Extasis Ritual: Magia Sexual Practica
Dionísos
El niño en la cesta, la columna barbada,
el joven con máscara que nos llama a la procesión, se pone la hiedra en la cabeza y lleva el vino en la mano, aquel que murió y nació y fue muerto y renació, el que se enfrentó a todo miedo es la máscara de nuestro miedo, el toro en el laberinto que es guardián y guía que se enfrenta al desafio para hacerle frente y resiste, libera todo nuestro miedo y nos lleva a la danza, es la serpiente en la hierba, podemos oírla pero no verla, quien llama al fuego de la danza que hay en nuestra sangre es la cabra saltando sobre las colinas traicioneras, el que enseña la danza de los pies ligeros de la extraña libertad, el dios que toma forma pero no puede ser contenido pide que le demos la verdad de nuestras almas
Dionisos posee.
El presenta el desafío: ¿puedes entregarte?
A nosotros nos corresponde responder, si le ofrecemos resistencia o le abrazamos; pero al desafío hay que hacerle frente, pues si huimos de él después de haberle mirado al rostro, nos acosará hasta nuestra destrucción. Es mejor llamarle: él ama a sus iguales. Luego podremos entregarnos a su embriaguez durante una estación, en nuestro tiempo y lugar y en nuestras propias condiciones, para regresar de su mundo llevando en las manos los dones de un dios.
Cuando rechazamos la vida de los sentidos, negamos nuestro placer en el mundo, actuamos para dominar el mundo o a otro ser vivo, y entonces él viene a nosotros: hijo de la tierra y amado por los amantes, llevando la máscara del terror y exigiendo un encantamiento de miserable locura como su recompensa.
Cuando le hemos invocado, viene a enseñarnos las lecciones de la pérdida de control. Incluso entonces, en su manera más amable,
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Dionisos
puede ser una agonía mirarle a la cara, pues la confianza absoluta que nos pide es nueva para nosotros. Se nos ha enseñado que debemos mantener el control y permanecer conscientes, que la pérdida del control nos destruirá. Pero, como hemos ido hasta él, es paciente, juega con la tensión del terror y el placer, exigiendo y seduciendo alternativamente, pero esperando siempre a que le demos libremente la respuesta. No tendrá otra. Está allí; debemos ir a él. Promete: pasa por el miedo y te traerá la alegría, para siempre sólo la alegría. Podemos llamarle y ofrecerle resistencia, llamarle y fallar, una y otra vez. Pero esperará, será paciente, seguirá enseñándonos mientras le llamemos.
Cuando llega el momento le abrazamos, le llamamos al cuerpo, el amor y la vida que deseamos, su recompensa es ese éxtasis inexpresable que fusiona el cuerpo y el espíritu, el terror y el placer, el otro y el ser en el glorioso grito de unión que fructifica el universo.
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Le vemos en el espejo que contemplamos para nuestro placer. Le vemos en el rostro de nuestros amantes. Vemos su reflejo en el placer que siente nuestro amante con nosotros.