Doce anillos

Yuri Andrujovich · Capítulo 19 de 27

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Doce anillos

Capítulo 6

calcárea, un sinfín de bajos y desfiladeros estrechos, estoy casi convencido de que el ataque de las ménades contra Orfeo ocurrió en algún lugar de nuestra parte del mundo, la de los Cárpatos-Balcanes. El mitológico Orfeo tiene aquí sus orígenes. A diferencia de KarlJosef Zumbrunnen, a quién un día fatal la fata morgana de su bisabuelo, el guarda forestal de los Cárpatos, le empujó a estas tierras dejadas de la mano de Dios y del hombre.

No sabemos para qué viajamos (diría a propósito el mismo Karl-Josef).

¿Acaso no tenemos suficiente soledad sin viajar?

6

Esto ya no tiene la menor importancia, pero no puedo librarme de un recuerdo de agosto de 1997. Estábamos viajando por las montañas de Eslovaquia, por un lugar llamado el Paraíso Eslovaco, aunque según mi parecer allí el paraíso está en todas partes. Una vez, después de una jornada agotadora de siete u ocho horas por encima de los precipicios (sujetándonos por las cadenas tendidas por encima de ellos), finalmente nos echamos en aquella hierba paradisíaca. Cerca estaba un arroyo, o mejor dicho, un río pequeño, verdoso y limpio. En el fondo se veía no sólo cada piedrecita sino también cada puntito y granito de arena. Allí había una poza pequeña, un tramo casi sin corriente de un metro y medio de profundidad, y entonces vi el cadáver de una persona todavía desconocida para mí, que subía a la superficie; no, que ya estaba en la superficie, en las limpias aguas montañosas. Le habían matado la noche anterior, o un par de días antes; en aquel momento todos nuestros compañeros estaban mirando fijamente en aquella dirección, medio tumbados en la hierba paradisíaca después de una dura jornada. Todos miraban, pero sólo yo le veía.