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Alex Ross · Apéndice

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Agradecimientos

Durante el tiempo que he escrito para The New Yorker, he estado bajo el benigno control de dos grandes directores y ambos han contribuido de forma decisiva a mi desarrollo como escritor. Charles Michener leyó de forma apasionada, amplió mis simpatías musicales y demostró ser un supervisor insólitamente amistoso, hasta el punto de que las risas que salían de su despacho despertaban miradas de perplejidad. Cuando se fue Charles, tuve la fortuna de caer en manos de Daniel Zalewski, que es más joven que yo, y más sabio. Tengo contraída una profunda deuda de gratitud con la visión panóptica de Daniel, con sus hiperprecisas correcciones, con su ardiente defensa de mi causa y su espíritu inusualmente generoso. David Remnick, el director de The New Yorker, es un jefe modélico y un colega modélico; me considero una persona afortunada por estar viviendo durante su edad de oro.

Tina Brown, durante el tiempo que estuvo en la revista, me contrató y me dejó vagar con libertad. Pam McCarthy, Henry Finder y Dorothy Wickenden, en las oficinas editoriales, y David Denby, Nancy Franklin, Joan Acocella, Sasha Frere-Jones, David Grann y Luke Menand, en las madrigueras de los autores, me han mostrado intensamente su apoyo a lo largo de los años. Los editores de The New Yorker, encabezados por la mágica Ann Goldstein, han hecho que mi amor por el lenguaje sea más profundo. El comprobador de datos para la mayoría de estas piezas fue Martin Barón, que desde entonces se ha jubilado; yo lo llamaba «el más grande comprobador de datos que jamás hubo o que jamás habrá», y sigo suscribiéndolo. También estoy agradecido a Nana Asfour, Jake Goldstein, Nandi Rodrigo, Jennifer Stahl y Greg Villepique por su excelente trabajo de comprobación. Peter Canby, Leo Carey, Will Cohén, Bruce Diones, Kate Julián, Daniel Kile, Russell Platt, Lauren Porcaro, Aaron Retica y Rhonda Sherman me prestaron su ayuda en un momento u otro.

Muchas personas contribuyeron a la redacción de estos ensayos. Me gustaría dar especialmente las gracias a Radiohead (y por encima de todo a Colin Greenwood), a Courtyard Management, Steve Martin de Nasty Little Man, Esa-Pekka Salonen, Deborah Borda, Adam Crane, Björk, Scott Rodger, Valgeir Sigurósson, Árni Heimir Ingólfsson, Ken Smith y Joanna

Lee, Nick Frisch (un guía invaluable en Pekín), John Luther Adams, Hassan Ralph Williams, Joe Horowitz, Sebastian Ruth, Frank Salomon, Mitsuko Uchida, León Wieseltier y Alex Abramovich, mi compañero mientras seguía la gira de Dylan. Recibí consejos de carácter académico de Will Crutchfield, Drew Davies, Walter Everett, Walter Frisch, Luis Gago (que se dio cuenta del parecido existente entre «Strange Fruit» de Nina Simone y

«Der Doppelgánger» de Schubert), Christopher Gibbs, Philip Gossett, Wendy Heller, Andrew Patner, Ellen Rosand, Alexander Silbiger y Richard Taruskin. Alex Star, Paula Puhak, Jason Shure y Mike Vázquez, antiguos DJ en WHRB, me convirtieron al punk rock, y Steven Johnson me puso sobre aviso para escuchar a Radiohead. Los Goldstine —Josh, Stephanie, Eli, Theo, Danny y Hilary convirtieron los viajes a la costa oeste en una delicia. Ellen Pfeifer, del Conservatorio de Nueva Inglaterra, y Jane Gottlieb, de la biblioteca de la Juilliard School, me ayudaron en la investigación de mis pesquisas. Jake Holmes, Peter Bartók, Sigríður Þorgeirsdóttir y Jeff Rosen, de Special Rider Music, se mostraron extremadamente generosos con la concesión de permisos.

Eric Chinski ha vuelto a ser, en este libro, mi editor de ensueño; aún no me he recuperado de la magnanimidad que mostró durante la preparación de El ruido eterno. Jonathan Galassi, Laurel Cook y Jeff Seroy prestaron un apoyo si cabe más vital en Farrar, Straus and Giroux; Eugenie Cha se encargó elegantemente de solucionar detalles fastidiosos; John McGhee fue un rápido e incisivo corrector del texto; Charlotte Strick volvió a hacer otra brillante cubierta; Chris Peterson, al frente de la producción, guió el libro con inteligencia hasta el final. Tina Bennett, mi agente, sigue obrando magia en mi provecho, al igual que lo hace Dorothy Vincent. William Robin, mi ayudante y compañero de blog, fue enormemente útil a la hora de investigar, comprobar y poner a punto el manuscrito. Maulina, Bea y Minnie alegraron mis días; no hay momento en que no echemos de menos a Penelope. Mis padres; mi hermano, Christopher; y mi maravilloso marido, Jonathan, me rodearon de amor.

notes

[1] Nombre de un famoso rascacielos de Cleveland, la ciudad en que se formó en 1975 el grupo Pere Ubu. (N. del t.)

[2] Highway 61 Revisited (De vuelta a la Autopista 61) es un álbum de Bob Dylan publicado originalmente en 1965. The White Album (El Álbum Blanco) es el nombre con que suele conocerse un disco de los Beatles publicado en 1968 sin título alguno y en cuya portada, enteramente blanca, aparecía sólo el nombre del grupo en pequeños caracteres de color gris. (N.

del t.)

[3] Técnica de ejecución guitarrística característica del sur de Estados Unidos en la que se tocan las líneas de bajo con el pulgar y las líneas a solo y los acordes, generalmente descompuestos, con el resto de los dedos. (N.

del t.)

[4] El original contiene un juego de palabras intraducibie. La expresión habitual en inglés «Life’s a bitch and then you die» («La vida es una porquería y luego te mueres») se transforma en el lema de la camiseta en

«Life’s a beach and then you shag», que es el que se ha traducido aquí literalmente. (N. del t.)

[5] En alusión a la canción homónima de los Beatles. (N. del t.)

[6] Seudónimo (con esta grafía u otras similares) que han adoptado desde 1968 aquellos directores que no desean aparecer en los créditos de una película con cuyo resultado final discrepan de alguna manera o del que no se consideran responsables. (N. del t.)

[7] Dos organizaciones creadas en Estados Unidos en 1987 y 1990, respectivamente, para promover la ayuda a los enfermos de sida y la investigación científica para erradicar la enfermedad. ACT UP es el acrónimo de AIDS Coalition To Unleash Power (Coalición del SIDA para desatar el poder). Sus nombres, traducidos, significan PÓRTATE MAL y Nación Homosexual. (N. del t.)

[8] «Mistress of all she surveyed.» Se trata de una paráfrasis del primer verso del poema de William Cowper «The solitude of Alexander Selkirk»

(«La soledad de Alexander Selkirk»), sobre el marinero escocés que vivió en una isla desierta y sirvió de inspiración para el Robinson Crusoe de Daniel Defoe: « I'am Monarch of all I survey» («Soy monarca de todo aquello en que poso mis ojos»). (N. del t.)

[9] En referencia al Black Mountain College, fundado en 1933 en Black Mountain (Carolina del Norte) y escenario del estreno de la obra de Cage en agosto de 1952. (N. del t.)

[10] Pequeña comunidad situada al noreste de California en un cruce (Junction) de autopistas en la que posee una cabaña John Adams, que dio este mismo título a una composición para dos pianos. (N. del t.)

[11] La palabra inglesa para clave es harpsichord, de ahí las consonantes que conforman el título de la obra. (N. del t.)

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  • PRÓLOGO
  • DÓNDE ESCUCHAR
  • PARTE I
    • 1 ESCUCHA ESTO
    • 2 CHACONA, LAMENTO, WALKING BLUES
    • 3 MÁQUINAS INFERNALES
  • PARTE II
    • 4 LA TORMENTA DEL ESTILO
    • 5 EN ÓRBITA
    • 6 EL ANTIMAESTRO
    • 7 UN ALMA GRANDE
    • 8 PAISAJES EMOCIONALES
    • 9 SINFONÍA DE MILLONES
    • 10 CANCIÓN DE LA TIERRA
    • 11 EL TIRÓN DE VERDI
    • 12 CASI FAMOSOS
    • 13 LOS LINDES DEL POP
    • 14 APRENDER LA PARTITURA
    • 15 LA VOZ DEL SIGLO
    • 16 LA MONTAÑA DE LA MÚSICA
    • 17 EL FIN DEL SILENCIO
  • PARTE III
    • 18 YO VI LA LUZ
    • 19 FERVOR
    • 20 BIENAVENTURADOS SEAN LOS TRISTES
  • NOTAS
  • AUDICIONES SUGERIDAS
  • AGRADECIMIENTOS