Doce anillos
Capítulo 1
El invierno del 95 al 96 lo pasé junto a Antónich. Me da vergüenza reconocerlo, pero estaba escribiendo la tesis doctoral sobre él. Era una prueba y, por cierto, doble. Primero, la prueba de mi amor juvenil hacia su poesía (¿lo conservaré?); segundo, la prueba de mi propia capacidad de escribir en un ordenador. Aquel mismo que hace no mucho apareció en mi casa. Hace un año estaba acabando Perversia y me negaba celosamente a que este ser parpadeante pudiera ser de utilidad en la confección de los finos tejidos de la prosa. Y resultó que ese pequeño cursor parpadeante en el horroroso vacío negro del espacio del monitor contribuía, a pesar de todo, al parpadeo de los pensamientos.
Poco antes de esto había pasado un sinfín de días tomando notas para la tesis sobre los textos de Antónich, en su mayoría poéticos. Me di cuenta de que algunas estrofas suyas a menudo causan mayor impresión que toda la poesía en conjunto. Leí por enésima vez su estrofa sobre la taberna en la luna, y de repente me la imaginé en una pantalla de cine, como un epígrafe para una película francesa de moda sobre el poeta-decadente. Así pues, pensé que cuando acabase, para bien o para mal, con mi tesis doctoral, empezaría a escribir una novela, la biografía ficticia de Antónich.
Por lo visto, todo ocurrió precisamente así.