Extasis Ritual: Magia Sexual Practica
El Matrimonio Blanco
La serpiente asciende, despertándonos a una vida de amor.
La apertura de los sentidos indica algo más que la alegría simple de un nuevo amante. El primer contacto de la serpiente despierta especialmente el cuerpo sutil a la vida en el mundo del éxtasis. Ese brillo cálido de la alegría dorada forma el ojo: lo prepara para el brillo y la sutileza de los tonos y texturas; para deslumbrar la divinidad en cada rostro. Cada rostro humano refleja lo divino y la serpiente se enrosca en todo movimiento de danza. ¡Qué aguda es nuestra percepción de la llamada del amante! Con qué agudeza notamos cada mirada, la curva del cuello, la caída de la mano, el movimiento de una cadera que nos invita, el aleteo de las clavículas con cada respiración, como si fueran alas.
La respiración es vida. La respiración es canción, nuestra llamada al regocijo en la vida del cuerpo amado, la de nuestro amante y la nuestra.
Los gemidos del placer expresan la música del amante. Los sonidos del mundo dan forma al sonido del amor, a cada canto de pájaro, la nota triste de una flauta, el golpear de las cuerdas en un acorde, el suspiro del viento que golpea el corazón con agónica ternura. El destello de la luz ambarina abre todos los poros al flujo de miel del contacto. Incluso las sensaciones del viento, el agua y el sol sobre la piel son bienvenidas, entregados como estamos a la conciencia del latido, al poder de la sangre y la carne. Somos animales, y estamos agradecidos por ello, pues cada respiración y cada sabor de la comida nos une inexplicablemente a la tela de araña de la vida mientras nosotros nos unimos, cuerpo con cuerpo, al amor.
El mundo se abre, y nosotros somos el mundo: la danza de las sombras en el pecho, el movimiento de los árboles en la montaña, las capas de sonido tras sonido que caen sobre los oídos, la textura arrugada de la cama. El mundo se contrae y somos el cuerpo del
amante, el amor mismo: las sombras en un ojo que mira hacia el infinito, las brevísimas variaciones de la respiración, el contacto de plumas sobre la piel, tan suave y tan exquisito que casi podemos sentir las espiras de las yemas de los dedos.
Los colores se agitan y unas espirales estremecidas recorren el cuerpo. Nos rodean vértices de color azul eléctrico, nubes de un color blanco relumbrante, halos de arco iris. La mano toca el muslo del amante y desaparece, se funde, la frente toca la frente con la suavidad de la seda. La voz habla, y dice: siempre he estado aquí, siempre estaré aquí, no puedes perderme, siempre me has conocido, que esto te consuele, déjame exaltarte, sígueme hasta el lugar que has olvidado y siempre conociste. Entonces podremos empezar a aprender sobre el amor.
El matrimonio significa compromiso. El ritual del matrimonio blanco exige un compromiso total con el placer en todos los niveles: para una sola noche. Unimos todas las habilidades que hemos aprendido y los cambios que hemos hecho para formar una dedicatoria única y formal a la sexualidad sagrada. Un cuerpo limpio y saludable, un corazón sincero, una mente abierta, y un espíritu abierto y creciente se unen para crear una mente de trascendencia, trabajar con el cuerpo físico para conseguir la conciencia de la más alta naturaleza divina.
El matrimonio significa celebración, y este ritual incluye una fiesta ofrecida al compañero o a la divinidad. El simple acto de compartir los alimentos hace que la unión sea concreta, honrando nuestros cuerpos y nuestra conexión con el mundo, simbolizando la nutrición que nos trae la intimidad, reconociendo el espíritu que fluye en cada ser vivo.
El matrimonio produce un cambio permanente, marcando un hito en la vida. El matrimonio blanco hace que tratemos cada experiencia sexual como un acto sagrado. Una vez que realicemos este ritual nunca volveremos a considerar el contacto como casual, ni a enfocar el placer con culpa o desgana. Ambos somos libres para expresar y gozar plenamente de la sexualidad, y tenemos que recordar que nuestros cuerpos son templos de la fuerza más divina.
Es igualmente eficaz trabajar a solas, o con un compañero si lo tiene. Los compañeros pueden decidir realizar el rito primero a solas;
de esa manera la canalización y visualización resulta más sencilla. En ese caso puede decidir realizar de nuevo el ritual con su compañero.
El primer paso de cualquier ritual es la preparación, y lo más importante es prepararse. Antes de realizar el rito, asegúrese de que está dispuesto a poner en él toda su atención. Plantéese las siguientes cuestiones.
Prepararse
Concédase un momento para afirmarse con claridad a sí mismo, o hacerlo a su compañero, las razones que tiene para dar este paso.
¿Trabaja para liberar antiguos miedos y sentimientos de culpa relacionados con la sexualidad? ¿Está motivado por un deseo de abarcar más completamente su naturaleza sexual? ¿Está ansioso por expresar su creciente amor por su compañero, o su propio ser gozosamente expandido?
Cuando todos los sistemas funcionan, es el momento de embellecerse. Tome una ducha o un baño, y mímese con todas las cosas que le gustan: su jabón favorito, o un baño de burbujas. Ya ha explorado el cambio de su aspecto físico; es el momento de ponerse el maquillaje, las joyas y los perfumes que le producen la mayor confianza en sí mismo, de ser atractivo y digno de amor.
Póngase ropa blanca. Un método simple consiste en doblar un paño blanco y envolverse en él, fijándolo con un pañuelo blanco. Lo importante es elegir una ropa que le haga sentirse especial, y que el tacto sobre su piel resulte agradable.
Preparación del espacio
Prepare un espacio físico. Puede ejecutar el rito en una cama o disponer cojines en el suelo. Si tiene sábanas blancas, también puede utilizarlas.
Ponga una mesa pequeña cerca de la cama, y coloque encima un paño blanco. Ponga sobre la mesa una vela blanca, una fuente o bandeja que contenga alimentos blancos, un vaso o copa que contengan un líquido incoloro o blanco, cualquier aceite o incienso que
vaya a utilizar, y la imagen que haya elegido para representar su comprensión del espíritu divino.
Para las sesiones amorosas largas, es buena idea tener cerca alimentos, barritas dulces que eleven rápidamente el nivel de azúcar en sangre. ¡De esa manera no tendrá que hacer una excursión al refrigerador! Los alimentos rituales nos recuerdan también la conexión que tenemos con la tierra. Debería incluir un cereal, un producto lácteo, una carne o verdura y una pieza de fruta o dulce. El cereal representa el poder centrador de la tierra; la carne nos recuerda nuestra afinidad con todos los seres vivos y nuestra condición mortal; el producto lácteo proporciona un efecto nutriente o calmante; y la fruta o dulce representan la excitación y la pasión, generando energía emocional y física.
He aquí algunos ejemplos de alimentos blancos:
Carne. Pescado, pollo. Los vegetarianos pueden elegir coliflor, patata.
Cereal. Arroz, pan blanco.
Productos lácteos. Leche, queso blanco, yogur.
Dulces. Plátanos, manzanas o peras peladas, chocolate blanco, helado de vainilla.
Líquidos. Leche, vino blanco, limonada, agua mineral.
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Debe disponer los alimentos sobre una bandeja o fuente blanca; se convertirán en una ofrenda al espíritu divino, y a la divinidad que hay dentro del compañero.
Empleará algún tiempo en el rito y tendrá que asegurarse de que no le interrumpen. Desconecte el teléfono, ponga en la puerta un cartel para que no le molesten, asegúrese de que todas las puertas y ventanas están cerradas. Las parejas con hijos deberían contratar a alguien que les haga de
«canguro» para poder pasar así la noche sin que les molesten. Poco antes de empezar el rito matrimonial, asegúrese de que tiene todo lo que necesita.
El rito incluye dedicatorias a sí mismo, al compañero si trabaja conjuntamente y al espíritu. Puede copiarlas en una hoja de papel o tarjeta y leerlas en voz alta; o puede memorizarlas; o quizá prefiera elaborar con sus propias palabras cada paso del rito mientras lo está realizando.
Dedicatoria
Cuando todo esté preparado, puede empezar. Si trabaja a solas, encienda la vela de la mesa y diga lo siguiente: Dedico mi cuerpo como templo al espíritu divino.
Dedico el placer de mi cuerpo a mi propia aceptación de mi valor.
Dedico la alegría de mi corazón a la alegría creciente de la vida.
Dedico mi conocimiento y habilidad a mi capacidad cada vez mayor de actuar en el mundo.
Esta noche prometo comprometerme con la unión del cuerpo, el placer, la alegría y la habilidad. Que esta experiencia me traiga la conciencia del espíritu divino, en mi exterior y en mi interior.
Los compañeros se sientan uno enfrente del otro y dicen:
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Dedico mi cuerpo como templo al espíritu divino.
Dedico el placer de mi cuerpo a tu placer.
Dedico la alegría de mi corazón a tu alegría y a nuestra alegría en la vida.
Dedico mi conocimiento y habilidad a nuestra capacidad creciente de entendernos el uno al otro.
Esta noche prometo comprometerme con la unión de nuestros cuerpos, en el placer, con la alegría y la habilidad. Que esta experiencia nos traiga una conciencia del espíritu divino, en nuestro exterior y nuestro interior, ahora y siempre.
Los que trabajan a solas ahora se sellan y tocan cada uno de los centros. Con cada contacto repiten: «Mi cuerpo es un templo sagrado del espíritu divino.» Las parejas sellan cada uno el centro del otro diciendo: «Tu cuerpo es un templo del espíritu divino.»
Trace el círculo a su alrededor, o alrededor de su cuerpo y el de su compañero. Tóquese la parte superior de la cabeza y diga: «Soy un hijo de la tierra. Soy humano y expreso lo divino en mi éxtasis.
También soy un hijo de las estrellas, y un vehículo del espíritu más sagrado. Que sea tocado por la unión de lo divino.»
Los compañeros tocan cada uno la cabeza del otro y dicen: «Eres un hijo de la tierra. Eres humano y expresas lo divino en tu éxtasis.
También eres un hijo de las estrellas, y un vehículo del espíritu más sagrado. Que sea tocado por la unión de lo divino.»
Sostenga ahora las manos sobre la fuente y la taza diciendo: «Esta comida y esta bebida son de la tierra, como mi cuerpo es de la tierra.
Esta comida y esta bebida contienen una chispa del espíritu divino, como yo contengo el espíritu divino. Cuando estas sustancias se combinen en mi interior, que sea yo nutrido en mi búsqueda de la conciencia del espíritu divino.»
Ambos pueden repetir la dedicatoria y luego darse de comer el uno al otro, diciendo: «Que seas nutrido.» Los que trabajan solos pueden dedicar cada trozo al espíritu divino, diciendo: «Tú me nutres.»
En el caso de las parejas, el proceso de alimentarse el uno al otro puede convertirse de manera natural en caricias. Si trabaja solo, es el momento de hacer el amor consigo mismo, con alegría y aceptación,
utilizando cualquier elemento sensual que haya descubierto le complace más. Utilice todas las habilidades que haya creado en los ejercicios anteriores, haciendo circular la energía con visualizaciones y control de la respiración.
En el momento del clímax visualice y sienta la energía ascendiendo por la columna central del cuerpo hasta el globo que está encima de la cabeza. Cuando el placer se desvanezca pasando de la sensación intensa a la calidez posterior, deje que se forme en el globo una imagen, su imagen, del espíritu divino. Las parejas pueden buscar la experiencia del espíritu divino cada uno en el otro. Puede ver destellos de color alrededor de los ojos del otro, en su cabeza, hombros, o tener la sensación interior de estar tocando un ser sagrado. Exprese de nuevo libremente las emociones que experimenta con el contacto: «Mi amor, eres divino.»
Cuando usted, o usted y el compañero hayan liberado la energía del trabajo, relájense durante un rato con el conocimiento seguro de que son divinos y amados por la divinidad. Cuando se sienta dispuesto a retornar a la conciencia normal, agradezca la experiencia a su compañero y al espíritu divino. Expresar un reconocimiento breve pone un final formal al rito y su compromiso, señalando la seriedad del acto y proporcionando una transición a la vida cotidiana.
Dígale a su compañero: «Nuestra unión es completa. Que seas nutrido siempre por tu contacto con el espíritu divino, y que tu recuerdo de nuestro contacto sea dulce.» Si está solo, dígase a sí mismo: «Esta unión es completa. Que sea nutrido siempre por el contacto con el espíritu divino.»
Apague la vela soplándole.
Usted decide pasar directamente al sueño en ese punto y completar el cierre por la mañana o limpiar su espacio antes de irse a dormir.
Quite los elementos del altar, cámbiese de ropa, vuelva a conectar el teléfono. Acuérdese de tomar nota sobre el rito en el diario tan pronto como sea posible, cuando los detalles estén todavía frescos.
Puede decidir repetir el rito para aumentar su contacto con el espíritu divino. También puede decidir realizar el ritual específicamente para fortalecer su salud o manifestar un cambio en su vida. Vuelva a escribir las dedicatorias para que convengan al
propósito del trabajo y a sus gustos personales. He aquí una versión esbozada del rito:
Preparación
Comprobación de uno mismo/comprobación del compañero.
Definir la intención del trabajo.
Establecer el espacio, la mesa y la comida.
Bañarse y vestirse.
Asegurarse de que no va a ser molestado.
Recitar la dedicatoria.
Formar los sellos y el círculo.
Dedicar la comida.
Consumir la comida.
Elaborar la energía.
Liberar la energía hacia el resultado que se pretende.
Reabsorber la energía.
Dar las gracias al compañero/divinidad.
Enraizamiento
Limpiar el espacio y la mesa. Anotar el trabajo.
La serpiente del placer asciende dentro del cuerpo, levanta la cabeza hacia el centro de la corona, la flor de la unión, una llama. El contacto con esa llama nos transforma: somos plenamente humanos, y más que humanos. Hemos mirado al infinito y nos hemos dejado llevar por una eternidad de amor; regresamos a nuestras vidas cotidianas con el conocimiento de que nunca volveremos a estar solos.
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