Doce anillos

Yuri Andrujovich · Capítulo 23 de 27

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Doce anillos

Capítulo 11

Respecto a los nombres, aquí hay más de una historia. He aquí al menos una.

En otoño de 2000 estábamos buscando casa en Pensilvania. Era muy importante: se trataba del lugar que tenía que ser nuestro hogar para los próximos diez meses. Para mí, esto significaba que allí empezaría a escribir mi nueva novela. El espacio donde escribes una novela debe ser tan especial como el paisaje detrás de tu ventana. Decidí visitar sólo aquellas viviendas en las que al menos una de las ventanas diera a las montañas. Aunque fueran las eminencias aplanadas de los Apalaches.

La duodécima vivienda se alquilaba en el pueblecito histórico de Bolsburg, fundado por escoceses-irlandeses a principios de la independencia americana. Era famoso por una auténtica taberna fundada en 1828 y un cementerio militar enorme. Nos recordó básicamente una postal antigua o la imagen de una película de Mary Poppins.

La duodécima vivienda tenía una ventana entera en lugar de una pared.

El espacio verde nos prometía que aquí podían venir los ciervos y las cabras salvajes (el bosque empezaba aquí mismo, un poco más arriba, a unos cinco minutos). Pero para mí la mayor atracción de aquel paisaje era el monte Tassi, o mejor dicho, un buen trozo de él, a lo lejos en el fondo. Está bien tener un fondo así.

Cuando firmé el contrato, el gerente me entregó un sobre con la dirección del propietario a la que tenía que enviar los cheques. Karpati era su apellido, Frank Karpati. No es muy típico, le dije al gerente. Es un judío húngaro, me aclaró. Huyó en el 56, durante la revolución. «¿De qué irá su novela?», se interesó antes de despedirse. «Tratará sobre los Cárpatos», respondí, a lo que él se echó a reír. Como si estuviera bromeando.

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