Extasis Ritual: Magia Sexual Practica

Brandy Williams · Capítulo 4 de 35

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Extasis Ritual: Magia Sexual Practica

El Hetaira Blanco

El hetaira

UNO

SEXUALIDAD SAGRADA

Cuando camino sola por la calle, tomo conciencia de los cuerpos.

De todos los cuerpos: los de mis amigos y amantes, y los de los extraños que pasan por la calle llena de gente, rodeándome, flexibles, fuertes y moviéndose con gracia inconsciente: serpiente, veo tus movimientos en los de ellos. Los ojos me miran al pasar, fijan en mí su

pena y alegría, clara, consciente y hundida en el sueño: serpiente, me miras desde todos los rostros. Y yo respondo. Me he entregado a ti,

¿cómo no iba a hacerlo? Te vuelves y me tocas, ahora con la mano, de nuevo con una palabra... y cuando tu llamada es más fuerte, con todo mi cuerpo, con mis pensamientos más sagrados, te venero. Allí donde te encuentro: y te encuentro en todas las partes.

¿Qué es la serpiente? La pasión que hay dentro de cada cuerpo humano; la experiencia de esa pasión, derivada del entrenamiento y de la habilidad; y el símbolo de la fuente de esa pasión, el espíritu que exhala vida al universo. Un hetaira es un compañero de la serpiente, un amante que enfoca el acto del amor con la conciencia de la magia del cuerpo. Los hetairas reclamamos nuestra sexualidad, la vida del cuerpo y el gozo que en él tenemos, nuestra presencia en el planeta y nuestro placer.

El sexo es el acto humano más absorbente. En el contacto íntimo están implicados todos los sentidos. En el momento del placer del contacto estremecido con un compañero o del momento robado para el amor a uno mismo, desaparecen todos nuestros deberes normales, tareas, miedos, fracasos. Entonces se da la vida en su forma más simple, un tiempo dedicado exclusivamente a ser, a observar, escuchar, oler, degustar, tocar y sentir, a concentrarse en ser una criatura física y a experimentar la capacidad de placer del cuerpo.

Cuando nuestro cuerpo es saludable y nuestro corazón funciona bien, cuando podemos proporcionar y aceptar el placer libremente y con sinceridad, cuando llevamos al contacto íntimo una conciencia de lo divino, el sexo se vuelve sagrado. Florecemos convirtiéndonos en una conciencia plenamente humana captada en un abrazo apasionado de la vida.

La cultura en la que nos hemos educado no nos preparó para este tipo de experiencia sexual. Nuestro entrenamiento físico, nuestros hábitos de pensamiento acerca de la sexualidad, nuestros sistemas religiosos, bloquean y disminuyen específicamente nuestro acceso al poder transformador del que disponemos por medio del placer físico.

Volver a aprender lo que muchas culturas antes que la nuestra han sabido, que nuestra sexualidad nos conecta con la divinidad, significa que debemos articular una mitología y un marco de referencia mágico que exprese la experiencia del hetaira moderno. Estamos definiendo de nuevo las palabras, creando historias nuevas, volviendo a visionar a los

dioses. Nos situamos más allá de las limitaciones que nos habían aprisionado, para llegar a un sentido expandido del ser.

El hetaira se compromete a vivir manteniendo los valores que sustentan la sexualidad sagrada. En primer lugar está el convenio que suscribimos con nuestros compañeros y con nosotros mismos:

— Mi cuerpo es sagrado. Acepto todas las partes de mi cuerpo. Cuido mi cuerpo.

-- Confío en mí mismo para entrar en el proceso de iniciación, de muerte y renacimiento, de renovación, de autoexploración, y sigo caminando con integridad por el sendero de mi vida.

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Después hacemos un pacto con nuestros compañeros:

— Me dedico a la aceptación y la expresión del amor, el poder de la curación, la aceptación y disolución de los límites, la integración de las diversas partes.

Aquí el amor es el viaje, y nuestro objetivo es el convertirnos en amantes más perfectos. Apreciar nuestra sexualidad y aumentar conscientemente nuestra habilidad sexual permite mantener una vida propia más amplia y confiada. Al mantener el ser central inviolado, sagrado, nutriéndolo, enmarcándolo, conteniéndolo y alimentándolo, aprendemos que esa vida central se convierte en un círculo. Caminamos por un mundo de mándala, viendo la vida a través de los ojos del amante. Nos convertimos en guerreros del cuerpo, guerreros de la noche, guerreros de la serpiente: flexibles, centrados, vivos en ese momento.

Reclamar nuestra sexualidad como algo sagrado es algo más que un cambio de pensamiento. Permanecen entre nosotros fragmentos de la sabiduría antigua, esparcidos por textos de todo el mundo. Acudimos a ellos buscando guía, valores y preceptos que suavicen la dificultad de las primeras lecciones. De ellos hemos derivado nuestro sistema mágico, el estudio, los ejercicios y la disciplina que darán nueva forma a nuestras vidas: manteniendo un cuerpo saludable, desarrollando una aceptación del placer, y aprendiendo habilidades específicas que canalicen la energía. Sólo entonces estaremos preparados para recibir la fuerza iluminadora, desintegradora y resolutiva de la divinidad.

Nuestra primera lección es que la sexualidad no es simplemente un fenómeno físico. Nuestro cuerpo está formado por algo más que carne, piel y huesos; la energía forma un cuerpo dentro del cuerpo. Y lo mismo que nuestro ser físico tiene venas, pulmones y órganos, nuestros cuerpos contienen senderos que dirigen la fluencia de la energía, y centros que la absorben, recogen y dirigen. La sexualidad altera de manera profunda la fluencia de esa energía. La comprensión consciente del proceso, su aceptación y control, hace del sexo algo mágico.

Cuando aprendemos a vivir dentro del cuerpo sutil, obtenemos un mayor control sobre el físico. Ello exige el desarrollo de la capacidad de visualizar y sentir el movimiento de la energía. Para ello

practicamos el control de la respiración, la canalización de la energía dentro del cuerpo sutil, y la liberación de esa energía para lograr un resultado previsto.

Otras muchas disciplinas sirven para nutrir ésta. En un sentido es imposible crear una descripción completa de la sexualidad mágica: nuestro placer físico no puede separarse del resto de una vida mágica. La ensoñación, la visualización dirigida y la visualización creativa que tratan de producir una manifestación material, cualquier ejercicio o arte marcial, aumentan el trabajo que hacemos con la sexualidad mágica. Sin embargo, nada de ello resulta esencial para iniciar el trabajo. No es necesario que tenga un doctorado o licenciatura en el Tíbet para desatar el potencial del cuerpo. Lo único que hace falta es empezar el primer ejercicio e ir realizándolos todos. Recuerde también que aunque es importante establecer los objetivos y conseguirlos, la vida es un proceso, y aprender cualquier sistema exige tiempo... pero el placer de éste estriba especialmente en el propio viaje.

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DOS

EL CUERPO ES