Encuéntrame

Gilly Macmillan · Capítulo 27 de 86

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Encuéntrame

Rachel

 

Nicky llamó a la policía y Laura y ella salieron a limpiar la valla. No me dejaron

ayudarlas por si había fotógrafos, aunque de todas formas yo tampoco estaba en

condiciones.

Me quedé sentada en el sofá, envuelta en una manta e intentando parar de

temblar, mientras ellas se enfrentaban al frío del exterior y trabajaban codo con codo

para borrar la prueba de que alguien quería que todo el mundo pensara que yo le

había hecho daño a mi hijo.

Pero era inútil, una tarea sisífica, porque por mucho que frotaran con los dedos

congelados y los brazos doloridos, las tres sabíamos que había otras personas en otros

lados difundiendo el mensaje de una forma mucho más eficaz y sin tener que

ensuciarse las manos.

El escarnio público, el hecho de convertirte en el blanco de los comentarios

agresivos de otros, tiene un efecto muy destructivo por mucho que intentes

racionalizarlo y convencerte de que solo las peores personas son capaces de hacer

algo así.

En ese momento me vi rodeada de odio y llegué a sentir miedo por mi integridad.

Si alguien era lo bastante descarado y tenía la motivación suficiente para hacer un

grafiti en la misma valla de mi casa, ¿qué evitaba que fuera más allá? ¿Sería capaz de

colarse en mi casa? ¿O de hacerme daño?

El miedo por Ben había ocupado todas las células de mi cuerpo y gobernado

todos mis pensamientos y acciones desde el domingo, pero ahora se le había unido

algo más: miedo por mí.