Huxley: Esas son dos preguntas.

Lottie: Es una dividida en dos y están relacionadas. Estas cosas pasan.

Huxley: ¿Por qué quieres saberlo?

Lottie: ¿Es esa tu pregunta?

Huxley: Considérala relacionada también.

Lottie: Solo me interesa saber cómo era tu vida antes de que yo llegara.

Huxley: La última vez que practiqué sexo fue, probablemente, hace tres meses, con una chica que conozco desde hace años. De vez en cuando quedamos para divertirnos, sin compromisos. No tengo tiempo para nada más.

Lottie: Un rollete. No habría esperado menos. Pero tres meses me parece mucho tiempo. Habría apostado algo que necesitas hacerlo al menos una vez a la semana.

Huxley: No tengo tiempo. Además, ya te he dicho que tenemos un contrato: no pienso estar con nadie mientras estemos vinculados.

Lottie: No sé cómo responder a eso.

Huxley: No es necesario. La última pregunta antes de irme: ¿estás nerviosa por la presentación de hoy?

Lottie: ¿Sinceramente?

Huxley: Por supuesto.

Lottie: Sí. Estoy nerviosa porque hemos currado mucho en ella. Sé que ofrecemos un gran servicio, sé que hay mucho en juego y sé que no nos vais a dar algo porque sí,

sino que vais a hacer que nos lo ganemos.

Huxley: En eso tienes razón.

Lottie: Esto significa mucho para nosotras. Incluso la oportunidad de hacer la presentación significa mucho. Hemos estado practicando, asegurándonos de que todo salga perfecto y, cuando llegue el momento, espero de verdad que podamos demostrar lo beneficiosas que seremos para Cane Enterprises.

Ya sé que son perfectas para el trabajo. He investigado sobre Kelsey, pero voy a hacer que lleven a cabo la presentación de todos modos porque no soy el único que toma las decisiones. Breaker y JP tienen que aceptar también. Además, esta será una buena práctica para Kelsey y un excelente empujón a la confianza de Lottie. Necesita encontrar su hueco en los negocios, dado que es lo que ha estudiado. Veo su potencial, pero tiene que demostrárselo a sí misma más que a mí.

Huxley: Estoy deseando ver la presentación. Nos vemos allí.

Dejo el teléfono y vuelvo a mi ordenador. Miro los correos, pero las letras se confunden y se mezclan. Nada tiene sentido.

Mi mente está descentrada.

Porque, aunque no quiera admitirlo, en lo único en lo que puedo pensar es: ¿podré volver a saborear a Lottie y… cuándo?

—Deben de estar a punto de llegar, ¿verdad? —pregunta JP, colocándose el traje.

—Sí —digo. Observo que uno de los ascensores sube a nuestra planta.

Tienen que ser ellas.

—¿La hermana está soltera? —pregunta JP—. Me parece muy guapa.

—Ni idea, pero si firmamos un contrato con su empresa, no sería buena idea que te liaras con ella —le recuerdo.

—Lo dice el hombre que devoró a Lottie anoche en la mesa del comedor.

—¿Qué? —Breaker se echa hacia delante—. ¿Por qué demonios no sabía eso?

—Lo he engatusado para que me lo diga —le explica JP—. Me he dado cuenta de que estaba de muy buen humor cuando ha llegado esta mañana, así que lo he acosado hasta que me lo ha contado todo.

—Tío, ¿en qué demonios te estás metiendo? —pregunta Breaker.

—No es el lugar ni el momento —le digo a Breaker cuando el ascensor avisa de su llegada. Echo los hombros hacia atrás y me preparo para posar los ojos en Lottie y en el vestido que haya elegido para hoy.

Pero cuando se abren las puertas del ascensor, no veo a Lottie ni a Kelsey, sino a Dave.

—Vaya, qué recibimiento —se ríe Dave al salir del ascensor, mirándonos a todos—. No esperaba ver a los tres hermanos Cane esperándome al salir del ascensor.

¿Qué está haciendo aquí?

Mejor aún, ¿dónde están Lottie y Kelsey?

Suena el timbre del ascensor de la izquierda y se abren las puertas, revelando a Kelsey y Lottie, las dos con unos maletines muy femeninos en la mano. Kelsey lleva un vestido púrpura intenso que se ciñe a su torso y se ensancha ligeramente a la altura de las caderas, mientras que Lottie —que seguramente esté tratando de distraerme— lleva un diseño azul marino que le llega a la mitad del muslo, se ajusta a su figura como un guante y se interrumpe por encima del pecho de tal manera que quiero arrancárselo con mis propias manos. Y luego unos tacones…

Me mordisqueo el labio inferior mientras mis ojos se quedan clavados en ella. En su rostro lleno de confusión.

—¡Qué guay! Lottie, cómo me alegro de verte —la saluda Dave, sacándome de mi aturdimiento—. Estás increíble.

Joder, ¿está exhibiéndose Lottie?

Esperemos que no.

No tenía ni idea de que Dave iba a venir a las oficinas. Pensaba que no tenía hueco en su agenda y que por eso no sabíamos nada de él. Supongo que estaba equivocado.

—Gracias —dice Lottie—. Bonita corbata, Dave. —Después, se acerca a mí con toda su parsimonia, mientras yo observo cada uno de sus pasos con esos tacones, y me pone la mano en la nuca—. Hola, guapo. —Luego, antes de que pueda recuperar el aliento, acerca su boca. Me parece que pasan horas mientras acorta el espacio entre nosotros, pero cuando sus labios se encuentran con los míos, un ansia de posesión corre por mis venas.

Un ansia de vida.

Sentir sus labios en los míos me da vida.

Mi mano vuela a su espalda y la acerco para pegarla a mí. Su otra mano, con la que sostiene el moderno maletín, cae sobre mi pecho para conservar el equilibrio. Mis labios se pierden en los suyos.

Me olvido de que estamos en la oficina. No recuerdo que nos miran. Y la reunión que tenemos pendiente pasa a un segundo plano cuando pruebo los labios de Lottie por primera vez.

Suaves.

Indagadores.

Apasionados.

Sabía, por la forma en que se pierde bajo mi contacto, que besaría bien, pero esta reacción, esta presión de su cuerpo contra el mío, joder… Es mucho mejor de lo que esperaba.

Cuando por fin se aparta, me mira con ojos escrutadores y traga saliva.

—Hola, guapo —repite.

Le pellizco la barbilla entre el índice y el pulgar.

—Hola. —Cuando por fin aparto la vista de ella, capto la mirada totalmente incrédula de Kelsey, seguida de la respuesta excitada de Dave.

—Me encanta veros juntos —comenta Dave, como si nos conociera desde hace años y por fin hubiera conseguido que nos enrolláramos. Es un hombre un poco raro; me he dado cuenta a medida que hemos pasado más tiempo con él. Me da una palmada en la espalda—. Siento interrumpir, Huxley, pero ¿tienes tiempo para nuestra reunión?

—¿Reunión? —pregunta Lottie en voz baja. La miro. Hay una mirada confusa en sus ojos y sé lo que parece

Como si una vez más pasara de su hermana y de ella.

—No sabía que tenías también una reunión con Dave —dice Lottie, y hay derrota en la postura de sus hombros. Sabe lo mucho que he intentado que Dave hable conmigo sobre las propiedades.

—No la tenemos —confiesa Dave—, pero esperaba colarme antes del fin de semana. Ya sabes que no me gusta hablar de negocios a deshora.

No lo sabía, pero ahora sí.

—Ah… —Lottie me da una palmadita en el pecho—. Entonces, que no te haga esperar, Dave. —Lottie se aleja. Veo la protesta en los labios de Kelsey mientras Lottie niega lentamente con la cabeza y empuja a su hermana hacia el ascensor—. Ha sido un placer verte, Dave. —Se despide con la mano y pulsa el botón de llamada del ascensor. Las puertas se abren

enseguida.

—Lottie, Kelsey… —digo antes de que puedan desaparecer—.

Esperadnos en la sala de juntas. Enseguida estamos con vosotras.

La mirada de sorpresa en la cara de Lottie me da la confirmación que necesito: acabo de hacer lo correcto.

—¿Huxley?

—Vamos ahora. Esperadnos allí. —Le hago saber con la mirada que hablo en serio.

Sin discutir, va con Kelsey a la sala de conferencias, pero puedo sentir sus ojos sobre mí todo el tiempo.

Luego me acerco a Dave.

—Tío, sabes que estoy deseando tener esta conversación contigo más que nada en el mundo, pero les prometí a Kelsey y Lottie que escucharía su presentación.

—¿Presentación? —pregunta Dave—. ¿Tu prometida tiene que hacer presentaciones ante ti?

Sonrío.

—Ella no lo querría de otra manera.

—Perdona mi intromisión, pero ¿puedo preguntar qué van a presentar?

Me meto las manos en los bolsillos del traje.

—Han creado un negocio de organización que se centra en el uso de productos sostenibles y respetuosos con el medio ambiente. Hemos pensado que pueden ocuparse de nuestras propiedades, especialmente de las oficinas, para que nuestros espacios sean más eficientes.

—Anda… —Dave parpadea un par de veces y mira la sala de conferencias—. No tenía ni idea de que Lottie fuera una ejecutiva. —

Asiente lentamente—. A pesar del dinero que tiene, no le gusta quedarse sentada y disfrutarlo, quiere hacer algo por sí misma. Es algo que respeto mucho. —Mantiene los ojos clavados en ella y una punzada de celos, de querer decirle que es mía, me atraviesa.

—Soy un tipo afortunado. Es muy sexy verla trabajar con tanto ahínco.

—Ya me imagino. —Dave se balancea sobre los talones—. Bueno, ¿qué tal si concierto una reunión con Karla para hablar y que no volvamos a tener un encontronazo así?

—Genial, y siento lo de hoy.

Dave hace un gesto restándole importancia.

—En realidad, me hace respetarte aún más; eres un hombre que cumple sus compromisos previos, que se da cuenta de cuándo algo es importante.

—Dave asiente—. Eres un buen hombre, Huxley Cane.

Joder…, si él supiera…

Me vuelvo hacia a Breaker.

—¿Puedes llevar a Dave con Karla para organizar esa cita? —le pregunto.

—Será un placer —responde mi hermano antes de guiar a Dave al fondo de la oficina. Cuando ya no pueden oírnos, JP se vuelve hacia mí e imita mi postura.

—Estás jodido.

—¿Qué quieres decir? —pregunto—. Dave acaba de decir que me respeta más.

JP sacude la cabeza.

—No, hombre, no me refiero a Dave. Estás jodido porque esa chica de ahí, la del vestido azul, esa, te tiene pillado por las pelotas. El Huxley que conozco nunca habría dejado pasar la oportunidad de reunirse con el tipo con el que está tratando de llegar a un acuerdo. De hecho, dejaría a un lado cualquier cosa para conseguirlo. —Mira por encima del hombro—. ¿Quién iba a imaginar que una chica con un vestido azul sería tu kriptonita?

—Le he hecho una promesa —le recuerdo con la mandíbula apretada—.

No voy a faltar a ella.

JP me da una palmadita en el hombro.

—Sigue diciéndote eso, hombre.

Se dirige a la sala de conferencias y, cuando abre la puerta, las dos chicas levantan la vista, pero Lottie no le dice nada a JP, sus ojos se desvían a los míos a través de las ventanas de cristal. Ahí lo veo, está tan claro como el agua: se siente agradecida.

La oleada de orgullo que me golpea en el pecho por esa simple mirada resulta aterradora.

A-te-rra-do-ra.

Agotado, me tumbo en mi enorme cama y suelto un profundo suspiro. Ya sea por la falta de sueño de esta semana o por los momentos de tensión que he compartido con Lottie, no me he sentido más cansado en toda mi vida.

Cuando he llegado a casa, me he sentado ante la isla de la cocina y he

devorado el sándwich que me había preparado Reign; luego me he pasado diez minutos en la ducha como si no me hubiera lavado en toda la semana, me he puesto unos calzoncillos limpios y me he tendido en la cama.

Lottie y Kelsey han cumplido con creces. No me han parecido nerviosas cuando estaban presentando. Se han mostrado seguras de sí mismas porque conocen a fondo la materia y, cuando les hemos planteado algunas preguntas, han dado una repuesta oportuna a cada una de ellas. Y no solo respuestas, sino conclusiones bien pensadas e informativas.

No hemos tenido ninguna duda. Al terminar, he mirado a los chicos y me han dado el visto bueno. En ese mismo momento les hemos dicho que estaban contratadas. Empezaríamos por las oficinas principales y luego abarcaríamos el resto. Es un gran contrato para ellas. Un contrato que va a llevarlas al siguiente nivel.

Han mantenido la compostura mientras recogían el material y nos daban las gracias, pero cuando se han ido, Lottie me ha enviado un mensaje lleno de emojis y me ha dicho que se iba a celebrarlo con Kelsey. Me ha preguntado si no me parecía mal que se saltara la cena.

Como si tuviera que pedirme permiso… Le deseé que se divirtiera.

Lo que me deja aquí, solo, en mi habitación, meditando mis decisiones.

Toc. Toc.

Levanto la vista hacia la puerta.

Me siento en la cama, con las manos apoyadas el borde.

—Está abierta —digo.

Cuando se abre la puerta, Lottie asoma la cabeza.

—¿Puedo entrar?

—Sí —respondo, y recorro su figura embutida en ese vestido. Lo que daría por quitárselo ahora mismo y celebrar su victoria con ella de la única manera que sé, adorando su cuerpo.

—Hola —me saluda con timidez.

—Hola —respondo humedeciéndome los labios. De pie frente a mí, Lottie parece un jugoso trozo de carne que espera a ser devorada.

—Se me ocurrió pasar por aquí antes de ir a ducharme. Quería darte las gracias personalmente de nuevo.

—No tienes que agradecerme nada, Lottie. Habéis hecho una gran presentación. Nos ha resultado muy fácil tomar una decisión.

Niega con la cabeza.

—No, no es por eso. Gracias por el sacrificio que has hecho. No era necesario.

—¿Qué he hecho? —pregunto, confundido.

Ladea la cabeza.

—Huxley, sé que llevas un tiempo esperando para hablar de negocios con Dave, pero cuando se ha presentado la oportunidad, no has cancelado nuestra cita.

—Te lo he dicho ya, soy un hombre de palabra. Dave puede esperar.

—Sé que ha sido un sacrificio y estoy muy agradecida.

—De nada —le digo con sencillez, pero no se va—. ¿Te has divertido con tu hermana? —pregunto—. Has llegado a casa antes de lo que pensaba.

—Fuimos a tomar unas copas para celebrarlo. Unos tíos nos invitaron a unas rondas. —Me devoran los celos y mi rabia echa raíces—. Me ha parecido que Kelsey se sentía atraída por uno de ellos, y otro estaba tratando de conseguir mi número.

Tenso la mandíbula y hundo los dedos con fuerza en el lateral del colchón.

—Pero le dije que estaba comprometida. —Lottie sonríe y levanta la mano, mostrándome su anillo—. Cuando vio el tamaño del diamante, supo que no podía competir.

Maldita sea, es cierto.

—No necesitaba ver el tamaño del anillo para darse cuenta de que no podía competir conmigo. En especial, si supiera que soy el hombre que te ha dado el anillo.

Cruza los brazos.

—¿Estoy percibiendo una pizca de celos, Huxley?

—No son celos, solo protejo lo que es mío.

—¿Ahora soy tuya?

—Hasta que hayamos cumplido con los deberes estipulados en el contrato, sí —digo; tengo ganas de soltar el colchón y enterrar los dedos en los largos y oscuros mechones de Lottie.

—Bueno, no tienes que preocuparte, mi lealtad está contigo. —Se acerca a mí con esos tacones kilométricos que resuenan en el suelo. Clavo los ojos en sus tonificadas piernas y, cuando se detiene delante de mí, su pecho queda justo a la altura de mis ojos. Y entonces se pone de rodillas, justo entre mis piernas.

—¿Qué estás haciendo? —balbuceo, mi cuerpo estalla de excitación ante

su postura.

Pone las manos en mis muslos.

—Te doy las gracias.

Desliza los dedos hacia mi polla, ya dura, pero la detengo antes de que pueda tocarme.

—No quiero tu agradecimiento. Ya te he dicho que te has ganado todo lo que has conseguido hoy. No tiene nada que ver con la situación y sí con tus ideas y méritos.

Sus ojos coinciden con los míos.

—¿No quieres que te la chupe?

—No, por eso no —digo, ofendido—. No quiero pensar que me estás agradeciendo haberte contratado. No quiero tu boca así.

Llevo la mano a su mejilla y le acaricio los labios con el pulgar. Ella abre la boca, captura mi pulgar y lo chupa con fuerza. Me fijo en cómo ahueca sus mejillas y, joder, lo que daría por que fuera mi polla en lugar de mi pulgar.

Pero no por eso.

No quiero que pueda pensar que me está pagando.

De ninguna manera.

Cuando me suelta el pulgar, me sube las manos por los muslos y se levanta. Me empuja el pecho hasta que me quedo tumbado y luego se echa sobre mí, con las piernas abiertas, y el calor de su sexo conecta con mi polla. Me encantaría follar con esta mujer, despojarla del vestido y mostrarle la clase de amante que soy.

Y no quiero tirármela solo porque sea guapa ni porque me excite esa boca tan picajosa, sino porque he visto un lado de ella que no había visto antes.

Un lado profesional, una chispa de entusiasmo por sus metas, por sus logros. Me ha resultado condenadamente sexy. Me hace verla bajo una óptica muy diferente, lo que es muy peligroso, porque ya estoy metiendo los dedos de los pies en la línea. Ya estoy cruzando al territorio de los daños.

—Lottie, ¿qué estás haciendo?

Mueve las caderas contra mi polla y sonríe.

—Estás duro.

—¿Qué quieres decir?

Cambia de expresión y apoya la mano en mi pecho.

—¿Por qué estás enfadado?

—No estoy enfadado.

—Te estás alejando. Sé cuándo te apagas, y eso es lo que estás haciendo ahora. Te estás apagando. ¿Por qué, Huxley?

—Ya has hecho las preguntas de hoy.

Niega con la cabeza.

—No las preguntas de la cena.

—No has cenado conmigo esta noche, así que has perdido ese derecho.

Enfadada, se separa de mí, y me levanto mientras se arregla el vestido.

—Justo cuando empiezo a pensar que no eres un gilipollas, me demuestras que estoy equivocada. Eres el hombre más exasperante que he conocido.

Sí, yo también estoy muy irritado conmigo mismo. Pero, al ver que permanezco en silencio, resopla y se vuelve hacia la puerta.

—He quedado con Ellie el martes a las diez para ver sacaleches —me dice antes de salir de la habitación—. Solo quería que supieras que sigo cumpliendo con mi parte.

—Ya te dije que no tienes que hacerlo.

—Al parecer, es lo mínimo que puedo hacer —dice con tal veneno que me irrita.

—No me debes nada, ya te lo he dicho —replico cuando pone la mano en el pomo de la puerta.

—Considéralo parte del contrato. —Va a marcharse, pero se detiene. Me mira por encima del hombro, con su pequeña figura en tensión, lo que hace que sus movimientos sean irregulares. Inspira profundamente, agacha la cabeza—. ¿Podrías al menos hacerme un favor y bajarme la cremallera del vestido? —susurra.

—¿No llegas?

Niega con la cabeza.

—No, Kelsey me ayudó a subirla.

Me levanto de la cama y acorto la distancia entre nosotros, con la polla todavía dura. Cuando solo nos separan unos pocos centímetros, deslizo la mano por su larga melena y se la paso por encima del hombro para dejarle la espalda al descubierto. Llevo los dedos a la pequeña cremallera y se la bajo lentamente por la columna, lo que me confirma que no lleva sujetador.

Cuando llego al final, mantengo la mirada fija en su espalda mientras ella

deja caer el vestido hacia abajo hasta que forma un charco a sus pies, dejando a la vista un tanga de encaje blanco y su redondo y alegre trasero.

Joder.

Joder…

Se cubre los pechos con el brazo y se gira hacia mí para agacharse y recoger el vestido. Cuando se levanta, me roza la entrepierna con el hombro y casi me derramo ante su contacto. Sus ojos se encuentran con los míos y mueve sus largas pestañas.

—Gracias —dice en tono seductor.

Me humedezco los labios.

Tengo que cerrar los puños para no agarrarla.

Mi polla pide alivio.

Pero no me muevo. Ni siquiera me inmuto.

Con una mirada de decepción, sale de mi habitación, pero no cierra la puerta.

Pasa a su cuarto, deja la suya abierta, tiende el vestido sobre la cama y se dirige al baño.

Joder. La puerta abierta… Eso es una invitación.

Me está tentando, no se rinde. No creo que pudiera contenerme ni aunque estuviera en juego mi vida.

Después de ver su culo perfecto.

Después de desnudarla.

Después del beso que hemos compartido.

Después de verla de rodillas, con las mejillas ahuecadas.

Después de saber que quería tener mi polla en su boca.

Mi voluntad se ha resquebrajado, mis propósitos se tambalean y todas las reglas dan vueltas desordenadas en mi cabeza sin que ninguna tenga sentido.

La oigo abrir el grifo de la ducha en el baño. Es un infierno. La polla se me pone aún más dura, y me quedo allí quieto, con la mirada clavada en la otra habitación; es como si me suplicara que haga un movimiento, pero también que me mantenga firme.

Y luego se desliza por el dormitorio completamente desnuda.

Con esas tetas, del tamaño perfecto.

Y las caderas, adecuadas para agarrarme a ellas.

Por no hablar de su sexo, depilado y tan tentador. Una vez no ha sido

suficiente.

Dios mío…

Me mira, se echa el pelo por encima del hombro y se dirige a la mesilla de noche. Abre un cajón y saca el consolador que tiene una ventosa en el extremo. Se gira hacia mí ofreciéndome una vista frontal completa, y se me seca la boca cuando mis ojos contemplan sus duros pezones, que tanto deseo lamer. Consciente de mi mirada, Lottie coge el extremo del consolador y se lo pasa por el pecho al tiempo que deja caer la cabeza hacia atrás mientras se lo lleva a la boca.

Veo asomar su lengua…

Y lamer la parte superior.

Ya no tengo control, joder.

Mi polla late dentro de los calzoncillos.

El sudor me baja por la espalda.

Y, de pronto, me abandona toda la fuerza de voluntad.

Satisfecha consigo misma, se dirige al cuarto de baño con el consolador en la mano, y yo cruzo la barrera que separa nuestras habitaciones y la sigo al interior.

En el momento en que entro en su cuarto de baño, ha cerrado la puerta de la ducha y la sorprendo mojando el consolador antes de pegarlo en la pared con la ventosa. Cuando proyecté esta casa hice incluir duchas para dos personas en cada uno de los cuartos de baño, así que hay espacio de sobra.

En especial, si quisiera unirme a ella.

Se pone debajo del chorro de la ducha, pero, en lugar de dejar que el agua la empape, me ofrece un espectáculo.

Con aire seductor, con un objetivo en mente, sus manos descienden por sus pechos, donde se detiene y se pellizca los pezones. Gime mientras sus manos siguen bajando. El agua corre por sus pechos, por las puntas de sus pezones y su vientre plano, hasta su sexo.

Se me hace la boca agua.

Noto un hormigueo en las manos por las ansias de tocarla. De sentirla.

Me duele el cuerpo por estar en esa ducha con ella.

Una vez se empapa con agua, le da la espalda al consolador y se dobla por la cintura, agachándose lo suficiente para…, ah…, masturbarse.

Me clavo los dientes en el labio inferior mientras ella se desliza lentamente por el consolador y lo introduce en su apretado sexo.

—Sí… —gime, y se echa el pelo mojado por encima del hombro.

No puedo apartar la vista de lo que hace, miro los suaves círculos que traza con la pelvis.

Joder, la polla se me pone tan dura que me duele. Me había prometido a mí mismo que no me masturbaría delante de ella, que, si me corría, lo haría en su interior.

Pero verla así, mientras me posee el deseo de tocar sus malditos pezones y chuparlos, me vuelve loco.

Me hace salivar.

Me hace querer ir en contra de todo lo que he dicho.

—Dios, Huxley —dice en un tono tan satisfecho que mis oídos se aguzan al oír mi nombre—. Sí, Hux —insiste ella, hundiéndose un poco más fuerte

—. Qué bien. Qué bueno…

Mi polla pega un brinco.

Mi cuerpo se tensa.

Noto que me tiemblan los brazos cuando una de sus manos serpentea entre sus piernas y comienza a masajearse el clítoris.

—Sí, justo ahí. Justo ahí, Hux. Dios, me encantan tus manos. Me encanta cómo me hacen sentir.

¡Joder!

Abre los ojos ladea la cabeza cuando su mirada conecta con la mía.

Es embriagadora.

Lujuriosa.

Apasionada.

—Mmmm, sí… —gime, sin apartar los ojos de los míos.

Doy un paso adelante, poseído por la necesidad.

—Tu lengua. Me encanta correrme en tu boca. —Se pasa el dedo por los labios y se lo chupa—. Me encanta que me saborees. Que me lamas. Que me chupes. —Lleva la otra mano a su pecho, donde se pellizca el pezón con fuerza—. Consigues que me corra como ningún otro hombre con el que haya estado —jadea.

Mueve las caderas adelante y atrás.

El dedo, abandonada ya su boca, se desliza sobre el otro pecho.

Maldita sea…

Otros dos pasos más adelante.

—Ahh, ahhh, sí. ¡Oh, Dios, eres tan grande…! Sabía que lo serías, sabía

que tu polla sería justo lo que necesitaba.

Se le cae la cabeza hacia adelante.

Mueve las caderas más rápido.

Se pellizca los pezones, arrancándose un siseo.

¡Joder!

Quiero ser yo.

Necesito ser yo.

El último hilo de resistencia se rompe y, antes de que pueda detenerme, me quito los calzoncillos y abro de golpe la puerta de la ducha. El agua me cae en la espalda y Lottie me sonríe justo antes de extender la mano y agarrar mi polla, que está en posición de firmes.

—Justo lo que quería de postre —se relame antes de llevarla a la boca.

¡Joder! Le sujeto el pelo y se lo recojo a un lado para ver cómo su boca desciende sobre mi gruesa erección. Sus labios me absorben y me acaricia con la mano la raíz de mi polla. Pero es su boca la que me hace echar las caderas hacia delante, pidiendo más.

Está caliente.

Húmeda.

Es perfecta.

Me introduce hasta el fondo de su garganta. Cierro los ojos, embargado por el placer, y me acerco para que ella pueda seguir dándose placer también.

Tal y como pensaba —permitirle tocarme, chuparme— es justo como lo había soñado. Condenadamente bueno. Muevo la mano por su mejilla y le acaricio la suave piel con el pulgar.

—Traga mi polla, lo más profundamente que puedas, en esa sucia boca tuya. —Me chupa más fuerte—. Así… Joder, sí, Lottie. —Poso la mano en la parte posterior de su cabeza y la ayudo a mantener el ritmo, moviéndola sobre mi erección una y otra vez, aumentando el placer en lo más profundo de mí.

—¡Oh, Dios! —murmura en mi polla, y mueve las caderas contra el consolador.

No puedo decir que me guste especialmente que se corra con algo que no sea mi mano o mi boca, pero es excitante que se masturbe mientras me folla con la boca. Lo permitiré por esta vez.

Pero es mi nombre el que ha estado diciendo. Mis manos las que está

imaginando en su cuerpo. Mi lengua la que lame su clítoris y su coño.

Acerca los labios a la punta de mi polla y me acaricia los testículos.

Separo las piernas para que tenga mejor acceso, porque quiero que juegue conmigo. Quiero que me haga lo que le dé la gana. Y lo hace… Me pasa la palma de la mano por las pelotas mientras se recrea con el glande, lamiéndolo una y otra vez como un pirulí.

Jugando conmigo.

Y me encanta.

Me encanta la sensación.

La forma en que se concentra en una zona en particular y luego vuelve a tomar una parte de mí en su boca, hundiéndome hasta el fondo de su garganta…

—Joder —murmuro cuando mi miembro empieza a vibrar entre sus deliciosos labios.

—Me encanta tu polla —dice cuando me saca de su boca para lamer toda mi longitud—. Es enorme, Huxley. Y gruesa. —Me roza con la lengua la parte inferior de la punta, acariciando ese lugar tan sensible, y para mí que me crece un centímetro más por la forma en que me sujeta los huevos, tirando con suavidad, con mucha suavidad, de ellos. Es suficiente para volverme loco, para que note un escalofrío de placer en mi espina dorsal.

—Quiero correrme en tu boca —pido mientras me agarro la base de la erección.

—Esto es mío, no lo toques —dice, apartándome la mano.

Frunzo el ceño ante tal exigencia y, si no estuviera tan desesperado por correrme, le diría exactamente lo que es suyo, pero necesito su boca perfecta en mi polla. Y la necesito ya.

—Entonces, fóllame con la boca —suplico con los dientes apretados.

Deja de moverse sobre el consolador y se concentra en mi polla, llevándome a lo más profundo de su garganta.

Me traga.

Se retira.

Repite el proceso hasta que no puedo sentir nada más que su dulce boca.

Me agarro al lateral de la pared de la ducha mientras el placer me sube por las piernas y se me acumula en la base de la polla.

—Joder, me voy a correr. —Le paso la mano por la mejilla—. Traga hasta la última gota.

Sus ojos se nublan y, en ese momento, me remata, succionándome, chupándome, dándome la mejor mamada de toda mi vida. Se me tensan las pelotas, mi polla se hincha y exploto con un rugido que sale de lo más profundo mi pecho mientras me corro en su boca.

Y lo traga todo

Hasta la última gota, como le he dicho, hasta que estoy completamente agotado y trato de recuperar el aliento.

Me suelta y me sonríe.

Tardo tres segundos en cogerla, cerrar la ducha y tumbarla en el banco. Le separo las piernas, me arrodillo y aprieto la boca contra su coño.

—Sí —dice, hundiendo los dedos en mi pelo. Me tira de los mechones con fuerza y gime mientras devoro su coño ya excitado.

Está a punto. Lo sé por la forma en que me aprieta los hombros con las piernas, por el temblor de sus manos al tirarme del pelo.

—No puedo olvidar tu sabor —confieso, y la premio con largas caricias e introduzco dos dedos en su interior—. Podría estar comiéndote todo el maldito día. —Caricia a caricia, aumenta la tensión en su interior hasta que me clava las uñas en el cuero cabelludo y se le arquean las caderas.

—Huxley, me corro. ¡Oh, joder, me voy a correr…! —grita; le sujeto la pelvis hacia abajo, impidiendo que haga ningún movimiento mientras la paladeo, dándole placer como yo quiero.

Gime, su voz resuena en los azulejos.

Grita mi nombre al ver que no aflojo y le arranco hasta el último gramo del orgasmo.

Y cuando se relaja lentamente, le hago unas cuantas caricias más antes de apartarme ligeramente, aunque solo para darle un beso en el sexo.

Cuando me pongo en pie, me mira con los ojos abiertos como platos. Veo cómo sube la mano temblorosamente por su cuerpo hasta el cuello. Me busca mientras recupera el aliento, y no estoy seguro de lo que tiene en mente, de lo que podría decirme, así que decido adelantarme a ella.

—Que pases una buena noche —susurro, antes de salir de la ducha. Tengo que dejarlo aquí. Tengo que largarme, o me veo llevándola a su cama y follando con ella toda la noche hasta que no pueda soportarlo más.

Me arrepiento de haberla dejado, pero me obligo a seguir adelante y cojo una de las toallas de repuesto, que me pongo alrededor de la cintura antes de ir a mi habitación, donde cierro la puerta.

Aturdido, confuso e inseguro ante lo que ha pasado, entro en mi cuarto de baño, abro la ducha y me relajo bajo el agua caliente, intentando recomponerme.

¿Qué coño he hecho?

He traspasado todos los límites y, ahora que he tenido su boca en mí, no creo que vuelva a ser el mismo. No después de tragarme tan profundamente, después de cómo se bebió hasta la última gota de mi eyaculación.

No podré quitarme esa imagen de la cabeza durante mucho tiempo.

Y cuando salgo de la ducha para secarme, solo puedo pensar en que quiero volver a cruzar el pasillo y explorar el cuerpo de Lottie. En que quiero agradecerle que haya soportado todas mis borderías. Por abrirme a pesar de que, en realidad, no quiero hacerlo.

Me miro fijamente en el espejo y paso lentamente la mano sobre el vello que me cubre el pecho, el mismo que Lottie rozó con el interior de sus muslos.

¿Qué demonios estás haciendo, tío?

¿Y por qué pareces feliz?

Me siento feliz en un momento en que no debería serlo, porque el caos me engulle. El trato, las mentiras, las líneas borrosas…, todo está flotando en el aire —algo que normalmente no soporto— pero aquí estoy… lidiando con ello.

Dios…

Suena el teléfono en la mesita de noche y lo miro, preguntándome qué hora será.

Tomo asiento en mi cama con la toalla alrededor de la cintura y leo el mensaje.

Lottie: Tu boca es una absoluta provocación. Me encanta correrme en tu lengua.

Joder.

¿Está intentando que se me ponga dura otra vez?

Huxley: No me canso de tu coño ni de tu tembloroso clítoris.

Me paso la mano por la boca, deseando que mi cuerpo no se excite de nuevo. Una vez es suficiente por esta noche. Cruzar la línea más veces solo

hará que me meta en un lío.

Lottie: Solo me he corrido así contigo. Con nadie más. Solo contigo.

Sí, está tratando de ponerme duro de nuevo, está tratando de atraerme.

Quiere más. Puedo sentirlo en lo más profundo de mis huesos.

Huxley: ¿Estás desnuda en la cama?

Lottie: ¿Cómo lo has sabido?

Huxley: Estás intentando que vuelva a tu dormitorio.

Lottie: Quiero sentir tu polla dentro de mí, Huxley. Tengo las piernas abiertas, los pezones duros, mi cuerpo se calienta solo de pensarlo.

Me estremezco y aprieto los dientes, tratando de mantener la compostura.

Huxley: No voy a volver.

Aunque quiero hacerlo. Joder, quiero hundirme entre sus piernas. Pero me estoy volviendo adicto a ella, y eso tiene que parar. No tengo ni idea de cuándo se me ha ido la cabeza, ni de si esto es solo una diversión para ella mientras pasamos el tiempo, pero sé que sería algo más para mí, y no estoy dispuesto a arriesgarme. Dejo el teléfono en el suelo, pensando que Lottie no va a responder después de ese último mensaje. ¿Estará enfadada?

¿Frustrada? ¿Confundida? ¿Sentirá todo lo que yo siento?

Lottie: Si no vuelves por aquí, ¿reconsiderarás responder a mis dos preguntas?

Suelto un profundo suspiro y me paso la mano por el pelo. Todavía quiere conocerme…

Pero tengo que mantener los límites.

Huxley: Solo respondo a tus preguntas en la cena.

Lottie: Por favor, Huxley.

Y así como así, la conversación pasa de tener una carga sexual a ser inocente. Puedo oír su voz diciendo esas palabras, pidiéndome, rogándome que participe.

Aparentemente no tengo fuerza de voluntad, porque asiento, aunque ella

no pueda verme, y respondo al mensaje.

Huxley: ¿Cuáles son tus preguntas?

Lottie: Gracias. ¿Qué tal si hago dos preguntas y ambos tenemos que responder a ellas?

Huxley: Vale.

Lottie: Tu entusiasmo es contagioso.

Huxley: No te pases…

Lottie: Vale, pregunta número uno: ¿cuál dirías que es tu cualidad favorita de ti mismo?

Huxley: No estoy seguro de a dónde quieres llegar, pero supongo que respondería que mi integridad.

Lottie: Lo entiendo.

Huxley: ¿Qué es lo que más te gusta de ti?

Lottie: Mi lealtad, a pesar de que me haya causado problemas con Angela. Creo que ser leal es muy importante. Otra razón por la que mantengo mi palabra y voy a comprar sacaleches con Ellie.

Huxley: Ser leal es una cualidad muy admirable.

Lottie: Bien, segunda pregunta: ¿qué es lo que más te gusta de mí? Y yo te diré lo que más me gusta de ti.

Huxley: ¿Buscas cumplidos?

Lottie: Ya que estamos trabajando juntos y tiendes a alejarte mucho, he pensado que será beneficioso que digamos lo que nos gusta del otro. A modo de recordatorio.

Huxley: Vale. Me gusta que seas leal.

Lottie: De eso nada, no puedes usar lo que he dicho. Vamos, Huxley, sé que puede ser doloroso para ti ofrecerme un cumplido, pero al menos puedes intentarlo.

Aprieto los labios contra los dientes en señal de frustración mientras me tumbo en la cama. Vale, quiere saber lo que me gusta de ella, y más vale que se lo diga.

Huxley: Que no tienes miedo. Puede que no tomes siempre la decisión correcta,

pero, pase lo que pase, te enfrentas a las situaciones sin miedo y no te contienes. Es una característica que no tiene mucha gente. Si lo unes a la lealtad, te conviertes en alguien con quien me gustaría pasar más tiempo.

No responde enseguida, y me preocupa pensar que me he excedido, que he dicho demasiado, pero entonces llaman a mi puerta. Me incorporo y me encuentro a Lottie allí de pie con uno de los muchos conjuntos de lencería que le he comprado.

Es rojo. Los pantaloncitos cortos son holgados, de encaje y transparentes.

La parte superior se interrumpe a la altura del ombligo y no esconde nada.

Por lo tanto, veo cómo sus pechos flotan libremente.

Sí, es de largo la mujer más sexy que he visto en toda mi vida.

—¿Qué pasa? —pregunto, sintiéndome incómodo después de haberme sincerado por mensaje y también, una vez más, excitado.

—Quería saber si lo que decías era de verdad.

—¿Por qué iba a mentirte? ¿Te he mentido alguna vez?

—No —dice ella—. Pero…, no sé, necesitaba ver tu cara.

—Es la verdad. Siempre te diré la verdad.

Desliza los pies por el suelo y mira la alfombra.

—Gracias.

—¿Eso es todo? —pregunto.

—No. Necesito decirte lo que me gusta de ti.

Muevo la cabeza y me levanto de la cama.

—No es necesario.

—Es tu corazón. Siempre quieres ayudar —dice; sus ojos se encuentran con los míos—. No dejas que la gente lo vea; lo escondes del ojo público.

Pero como espectadora, habiendo prestado suficiente atención, lo he visto, y es hermoso.

No me gustan los cumplidos.

La verdad es que no me interesan mucho.

Así que escucharla, oír sus elogios, no me sienta bien, y no sé cómo manejarlo.

—No hace falta que digas nada —dice, notando lo incómodo que estoy—.

Pero he pensado que debías saberlo. —Me ofrece una suave sonrisa—.

Buenas noches, Huxley.

—Buenas noches —deseo, bajito, mientras se aleja.

Me siento como si esta noche mi mente se hubiera visto eclipsada por una

bruma pesada y densa. No puedo pensar con claridad. Parece que no puedo unir dos pensamientos sobre qué debería hacer. ¿Cómo diablos puedo aceptar la observación de Lottie sobre mí…, sobre su parte favorita de mí?

Es tu corazón. Siempre quieres ayudar. No dejas que la gente lo vea; lo escondes del ojo público. Pero como espectadora, habiendo prestado suficiente atención, lo he visto, y es hermoso.

Nadie me ha hablado —ni discutido conmigo— como lo hace Lottie.

Nadie me ha visto como ella me ve. Mis hermanos me conocen perfectamente, claro, pero cualquiera que haya entrado en mi vida ve a Huxley Cane, el multimillonario, el magnate. Nunca me han visto como Huxley, el hombre con corazón. Porque sé que está ahí, joder. Me enorgullezco de ser compasivo cuando se presenta el momento. Pero nadie lo había detectado.

Hasta que llegó Lottie.

Consciente de que tengo problemas mentales, me vuelvo hacia la mesilla de noche, cojo el teléfono y envío un mensaje a mis hermanos.

Huxley: Estoy jodido.

Sus respuestas son inmediatas.

JP: Déjame que adivine: ¿te has dado cuenta de que te gusta tu falsa prometida?

Huxley: Me gusta. No debería, pero me gusta.

JP: Lo sabía.

Breaker: Como todo el mundo…

Huxley: No sé qué coño hacer.

JP: Lo que haría cualquier otra persona si le gustara alguien. Invitarla a salir.

Huxley: ¿Invitarla a salir? Pero tenemos un acuerdo de negocios. Y no creo que deba actuar así.

Breaker: JP, mira a nuestro hermano mayor inseguro. Es una pasada verlo así.

JP: ¿Me atrevería a decir que estoy disfrutando de este momento de humildad? Sí, me atrevería.

Huxley: No seáis imbéciles. Necesito ayuda, joder.

JP: No necesitas ayuda. Sabes exactamente lo que tienes que hacer, es solo que estás demasiado asustado para hacerlo.

Breaker: ^^ Cierto.

Huxley: Es complicado. ¿Y el trato con Dave?

JP: No creo que tengas que preocuparte de eso ahora mismo. Yo me centraría en lo que quieres, en algo que no está relacionado con el negocio. Tanto Breaker como yo podemos dar fe de ello y decir que necesitas algo en tu vida que no sea la empresa.

Breaker: Tienes que aprender a disfrutar de la vida, hombre. No estás viviendo.

Tienes todo el dinero del mundo y no haces nada con él. Ahora tienes una razón para usarlo: salir con ella. Sal con ella. Si te gusta, hazlo.

Huxley: ¿No crees que eso estropeará las cosas entre nosotros?

JP: Solo serán mejores.

Breaker: Tiene razón. ¿Qué podría salir mal? En serio.

Huxley: Famosas últimas palabras.

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