Un mal comienzo
Unmalcomienzo-17
17
LOTTIE
—¿Dónde estás? —me pregunta Kelsey por teléfono mientras me apoyo en el ladrillo blanco de la fachada de la tienda de sacaleches.
—Te aseguro que no quieres saberlo.
—Si no quisiera, no lo habría preguntado.
—Vale, estoy delante de una tienda de sacaleches, esperando a que aparezca Ellie para que podamos comprar uno juntas.
—Tenías razón, no quería saberlo.
—Te lo dije.
—¿No te preocupa un poco estar engañando a esta chica? Parece que se está encariñando contigo, es decir, vas a comprar sacaleches con ella y todo.
—Lo sé. —Me mordisqueo el labio—. La verdad es que me siento un poco mal, pero no sé qué hacer. No me gusta fingir que estoy en estado; hay gente que se esfuerza mucho por quedarse embarazada, y de ninguna manera voy a actuar como si hubiera abortado para acabar con todo este asunto. ¿Recuerdas a la tía Rina? Tuvo cinco abortos espontáneos y consolarla con mamá fue devastador. Cuanto más lo pienso, más incómoda me siento.
—Tal vez deberías decirle la verdad.
—¿Estás loca? Huxley perdería el contrato seguro.
—¿Qué vas a hacer cuando se suponga que debería empezar a notársete y no sea así?
—No lo sé. Pero no se empieza a notar hasta las trece semanas más o menos con el primer bebé, ¿no? —Al menos, eso fue lo que leí cuando lo busqué anoche. Me llevo la mano a la frente—. Dios, estoy hecha un lío.
—¿Ha pasado algo más?
Me mordisqueo el dedo índice. Ayer, Kelsey estuvo fuera la mayor parte del día haciendo recados y entrevistándose con otro proveedor, ya que con el que hemos contactado aún no ha dado señales de vida. Por lo tanto, no he
hablado mucho con ella.
En realidad, no hemos intercambiado ni una palabra.
No tiene ni idea de lo que me pasó el fin de semana con Huxley.
¡Joder!, ni siquiera estoy segura de lo que ocurrió, pero, sea lo que sea, es algo que normalmente le diría a mi hermana de inmediato. Sin embargo, después de lo de la azotea, no estaba segura de qué hacer. Me sentía rara.
Como si algo no estuviera bien.
Y sé que no fue lo que hice, sino más bien lo que pasó después. Quería más, mucho más con él, pero, ni siquiera aunque mi vida hubiera dependido de ello, habría sabido cómo expresarlo. Fue tan caliente y tan frío a la vez, tan incoherente en su forma de tratarme que tengo miedo. Me gusta, me gusta mucho, y no estoy segura de lo que eso significa para nosotros, para mí. No estoy segura de si puedo dar un paso adelante, si puedo decírselo. Ni siquiera sé si quiere algo más conmigo.
No me besó el domingo, a pesar de que tuvo la oportunidad perfecta para hacerlo. Estábamos empapados por la lluvia y a nuestro alrededor no había nada más que naturaleza. Si iba a besarme en algún momento, ese era perfecto, pero no lo hizo, lo que me lleva a creer que no tiene ningún deseo de cambiar el rumbo de nuestra relación. Me ha dicho que no quiere difuminar las líneas. Pero también me ha dicho que quiere que sea feliz. Y
eso ¿por qué? ¿Por qué le importa si soy feliz o no si no le importo de verdad?
Bromeé con que nuestro acuerdo replicaba el de Pretty Woman, en el que yo soy la versión más recatada de Vivian, pero, en vez de ser Vivian la que no besa en los labios, es Huxley.
Y, si algo he aprendido de esa película, es que besar significa mucho más.
Tiene fuerza. Besar te conecta en un plano íntimo, y Huxley no quiere eso.
Es evidente. Puede que desee mi cuerpo, pero no me quiere a mí.
Lo que, a su vez, me hace sentir rara. Pero ¿significa eso que lo quiero?
—Lottie, ¿estás ahí?
—Sí, lo siento. —Me aclaro la garganta. Dios, ¿por qué me estoy emocionando? No debería sentirme así.
—¿Qué pasa? ¿Ha ocurrido algo que no me has contado?
Hago una mueca de dolor y miro al cielo.
—Es que… puede que haya hecho algunas cosas.
—¿Qué tipo de cosas?
—Mmm, ya sabes… Podría haberle hecho una mamada en la ducha, y luego, quizá, hayamos follado con la ropa puesta en la terraza.
—¡¿Qué?! —grita Kelsey al teléfono—. Lottie, ¿estás hablando en serio?
—Ojalá no fuera así. —Suelto una respiración profunda—. Dios, Kelsey, no sé qué me está pasando. Todo empezó a raíz de la presentación. Nos eligió, Kelsey. Nos eligió en vez de a Dave, y eso, Dios…, me dejó paralizada. Cuando vi a Dave aparecer, pensé que tendríamos que reprogramar la reunión, que habíamos perdido de nuevo la oportunidad, pero, en vez de eso, eligió asistir a nuestra reunión, como había prometido.
Eso ha disuelto la mayoría de los pensamientos negativos que tenía sobre él.
Y luego, el fin de semana… —Dejo escapar un hondo suspiro y apoyo la cabeza contra el ladrillo—. Se ha comportado de forma diferente. Más tierno, no se ha mostrado tan frío como acostumbra. Bromeaba, se reía, se burlaba. Y, sí…, hemos hecho más cosas de las que me gustaría admitir.
—Joder, Lottie. ¿Qué significa eso?
Cierro los ojos, muy sorprendida por lo que estoy a punto de decir en voz alta.
—Significa que me gusta.
—Espera…, ¿te gusta…, te gusta?
—Sí. Y no debería. Dios, ha sido tan metódico. Y tan alocado y estúpido a veces, pero también tiene un corazón enorme que no puedo ignorar.
—Ah, ¿el corazón del que te hablé?
—Esto es culpa tuya. Me has hecho verlo de otra manera.
—No es culpa mía. Tú eres la que se propuso encontrar un marido rico.
—No creía que fuera a suceder de verdad —siseo al teléfono—. Este tipo de cosas no ocurren nunca.
—Vale, así que te gusta, te metes su polla en la boca, ¿y ahora qué?
—No tengo ni idea. No sé cómo actuar con él después de lo que ha pasado el fin de semana, y además hay una cosa más que no te he contado.
—¿Qué puede faltar? Si te lo has tirado con ropa en el tejado… —Se queda en silencio un segundo—. Ah…, ya sé…, ¿la tiene grande?
—Como si Dios no se hubiera sentido satisfecho con darle esa buena apariencia, ha tenido que bendecirlo además con la madre de todas las pollas.
—Me lo imaginaba. Un hombre con una mirada tan severa no tiene una pililita entre las piernas.
—No, es más bien una barra de acero que serviría para levantar rascacielos.
Kelsey suelta una carcajada.
—Esa imagen es demasiado gráfica.
—Pero eso no era lo que te iba a decir.
—Ya… —dice Kelsey—. Entonces, ¿qué es?
Con cierta vergüenza, me doy la vuelta para apoyar mi costado contra el ladrillo. Por alguna razón, esa posición me hace sentir menos expuesta.
—Huxley… no me ha besado.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que no me ha besado ni una sola vez en ninguno de nuestros encuentros.
—Oh…
— ¿Oh? —repito—. Eso no suena como a un «oh» de sorpresa, sino como un «oh» de simpatía.
—¿Ni una sola vez?
Se me revuelve el estómago y, una vez más, mis emociones se ven teñidas por la vergüenza.
—No —digo solemne—. ¿Qué crees que significa eso? —Kelsey no dice nada—. ¿Que me está haciendo un Vivian?
—¿Un qué?
—Ya sabes. En Pretty Woman Vivian no quiere besar a Edward ni a ninguno de sus clientes porque es demasiado íntimo. Me parece que eso es lo que hace Huxley.
—Ah, entiendo. —Kelsey hace una pausa, y juro que me siento como si su respuesta fuera a llegar acompañada de alfileres y agujas—. No lo sé, Lottie.
—No es eso lo que tenías que decir —chillo al teléfono—. Se supone que tenías que decir «No, no es eso».
—No voy a mentirte.
—Dios… —Me llevo la mano a la frente—. Mírame. Me gusta un tipo que me hace un Vivian. ¿Cómo he llegado a esto?
—¿De puta suerte?
—Hoy no me estás ayudando nada. Estoy muy asustada, Kels. Tengo el estómago revuelto y…
—¿Qué? —pregunta Kelsey.
Reconozco de inmediato el coche que se detiene en la calle.
—Ha llegado Ellie. Tengo que dejarte.
—Vale, siento no haber sido una hermana útil. Sinceramente, todo lo que se me ocurre decir es que tal vez solo tengas que esperar a ver cómo resulta.
—Pero eso complica las cosas.
—Odio decírtelo, hermanita, pero las cosas ya están complicadas. Será mejor que sepas si vale la pena perder el tiempo.
—Me estás dejando más confusa.
—Entonces, estoy haciendo bien mi trabajo. Te quiero, Lottie.
—Te quiero, Kelsey —gimo por lo bajo.
Cuelgo justo cuando Ellie sale del coche y me saluda con entusiasmo.
Es un poco demasiado para mí, pero también increíblemente agradable.
Me siento mal por estar engañándola. ¿Por qué no puedo ser solo una falsa prometida? ¿Por qué tengo que ser también una falsa embarazada?
—Oh, estoy tan contenta de que estés aquí —comenta Ellie; se acerca a mí y me da un gran abrazo—. ¿No estás emocionada?
—Ay…, ya sabes, esto podría ser demasiado para mí —digo con sinceridad—. Pero estoy más que feliz de ayudarte.
—¿Te sientes incómoda? —pregunta.
—Abrumada por todo. —Bueno, eso no es mentira. Me siento abrumada de verdad, sobre todo, por Huxley.
—Lo entiendo perfectamente. —Me coge la mano—. Pero no te preocupes, estoy contigo.
Me lleva al interior de la tienda y vamos hasta el fondo, donde hay una zona específica para los sacaleches. Pechos de todas las formas, tamaños y colores se alinean en la pared (bien por ellos) y debajo de ellos hay esas extrañas ventosas con biberones en el extremo.
¿Es eso lo que se supone que se pone en el pecho?
—Me encanta este sitio —comenta Ellie—. Cuando mi hermana estaba embarazada, fuimos a esta misma cadena, pero en Georgia… Oh, puede que sepas dónde está. ¿Sabes la Clive Street?
Dios…
Sí, se supone que soy de Georgia.
Me doy un golpecito en la barbilla.
—Me suena.
—Justo al lado de Peaches’, la pastelería.
—Ahh, Peaches’… —Asiento como si hubiera estado allí un millón de veces.
—¿No matarías por uno de sus cupcakes ahora mismo? ¿Cuál es tu favorito?
¡Oh, Dios!
Mi favorito…
Eeeh…
Piensa en algo poco original que haya en todas las pastelerías.
—El de chocolate —me invento con un movimiento de cabeza.
Su cara se arruga por la confusión.
—¿El de chocolate?
Oh, joder, ¿no los tienen de chocolate? ¿Qué pastelería no tiene cupcakes de chocolate en la carta? Eso sería absolutamente ridículo.
—Bueno, ya sabes…
Me da un codazo en el hombro con una carcajada.
—Estaba segura de que ibas a decir el cupcake crujiente, me pegaba más.
Ni en un millón de años habría dicho cupcake crujiente.
Me encojo de hombros.
—Soy una chica de chocolate.
—Yo también soy una chica de chocolate. ¿Has probado el cupcake
«terciopelo rosa»? Sinceramente, no entiendo en qué se diferencia del de vainilla.
—Estaba a punto de comentártelo —digo, cojo la maqueta de un pecho y la examino. Dios, es muy realista—. ¿Qué hacen, le echan un poco de colorante y listo? —pregunto.
—Eso pienso yo. Pero el pastelito de melocotón…
Le hago un gesto con la mano.
—Es para morirse.
—Hola, bienvenidas —saluda una vendedora—. ¿Necesitan ayuda?
Ellie se vuelve con una sonrisa.
—Queremos ver sacaleches. Soy Ellie, y esta es mi amiga, Lottie. Ella no está preparada para encontrar todavía el que mejor le va, pero yo, sin embargo, vengo a probarlos todos para saber cuál es el más adecuado para mí.
—Genial. Soy Ann, y soy una experta cuando se trata de sacaleches.
Ahora déjeme ver sus pechos.
Ay, Dios…
Ellie va a levantarse la blusa, así, sin vergüenza, pero Ann la detiene.
—No, no. Solo tense la tela de la blusa sobre el pecho para que pueda verlo bien.
Ellie se ríe.
—Oh, vale. Estaba a punto de sacar la teta.
Eso era obvio.
Y totalmente innecesario.
Ann extiende la mano.
—¿Le importa que se la toque? —pregunta.
—Por favor, hazlo. Para eso he venido aquí. —Se vuelve hacia mí—. Se ajustan a tus necesidades y puedes probarlos en la pared de los pechos para ver cómo funcionan.
Miro la pared de pechos.
—Parece que ahí están todas las tallas —digo torpemente.
—En efecto —constata Ann mientras palpa a Ellie. Esto es raro, muy raro
—. Y también se puede ajustar el flujo.
—¿El… qué?
—El flujo —repite Ellie—. Producen líquido real, para que puedas tener la experiencia completa.
¿A quién se le ocurre una cosa así? Pechos flotantes pegados a las paredes que tienen un flujo de leche real. Me siento confusa… e incómodamente intrigada.
—Como en casi todas las mujeres que pasan por aquí, hay una diferencia considerable entre su pecho derecho y el izquierdo. —Ann sopesa las dos tetas de Ellie.
—Sí, culpable. Parece que la izquierda no pudo ponerse al día.
—Los pechos no son simétricos, pero en algunas mujeres hay una gran diferencia, y tú eres una de las afortunadas.
Ellie me mira.
—¿Cuál de tus tetas es más grande?
—Mmm… —Me sujeto las dos—. Creo que la derecha.
—Si es diestra, probablemente sea más grande —interviene Ann. Luego mira a Ellie—. ¿Tamaño del pezón?
—¿Por qué no te lo enseño? Será mucho más fácil. —Antes de que pueda excusarme para darle algo de privacidad, Ellie se levanta la camiseta y el
sujetador al mismo tiempo, exhibiéndose ante nosotras.
Y aquí están sus tetas, sin más.
¿Ahora qué demonios se supone que debo hacer? ¿Miro, no miro? ¿Finjo encontrar algo fascinante en el suelo? ¿Estudio la pared llena de pechos?
¿Rezo para el suelo se abra y me trague?
No estaba preparada mentalmente para esto.
—Vaya, tiene unos pezones maravillosos —comenta Ann, y por el rabillo del ojo la veo acercarse y pellizcar el pezón de Ellie entre los dedos—. Y
muy firmes. Le vendrán bien.
—¿De verdad? Cómo me alegra oír eso. ¿Tienes pezones firmes, Lottie?
—¿Eh…? ¿Qué…? —pregunto, mirando a Ellie, pero manteniendo la mirada en su cara—. Lo siento, estos… libros… —Recojo un libro de una mesa cercana—. Son fascinantes… ¿Qué has dicho?
—Te preguntaba si tienes los pezones firmes.
Me paso incómoda la mano por los pechos, intentando sentirlos a través de las capas de ropa, porque a la fiesta del topless que está montando Ellie, no me voy a unir.
—Bueno…, parece que tengo pezones pequeños.
—¿Pezones o areolas? —pregunta Ann.
—Los dos.
Asiente.
—Entonces, creo que tengo el sacaleches perfecto para usted. Solo hay uno que funcione bien con los pezones pequeños. Pero usted, Ellie, tendrá que elegir, porque estos pezones son simplemente espectaculares. Lottie, venga aquí, siéntalos.
Le hago un gesto con la mano a Ann.
—Oh, ya sabes, no te preocupes. —Me río—. Puedo verlos desde aquí. —
Miro las tetas de Ellie. Y sí, están desnudas, todas al aire—. Esos sí que parecen firmes. —Le muestro un pulgar hacia arriba—. Buen trabajo genético.
Ellie se ríe.
—¿No es divertida? Venga, Lottie, acércate. Podrás sentir lo que el bebé va a chupar. Sabes que no me importa en absoluto.
Puede que a ella no le importe, pero a mí sí.
—Es muy educativo —colabora Ann—. Puede imitar la sensación de succión.
Me río y niego con la cabeza.
—Espero que no os parezca mal, pero creo que no me apetece chuparle el pezón a mi amiga.
Ann y Ellie se miran y luego echan la cabeza hacia atrás con una enorme carcajada.
—No con la boca —dice Ann, agarrándome la mano—. Con los dedos.
Al instante, siento en la mano el tacto del pecho izquierdo de Ellie y su durísimo pezón se aprieta contra mis dedos.
Grueso, apretado…, muy sólido.
Y lo estoy tocando.
Estoy tocando el pezón de otra mujer.
Acariciándolo más bien, ya que Ann me hace mover los dedos por todo el pecho.
—Ohh, qué cosquillas —se ríe Ellie, y eso es todo.
Retiro la mano y cruzo los brazos sobre el pecho.
—Tienes ahí unos imitadores de bebé —digo, tratando de eliminar mentalmente este día de mi memoria.
Huxley va a deberme mucho.
—Estoy muy emocionada de que pienses así. —Ellie se baja la camiseta y el sujetador—. Entonces, ¿qué piensas, Ann? ¿Podemos ordeñar algunos pechos?
—A eso ha venido. —Ann me da una palmadita en el hombro—. Ahora es cuando empieza la diversión.
—¿Lottie? —dice Huxley—. ¿Dónde estás?
No digo nada.
Ni siquiera me muevo.
Sigo sentada en el salón, en el sofá más cómodo en el que me he sentado nunca, en el borde, con rigidez, con las manos en el regazo, mientras miro fijamente la elaborada chimenea que tengo delante.
No hay palabras para describir esta mañana. No existen.
Después de recibir un chorro de sucedáneo de leche en el ojo desde un pecho falso pegado a una pared, ya he cumplido por hoy.
—Aquí estás —comenta Huxley, deteniéndose en la puerta del salón—.
Acabo de recibir un mensaje de Dave. Me ha dicho que Ellie no deja de
hablar sobre esta mañana. —Cuando ve que no lo miro, oigo cómo desliza los pies por el suelo para ponerse en mi línea de visión—. Mmm… ¿Todo bien?
Niego con la cabeza apretando los labios.
—No. Ni remotamente.
—¿Qué ha pasado?
—Le he tocado la teta, Huxley. He tocado la teta desnuda de Ellie.
—¿Qué? —pregunta, y toma asiento en la mesa de café para colocarse frente a mí. Su rostro apuesto aparece ante mi vista, pero no sirve para aliviar la tensión de mis hombros—. ¿Qué quieres decir con que le has tocado una teta?
—Y me han dado con un chorro en la cara.
—¡¿Desde la teta?! —exclama Huxley.
—No, desde una teta de la pared.
Se sienta más erguido.
—Vas a tener que explicármelo mejor, porque me he perdido.
—Como yo. —Le doy una palmadita en la rodilla—. Como yo. —Dejo escapar un profundo suspiro—. No tengo ganas de contarte lo que ha pasado. Solo sé que, si tuviera que demostrarte alguna vez lo en serio que me tomo este trato, el día es hoy.
—Eso parece. —Un sentimiento de culpa inunda su rostro—. Siento que hayas tenido que hacer eso.
Supero mi estado de ánimo y busco sus ojos.
Aquí está.
El hombre de Chipotle.
Aquí mismo. El severo ceño que siempre frunce su frente ha desaparecido. Hay cierto encanto infantil en sus ojos. Y la forma en que se pasa la mano por la nuca es inconfundible.
—Ya pasó —digo—. Ha sido traumático. Tendré que lavarme los ojos con lejía, pero lo superaré.
Sonríe y se lleva la mano al bolsillo trasero. Es entonces cuando me doy cuenta de que lleva vaqueros y zapatillas de deporte. Vaya, hola, Señor Informal.
—Tengo algo para ti.
—¿En serio? —pregunto.
Asiente y me muestra un trozo de tela enrollado.
—¿Qué es?
Lo desenreda y lo sostiene ante mí.
—He pensado que te gustaría.
Delante de mí hay una camiseta vintage de color crema con «FLEETWOOD
MAC» y la imagen de su álbum, Rumours, estampados en la parte delantera.
—Oh, Dios mío —se la quito—. Esto es increíble. —La extiendo y la estudio.
—Mira la parte de atrás —dice.
Le doy la vuelta y veo las fechas de su gira.
—Espera, ¿es la camiseta original de la gira?
—Sí —responde. Cuando levanto la vista, capto el orgullo que brilla en sus ojos.
—Joder, Huxley. Esto es… guau, esto es increíble. —La aprieto contra mi pecho—. Gracias. Significa mucho para mí.
Y por esto es exactamente por lo que estoy pasándolo tan mal. Porque la consideración que hay detrás de esta camiseta hace que Huxley me guste mucho más. El gesto se me mete en el pecho y se clava en mi corazón, obligándome a mirarlo con otros ojos.
Se pasa las manos por las piernas.
—Me alegro de que te guste. —Mira a un lado y casi parece que está nervioso. ¿Nervioso por qué?—. No estaba seguro de si tenías algo más planeado para hoy. ¿Lo tienes?
Está actuando de forma muy rara.
Muy extraña.
No como el hombre exigente que he llegado a conocer tan bien.
—No, no tengo nada en la agenda. Solo trato de borrar de mi mente lo que ha pasado esta mañana.
Asiente, y sigue masajeándose los muslos con las manos.
—Bueno, si eso es todo lo que tienes planeado, he pensado que podría llevarte a algún sitio.
¿Llevarme a algún sitio?
Un poco de esperanza florece en mi vientre. Me emociono.
¿Está invitándome a salir?
¿Por eso está nervioso?
¿Es por eso por lo que se balancea hacia adelante y hacia atrás?
¿Porque está nervioso por invitarme a salir?
No te adelantes, Lottie. Recuerda que no te besó el fin de semana. Ni siquiera cuando la lluvia goteaba de tu pecho y estaba restregándose contra ti.
Ahogo mis crudas emociones
—¿Cómo si fuera una cita? —pregunto.
Sus ojos se posan en los míos. Y durante un tortuoso segundo, me aterra haberlo interpretado mal.
—Sí, como si fuera una cita —confirma.
¡Oh, Dios! Lo dice en serio.
Está siendo sincero.
Hay una sombra de esperanza en sus ojos.
Mueve las manos, nervioso
¿Cómo podría decir que no? No es posible que le diga que no, y menos cuando mi cuerpo gravita hacia él, cuando puedo sentir que mi corazón se abre a él, incluso cuando intento reprimirme o contenerme. Me tiene encandilada. Es innegable.
Me siento muy atraída por este hombre.
Sin embargo, trato de mantener mis emociones en un nivel normal.
—¿En qué estabas pensando?
Sus tics nerviosos se transforman en una sonrisa confiada mientras saca algo más del bolsillo trasero. Sostiene un papel delante de mí y luego mueve los dedos para que aquel papel se convierta en dos.
—¿Quieres ir a un concierto de Fleetwood Mac conmigo?
—¡¿Qué?! —exclamo; me levanto del sofá y cojo las entradas para mirarlas de cerca—. No puede ser. No es posible… —Mis ojos escudriñan las entradas—. Joder, son entradas, son entradas de verdad. Huxley, ¿sabías que son entradas de verdad?
Se ríe y se levanta también.
—¿Crees que compraría unas entradas falsas?
—No, es decir, se me ha ocurrido que eran entradas falsas, y luego nos vamos al jardín y oímos la música, fingiendo que es un concierto, pero son de verdad. Tienen código de barras.
—Sí, el código de barras marca la diferencia.
Incrédula, miro fijamente las entradas.
—No puedo creerlo. No sabía que iban a estar en Los Ángeles. Huxley…
—Levanto la vista hacia él—. Espera. Este concierto es en Portland.
Mi esperanza muere cuando me doy cuenta del error.
Me levanta la barbilla.
—Lo sé —dice—. El jet está listo para llevarnos cuando te vistas.
—¿El jet? —pregunto.
Aparece una sonrisa arrogante en su rostro.
—Sí, sabes que tengo un jet privado, ¿verdad? Podemos ir a donde queramos, cuando queramos. —Me guiña un ojo, su confianza está ahora en pleno apogeo—. Eso es lo que pasa cuando tienes un falso prometido millonario.
—Espera un momento…, ¿así que vamos a Portland esta noche a ver de verdad un concierto de Fleetwood Mac?
Asiente.
—Sí. También hay una hamburguesería en Portland llamada Killer Burger. Podemos cenar allí. Y tal vez ir a Voodoo Doughnut a tomar el postre. Si te apetece.
—¡¿Me estás tomando el pelo?! —grito—. Por supuesto que me apetece.
—Lo miro a los ojos—. Gracias, Huxley. Esto es… —Cojo aliento—. Es muy considerado por tu parte.
Por esto me estoy enamorando de este hombre. Por esto.
Por su sonrisa.
Por su amable corazón.
Por esta mente atenta y sexy que tiene.
—Quería hacer algo chulo por ti. —Me pellizca la barbilla entre el índice y el pulgar—. Estoy muy agradecido por todo lo que has hecho por mí. —Y
por alguna razón, ese comentario disminuye mis esperanzas de que esto sea algo más. Me agradece el trabajo que he hecho por él. Hondo suspiro. Sin embargo, no puedo dejar que eso estropee lo que va a ocurrir. Puede que Huxley no esté en el mismo punto que yo, pero al menos puedo disfrutar de esta noche. Mira el reloj—. ¿Crees que puedes estar lista dentro de media hora?
—Por supuesto —digo, apretando la camiseta contra mi pecho—. Y tengo los pantalones cortos perfectos para ponerme con… Aggg, me has confiscado la ropa. No tengo vaqueros cortos.
—Les dije que te trajeran tu ropa esta mañana. Me imaginé que querrías algo informal para esta noche. Lo tienes todo en tu habitación.
—Que Dios te bendiga. —Me pongo de puntillas y, como si fuera una
sentencia de muerte, le doy un beso en la mandíbula—. Gracias, Huxley.
Y entonces, con mi camiseta nueva en la mano, subo corriendo hasta mi habitación para vestirme. No puedo creer que esté a punto de ver un concierto de Fleetwood Mac.
Pero lo más importante es que no puedo creer que vaya a tener una cita con Huxley Cane.
KELSEY: ¿Que te vas a Portland? ¿Qué? ¿Que es una cita? ¿Dónde puedo encontrar un Huxley?
Lottie: Tiene dos hermanos.
Kelsey: A diferencia de ti, yo no mezclo los negocios con el placer. Pero dejemos eso. Joder, Lottie, vas a ver a Fleetwood Mac. ¿Se lo has dicho a mamá?
Lottie: Todavía no. He pensado en enviarle una foto.
Kelsey: ¿Son entradas en primera fila?
Lottie: Ni siquiera lo he mirado. Probablemente no.
Kelsey: Te va a llevar a Portland en su jet privado. Estoy casi segura de que no le habrá importado gastar dinero en entradas caras.
Lottie: Él tiene las entradas, yo me estoy vistiendo. Te diré dónde están los asientos cuando vuelva a verlas.
Kelsey: ¿Qué vas a llevar puesto?
Lottie: Me ha regalado una camiseta vintage de la gira con la portada de Rumours estampada, así que la llevaré puesta con los vaqueros cortos rotos. El pelo suelto y rizado, y mi sombrero boho . Y unas botas militares, por supuesto.
Kelsey: Perfecto. ¿Crees que esto es un paso adelante?
Lottie: Sinceramente, no puedo pensar en eso ahora. Le pregunté si era una cita y me dijo que sí. Pero también me dio las gracias por el trabajo que he hecho. Esto era lo que me preocupaba; que me gusta mucho y no creo que sienta lo mismo.
Kelsey: Entonces disfruta. Tal vez sea una rama de olivo, y trate de que conectéis en un plano diferente.
Lottie: Estoy nerviosa. Ha habido bromas, tensión sexual, y todo fue bien, ¿pero una cita? Me parece demasiado real.
Kelsey: Porque es real. No pierdas el tiempo preocupándote por ello. Simplemente, disfrútalo, porque ¿cuándo más vas a ir en un jet privado?
Lottie: Nunca.
Kelsey: Pues eso. Disfruta del momento, hermanita. Haz muchas fotos y disfruta. Te quiero.
Lottie: Yo también te quiero.
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