Extasis Ritual: Magia Sexual Practica

Brandy Williams · Capítulo 5 de 35

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Extasis Ritual: Magia Sexual Practica

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La sexualidad no puede separarse del gozo general del ser físico. El primer acto mágico que dedicamos a la sexualidad sagrada es el compromiso de prestar atención al cuerpo. El cuidado que presta el hetaira al cuerpo se diferencia mucho del enfoque entusiasta basado en la salud:

¡Levante esos muslos, tómese hierro, ningún cuerpo que no pueda llevar un leotardo con gracia merece la pena mirarse, beba sólo jugo de hierba de trigo, y no utilice nunca ningún estimulante!

Muchos expertos parecen tener su opinión sobre lo que deberíamos hacer con nuestro cuerpo, y sobre el momento de hacerlo. Parecen basarse en la suposición de que todos los cuerpos funcionan del mismo modo, de que necesitamos a alguien que nos diga cómo debe funcionar, y de que el cuerpo no es nada más que una especie d máquina flexible.

Ha llegado el momento de que reclamemos el uso propio de nuestro cuerpo Este delicado mecanismo nos permite una sensible retroalimentación sobre los efectos de nuestra dieta, programas de ejercicio, niveles de estrés y modos de pensamiento; retroalimentación que es mucho más útil que cualquier afirmación de un experto en salud. Como practicantes de un sistema mágico, entendemos también el cuerpo corno el templo de una fuerza divina, una expresión única del espíritu más sagrado. Cuando tenemos tiempo, sintonizamos para escuchar los mensajes del cuerpo.

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El tiempo de los hetairas

Conforme se acelera el paso de la vida —por ejemplo con el aumento de los deberes profesionales o la adición de hijos a la familia

— las noches pueden tener planes tan frenéticos como los días, y los fines de semana llenan el calendario. Las nuevas exigencias sobre nuestra fuerza física reducen gradualmente nuestro tiempo de ocio, el de sueño y el que no teníamos planificado. Para algunos, los que están acostumbrados a un ritmo inferior o los que tienen un estilo de vida ajeno a lo habitual en la cultura dominante, el mantenimiento de ese plan puede ser difícil. Cuando perdamos nuestra dependencia del reloj podemos perder también la disciplina.

Los que tienen planes muy apretados es esencial que dispongan de un tiempo fijo para la relajación; márquelo en rojo en el calendario si esa es la mejor manera. Una noche por semana y un fin de semana al mes deben permanecer libres para cualquier otra actividad. No se trata de «no hacer nada»; lo que está haciendo es recargar las baterías físicas que le permitirán hacer todo lo demás y hacerlo bien. Pidan que le traigan la comida de algún restaurante. Envíe a los chicos a ver una película, o contrate una «canguro», o combine las fuerzas con algún otro con quien pueda compartir el tiempo de cuidado de los niños.

Reduzca a cero la lista de cosas que hay que hacer en relación con el trabajo, el cuidado de la familia y el del hogar.

Esto puede parecer desconcertante, especialmente a aquellos que se han acostumbrado a tener muchos elementos en la lista. Hemos cogido la costumbre de aprovechar cualquier momento libre para hacer otra llamada telefónica, o una limpieza rápida de la sala de estar, preparar un postre para la comida del día siguiente. Eso hace que nuestra vida permanezca bajo control y funcione ininterrumpidamente. Nos da la impresión de que apartar un tiempo para cuidar de nosotros hará que toda la casa se venga abajo. Pero, desde luego, eso no sucederá. La lista seguirá estando mañana, y la motivación para hacer lo que contiene no desaparecerá en una noche. Lo que está haciendo es comprometerse a amarse primero a sí mismo, con el fin de

proporcionar mayor amor y cuidado a todos los que tienen relación con su vida.

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Por otra parte, una noche libre a la semana puede parecer un paraíso... si le es posible conseguirla. Siempre hay alguna otra cosa que hacer, algo que parece terriblemente importante. Ahí es donde el mantener la cita consigo mismo se convierte en un acto de disciplina. Está dando prioridad a su entrenamiento como hetaira. ¡Mantenga la firmeza!

Al principio quizá necesite pasar durmiendo su tiempo de hetaira. Los que tenemos planes hechos al minuto tendemos a reducir nuestro tiempo de sueño a menos del mínimo necesario. Lo primero es devolver al cuerpo su plena capacidad operativa. Vea la televisión, lea un libro, alquile una película, haga algo que le guste y que no había encontrado tiempo para hacer. Relaje el cuerpo, relaje la mente, estírese y recuerde lo que es gozar de su ser físico.

Los que no tienen planes estrictamente relacionados con el reloj -

artistas, empleados autónomos— suelen aprender autodisciplina con la planificación. También podemos descubrir que algunas cosas parecen menos importantes. Siempre hay tiempo, siempre está el día de mañana, y, por tanto, es vital concertar una cita con nosotros mismos y mantenerla. Nuestra comodidad y felicidad es la primera prioridad, y mantener una cita con nosotros mismos lo demuestra ante nosotros y ante todos los que nos rodean.

El tiempo del hetaira está dedicado a la salud física.

Cuando ha dormido lo suficiente, cuando se ha acostumbrado a separar esa noche por semana o una parte del tiempo de la tarde del domingo para cuidar de sí mismo, será el momento de empezar el programa de entrenamiento. Eso significa que debe separar también un espacio privado. Tanto si vive solo como si lo hace con una multitud, elija un lugar especial en el que trabajar. Siempre querrá un espacio que le permita moverse, que sea cómodo, que le sea agradable utilizarlo, y que tenga una puerta que pueda cerrar dejando el mundo en el exterior.

Uno: Estirar el cuerpo

Es esencial un programa de ejercicios que mantenga la comodidad corporal. Hasta los trabajadores manuales se benefician de un

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programa regular. Empiece por hacer algo físico, algo que resulte sencillo. Aprenda una rutina de estiramiento muscular; puede enseñársela un amigo, o aprenderla en un programa de televisión o vídeo sobre aerobics.

Ponga el equipo musical y baile.

Puede probar también el ejercicio de relajación global del cuerpo.

Túmbese boca arriba sobre una superficie cómoda, con las piernas separadas y los brazos sobre los costados. Tense todo lo que pueda los dedos de los pies y después relájelos. Le servirá de ayuda inspirar cuando esté tenso y espirar cuando se relaje. Tensione ahora los músculos de los tobillos y relájelos. Vaya subiendo por todo el cuerpo: los músculos de las pantorrillas, espinillas, rodillas, muslos... Hay aquí varios tipos de músculos: ¿puede darse cuenta de la diferencia? Tense las nalgas, el abdomen, el pecho, la parte inferior de la espalda, la superior, la parte superior de los brazos, los antebrazos, muñecas, dedos, hombros, cuello, mandíbula, músculos de las orejas, músculos de los ojos, y el cuero cabelludo, y todo ello en el orden que más cómodo le resulte. Quédese ahí tumbado unos minutos y respire, sintiendo que la tensión se va del cuerpo al espirar y sintiendo que se relaja con cada nueva espiración.

Dos: Tiempo de fuego

Preste atención a su cuerpo. Dése una larga ducha, o un baño con aceites. Pruebe algo que no haya intentado antes: utilice una esponja natural, o alguna esponja áspera sobre la piel (sirve para quitar las células cutáneas muertas); frótese con aceite o polvos infantiles. Utilice un humidificador en el rostro. Aféitese los brazos si no lo había hecho, o deje crecer el pelo en algún lugar nuevo. Aséese las uñas o píntelas.

Meta los pies en agua caliente. Póngase henna en el pelo, tíñalo, hágase una trenza. Pruebe algún perfume o maquillaje distintos, diferentes colores o fragancias.

Al principio puede sentirse cohibido, y eso está bien. Amplíe un poco sus límites. Es un momento que pasa a solas consigo mismo.

Cierre el baño y no deje que entre nadie. Experimente con nuevas formas de verse; olvidando aquella apariencia que le habían dicho

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que debía tener. Nada es permanente; el teñido desaparece, el barniz de uñas se cae, el pelo vuelve a crecer o puede cortarse. El propósito del ejercicio es ayudarle a que se sienta especial, digno de una atención adicional, que aprenda a nutrirse.

Tres: Aprenda cuál es su tipo corporal

¿Cuál es su herencia étnica? ¿Qué pueblos entran en su mezcla de sangre? Eso determinará en gran parte su aspecto físico. Descubra qué tipo de cuerpos concuerdan con su herencia. ¿Tienen hombros anchos o estrechos? ¿Una tendencia a engordar por la cintura o figuras de reloj de arena? ¿Piernas largas o cortas? ¿Cuál es el color típico del cabello?

Coleccione fotos de personas con su herencia; puede conseguir libros en la biblioteca, o buscar en la revista National Geographic, o conseguir algunos volúmenes lujosos de los que se ponen sobre las mesitas pequeñas de la sala. ¿Tiene fotos de su familia, sus padres, tíos y tías, abuelos? Algunos afortunados pueden tener fotos de sus bisabuelos. Observe su aspecto físico.

¿En qué medida se parece su cuerpo al de sus parientes?

Haga un montaje con las imágenes coleccionadas, o pegue algunas en un lugar que sólo usted pueda ver. Todos estamos rodeados por imágenes de otras personas, y nuestras culturas sólo identifican corno hermosas algunas características físicas. Quizá esas características no pertenezcan a nuestro tipo corporal, quizá no sean normales para nosotros. Rodéese de imágenes de su propia gente. Mire a los demás, y haga comparaciones durante el día. ¿Cuántos tamaños y formas del cuerpo ve? Para los que no les importe la idea, un baño desnudo en una bañera caliente o piscina con amigos ofrece una oportunidad excelente para examinar cuerpos reales. Son mucho más variados que las imágenes que normalmente nos presentan los medios de comunicación.

Lo que está tratando de hacer aquí es ampliar su visión del cuerpo humano en general, y del suyo en particular. Eso proporciona el contexto para aprender a aceptar su cuerpo.

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Cuatro: Ame su cuerpo tal como es

Realice este ejercicio en un momento en el que se sienta bien. Debe hacerlo obligatoriamente tras una puerta cerrada, pidiéndoles a todos los que viven con usted que no le molesten.

Baje las luces o utilice velas. Quítese la ropa y mírese en un espejo.

Un espejo de cuerpo entero es ideal si lo tiene, pero cualquier espejo grande servirá. Piense o diga en voz alta estas afirmaciones: Amo tus pies. Me proporcionan apoyo en el mundo y contacto con la tierra.

Amo tus piernas y nalgas. Son mi fuerza en el mundo y mi movimiento.

Amo tus genitales. Me proporcionan el placer y el poder de la sexualidad.

Amo tu estómago. Absorbe mi alimento y nutre mi ser físico, eliminando lo que no necesito.

Amo tu pecho y pulmones. Toman el aire y purifican mi sangre.

Amo tus brazos y manos. Realizan mi trabajo y me permiten actuar en el mundo.

Amo tu espalda. Me mantiene erguido y apoya todos los movimientos que hago.

Amo tu cuello. Alberga la voz que me permite comunicar con el mundo.

Amo tu cabeza. Acepta el alimento, el aire y todo mi conocimiento del mundo.

Las personas de capacidades distintas pueden desear reescribir algunas de estas afirmaciones de manera que reflejen con precisión la distribución de las funciones. Preste atención particular a aquellas partes que actúan de manera diferente a las de la vista; así las afirmaciones serán más efectivas.

Cinco: Conciencia del cuerpo

Es una dirección de la conciencia. La conciencia es una función de la mente, desde luego, pero casi todos experimentamos la parte

«pensante» en un lugar físico. ¿Dónde reside el yo que «observa»?

¿Tras los ojos? ¿En el estómago?

Practique ahora el cambio del lugar en el que percibe su «yo».

Concéntrese en un punto que está dos o tres ceros más abajo del ombligo: ése es el punto de equilibrio en las artes marciales. Mantenga la conciencia en ese punto mientras respira lentamente. Mantenga el ejercicio mientras respira diez veces.

Otro tipo de conciencia corporal nos enseña cómo retenernos.

Póngase boca arriba tal como hizo en el ejercicio de relajación de cuerpo entero. Esta vez repase las partes de su cuerpo. Pregúntese dónde siente tensión. Compruebe los pies, las piernas, la espalda interior, el abdomen, la espalda superior, el pecho, hombros, parte superior de los brazos, antebrazos, muñecas, cuello, orejas, ojos, cuero cabelludo. Después realice el ejercicio de relajación, o levántese y mueva sus músculos en una rutina de estiramiento. La práctica de este ejercicio, una vez por semana durante uno o dos meses, le enseñará dónde retiene normalmente la tensión. Después podrá incorporar uno o dos estiramientos a su rutina diaria. Por ejemplo, los mecanógrafos profesionales tienden a retener mucha tensión en los hombros.

Levantarse del teclado cada pocas horas para hacer girar los hombros puede ayudar a aliviar una gran parte de esa incomodidad.

Seis: Observación del movimiento

Mientras está en el tiempo del hetaira y se sienta, camina por la habitación o se tumba en el suelo, debe observar su posición. ¿Está su cabeza erguida o normalmente mira hacia abajo? ¿En qué ángulo flexiona las rodillas? ¿Cómo se sienta, dónde pone las piernas? ¿En qué superficie se apoya y en qué medida flexiona la espalda? ¿Cómo afecta a su movimiento la ropa que lleva? Compruebe si la ropa y los zapatos le ajustan, y también el porte y el peso. Es una información útil para comprobar la tensión. Observará que algunas posturas generan un dolor muscular crónico. Este ejercicio puede hacerlo también a lo largo del día normal.

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La parte siguiente del ejercicio puede hacerla siempre que salga de casa.

Al caminar por la calle, observe cómo se mueve la gente. ¿Qué postura tienen? ¿Llevan los hombros levantados hacia el cuello? ¿Dan pasos grandes o pequeños? ¿Se mueven con mucha rapidez? ¿Ve personas que se sienten cómodas con su cuerpo, y otras que no? Es especialmente divertido ver a personas atléticas, los que montan en bicicleta, bailarines y corredores: sus movimientos parecen fluidos y conectados. También es iluminador ver cómo se mueven las personas de edad avanzada. Algunas parecen experimentar dolor por el simple hecho de caminar, mientras que otras caminan lentamente, pero con gracia.

Estas observaciones le proporcionan información y modelos sobre su propio trabajo. El observar a una persona que camina con los hombros encorvados puede ayudarle a tomar conciencia de que usted también los lleva así. Puede ver en algunas personas mayores que esa postura se ha solidificado, y ya no son capaces de ponerse erguidos.

Puede decidir qué es lo que querría mejorar en la postura de su cuerpo.

Examine a las personas que parecen moverse con gracia, y parecen sentirse cómodas en su cuerpo, pues de esa manera podrá saber corno efectuar un cambio en esa dirección. ¿En qué se diferencia su postura corporal de la de ellas? ¿Puede enderezar los hombros o alargar un poco la zancada?

Hemos ido ya más allá de la aceptación y el cuidado del cuerpo, y estamos tratando realmente de darle forma. Mientras hace estas observaciones, es importante que mantenga el amor por sí mismo. Es fácil caer de la comparación a la autocrítica. Cuando se sorprenda pensando «vaya cuello feo que tengo», es el momento de regresar al ejercicio de afirmación.

Aprender a amar y aceptar nuestro cuerpo, prestar atención a la limpieza y aspecto, relajarse y tomar conciencia de nuestro movimiento es el fundamento más importante de nuestro trabajo.

Después trabajaremos para desarrollar el cuerpo, que es la base física de la sexualidad sagrada.

Siete: Amar el movimiento

Elija una disciplina física. No importa realmente cuál es la que elige; cualquier sistema de movimiento que le atraiga irá muy bien.

Puede hacer aerobics, aprender una forma de baile, o estudiar un arte marcial.

Esto puede significar que durante una temporada dedique su tiempo de hetaira a una actividad en el exterior, si decide dar una clase del sistema que desea aprender. También puede ajustar en su plan una actividad adicional. Algunos sistemas nos exigen más que otros; los bailarines y los practicantes de las artes marciales necesitan realmente emplear todos los días un poco de tiempo en su disciplina. Si tiene un plan muy apretado, quizá deba aprender una rutina de aerobics en un vídeo, una casete o un programa de televisión. También hay cientos de libros de diversos tipos de sistemas y puede utilizarlos para empezar.

Lo importante es elegir el programa que le resulte adecuado, que ajuste con el tiempo de que dispone, que sea fácil al principio y le interese. Aunque es mejor realizar al menos algo de ejercicio físico en su tiempo de hetaira, no es el final del mundo si decide emplear una noche para leer un libro. Recupérela en la sesión siguiente. Es importante mantener un equilibrio entre la disciplina y la autocrítica:

¡El tiempo del hetaira es una actividad libre del sentimiento de culpa!

Ocho: Equilibrar la dieta

Pocos temas generan tal sensación de culpa como los alimentos que comemos: ¡Qué alimentos, cuándo los comemos, por qué los comemos! El mundo moderno nos inunda con información sobre los alimentos. ¿Qué es lo bueno para nosotros? ¿Qué es lo seguro? ¿Qué deberíamos comer y en qué proporción? ¿Cuánto deberíamos comer y con qué frecuencia?

Lo más importante de la dieta es que sostenga un cuerpo saludable.

Esa dieta será distinta para cada ser humano; no hay ninguna generalización que sea cierta para todos. En este campo usted es el experto, y la fuente más importante de información para usted es saber cómo se siente.

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El primer paso para crear su dieta personal es llevar un registro de alimentos. En un pequeño cuaderno, anote durante un mes lo que come y cuándo lo hace. Si ya tiene un cuaderno mágico, utilícelo. Podía ser útil anotar también cómo se siente cuando come. «Zumos: pausa refrescante.»

«Zanahorias crudas: virtud.» «Postres calientes: Qué festín, pero oigo la voz de mi madre que me dice que me consiento demasiado. Al final del mes, tendrá algunas generalizaciones sobre su modelo alimenticio. En primer lugar, ¿cuándo come?

Lunes-viernes

Desayuno: 7,30, como un reloj.

Almuerzo: En cualquier momento entre las 11 y las 14. Un bocado al menos una vez por la tarde, sin pautas. Cena: Entre las 17 y las 20.

Dependiendo del plan.

Sábado

Desayuno-almuerzo: Entre las 10 y las 14, dependiendo del plan.

Cena: Generalmente a las 19, a menos que haya estado tomando bocados durante el resto del día.

Domingo

Desayuno-almuerzo: Al mediodía como un reloj. Cena: a las 20

todas las semanas en casa de mi madre.

Responda ahora a la pregunta de qué es lo que come y en qué cantidad.

Carne: Sobre todo pollo, algunas hamburguesas, un poco de pescado.

Verduras y vegetales: Garbanzos en lata, maíz congelado, lechuga fresca.

Fruta: Un plátano de vez en cuando.

Cereales: Mucho pan en sandwiches, un poco de harina de avena, frecuentemente arroz con la cena.

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Pequeños convites: Los bocados tienden a ser de patatas fritas y barras acarameladas.

Bebidas: Café por la mañana, mucho zumo, té por la tarde en los fines de semana. Pongo azúcar en el café y el té. Leche varias veces al mes.

El siguiente paso consiste en variar lo que come. Sus pautas dietéticas pueden haberse formado parcialmente en la niñez, parcialmente por la información que ha recibido de los expertos en alimentos, parcialmente por el marco de referencia en su presupuesto y su plan. Esas pautas estaban basadas sólo parcialmente en la retroalimentación que le proporciona su cuerpo. Es el momento de escucharse a sí mismo y descubrir qué pauta de tiempos de comidas, cantidad y tipos le nutren realmente.

Hay algunas normas generales: los alimentos frescos contienen más vitaminas que los congelados, y los congelados más que los enlatados.

Generalmente tomamos más sal y azúcar de la que necesita nuestro cuerpo, y generalmente no bebemos líquidos en cantidad suficiente, sobre todo agua. Puede probar el agua embotellada en lugar de la del grifo. Este consejo también es bueno cuando viaje; el agua es diferente de un lugar a otro, y el cuerpo puede necesitar algún tiempo para ajustarse al nuevo tipo.

Si descubre que no toma demasiadas proteínas, intente comer más, y si cree que las ingiere en exceso, recorte la cantidad. Varíe el tipo de proteínas; tome algo de queso en lugar de carne, pruebe el pescado o las aves de corral en lugar de la vaca; ¡O vaca en lugar de queso!

¿Suele tomar mucho pan? Pruebe el arroz del tipo blanco y del integral.

Los bares de ensaladas son un lugar estupendo para experimentar con nuevos vegetales. ¡Puede descubrir que la col que odiaba de niño se ha convertido ahora en un alimento apetitoso!

Cambie sólo una cosa cada vez y observe sus sensaciones. ¿Tiene más energía o menos? Visite un mercado o un supermercado con tiempo para inhalar los aromas, tocar los alimentos y examinarlos.

¿Hay algún alimento que le atrae particularmente? Esa es una señal de su cuerpo de que necesita algo de esa planta en particular.

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Algunos «alimentos» actúan realmente como estimulantes, lo mismo que el alcohol, café, azúcar y chocolate. La dependencia excesiva de cualquiera de ellos afectará adversamente a su salud. Ya sabe cuál es su nivel de comodidad, y cuándo lo ha sobrepasado. Cuando lo haga, es importante aceptar la experiencia y seguir amándose, observar su nivel de incomodidad y permitir que éste sea la motivación para el cambio. ¡Si le produce placer, hágalo! Si le produce dolor, ¿por qué molestarse?

Quizá descubra que su dieta actual conviene perfectamente a sus necesidades. También puede descubrir que el experto que le dijo que debía tomar una dieta baja en proteínas y alta en hidratos de carbono no había vivido dentro de su piel, y que lo que en realidad usted necesita es leche.

Cuando haya dado con una dieta que parece funcionar bien, acuérdese de probar de vez en cuando alimentos nuevos o nuevas combinaciones. El cuerpo necesita cambiar conforme tenemos más edad, cuando experimenta niveles superiores o inferiores de estrés, o cuando cambiamos de área geográfica.

¿Qué hay de los alimentos afrodisiacos? Muchas culturas han identificado muchos alimentos que tienen un efecto sexual estimulante: ostras, manzanas, los colmillos de raros animales africanos. En general, la dieta que mantiene la salud produce un cuerpo que puede estimularse, el alimento implicado en un encuentro sexual es probablemente el menos importante de los mecanismos de excitación.

Seguramente el chocolate libera endorfinas; ¿pero es el chocolate lo que eleva sus pulsaciones o lo hacen esos grandes ojos oscuros?

Nueve: Entrenamiento para el amor

Todos estos ejercicios son cruciales para satisfacer la sexualidad.

Puede haber notado que el estiramiento y la relajación contribuyen a una mayor comodidad física cuando hace el amor a solas o con un compañero.

El siguiente ejercicio se concentra específicamente en los genitales.

La próxima vez que orine, practique el corte de la fluencia del líquido y después su liberación. Identificará así una serie de músculos que pueden beneficiarse con el ejercicio regular. En el tiempo del hetaira,

practique la flexión y relajación de esos músculos. Al principio hágalo sólo diez veces; trate de subir luego hasta 20 y luego hasta 30 veces.

En el caso del hombre, el ejercicio permitirá identificar toda una serie de músculos a lo largo del pene y el perineo: el punto situado entre la base del pene y el ano. La mujer identificará otra serie de músculos en el primer tercio de las paredes vaginales. Practique también la contracción y relajación de esos músculos. Contraiga ahora los músculos anales y haga las contracciones con ellos. Al principio se contraerán también otros músculos. Siga practicando el ejercicio hasta que pueda contraer cada grupo muscular separadamente.

Este ejercicio puede hacerse en cualquier momento y donde se sienta cómodo. Los tonificadores forman parte de una rutina regular del tiempo del hetaira. La mujer descubrirá que estos ejercicios le permiten una contracción consciente de la vagina alrededor de un objeto: un dedo, un vibrador, un pene. El hombre descubrirá que el pene erecto se flexiona más fácilmente. La identificación y ejercitación de esos músculos ayuda a facilitar el control del clímax, aunque este tema lo discutiremos de manera más completa posteriormente.

Trabajar con otros. Los que viven solos o en situaciones en las que el espacio privado es seguro, sólo necesitan cambiar sus planes de tiempo para designar su momento del hetaira. Los que viven con un compañero, niños, o un grupo de personas acostumbradas a una interacción excesiva quizá necesiten firmeza para establecer su territorio privado. ¡Usted tiene derecho a la privacidad y a un tiempo personal! No necesita que nadie sepa que está trabajando para lograr una sexualidad más flexible. Comparta sólo aquello que le resulta cómodo compartir; no deje que nadie le presione haciéndole hablar sobre sus prácticas. El tiempo del hetaira no sólo le permite lograr la salud, sino también una sensación de identidad personal.

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Los que comparten su vida pueden observar especialmente cambios en su aspecto, y darse cuenta de su programa de ejercicios y de sus experimentos con la dieta. Puede mantenerlo todo en privado si así lo desea y si tiene espacio para ello, pero puede ser un buen momento para incluirlos en lo que está haciendo. Puede encontrar mucha resistencia de sus compañeros a su tiempo privado y a los cambios que está haciendo.

Mantenga la calma y la firmeza; con el tiempo se ajustarán a su nueva vida.

Si son dos los que se están entrenando juntos, pueden compartir los ejercicios. Pueden planificar algunas sesiones de hetaira conjuntas.

Empiece compartiendo un programa de ejercicios y la elaboración de la dieta; así se forma un vínculo de experiencia común y cada uno de los miembros de la pareja puede aprender mucho del cuerpo del otro.

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TRES

ACEPTAR EL PLACER CON EL