Extasis Ritual: Magia Sexual Practica
Doncella
Aquella que espera
Aquella que caza sin cazar
Aquella que nunca será tocada y no tocará
Aquella que retorna al vientre de su madre, a la cueva y la tierra a buscar el silencio y la oscuridad, en la noche, en el invierno, al laberinto del corazón para renovar su solitario poder, se promete amor a sí misma y resurge blanca y nueva de la tierra Aquella que recorre el cielo en el cambio de la luna, cuando es creciente y es un disco, que es la hoz y el cuenco, volviendo a sí misma Ella es siempre ella misma.
La doncella espera.
Ha esperado muchísimo tiempo. Ella es la cazadora que aguarda con paciencia a que la criatura se mueva.
Suya es la primera esfera que debemos visitar, las colinas silvestres, los lugares donde los humanos nunca han ido, donde la nuez silvestre deja caer su fruto y el ciervo centellea desde los árboles. Suyas son las primeras preguntas que debemos resolver desvelando el alma secreta dentro del cuerpo.
¿Quién eres cuando estás solo?
La soledad es el espejo que ella nos entrega y debemos mirarlo sin parpadear. El espejo dice quiénes somos cuando caminamos solos por los bosques de las colinas.
¿Puede ser compañero de sí mismo?
Ella nos llama, sin darse, para que nos entreguemos a nuestro propio amor y destino. Ella no nos permite desconocer lo que aquí descubrimos, lo que a veces es conveniente olvidar, lo que es doloroso recordar: nuestra seguridad, nuestra belleza, nuestra integridad dependen de que primero nos demos lo que necesitamos de nosotros mismos, y nunca demos ese aspecto a otro.
¿Puede defender su integridad?
Ella, que mata, nos soltará una flecha de plata si alguna vez nos volvemos a negar. Ella pone las armas en nuestras manos, el arco y la
flecha con plumas. Corriendo con ella desarrollamos el cuerpo musculoso, el corazón fuerte que necesitamos para el momento de la negación necesaria.
¿Puede seguir el ritmo?
Ella señala al cambio de la luna, cambiando otra vez el cielo desde la luna creciente a la llena, de la hoz al cuenco oscuro, y de nuevo a la luna creciente que es su arco. Todos nosotros, hombres y mujeres, estamos sometidos a esa marea, al flujo y el reflujo del agua y de la sangre.
Nacemos, crecemos, fructificamos, morimos, nos limpiamos, nacemos de nuevo, y todo eso con cada curso de la luna.
¿Se atreverá al descenso?
Ella es también la que está en la boca de la cueva, la fuerza del laberinto, la esfera de la serpiente de la tierra, pidiéndonos que entremos, hacia abajo, hacia adentro, al corazón de la oscuridad, sintiendo nuestro camino por las paredes de la piedra resbaladiza hasta que oímos el latido de la tierra. Debemos enfrentarnos a los demonios que hay allí, y acabar con ellos: mirarles a los ojos y conocerlos, y poseerlos. Son nuestros propios miedos, nuestras penas, nuestro dolor, y a cada uno de ellos nosotros lo hemos elegido. Los elegimos de nuevo, y hacemos elecciones diferentes, hacemos, deshacemos y rehacemos quienes somos.
¿Confía en sí mismo?
Suyo es el hilo que sujetamos y que nos devuelve de nuevo, suya es la antorcha que arde muy delante, llamándonos a un nuevo nacimiento.
Debemos sostener el hilo de esa fe en nosotros, debemos llegar al conocimiento del objetivo o de nuestro trabajo.
¿Se atreve a ascender de nuevo?
Cuando la tierra ha cubierto la boca de la cueva, suya es la voz en el mundo del más allá, pidiéndonos que cavemos y sigamos adelante abriéndonos paso con las uñas. Suyas son las manos que aguardan para tirar de nosotros cuando parece que hemos perdido la fuerza. Suya es la gracia que nos rescata cuando hemos ido todo lo lejos que podíamos, suya es la curación que envuelve en un paño nuestro cuerpo magullado y que envuelve el corazón herido.
¿Está dispuesto a correr el riesgo de enamorarse de nuevo?
Cuando salimos de la esfera de la serpiente de la tierra, las paredes del propio laberinto, suya es la membrana en la que da la primera luz
del día. Ella es también la que nos conduce al fondo del mar, para lavar la tierra de nuestra piel. Ascendemos en el amanecer, bañados por la luz rosada y en el rocío de la mañana, envueltos en la niebla que la señora del amor pone a nuestro alrededor.
¿Puede liberarme?
Vemos a la doncella en nosotros mismos. Encontramos su rostro en cada mujer. Buscamos su latido en todo hombre. Ella es el corazón salvaje y la sabiduría oculta con los que empezamos, y a los que debemos retornar una y otra vez, para renovarnos.