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David Gilmour · Capítulo 16 de 17

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Agradecimientos

 

Escribir un libro sobre miembros de tu familia, especialmente si los adoras, es una experiencia angustiosa que seguramente no repetiré en un futuro próximo. Con ese fin, mi primer agradecimiento debe ser para mi hijo, Jesse, por confiarme su retrato y por permitir su publicación sin haberlo visto antes. Solo espero haberles hecho a él y a su historia la justicia que merecen. Gracias también a su madre, Maggie Huculak, por más cosas de las que puedo enumerar aquí. Asimismo, quiero dejar constancia de que aunque mi hija, Maggie Gilmour (que ya es toda una adulta y vive en California), no aparece en esta historia concreta, ocupa un lugar enorme e irreemplazable en mi vida. Debo a su madre, Anne Mackenzie, mi agradecimiento —y seguramente dinero — desde hace casi cuarenta años.

He dedicado este libro a mi editor, Patrick Crean, por salvar mi vida literaria; gracias también a mi agente, Sam Hiyate, por mostrar interés y entusiasmo en una época en que parecía que tenía el teléfono desconectado. Gracias a Jonathan Carp de Twelve; a Marni Jackson por el encargo sobre Tolstói; y a los chicos y chicas de Queen Video por su infatigable capacidad de improvisación hasta con el alquiler nocturno más insignificante. Como siempre, debo dar las gracias a los camareros del restaurante Le Paradis, donde se escribieron fragmentos de este libro.

Y naturalmente, sin el amor y el insistente consuelo de mi esposa Tina Gladstone, no sé lo que habría sido de este libro… ni de mí tampoco.