El demonólogo
Capítulo 13
13
C ada tanto, hago pausas de veinte minutos para dormir. Conducir. Dormir. Conducir. Por la tarde, cruzo la frontera del estado de Dakota del Norte sin que nadie se dé cuenta. Casi ni yo mismo lo hago. En Hankinson, después de tomar una gomosa hamburguesa con queso y una jarra entera de café, me siento inútilmente despierto. Ya estoy en Dakota del Norte. ¿Ahora qué? ¿Espero un telegrama? ¿Voy de puerta en puerta mostrando la fotografía de Tess con cinco años que llevo en la cartera y preguntando si han visto a mi hija? Ya imagino cómo iría la cosa:
DULCE ANCIANITA
Oh, querido. Qué triste. ¿Se ha perdido por aquí?
HOMBRE
No, por aquí no. En Venecia.
Y soy el único que cree que pueda estar viva.
DULCE ANCIANITA
Ya veo. ¿Y qué cree que le ha pasado?
HOMBRE
¿Yo? Creo que un demonio la ha raptado.
DULCE ANCIANITA
¡Henry! ¡Llama a la policía!
La puerta mosquitera se cierra de golpe contra la nariz del HOMBRE. Este se
aleja frotándosela mientras a lo lejos se oyen unas sirenas.
Ya que estoy aquí, decido dar una vuelta por Hankinson. No me lleva mucho tiempo. La cafetería Hot Cakes. El bar & lounge The Golden Pheasant. El banco estatal Lincoln. Unas pocas iglesias de tablones blancos apartadas de la acera. El gran acontecimiento del pueblo, a juzgar por el letrero de pintura desconchada, es ¡OKTOBERFEST… EN SEPTIEMBRE! Por lo demás, ninguna señal de Tess o del Innominado. Ninguna señal de alguna señal.
Cuando llego a la biblioteca pública de Hankinson —una estructura provisional hecha de bloques de hormigón con unas ventanas diminutas— entro con la idea de tomar las riendas de la situación. Al fin y al cabo, soy un investigador profesional. Debería ser capaz de encontrar una referencia enterrada, un guiño oculto en el texto. El problema es que no sé cuál es el texto. El único libro del que dispongo es el mundo real que me rodea. Un material que nunca se me ha dado muy bien interpretar.
Por un dólar y medio obtengo una tarjeta de la biblioteca y me siento ante uno de los terminales de ordenador. Se me ha ocurrido comenzar en el mismo lugar en el que lo hacen mis perezosos alumnos cuando han de realizar sus trabajos de investigación: Google.
La búsqueda «Dakota del Norte» ofrece como resultado la consabida entrada de Wikipedia con datos sobre la población (672 591 habitantes, lo que la sitúa en el puesto cuarenta y siete en cuanto a densidad), la capital (Bismarck), los senadores en activo (uno demócrata, otro republicano) o el punto de máxima altitud (White Butte,
que inevitablemente hace que piense en una serie de posibles chistes).[5]
Más abajo, sin embargo, hay una lista de los periódicos del estado. Beulah Beacon. Farmers Press. McLean County Journal. Y uno que me llama la atención: Devils Lake Daily Journal. ¿Es ahí adonde se supone que he de ir? El nombre encaja, aunque la pista me parece demasiado evidente para el Innominado, cuyo carácter (si es que en su caso se puede hablar de tal cosa) diría que es más sutil y pagado de su propio ingenio. Así que no, no voy a ir a Devils Lake. No voy a ir a ningún sitio hasta que descubra primero por qué estoy aquí.
Lo cual puede que sea el objetivo. A lo mejor no moverme ni deambular más, sino llegar.
Y eso hace que me pregunte si lo que voy a encontrar en Dakota del Norte no será otro acertijo que resolver, sino una historia. Como Jesús con el hombre geraseno poseído por una legión de demonios, o yo mismo cuando viajé a Venecia para ver al hombre de la silla. Puede que esté aquí para ser testigo de otro «fenómeno». Más pruebas de incursiones demoníacas en nuestro mundo. Quizá mi papel —y mi camino a Tess— no es el de académico o intérprete, sino el de cronista. Como si fuera un recopilador de antievangelios. O de pruebas.
Ese fue el trabajo de los discípulos. Aunque ellos no se ganaron su posición hasta que profesaron su incuestionable fe en el Mesías. En cuanto a mí, yo no sigo al Hijo de Dios, sino al corrupto agente del otro equipo.
Y por Tess, lo haré. Por ella, veré aquello que nadie debería ver.
El problema es que si estoy aquí por un nuevo «caso», este no parece que vaya a tener lugar en las soleadas y amplias calles de Hankinson. Las indicaciones de presencia demoníaca no suelen tener lugar a plena luz del día, sino más bien de otra manera, enmascaradas del mismo modo que el Innominado cuando adoptó la forma de esa chica de la carretera, o la del hombre de la iglesia, o la del anciano del avión. Será un acontecimiento que podría explicarse racionalmente, pero en el que algo no encajará. Una de esas historias que recogen los teletipos y que aparecen junto a otras noticias extrañas en las portadas de algunas páginas de internet. Las cosas raras que se encuentran en las secciones menores de los periódicos locales. Algo que, al parecer, en Dakota del Norte abunda.
Hago una nueva búsqueda, «demonios de Dakota del Norte», que me lleva directamente a páginas pornográficas.
Vuelvo a intentarlo.
«Casos inexplicados en Dakota del Norte».
«Misterios de Dakota del Norte».
«Desaparecidos en Dakota del Norte».
«Fenómenos en Dakota del Norte».
Al cabo de un rato, advierto que una historia se repite más que ninguna otra. Se trata de una noticia breve que, a priori, no parece ser más que la sombría historia de unas almas solitarias, más deprimente que inquietante.
La noticia apareció por primera vez el 26 de abril en el Emmons County Record, un periódico de Linton, hace tres días.
MUJER DE STRASBURG DE 77 AÑOS, PRINCIPAL SOSPECHOSA EN LA DESAPARICIÓN DE SU HERMANA GEMELA
Delia Reyes asegura que su hermana, Paula Reyes, oía «voces».
Por Elgin Galt
LINTON
Delia Reyes, una mujer de 77 años que se ha pasado la vida trabajando en una pequeña granja de
la zona de Strasburg con su hermana gemela, Paula, ha sido calificada de «principal sospechosa» por el sheriff que investiga la desaparición de esta última.
Delia Reyes se puso en contacto con la policía hace seis días, el 20 de abril, para denunciar la
desaparición de su hermana. No obstante, el interrogatorio que la policía realizó a la mujer reveló una versión de los acontecimientos que dejó a las autoridades desconcertadas.
«Según Delia, Paula llevaba tiempo oyendo voces que procedían del sótano —ha revelado el sheriff
Todd Gaines al Record—. Esas voces insistían en que bajara y se uniera a ellas».
Delia le dijo a la policía que ella jamás oyó esas voces, y que estaba preocupada por el estado
mental de su hermana. Temiendo que se lastimara a sí misma, le hizo prometer a Paula que no bajaría al sótano sola.
Sin embargo, una noche Paula no pudo resistir más. Según su declaración, Delia Reyes fue testigo
de cómo Paula abría la puerta del sótano y bajaba la escalera. Cuando Delia —que tiene ciertas limitaciones físicas— llegó abajo, Paula había desaparecido.
«Fue la última vez que alguien vio a Paula Reyes», dijo el sheriff Gaines. Con el permiso de la señora Reyes, los investigadores han registrado concienzudamente el interior
y el exterior de la propiedad de las hermanas, pero hasta el momento no han descubierto ningún rastro de la desaparecida.
Al preguntarle si había indicios de que se hubiera cometido algún crimen, el sheriff Gaines
respondió negativamente. «Se trata de la desaparición de una persona con un aspecto que consideramos fuera de lo común, eso es todo», dijo.
A pesar de nuestros repetidos intentos por ponernos en contacto con ella, la señora Reyes ha
declinado hacer ningún comentario sobre la investigación en curso.
La supuesta demencia de una anciana no es ninguna señal de presencia demoníaca. Aun así, en la historia de unas voces que lo invitan a uno a unirse a ellas en un viejo sótano de Dakota hay algo que puede resultar útil. Es —al menos esta semana— lo más cercano que el cuadragésimo séptimo estado más densamente poblado de Estados Unidos tiene que ofrecer en cuanto a rastros dejados por el Adversario.
Considero la posibilidad de llamar al reportero, Elgin Galt, pero finalmente decido no hacerlo. El Emmons County Record no tiene por qué saber que un profesor de Nueva York está interesado en la hermana Reyes superviviente. Mejor que no lo sepa nadie. Y también que no llame antes a la señora Delia Reyes para pedirle unos minutos de su tiempo.
Tampoco es información lo que busco. Eso no es lo que el Innominado espera de mí. Quiere que sea testigo. Que documente. Que pergeñe un oscuro relato de sus acciones.
El Libro de Ullman.