Encuéntrame
Rachel
Por la mañana nos encontramos, las dos en bata, en la cocina. No podíamos mantener
el contacto visual y el aire vibraba por la tensión. Lo primero que me dijo Nicky fue
que se iba.
—Creo que las dos necesitamos tiempo, seguramente —dijo.
Era una afirmación hecha con voz tranquila y muy controlada, pero estaba
marcada por el trasfondo de lo sucedido el día anterior.
—Solo un par de días, después volveré. ¿Estarás bien?
Tuve que carraspear antes de responder para moderar mi tono de voz y mantener
la perfecta neutralidad de la conversación. La alternativa era gritar, llorar o escupir
acusaciones en rápida sucesión. Tras pasar la noche imaginando lo más oscuro, la
cruda realidad, la familiaridad de la presencia de mi hermana y su esfuerzo por
mantener la compostura hicieron que me contuviera.
—Vale —respondí—. No hay problema.
—Es por las niñas —explicó, a la vez que se volvía para meter unas rebanadas de
pan en la tostadora.
—Pues entonces claro que tienes que irte.
Entonces sentí una punzada de culpa, porque las hijas de Nicky la necesitaban
también.
Empezó a salir vapor del hervidor de agua y se formó una capa húmeda en la
puerta de uno de los armarios de la cocina. Skittle arrastró con dificultad su escayola
por el suelo y se dejó caer pesadamente a mis pies. Nicky quemó su tostada y yo me
quedé mirando su espalda mientras la llevaba al fregadero y utilizaba un cuchillo para
raspar la parte ennegrecida con movimientos eficientes. Fue desapareciendo y al caer
formó una capa de polvo basto.
—Hazte otra —sugerí.
—Quería dejarte para ti.
—No pasa nada, ya comeré… —empecé a decir.
—¡Tienes que comer, Rachel!
Fue un arrebato, y su compostura se hizo pedazos de repente. Dejó caer la tostada
y el cuchillo al fregadero y apoyó las palmas en el borde, dejando descansar en ellas
todo su peso de forma que sus hombros se convirtieron en dos aristas, una a cada lado
de su cabeza hundida. Levantó la vista para mirar hacia la ventana; como estaba
oscuro fuera, su cara se reflejaba claramente en el cristal y nuestros ojos se
encontraron en él. Ella fue la primera en apartar la mirada y bajar la vista.
—Lo siento —dijo—. Perdona. ¿Puedo enseñarte algo?
Me pasó su portátil. Había dos páginas abiertas: una era su blog y otra su correo.
No pude evitar notar que había colgado una actualización en el blog:
Queridos amigos y seguidores de Ketchup & Natillas:
Os ruego que no os vayáis todavía, que os quedéis a la espera un
poco más. Siento deciros que necesito tomarme un respiro del blog
por razones familiares. Esperaba daros mucho trabajo con unos
deliciosos dulces para Halloween, pero no ha podido ser. Si
necesitáis ideas para Halloween, podéis consultar mi post del año
pasado, donde encontraréis formas de hacer y decorar muchas cosas
divertidas. Próximamente: ¡se acerca la Navidad! Manteneos a la
espera, volveré en cuanto pueda…
Nicky
Vio que lo estaba leyendo.
—Simon lo colgó. A veces me lo actualiza —aclaró, y después dijo—: No sé si
debería crear una página web para Ben. Podría poner el enlace en el blog.
No supe qué decir. Miraba el blog de mi hermana con bastante asiduidad y
normalmente me asombraba sobre todo por su forma de convertir en mitología y
profesión la vida familiar. Era como una de esas revistas de comida con sus páginas
brillantes, un diario social envidiable. Todo eso no era parte de mi mundo.
Decidí entonces pinchar en el email.
De: Ivy Cooper <ivycooper@brettslegacy.com>
Para: Nicola Forbes <nicky_forbes@yahoo.com>
25 de octubre de 2012 a las 23:13
Asunto: Ben
Querida Nicky:
EL LEGADO DE BRETT: «HAZ ALGO BUENO»
Es un momento de tremendo dolor para ti y tu familia. Rezamos por
Ben y vosotros.
Nuestro hijo Brett nos fue arrebatado hace siete años y desde
entonces hemos pasado por cosas que nunca pensé que tendríamos
que sufrir. Antes de que nos lo arrebataran, una de las cosas que
a Brett más le gustaba decir era: «Mamá, vamos a hacer algo
bueno», así que decidimos convertir eso en una elección para
nuestro futuro y ofrecer ayuda a otras familias que se encuentren
en la misma situación.
Tomamos esta decisión hace cinco años, poco después de que
encontraran el cuerpo de Brett y…
Dejé de leer. Miré a mi hermana.
—¿Qué le ocurrió a Brett? —pregunté.
—¿Lo has leído todo? Léelo hasta el final, hazlo. Ellos entienden cómo es y es un
alivio… De verdad, no puedo explicarte el gran alivio que supone. Me ha costado mucho encontrar a alguien ahí fuera que sepa cómo…
—¿Qué le ocurrió?
Tenía que saberlo. No me gustaba ese email. No quería ser parte de ese club: una
familia de familias devastadas. No estaba preparada para eso. Ben iba a volver
conmigo. Yo no iba a ser como ellos.
—Eso no es relevante.
—Para mí sí es relevante.
—Brett murió —dijo Nicky—. Desgraciadamente.
—¿Cómo murió?
—Rachel…
—¿Cómo murió?
—Lo asesinó su secuestrador. Pero eso no es lo importante. Nunca habrían
descubierto lo que pasó con él si la familia no se hubiera esforzado por lograr que la
policía no se diera por vencida con su caso.
—Ben va a volver.
—Espero que sí, Dios sabe que así es, sabes que eso es lo que espero… —Estaba
retorciendo un trapo de cocina entre las manos—, pero tenemos que aceptar la
posibilidad de que tal vez no vuelva pronto, de que pueda haber sufrido algún daño.
Han pasado seis días.
No podía oír aquello. No de boca de Nicky. Ni de nadie. Ahora no. Ni tampoco
nunca.
—Voy a ver a Ruth —decidí de repente.
—Lo siento —se disculpó de nuevo—. No quería que esta mañana fuera así.