Un mal comienzo

Meghan Quinn · Capítulo 22 de 24

Páginas del PDF

Un mal comienzo

Unmalcomienzo-21

21

LOTTIE

—¿Qué te parece este vestido? —le pregunto a Kelsey, acercándolo a mi cuerpo mientras lo miro en el espejo.

—Ese color no te favorece nada, lo que me sorprende, ya que Huxley parece conocer perfectamente qué ropa hace destacar tus mejores rasgos.

—Es uno de mis vestidos antiguos.

—Entonces, ya lo entiendo.

Pongo los ojos en blanco y le lanzo el vestido, lo que le hace reír.

—Recuérdame por qué te arreglas para cenar otra vez. ¿No es una noche más en esta loca vida de ensueño que has estado viviendo?

Cojo un modelo morado con un profundo corte en V y me lo acerco al cuerpo. Este hace que mis ojos destaquen y es sexy, justo lo que quiero.

—Por ninguna razón en particular. —Sonrío y quito el vestido de la percha.

—No me lo creo ni por un segundo.

Sin importarme que mi hermana me vea en ropa interior, me quito la camiseta que me ha prestado Huxley y la lanzo a la cama, luego me subo el vestido por las caderas y por el torso. Me coloco los tirantes en los hombros, me lo ajusto a los pechos y me miro en el espejo.

Sí. Justo lo que quería.

—¿Puedes subirme la cremallera? —Me aparto el pelo para que Kelsey tenga un acceso más fácil a la cremallera.

Se levanta de la cama y agarra la lengüeta de la cremallera, pero no la sube de inmediato.

—¿Qué planes tienes para esta noche?

Me sube la cremallera del vestido y veo cómo la tela se adhiere a mi silueta. ¡Dios, es perfecto! Huxley me lo arrancará en cuestión de segundos, no me cabe duda.

—Nada especial —digo, aunque no sea la verdad.

Kelsey, como la hermana intuitiva que es, me pone de frente a ella y me agarra por los hombros.

—Dímelo ya.

Suspirando, me tumbo de nuevo en la cama y miro al techo.

—Lo amo, Kels.

—¿Qué? —pregunta ella, con la voz aguda—. ¿Qué has dicho?

Me levanto para mirarla a los ojos.

—Lo quiero.

Me mira boquiabierta y parpadea varias veces.

—Lo amas. ¿Amas a Huxley Cane, tu falso prometido?

—Sí, exactamente. Lo amo.

—¿Qué? ¿Cuándo? ¿Cómo? Es decir, sé que estáis saliendo y que la relación ha progresado, pero ¿amor?

Asiento, totalmente segura de ello.

—Sí, lo amo. Parece como si hubiera surgido de la nada, pero no tengo ninguna duda. Tenías razón: hay una delgada línea entre el amor y el odio.

He cruzado esa línea.

—Vaya, es que… —Hace una pausa, y, cuando mis ojos se encuentran con los suyos, sonríe y abre los brazos para estrecharme con fuerza—. Me alegro por ti, Lottie.

—Gracias. —Le devuelvo el abrazo.

—¿Piensas decírselo? ¿Por eso te has arreglado?

—Sí. —Me muerdo el labio, estoy tan nerviosa que me tiemblan los dedos

—. ¿Crees que es demasiado atrevido por mi parte?

—No. —Kelsey niega con la cabeza—. Porque creo que él siente lo mismo por ti.

Me animo.

—¿Tú crees?

—Lo sé desde antes de que empezarais a salir y te lo dije, y ahora repito lo mismo, nunca he visto a un hombre tan interesado en una mujer como Huxley lo está en ti. Te adora, Lottie.

—Creo que «adorar» es una palabra muy fuerte. —Pero sigo sonriendo, pensando en cómo se ha resistido a dejarme esta mañana después de que haya jugado con él en la ducha. Todavía puedo oír sus profundos gemidos cuando se ha corrido sobre mi pecho mientras yo le pasaba el vibrador por los testículos.

Ha sido una de las cosas más sensuales que he visto nunca, su cuerpo de dios temblando y estallando. Cada uno de sus músculos temblando al perder el control de sus sentidos. Llevo todo el día repitiendo la imagen en mi cabeza, hasta el punto de que le he enviado un mensaje guarrete haciéndole saber exactamente lo que quería hacerle cuando llegara a casa. Todavía no me ha contestado, pero es un hombre muy ocupado.

—¿Cuándo se supone que va a llegar a casa?

Miro el reloj de la mesilla de noche.

—En cualquier momento.

—¿En serio? —Kelsey salta de la cama—. Entonces debería irme. No quiero ser la que interrumpa una bienvenida especial. —Coge el bolso y me abraza—. Me alegro por ti. Huxley es un buen tío; te lo he dicho desde el principio. Tenéis suerte de haberos conocido. —Se ríe—. Todavía no puedo me creer que fueras en busca de un marido rico y lo hayas encontrado. —

Con eso, me da un último abrazo y se va.

Me miro de nuevo en el espejo. No tengo ninguna duda de que este es el vestido que debo llevar. A Huxley le va a encantar. La única pregunta es:

¿lo combino con zapatos o voy descalza?

Conociendo a Huxley, le gustaría que me pusiera tacones.

Entro en el amplio vestidor y me pruebo unos cuantos pares antes de decidirme por unas sandalias negras de tiras que sé que le encantarán. Me acerco a la cómoda donde guardo el perfume y me rocío un par de veces.

Oigo que se abre y se cierra la puerta principal.

Ha llegado a casa.

Noto mariposas en el estómago, pues sé que es un gran paso para mí.

Nunca le he dicho a un hombre que lo quiero, y menos he sido la primera en reconocer mis sentimientos. Pero hay algo en la forma sincera y sin medias tintas en la que Huxley me habla que me infunde confianza y me hace sentir cómoda, que me da un lugar seguro para poder expresarme. Y no creo que haya posibilidad alguna de que pueda pasar otro día sin decirle lo que siento. Y bien sabe Dios que le dije que lo odiaba varias veces.

Ya es hora de que le diga que lo amo.

Bajo las escaleras, con cuidado de no resbalar con estos tacones, y voy a la entrada, donde veo a Huxley mirando la pantalla del teléfono.

—Hola —digo, acercándome a él. Le pongo la mano en el pecho y me acurruco contra él mientras le doy un beso en la mandíbula.

En lugar de rodearme la cintura con el brazo, como haría normalmente, o de obligarme a besarlo en los labios, se queda tieso, sin ganas.

Nerviosa, me alejo de él.

—¿Va todo bien? —pregunto.

Levanta la cabeza despacio hasta que sus ojos se encuentran con los míos, y es entonces cuando lo veo: hay desconexión en su mirada. La misma desconexión que veía al principio, cuando apenas me hablaba, cuando no quería saber nada de mí.

Este no es el hombre que ha salido de casa esta mañana.

Este no es el hombre que me ha enviado un mensaje a mediodía diciendo que ojalá no hubiera tenido que ir a trabajar.

No es el hombre al que pensaba decirle que lo quiero.

—Huxley —susurro—. ¿Qué ha pasado?

Se mete el teléfono en el bolsillo del pantalón y veo que tensa la mandíbula mientras sus ojos se entornan para mirarme.

—¿Qué le has dicho?

—¿Qué le he dicho a quién? —pregunto, perdida—. ¿A Kelsey?

Oh, Dios, no le habrá dicho nada de lo que hablamos, ¿verdad?

No, ella nunca diría nada.

—No, a Ellie.

—¿A Ellie? —Arrugo la nariz con total confusión. ¿De qué demonios está hablando?

—Sí, Lottie —gruñe—. ¿Qué coño le has dicho a Ellie? —Su voz destila veneno, que escupe en mi dirección.

Esto no era lo que esperaba cuando Huxley ha llegado a casa. En serio, si no hubiera estado mirando su teléfono cuando lo he visto, habría saltado a sus brazos por lo emocionada que me sentía de verlo. Pero la ira que muestra, la hostilidad… No tengo ni idea de lo que está pasando.

—No lo sé —respondo, con la voz entrecortada por los nervios.

—¡Debes de haberle dicho algo! —grita, y pasa a mi lado, llevándose la mano a la nuca—. Porque Dave lo sabe.

Dave lo sabe…

—¿Sabe lo nuestro? —pregunto.

—Sí, lo sabe, y adivina quién se lo dijo. Ellie. Así que dime qué cojones le contaste, porque sea lo que sea, necesito saberlo para poder evaluar los daños.

—No sé de qué hablas, Huxley. No le he dicho nada sobre nosotros.

—¡No me jodas, Lottie! —grita. Sus ojos están desprovistos de cualquier sentimiento. Están vacíos, como si… como si ya me hubiera descartado—.

Tú eres la única que ha estado a solas con Ellie. Y me odiabas al principio de todo, así que no me extrañaría que le hubieras dicho algo en confianza.

Espera un momento…

Espera un maldito segundo…

¿Me está acusando de decirle a Ellie que el compromiso es un engaño?

No es posible que esté haciendo eso.

Pero cuando lo miro a los ojos, asimilo su respiración agitada, la dureza de su mandíbula, el vacío de sus ojos…, veo que eso es exactamente lo que está haciendo.

—¿Crees que le he dicho algo a Ellie? —insisto; necesito confirmar su suposición.

—Sí —suelta con un tono exasperado—. Dave está contándole a la gente lo de nuestro falso compromiso, destruyendo mi reputación, y quiero saber lo que le has contado a Ellie para evaluar lo jodido que estoy en realidad.

Sí, me está echando la culpa a mí.

Cree que hablaría a sus espaldas. Cree que lo traicionaría.

Después de todas las conversaciones sobre el contrato, después de todas las amenazas, de verdad piensa que pasaría todo por alto, que lo contaría.

Eso no solo me cabrea de una forma increíble, sino que también una ola de emoción me obstruye la garganta y me rompe el corazón. ¿Cómo puede pensar tan mal de mí?

Incapaz de reunir el valor necesario para mantener esta conversación con él, doy media vuelta y me alejo. Llegan los primeros signos de un ataque de pánico cuando mi respiración se acelera y noto una opresión en el pecho.

No puedo creer que piense que yo diría algo. Que no confíe en mí.

Subo las escaleras a toda velocidad.

—¡¿Adónde coño crees que vas?! —lo oigo gritar.

No me detengo, ni siquiera doy un traspiés mientras mis piernas se mueven más rápido que mi cuerpo.

En lugar de eso, me lanzo hacia delante y, cuando llego a mi habitación, doy un portazo y busco la cremallera de mi vestido en la espalda. Lucho por llegar a ella durante unos segundos y, justo cuando la agarro y tiro hacia abajo, la puerta de mi habitación se abre de golpe.

—¿Vas a responderme? —pregunta Huxley; me despojo del vestido y los tacones, y los dejo en el suelo.

Voy al vestidor y me pongo los vaqueros cortos y la única camiseta que hay, que es la de Fleetwood Mac que me regaló. Tendrá que valer. Luego elijo unas chanclas y cojo el teléfono de la mesilla de noche. Estoy a punto de pasar junto a él cuando bloquea la puerta.

—Lottie, necesito saberlo, joder.

—¿Por qué necesitas saberlo? —pregunto—. Parece que ya me has juzgado.

—¿Estás diciendo que no le has dicho nada?

—Que tengas que preguntarme eso es increíblemente insultante.

—Esa no es una respuesta —me acusa.

—¿Quieres una respuesta? —replico, tratando de mantener la compostura lo mejor que puedo—. Bien, pues aquí la tienes. No, no le he dicho nada a Ellie, porque, a pesar de lo que puedas pensar de mí, a pesar de lo horriblemente mal que me trataste al principio de todo, seguía siendo la misma mujer leal de siempre, y mantuve nuestro secreto porque era eso: nuestro secreto.

Voy a pasar junto a él, pero me detiene. Sus rasgos faciales se han suavizado, al igual que su voz.

—¿De verdad que no le dijiste nada, Lottie?

—No. No lo he hecho.

Sus ojos buscan los míos y su expresión se convierte lentamente en una de arrepentimiento.

—Joder, Lottie. Estoy…

—No —digo, levantando la mano—. Ni te molestes. —Lo pillo desprevenido y me escabullo escaleras abajo, aunque él me sigue.

Apenas soy capaz de oír su súplica, diciéndome que detenga, por encima de los latidos de mi propio corazón, por encima del sonido que hace al quebrarse, al hacerse añicos.

Pensaba que confiábamos el uno en el otro. Pensaba que habíamos establecido una conexión, un vínculo tan fuerte que nada podía destruirlo.

Creía que íbamos a más, pero, al parecer, me equivocaba, porque, con un solo dato en contra, se ha vuelto contra mí.

¿Cómo es posible que me acuse de algo así? ¿No le he demostrado mi valía? ¿No he hecho todo lo que me ha pedido, y excepcionalmente bien,

además? ¿No le he demostrado que puede confiar en mí?

Voy a la puerta principal, donde Huxley me alcanza.

—Lottie, espera. —Se pone delante de la puerta con la respiración agitada

—. Lo siento, ¿vale? Ha sido una estupidez por mi parte preguntarte.

—No me has preguntado, Huxley, me has acusado.

—Lo sé. —Se tira del pelo—. Se me ha ido la olla, ¿vale? No esperaba que me dijeran que Dave sabe lo del falso compromiso.

—Ah, ¿y por qué al enterarte lo primero que haces es culparme a mí?

—No es así, es que me dijeron que Ellie se lo contó a él. ¿Qué se supone que debo pensar?

—¿Qué se supone que debes pensar? —repito, incrédula—. Se supone que debías confiar en mí. Se supone que debías plantearme el problema para que te ayudara a encontrar la solución. Pero no deberías haber entrado aquí, echándome la culpa. Y menos cuando estaba… —Me interrumpo antes de admitir lo que iba a decirle esta noche.

—¿Y menos cuando qué? —pregunta.

Niego con la cabeza.

—Nada. —Levanto la barbilla, tratando de mantener la calma—. Debería haber imaginado que todo esto era demasiado bueno para ser verdad, que ibas a acabar haciéndome daño de alguna forma.

Da un paso atrás.

—Hablando de suposiciones de mierda…

—Eh, ¿no acabas de hacer eso? ¿No acabas de hacerme daño?

—No a propósito. Estoy un poco jodido ahora mismo, Lottie. En caso de que no te hayas dado cuenta, esto podría arruinar mi empresa.

—Quizá deberías haber pensado eso antes de empezar a mentirle a todo el mundo respecto a que tienes una prometida y un bebé en camino. La culpa de todo esto solo es tuya.

—Haría cualquier cosa para asegurar ese trato —me recuerda Huxley, devolviéndome el golpe.

—Incluyendo culparme por algo que deberías haber sabido que nunca haría.

Se pasa la mano por la cara.

—Al principio me odiabas, Lottie. Era una pregunta que tenía que hacer.

—No, no es así. —Acorto el espacio entre nosotros y le clavo un dedo en el pecho—. Deberías saber que nunca le haría eso a nadie, en especial

cuando se trata de negocios, y menos después de que me jodiera la vida alguien en quien creía que podía confiar. Lo perdí todo, Huxley. Angela me quitó la única cosa en la que creía que era buena, me hizo sentir pequeña e inservible. Me denigró. Después de que me trataran tan mal, de que me lo arrebataran todo, ¿en serio crees que le haría eso a otra persona? —Se mira los pies, avergonzado—. No, no lo haría. Puede que me cayeras mal al principio, pero esa aversión nunca me habría enfurecido tanto como para hacer algo tan ruin como contarle a Ellie la verdad sobre nuestro compromiso.

Paso junto a él y abro la puerta.

—Lottie, detente. ¿A dónde vas?

Le escribo un mensaje a Kelsey diciéndole que venga a buscarme. Sé que no hará ninguna pregunta, simplemente aparecerá y hablará más tarde. Solo necesito salir de aquí. No puedo estar cerca de él.

—Kelsey viene a buscarme.

—Lo siento, ¿vale? He perdido la cabeza. Vamos a hablar de esto.

—No hay nada de qué hablar, Huxley. —Continúo yendo hacia la puerta.

—Y, entonces, ¿te vas? ¿Así de fácil?

Me giro para mirarlo.

—¿Crees que puedo quedarme aquí?

—Ha sido un error de comunicación.

Los ojos casi se me salen de las órbitas.

—¿Cómo puedes ser tan frío al respecto?

—No estoy siendo frío. Solo trato de entenderlo.

—Bueno, pues a ver si entiendes esto, Huxley. Pensaba decirte lo que siento por ti esta noche y, en lugar de que dejarme hacerlo, me has echado la culpa de lo que no debías, has destrozado la confianza que había entre nosotros y me has roto el corazón.

—Espera…, ¿qué? —pregunta con una expresión llena de arrepentimiento

—. ¿Tus… sentimientos? ¿Qué sentimientos?

—Ya no importa —replico y una lágrima cae por mi mejilla. Ni siquiera sabía que tenía los ojos anegados. Me los seco con rapidez, pero no antes de que Huxley los vea.

—Joder, Lottie. Lo siento. Lo siento de verdad, joder. No debería haber dicho lo que he dicho.

Me acerco a la puerta, incapaz de escucharlo por encima del rugido de mi

corazón.

—Por favor, quédate. Podemos solucionarlo.

—No puedo. —Niego con la cabeza. Me siento demasiado frágil en este momento—. Necesito algo de tiempo.

—¿Tiempo? —Llega hasta mí mientras atravieso la verja y salgo a la acera, donde espero a Kelsey—. ¿Qué quieres decir con que necesitas tiempo? Lottie, por favor, no hagas esto. No me dejes.

El coche de Kelsey aparece al fondo de la calle.

—Lottie… —Huxley me coge la mano, pero lo aparto.

—No hagas eso —protesto.

—Habla conmigo, por favor. Podemos solucionarlo ya. No necesitamos tiempo.

Me doy la vuelta para mirarlo y las lágrimas empiezan a caer de nuevo.

—Apenas puedo mirarte ahora mismo, Huxley. ¿Qué te hace pensar que quiero quedarme contigo?

Sorprendido por mis lágrimas, da un paso atrás, y eso es todo lo que necesito para escapar cuando Kelsey se detiene. Abro la puerta del coche y entro.

—Por favor, Lottie. Nena, no te vayas —dice a mi espalda.

No lo escucho. Me siento, cierro la puerta y me abrocho el cinturón.

Kelsey no dice nada, solo se aleja. Conduce en silencio hasta su apartamento.

Incluso a pesar de que mi teléfono no hace más que vibrar con mensajes de Huxley, ella no dice nada.

No abre la boca hasta que estamos en su apartamento.

—Dios, Lottie, lo siento mucho.

A estas alturas tengo los ojos hinchados.

Ya no me quedan más lágrimas que verter.

Estoy acurrucada en el suelo, envuelta en una manta.

—No lo entiendo —digo en voz baja—. Pensaba que… Pensaba que confiaba en mí.

—Puede que lo pillara desprevenido.

Le lanzo una mirada de advertencia.

Ella levanta las manos para defenderse.

—No lo estoy disculpando, solo trato de entender su reacción. Es decir,

¿te imaginas oír eso? Ha trabajado mucho en ese proyecto y, de repente, todo le estalla en la cara; debió de sentirse estresado.

—Es muy probable, pero eso no le da derecho a arremeter contra mí.

Debería haber venido a casa y pedirme ayuda en lugar de acusarme.

Básicamente, destrozó todo lo que levantamos entre nosotros, como si…

como si sus negocios fueran más importantes que yo. —Y entonces me doy cuenta—. Tal vez…, tal vez su negocio es más importante que yo. Tal vez no le importo tanto como creía. —Me tiemblan los labios—. Tal vez me gustaba más a mí que yo a él.

—No. —Kelsey niega con la cabeza—. No es el caso. Le gustas, Lottie.

Vino a por ti. Vi su cara. Estaba destrozado.

Ojalá fuera el caso…

— Tal vez actuara como si le importara, pero cuando alguien se preocupa por otra persona no la trata como él me trató a mí.

Kelsey suspira y se apoya en la cama.

—¿Puedo decir algo sin que me odies?

—No. Tengo todo el derecho a odiarte por lo que salga de tu boca.

Kelsey refunfuña algo en voz baja.

—Creo que tienes que ver esto desde su perspectiva —dice finalmente—.

Acababa de descubrir que su secreto ya no era un secreto después de todo, que se está corriendo la voz de que es un mentiroso. Lo más probable es que entrara en pánico y se quedara con la mente en blanco. No pensó, solo reaccionó.

Deshago la bola que había formado el suelo y miro a Kelsey a los ojos.

—Pero eso es lo que no entiendes, Kelsey. Reaccionó sin pensar, y su reacción fue no confiar en mí. Estaba a punto de decirle que lo amaba; que me hace increíblemente feliz y que cada día estoy más agradecida por despertarme en sus brazos. —Las lágrimas fluyen por mis mejillas—. Pero, para él, soy algo que está dispuesto a tirar por la borda por una suposición.

¿Entiendes el problema?

Kelsey mueve la cabeza despacio.

—Sí, ya veo el problema. No lo había pensado así. —Se tira al suelo y se acerca a mí para abrazarme—. Lo siento, Lottie. No puedo imaginar lo mucho que estás sufriendo ahora mismo.

—Demasiado —hipo—. Demasiado. —Me limpio las lágrimas—. Ojalá

nunca hubiera aceptado el trato. Desearía haberlo rechazado y no haberme involucrado en nada, porque ahora me siento más destrozada que nunca, en lugar de recompuesta.

Kelsey me acaricia la cabeza, lo que me hace llorar de nuevo. Lo que le he dicho a Huxley sobre Angela no era mentira. Su traición me hirió profundamente, a pesar de que solo estaba actuando de acuerdo con su carácter. Es una mentirosa patológica y una manipuladora. Pero yo había confiado en el carácter de Huxley; en su naturaleza decidida e intensa.

Implacable pero decente. Ahora debería preguntarme cómo he podido enamorarme de alguien que paga a la gente para que mienta por él. Que escribe contratos para encubrir una ficción descarada porque su negocio lo significa todo para él. Sin duda, me pasa algo grave ya que ignorado todo eso. Y esa ha sido nuestra base.

Y, sin embargo, mi corazón y mi alma están destrozados. Lloro contra el hombro de mi hermana.

—¿Por qué ha tenido que hacerme daño, Kels?

—No lo sé —dice en bajito—. Pero tienes que recordar lo fuerte que eres.

—Esta vez no —aseguro mientras me limpio la mejilla—. No creo que pueda recuperarme de esto. No va a ser nada fácil.

Me despierta el gorgoteo de la cafetera. Solo con intentar abrir los ojos en el lugar que ocupo en el suelo, sé que los tengo hinchados de tanto llorar anoche. Y el dolor de espalda es por el incómodo colchón de almohadas sobre el que intenté dormir.

—¿Te ha despertado la cafetera? —pregunta Kelsey desde la cocina.

—Sí —respondo, parece como si me hubiera fumado una cajetilla entera de cigarrillos—. Pero debería levantarme.

Toc. Toc.

—¿Han llamado al timbre? —pregunto.

—Creo que sí —responde antes de ir a la puerta para abrirla—. Huxley,

¿qué haces aquí? —le oigo decir al ver quién está al otro lado.

¡Joder!

—Esperaba hablar con Lottie. —Mira por encima de su hombro y me ve.

Cuando se da cuenta de mi aspecto, su expresión se vuelve preocupada—.

Cariño, por favor, ¿puedo hablar contigo?

—Mirad, en serio, de verdad que necesito darme una ducha —dice Kelsey

—. Y, además, no sé cómo manejar las situaciones incómodas. Quiero ser una buena hermana, pero no sé encargarme de los chicos cuando ponen ojos de cordero degollado y parecen patéticos, así que me piro.

Y eso es lo que hace.

Sale corriendo hacia el baño, cierra la puerta y abre el grifo.

Cuando oigo el clic de la puerta, deduzco que Huxley ha entrado en el apartamento, pero me niego a mirarlo, sobre todo, porque los ojos se me llenan de lágrimas otra vez.

No quiero verlo, aún estoy demasiado dolida, pero él tiene otros planes.

Se arrodilla a mi lado y me pone la mano en la mejilla. Cuando nuestros ojos se cruzan, los suyos no solo están inyectados en sangre, sino que también están cargados de preocupación. Pero ¿está preocupado por su carrera, por su negocio o por mí?

—¿Has dormido en el suelo?

—Encima de unas almohadas. —Que se movían cuando me daba la vuelta, por lo que acabé en el suelo, pero él no tiene por qué saberlo.

—Lottie, lo siento. —Su voz es suplicante—. Sé que lo que hice anoche fue imperdonable. Nunca debí haberte tratado así, y estoy avergonzado. —

Traga con fuerza—. Mi mayor temor es haberles jodido la vida a mis hermanos. Me desahogué contigo en lugar de apoyarme en ti. —Me roza la mejilla con el pulgar—. Lo siento. —Coge una bolsa a su lado y la acerca a mí—. No sabía si tenías ropa y otras cosas para pasar la noche aquí, así que te he traído algo. —Eso es irritantemente considerado—. Tengo que ir al despacho para evaluar los daños, pero quería verte antes. ¿Podemos cenar juntos esta noche? Por favor, Lottie —insiste al ver que no digo nada.

Asiento despacio y una lágrima resbala por mi mejilla.

Gruñe, frustrado, y me la limpia.

—Joder, lo siento. —Se levanta y se dirige a la puerta—. Te enviaré un mensaje con los detalles.

Solo puedo asentir.

Una vez que sale del apartamento, abro la cremallera de la bolsa que ha preparado para mí, y justo encima hay una foto impresa de nosotros dos en el concierto de Fleetwood Mac. Me rodea con el brazo de forma posesiva y mete la mano en un bolsillo delantero, mientras que yo me apoyo en su amplio pecho, con un brazo levantado para agarrarle la nuca.

Recuerdo haberla hecho y cómo me sentía en ese momento. Era completamente feliz.

Ahora mismo, daría cualquier cosa por volver disfrutar de esa sensación.

En cambio, todo lo que hay en mi interior es vacío.

OceanofPDF.com