Doce anillos

Yuri Andrujovich · Capítulo 26 de 27

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Doce anillos

Capítulo 14

en los trenes regionales. Aquel año empezaron a llegar con retraso, a desviarse de la ruta y a desaparecer sin dejar rastro. La impecable estructura ferroviaria de la impecable y puntual Alemania empezó a agrietarse y resquebrajarse. En los andenes se agolpaban multitudes inesperadas de pasajeros nerviosos, ¿y qué les importaba a todos este Auslander, con su block de notas y sus lápices por todos los bolsillos?

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A mediados de diciembre de 2001 hubo una víctima más. En Viena, desde la ventana de su propia casa, en algún lugar de Praterstern, se lanzó al vacío Kristian Loidl, el poeta a quien algunos de nosotros llegamos a querer como a nosotros mismos. Dotado de un desorden nervioso especial, de vez en cuando extraía del fondo de sus entrañas un sonido estridente incontrolado, como si fuese el grito de un pájaro exótico, probablemente argentino. Sobre Kristian escribiré otro capítulo, aparte del Libro Único. Ahora hablo de otro asunto. Unos diez días antes de su último salto (en aquel entonces, dicen, todavía no había cambiado su apodo electrónico por el de airpoet) estábamos bebiendo juntos un vodka con pimienta en Viena, y él elogiaba las patas de ardilla compradas el día anterior en el rastro. Nina consiguió tomarle una foto precisamente en el momento que se los puso sobre la boca a modo de bigotes. Los bigotes le salieron caídos, como el llanto de UcraniaF. Un día antes se había rapado la cabeza, así que en la foto parecía un verdadero hechicero cosaco.

Pero de nuevo me desvío del tema. En realidad, quería decir lo siguiente: aquella noche y la siguiente no tenía en absoluto el aspecto de alguien que estaba dispuesto a quitarse la vida al cabo de unos diez días.