Escucha esto
Audiciones Sugeridas
Estas recomendaciones reflejan el gusto de un único oyente; los compradores potenciales pueden comparar ejemplos de audio online antes de adquirir ningún disco. Todas las grabaciones se encuentran disponibles en el momento de entrar este libro en imprenta, aunque algunas quedarán inevitablemente descatalogadas como consecuencia de la reducción de sus catálogos por parte de las compañías discográficas. La mayoría se encuentran también disponibles como descargas en formato MP3.
ESCUCHA ESTO
Un elepé de segunda mano de Leonard Bernstein dirigiendo la Heroica de Beethoven inflamó mi amor por la música clásica. Aunque es posible que los niños de hoy caigan con igual facilidad bajo el hechizo de La consagración de la primavera de Stravinsky o Music for 18 Musicians (Música para 18 músicos), de Steve Reich, la indestructible obra maestra de Beethoven sigue siendo un lugar lógico a partir del cual empezar. Según una discografía online preparada por Eric Grunin, desde la invención del fonógrafo se han puesto en circulación más de quinientas grabaciones de la Heroica. Van desde el fibroso Arturo Toscanini (una versión en directo de 1939 con la Sinfónica de la NBC aprehende al maestro en plena incandescencia) hasta el cautivadoramente neurótico Wilhelm Furtwängler (su lectura más descarnada procede de diciembre de 1944, con la Filarmónica de Viena) o al granítico Otto Klemperer (una grabación de EMI de 1959 con la Orquesta Philharmonia es la más imponente de sus diversas tentativas). La vigorosa Heroica de Bernstein con la Filarmónica de Nueva York se encuentra actualmente disponible en un disco Sony que incluye también la conferencia del director sobre la Heroica («Se ha asestado una puñalada de impertinente otredad»). Si está buscando una colección completa de las nueve Sinfonías de Beethoven, la versión de 1961-1962 de Herbert von Karajan con la Filarmónica de Berlín (DG) es satisfactoria en
todo momento, aunque algo carente de fuego. El ciclo de Osmo Vänskä con la Orquesta de Minnesota (BIS) constituye un formidable rival moderno.
CHACONA, LAMENTO, WALKING BLUES
«Un sarao de la chacona», de Juan Arañés, un ejemplo jubiloso de la danza de la chacona original, cobra vida en la colección Villancicos y danzas criollas, con Jordi Savall al frente de Hespérion XXI y La Capella Reial de Catalunya (Alia Vox). La sombría Missa Fors seulement, de Johannes Ockeghem, es cantada de forma resonante por la Schola Discantus en un disco del sello Lyrichord. Savall y compañía han producido también la más cautivadora de todas las grabaciones de Lachrimae, de John Dowland, si bien en este momento se encuentra únicamente disponible como una descarga en MP3 (Alia Vox).
Andreas Scholl presta el timbre puro y cargado de emoción de su voz de contratenor a las canciones de Dowland en los álbumes A Musicall Banquet (Decca) y Crystal Tears (Harmonia Mundi).
Diversas arias clásicas de lamento, incluido el apocalíptico treno de Hécuba en Didone, de Cavalli, aparecen en el disco Lamenti, con Emmanuelle Haím como directora de Le Concert d’Astrée y varios destacados cantantes (Virgin Classics). La grabación de Concerto Vocale de los Madrigali guerrieri ed amorosi, de Monteverdi (Harmonía Mundi), cuenta con un Lamento della ninfa asombrosamente sensual. Se han grabado un gran número de versiones espléndidas de Dido and Aeneas, de Purcell; le tengo un especial cariño a un CD de Harmonia Mundi de 1994
con Lorraine Hunt Lieberson como Dido y Nicholas McGegan al frente de Philharmonia Baroque. La discografía del ciclo de Sonatas y Partitas de Bach, que incluye la Ciaccona en Re menor, es intimidantemente amplia y comprende a la mayoría de los más importantes violinistas de los últimos cien años; entre las grabaciones más recientes, yo elegiría la idiosincrásica e indagadora de Gidon Kremer en ECM. En el imponente ámbito de la Misa en Si menor de Bach, ningún director ha profundizado más que Philippe Herreweghe, el director del Collegium Vocale Gent; su segunda versión de la obra, para Harmonía Mundi, se erige en el patrón moderno.
MÁQUINAS INFERNALES
Explorar los archivos de las primeras grabaciones requiere una tolerancia a los silbidos, los ruidos, los chisporroteos y otros productos de la tecnología premagnética. Un punto de partida evidente es Enrico Caruso, cuya dorada voz de tenor se registró por primera vez en 1902; el sello Nimbus ofrece una antología de Caruso con un sonido robusto en su serie Prima Voce, aunque las grabaciones del tenor han pasado a ser ya de dominio
público
y
han
proliferado
en
Internet
(veáse
www.archive.org/details/Caruso_partl o iníciese una búsqueda en YouTube). Las interpretaciones sorprendentemente chillonas y alocadas de Edward Elgar de sus propias obras han sido publicadas por diversos sellos; en un volumen de la serie Grandes Grabaciones del Siglo de EMI guía a un adolescente Yehudi Menuhin entre los meandros de su Concierto para violín. EMI ofrece también la cautivadora interpretación que hace Bruno Walter de la Novena Sinfonía de Mahler, grabada en vivo con la Filarmónica de Viena en vísperas del Anschluss; el mago del audio británico Michael Dutton ha publicado una remasterización aún mejor en su sello Dutton Laboratories.
LA TORMENTA DEL ESTILO
La manera de interpretar a Mozart ha cambiado drásticamente en el curso del último siglo: un suntuoso estilo romántico ha dado paso a ataques más nítidos y texturas más enjutas. Un perfecto ejemplo de la vieja escuela es la descollante grabación de Don Giovanni que dirigió Carlo Maria Giulini en 1959, que se vanagloria de contar con uno de esos brillantes repartos que el productor británico Walter Legge reunía con tanta naturalidad para EMI en la época de la posguerra: Eberhard Wáchter como Don Giovanni, Joan Sutherland como Donna Anna, Elisabeth Schwarzkopf como Donna Elvira, Giuseppe Taddei como Leporello y Gottlob Frick emitiendo sonidos negros como el carbón en su papel del Commendatore. Sin embargo, como ha demostrado el contratenor convertido en director de orquesta René Jacobs en un buen número de grabaciones mozartianas con instrumentos originales para Harmonia Mundi, la época dorada del elepé no posee el monopolio de
este compositor. Le nozze di Figaro de Jacobs, con Lorenzo Regazzo como Figaro, Patrizia Ciofi como Susanna y Simón Keenlyside como el Conde, es maravillosamente ágil y alborotada, como si la historia estuviese contándose desde el punto de vista de Figaro y no desde el del Conde. Otras cuatro grabaciones predilectas de óperas de Mozart: Le nozze di Figaro de Erich Kleiber (Decca), Die Zauberflóte de Otto Klemperer (EMI), Cosi fan tutte de Karl Bóhm (EMI) e Idomeneo de Charles Mackerras (EMI).
Una larga procesión de grandes pianistas —Walter Gieseking, Rudolf Serkin, Clifford Curzon, Sviatoslav Richter, Alfred Brendel, Alicia de Larrocha y Mitsuko Uchida, entre otros— han reforzado el encanto de los Conciertos para piano de Mozart. Ningún intérprete es más directo, más desprovisto de artificio y más cálidamente humano que Richard Goode, que ha grabado ocho de los grandes conciertos con la Orquesta de Cámara Orpheus (Nonesuch). El álbum de Mackerras que contiene las Sinfonías núms. 38-41 con la Orquesta de Cámara Escocesa (Linn) es tonificantemente claro y enérgico. En la música de cámara, recomiendo como punto de partida un álbum de tres discos de los maravillosamente diversos Quintetos de cuerda con el Trío Grumiaux e instrumentistas amigos (Philips). Cada año aparecen nuevas grabaciones del Réquiem, la despedida trágicamente inacabada de Mozart; la dirigida por Peter Schreier, que se encuentra como disco suelto y que forma también parte de la Edición Mozart de Philips, consigue desde el principio una inquebrantable autenticidad.
EN ÓRBITA
Los muy inteligentes miembros de Radiohead han generado hasta la fecha ocho discos de estudio, incluido el reciente (2011) The King of Limbs (El rey de las ramas). Si le gusta el rock and roll con melodías claramente delineadas, se sentirá más feliz probablemente con la segunda y la tercera creaciones de la banda, The Bends (1995) y OK Computer (1997). Si le atraen de forma natural las armonías extrañas y las texturas electrónicas agitadas, es posible que prefiera Kid A (2000), Amnesiac (2001) y Hail to the Thief (Salve al ladrón, 2003). El penúltimo disco de Radiohead, el autopublicado In Rainbows (2007), plantea un equilibrio estable de melodía y textura; es el trabajo más sutil y más apacible de la banda. El mejor de los
diversos EP y singles de Radiohead es Airbag/How Am I Driving? (Airbag/
¿Cómo estoy conduciendo ?), que contiene la sinuosa pieza instrumental
«Meeting in the Aislé» («Encuentro en el pasillo») y el himno posmoderno
«Palo Alto».
EL ANTIMAESTRO
El compositor y director de orquesta Esa-Pekka Salonen posee el don de realizar grabaciones necesarias. Especialista en el siglo XX, combina una querencia modernista con un sentimiento nórdico por el paisaje. Uno de sus primeros proyectos con la Filarmónica de Los Ángeles fue grabar la Tercera Sinfonía de Witold Lutoslawski, que aplica un vocabulario vanguardista a una desbordante estructura sinfónica; ese trabajo pionero sigue estando disponible en Sony, emparejado con la Cuarta Sinfonía de Lutoslawski.
Para el mismo sello, Salonen y la Filarmónica de Los Ángeles repasaron la música de cine de Bernard Herrmann, centrándose en las famosas bandas sonoras que escribiera para Alfred Hitchcock ( Vértigo, Psicosis). Ya para el sello DG, Salonen creó una de las interpretaciones modernas más tensas de La consagración de la primavera, de Stravinsky (con la Suite de El mandarín maravilloso, de Bartók, y Una noche en el Monte Pelado, de Musorgski). También ha alumbrado lecturas definitivas de Kraft, de Magnus Lindberg, con la Orquesta Sinfónica de la Radio Finlandesa (Ondine); de Naive and Sentimental Music, de John Adams, con la Filarmónica de Los Ángeles (Nonesuch); y de la ópera L’Amour de loin, de Kaija Saariaho, con Gerald Finley, Dawn Upshaw y la compañía de la Ópera Nacional Finlandesa (DG DVD). Hay cuatro discos que contienen la música del propio Salonen, que muestran una progresión que va desde un vanguardismo extravagante hasta un eclecticismo ilustrado. Comience con la colección de DG Wing on Wing: las texturas de alta tecnología de la obra que le da título resplandecen como las alas del Disney Hall.
UN ALMA GRANDE
En Schubert, la absoluta precisión de la ejecución importa menos que la certera identificación con los imprevisibles cambios del estado de ánimo del compositor. A este respecto, las grabaciones más antiguas suelen ganar la partida a las más recientes, en las que con demasiada frecuencia las notas relucen en su sitio pero las emociones se encuentran contenidas. Casi todas las versiones modernas del Quinteto de cuerda en Do mayor palidecen al lado de una grabación realizada en el Festival de Prades de 1952, con Isaac Stern, Alexander Schneider, Milton Katims, Paul Tortelier y el propio Casals (Sony). La afinación es temblorosa, fallan algunas notas aquí y allá, y hay alguien que no deja de emitir gruñidos, pero el legato mantenido en el movimiento lento es como una luz que se derrama procedente de otro mundo. Para un extraordinario compendio de la manera de interpreta a Schubert antes de la Segunda Guerra Mundial, busque en Internet un álbum de cuatro discos de la música de cámara en el actualmente inactivo sello Andante. Una vez más, la intensidad lírica de las interpretaciones, a cargo de músicos tan legendarios como Casals, Alfred Cortot, Jacques Thibaud, Adolf Busch, Rudolf Serkin, Artur Schnabel, Sergei Rachmaninov y Fritz Kreisler, hace que la mayoría de las versiones modernas de esta música suenen con una frialdad clínica.
Aun así, en la era digital han nacido muchos discos schubertianos de primera. La grabación que realizó Klaus Tennstedt en 1983 de la Novena Sinfonía con la Filarmónica de Berlín (EMI) posee una espléndida energía danzable, muy adecuada para la obra más musculosa de Schubert. La lectura que hace Leonard Bernstein de la Novena con la Filarmónica de Nueva York (Sony) hace gala de una vitalidad similar, y se encuentra emparejada con una generosamente inquietante «Incompleta». En el ciclo de canciones Winterreise, el cantante debe transmitir soledad existencial y más de un atisbo de locura; para mi gusto, una voz de tenor moviéndose en el registro agudo comunica esa desesperación mejor que un barítono, de modo que, en vez de las grabaciones clásicas de Hans Hotter y Dietrich Fischer-Dieskau, recomiendo un cedé de Decca extremadamente expresivo con Peter Schreier y András Schiff. La integral de las canciones de Schubert publicada por Hyperion —treinta y siete volúmenes en total—, que ha marcado un hito, se halla perfectamente destilada en un disco que contiene una cuidada selección, titulado «Voyage of Discovery» («Viaje de descubrimiento»). Pianistas del calibre de Artur Schnabel, Clifford Curzon y Sviatoslav Richter han dejado su impronta en la augusta Sonata en Si
bemol mayor de Schubert; los jóvenes instrumentistas Paul Lewis e Inon Barnatan (en Harmonia Mundi y Bridge) demuestran que no se ha extinguido en absoluto la sensibilidad poética de la época anterior a la guerra.
PAISAJES EMOCIONALES
Al igual que sucede con Radiohead, los discos de Björk se encuadran a grandes rasgos en dos fases, una que tiende hacia el pop y la otra que se escora hacia la electrónica y la vanguardia clásica. Sus primeros álbumes de madurez a solo, Debut (1993) y Post (1995), están bien provistos de himnos maníacamente cantables («Venus as a Bop, «Isobel», «Hyper-ballad»).
Homogenic (1997) inauguró su período «vanguardista», que culminó en Vespertine (2001) y Medúlla (2004). Vespertine es el trabajo con una magia más Björkiana de todo el grupo: un ciclo de canciones orgánico comparable a Kid A de Radiohead, publicado el año anterior. Selmasongs es un disco híbrido de 2000 derivado de la semisinfónica banda sonora de Björk para la película de Lars von Trier Dancer in the Dark. Björk ha producido también varios discos, álbumes y vídeos en directo; la colección Family Tree contiene, entre otros extravagantes tesoros, su versión de «Cover Me»
imbuida de Messiaen. Desde que apareció mi artículo, en 2004, Björk ha publicado otra banda sonora, la densamente orquestada Drawing Restraint 9 (para una película realizada por Matthew Barney), así como dos discos de larga duración, Volta («Declare Independence» es un nuevo clásico de Björk), de 2007, y Biophilia, de 2011. Su interpretación, en 1996, de Pierrot lunaire, de Schoenberg, con Kent Nagano como director, aún tiene que materializarse en una grabación, aunque algunos fragmentos clandestinos han hecho ya su aparición en Internet.
SINFONÍA DE MILLONES
Tan Dun es el más frecuentemente grabado de los compositores chinos contemporáneos, aunque es posible que no sea el más significativo. Sus óperas Marco Polo, Tea (Té) y The First Emperor (El primer emperador) se
encuentran todas disponibles en la actualidad en DVD, junto con obras multimedia como Paper Concerto (Concierto para papel), Water Concerto (Concierto acuático) y The Map (El mapa). Únicamente esta última obra —
un concierto para violonchelo intercalado con retratos filmados en vídeo de músicos chinos tradicionales— consigue plenamente la unión de Oriente y Occidente. Chen Yi y Zhou Long, otros dos miembros de la generación de Tan Dun, llevan muchos años de residencia en Estados Unidos; el Conjunto de Nueva Música de Pekín, bajo la dirección de Eli Marshall, ha grabado varias de sus obras en un disco de Naxos titulado Wild Grass (Hierba silvestre). Guo Wenjing, que se quedó en China, ha sido ignorado casi por completo en Occidente, aunque hay ejemplos de su música que andan flotando por YouTube.
CANCIÓN DE LA TIERRA
Es posible que el compositor alaskeño John Luther Adams no sea un nombre familiar, pero han aparecido una docena de grabaciones dedicadas a sus paisajes sonoros subárticos. El disco de 1993, The Far Country (Elpaís lejano, New Albion), muestra una faceta de Adams en la que éste trabaja en un modo orquestal más tradicional, en ocasiones rozando el estilo de la Fanfarefor the Common Man (Fanfarria para el hombre corriente), de Aaron Copland, aunque la manera glacial en que van desenvolviéndose los acontecimientos apunta a la voz madura del compositor. Su auténtica irrupción se produjo en las piezas para orquesta de cámara, inmensamente espaciosas, Clouds of Forgetting, Clouds of Unknowing e In the White Silence, ambas con discos propios en el sello New World. La escritura violentamente inventiva para percusión de Adams puede oírse en Strange and Sacred Noise (Mode CD/DVD) y The Mathematics of Resonant Bodies
{La matemática de los cuerpos resonantes, Cantaloupe). El disco de Coid Blue, RedArc/Blue Veil (Arco rojo/Velo azul), contiene la versión para dos pianos de Dark Waves, una de las obras recientes más arrebatadoras de Adams. Para oír The Place Where You Go to Listen, hace falta que compre un vuelo a Fairbanks (Alaska) y se deje caer por el Museo del Norte en la Universidad de Alaska.
EL TIRÓN DE VERDI
Podría empezarse con la cúspide, con Otello. Compite con Don Giovanni y Tristan und Isolde por hacerse con el título de la más grande ópera jamás compuesta, y son muchas las noches en que se alza triunfadora. Después de haber sido testigo de la desgarradora encarnación del papel protagonista por parte de Plácido Domingo en el Met en 1994, me siento tentado de elegir la grabación de Otello que realizó el tenor el año anterior, bajo la dirección de Myung-Whun Chung (DG), pero la Desdemona de Cheryl Studer resulta un poco excéntrica. Me decanto, en cambio, por la anterior versión de Domingo, apenas menos arrebatadora, que cuenta con Renata Scotto como Desdemona, Sherrill Milnes como lago y James Levine en el podio (RCA).
Luego es necesario tener algo con Maria Callas. Su volcánica interpretación en vivo de La traviata de 1955 en La Scala se conserva en EMI; Giuseppe di Stefano canta de manera incisiva como Alfredo y dirige Cario Maria Giulini. Resulta también aconsejable tener una de las majestuosas interpretaciones verdianas de Leontyne Price: quizá su Aida de 1961, con Jon Vickers como Radamés bajo la dirección de Georg Solti (Decca); o su Il trovatore de 1962, con Franco Corelli como Manrico, Giulietta Simionato como Azucena y Herbert von Karajan en el foso (DG). Equilibraría esas proezas impulsadas por una diva con la versión ricamente coloreada que plantea Claudio Abbado de Simón Boccanegra, con Piero Cappuccilli, Mirella Freni y José Carreras (DG); y el chisporroteante Falstaff de Karajan, en el que a Tito Gobbi no se le escapa uno solo de los matices del papel protagonista (EMI). Para un Verdi juvenil, una buena primera opción es el Nabucco de Giuseppe Sinopoli, con Cappuccilli, Domingo y una ardiente Ghena Dimitrova (DG).
CASI FAMOSOS
El Cuarteto St. Lawrence ha publicado hasta la fecha seis discos en el sello EMI y uno en Naxos. El más característico de la serie es Yiddishbbuk, dedicado al compositor de origen argentino Osvaldo Golijov, cuya música extravertida y con dejos folclóricos se adecúa al espíritu del cuarteto; en el quinteto con clarinete The Dreams and Prayers of Isaac the Blind (Los
sueños y plegarias de Isaac el Ciego ) proporcionan un vibrante telón de fondo para los diseños klezmer del clarinetista Todd Palmer. Otras dos publicaciones destacadas son un trío de Cuartetos de Shostakovich —los núms. 3, 7 y 8— y un emparejamiento de los Cuartetos núms. 1 y 3 de Chaikovski.
LOS LINDES DEL POP
Este capítulo echa una ojeada a artistas procedentes de todo el mapa popular: el dúo de cabaret Kiki y Herb, el maestro del free-jazz Cecil Taylor, la banda de avant-rock Sonic Youth, el incomparable cantante melódico Frank Sinatra y la angustiada estrella del rock Kurt Cobain. Si hubiera de elegir discos representativos para cada uno de ellos, elegiría el disco de Taylor 3 Phasis, de 1978, con Jimmy Lyons, Raphé Malik, Ramsey Ameen, Sirone y Ronald Shannon Jackson (New World); el disco Daydream Nation (Geffen), de Sonic Youth (1988); Only the Lonely, de Sinatra, con deslumbrantes arreglos de Nelson Riddle (Capitol); y el éxito imperecedero de Nirvana, Nevermind (Geffen). En cuanto a Kiki y Herb, que iniciaron un paréntesis indefinido en 2008, nos han dejado un documento apropiadamente enloquecido que recoge su debut en el Carnegie Hall, un disco en directo titulado Kiki and Herb Will Die for You (Kiki y Herb morirán por ti).
LA VOZ DEL SIGLO
En un disco VAI titulado Marian Anderson: Rare and Unpublished Recordings 1936-1952 (Marian Anderson: Grabaciones inusuales e inéditas 1936-1952), la legendaria contralto se deleita en el fulgor del lamento de Purcell «When I am laid in earth» y ofrece versiones escalofriantes de «Der Doppelgänger» y «Der Erlkönig», de Schubert. En un disco del sello Pearl igualmente variado, aplica su cavernoso registro grave a la Rapsodia para contralto de Brahms y no escatima cuidados en canciones de Sibelius. La pena es que la mayor parte de las publicaciones comerciales de los años cincuenta muestran a Anderson con una voz en
permanente declive. Ninguna grabación logra capturar el aura luminosa que tantos oyentes asociaron con la cantante en su momento de mayor esplendor; sólo cabe imaginar cómo debió de haber sido. La punzante recomposición que hace Nina Simone de «Strange Fruit» aparece en el doble cedé Anthology (RCA).
LA MONTAÑA DE LA MÚSICA
Rudolf Serkin y Adolf Busch, los espíritus que estuvieron al frente de Marlboro Music en Vermont, realizaron un gran número de grabaciones juntos y con miembros de su amplia familia. Busch y Serkin tocan formando un dúo en el álbum de Schubert del sello Andante mencionado más arriba; en un disco EMI pueden oírse las versiones furiosamente comprometidas que hace el Cuarteto Busch de los dos últimos Cuartetos de Schubert. ArkivMusic. com ofrece un disco Sony descatalogado que contiene dos diamantinas interpretaciones de Serkin procedentes de Marlboro: el Concierto para piano núm. 4 y la Fantasía coral de Beethoven, con Alexander Schneider como director. Aún sigue editada una muy amada versión del Quinteto «La trucha» de Schubert grabada en 1967
por Serkin y varios colaboradores de Marlboro; está emparejada con el Quinteto con clarinete de Mozart. Los actuales codirectores de Marlboro, Mitsuko Uchida y Richard Goode, han publicado ambos docenas de discos.
Ya se han elogiado anteriormente los Conciertos de Mozart de Goode; el pianista ha aplicado también su pulsación extraordinariamente lírica a los cinco Conciertos de Beethoven (Nonesuch). Entre las grabaciones importantes de Uchida figuran su impecable ciclo de Conciertos de Mozart, su Sonata «Hammerklavier» de Beethoven, sus Estudios de Debussy y su Concierto para piano de Schoenberg, todos en Philips.
EL FIN DEL SILENCIO
En el momento de escribir estas líneas, la monumental Edición Cage de Mode Records asciende a cuarenta y dos volúmenes. Dos excelentes puntos de partida son el cedé de Philipp Vandré que contiene las Sonatas and
Interludes, la obra más ambiciosa de Cage para piano preparado; y la grabación del Cuarteto Arditti de su String Quartet in Four Parts y Four, obras de una austera belleza encuadradas en la primera y la última etapas de la carrera de Cage. Casi todo en la serie de Mode está realizado prestando una cuidadosa atención a la intención y el espíritu del compositor. Un cedé del sello ECM titulado The Seasons (Las estaciones) constituye una soberbia aproximación en un solo disco, y en él se contrapone el lirismo atenuado de la música para piano preparado a los posteriores experimentos con la aleatoriedad. La reedición de The 25-Year Retrospective Concert of the Music of John Cage —un concierto conmemorativo celebrado en el Ayuntamiento de Nueva York el 15 de mayo de 1958—, en el sello Wergo, transmite una sensación de la controversia que se arremolinaba en torno a Cage en los años cincuenta y sesenta; los abucheos compiten con los aplausos tras la presentación del collage para cinta Williams Mix.
YO VI LA LUZ
Bob Dylan ha publicado casi cincuenta discos en estudio y en vivo desde que entró a formar parte del sello Columbia en 1961. The Freewheelirí Bob Dylan es el disco más poderoso de su período juvenil, con una orientación folk; Highway 61 Revisited y Blonde on Blonde son las cimas gemelas de su fase eléctrica de mediados de los años sesenta; Blood on the Tracks es la joya de los años setenta; y Time Out of Mind, de 1997, marcó el comienzo de un período de última época sombríamente indagador, que ha continuado con «Love and Theft» («Amor y robo»), Modern Times (Tiempos modernos) y Together Through Life (Juntos por la vida). El famoso concierto de Dylan de 1966 en Manchester («¡Judas!») está disponible como el Volumen 4 de la Bootleg Series de Columbia. El auténtico obseso de Dylan puede ir más allá de las publicaciones oficiales y adentrarse en el turbio mundo de las grabaciones piratas, en el que aún se encuentran ocultos los logros más sobresalientes del Maestro. Mi lista de grabaciones piratas preferidas incluye «Freeze Out» («Helar»), el primer borrador de
«Visions of Johanna»; «Million Dollar Bash» («La fiesta del millón de dólares») y «Sign on the Cross» («Señal en la cruz»), de las Grabaciones del Sótano completas; «Abandoned Love» («Amor abandonado»), en directo en el Other End en 1975; «The Groom’s Still Waiting at the Altar»
(«El novio está aún esperando en el altar»), en directo en San Francisco en 1980, con Mike Bloomfield tocando la guitarra; «The Lonesome Death of Hattie Carroll», en directo en El Rey en 1997; y la versión inicial de Blood on the Tracks, una creación más íntima y desgarradora que la publicación comercial, y el trabajo más impactante de la carrera de Dylan.
FERVOR
La mezzosoprano Lorraine Hunt Lieberson, al igual que Marian Anderson antes que ella, ejercía en persona una fuerza cuasiespiritual que las grabaciones no llegaron nunca a capturar del todo. Quizás el mejor testimonio de su extraño arte es un DVD del sello Kultur de Theodora, de Haendel, procedente del Festival de Glyndebourne, con dirección escénica de Peter Sellars y William Christie al frente de la Orchestra of the Age of Enlightenment, y con Dawn Upshaw, David Daniels y Richard Croft cantando el resto de los papeles protagonistas. Otros dos documentos esenciales del modo en que daba vida al repertorio barroco son un disco que contiene las Cantatas núms. 82 y 199 de Bach, con Craig Smith dirigiendo la Emmanuel Music Orchestra (Nonesuch), y una colección de arias de Haendel, con Harry Bicket como director de la Orchestra of the Age of Enlightenment (Avie). Una publicación de Wigmore Hall Live, que preserva un recital ofrecido en 1998 con Roger Vignoles al piano, muestra su afinidad no sólo con Haendel, sino también con Brahms y Mahler. Es difícil hablar con objetividad sobre su interpretación de las Neruda Songs, de Peter Lieberson, con James Levine al frente de la Sinfónica de Boston (Nonesuch); la grabación se realizó menos de ocho meses antes de su muerte y está inflamada por el fuego de la pasión privada.
BIENAVENTURADOS SEAN LOS TRISTES
Detrás de la fachada profesional de Brahms se escondía un manantial de profundo sentimiento. El reto a la hora de interpretar su música es reconciliar ese sentimiento con las ordenadas formas que lo contienen. El Primer Concierto para piano es Brahms en su faceta más sombría y audaz;
con miradas pesarosas a grabaciones protagonizadas por Emil Gilels y León Fleisher, me quedaré con una compañera desde hace muchos años, la monumental versión de Clifford Curzon con George Szell y la Sinfónica de Londres (Decca). No hay ninguna colección de las cuatro sinfonías que sea perfecta, aunque una compilación de Music & Arts de interpretaciones en vivo de Furtwángler resulta fascinante de principio a fin, mientras que el ciclo de Charles Mackerras con la Orquesta de Cámara Escocesa (Telare) nos ofrece ritmos extraordinariamente lúcidos. Sólo para la Primera Sinfonía, sugeriría bien a Klemperer y la Philharmonia (EMI) o a Toscanini y la Sinfónica de la NBC (en vivo en 1940, disponible en pristineclassical.
com); para la Segunda, Mackerras; para la Tercera, Bruno Walter y la Sinfónica Columbia (Sony); y para la Cuarta, Carlos Kleiber y la Filarmónica de Viena (DG), una de las grabaciones sinfónicas más poderosas jamás realizadas. Ein deutsches Requiem de Klemperer, con Elisabeth Schwarzkopf y Dietrich Fischer-Dieskau como los solistas (EMI), es pesante en el mejor de los sentidos: lenta, grave, avanzando de forma grandiosa. Para una introducción a la música de cámara de Brahms, pruebe una colección cálidamente idiomática de cuartetos, quintetos y sextetos a cargo del Cuarteto Amadeus y diversos colegas (DG). El disco de Radu Lupu con los Intermezzos y Piezas para piano opp. 117-119 (Decca) contiene una manera de hacer música de tal belleza, y sin asomo alguno de afectación, que pareces encontrarte cara a cara frente al alma esquiva de Brahms.
OceanofPDF.com
Terminaste Escucha esto
Alex Ross
Libros como este
-
Todos los museos son novelas de cie
-
Pandemonium II La cura
-
La música en Cuba
-
Intensas
-
Ganadores del Certamen Literario de
-
Testimonios de horror y misterio
Después del libro
Páginas que venían con esta edición, guardadas aquí como referencia.