Extasis Ritual: Magia Sexual Practica
Kouros
El que es la belleza de la juventud,
el hijo de la tierra, el hermano de la doncella, que se complace en los rápidos juegos de los atletas, que enfrenta el músculo al músculo, que guía el lanzamiento de la pelota,
el que se complace en la habilidad de un arte, en el tono de la flauta, y del arpa y de la voz, él es el que llama a través de la puerta oscilante,
el guía en el camino, en el puente, en el viaje, él es el que habla a través del humo y la imagen, para advertir de lo que puede pasar, lo que ha pasado, lo que será
sostenedor de la espada que corta esa parte de la totalidad, el que trae la muerte, la percepción, los sueños, el que recuerda lo que florece brevemente en la vida, mirando al mundo,
se conoce a sí mismo como él mismo.
El Kouros aparece.
Cuando llega el tiempo del cambio, se planta ante nosotros recordándonos la necesidad: es tiempo de irse, es tiempo de regresar, es tiempo de retirarse, es tiempo de volver de nuevo al mundo.
Podemos oponerle resistencia, podemos ignorarle, darnos la vuelta y pretender que nunca le vimos; entonces regresa como embustero, como el elfo maligno que se nos presenta en el bosque, y nos dice que le sigamos a un lugar de belleza, y desaparece poco antes de que nos encontremos con el risco, permitiéndonos descubrir que para llegar a lugar seguro tenemos que seguir un sendero más largo y más difícil.
Si aceptamos, si le damos la bienvenida, se coloca entonces a nuestro lado como guía, sostenedor de la luz, como la mano consoladora dispuesta a cruzar el umbral.
Como una luz que se mueve rápidamente al borde de la visión, nos llama a la vida de los sentidos. Nos dice: «¡Toma conciencia! iCobra vida! Utiliza tus ojos y tus oídos y la carne y la sangre que se te ha dado para participar en el ser.» Eres el que se concentra en los sonidos del entorno; en la sensación del aire sobre la piel, la sensación de los pies sobre la tierra, la oscilación de los brazos al caminar, el pulso de la tierra junto con la uniformidad de la respiración. El es la lista cuando se asienta en lo particular, se mueve más allá del borrón del árbol verde para fijarse en los miles de hojas de las ramas. El es el orgullo del cuerpo y la disciplina de su entrenamiento, la cuenta del ejercicio, el músculo diferenciado. El es la armadura que se coloca bajo la piel cuando debemos movernos por el mundo cotidiano, la agilidad del movimiento cuando nos deslizamos sobre la pista de
danza, la fuerza cuando nos entregamos a correr por el mar; la disposición del guerrero.
El es el momento instantáneo en el que la somnolencia se convierte en sueño, cuando la fuerza se cierra o se abre, cuando lo que está oculto ser revela, cuando el soñador despierta. El primer brote de la semilla en la primavera, el viento repentino de un día caluroso, el destello de un pájaro que viene y va marca su presencia.
El nos concede el oído atento del estudiante, la cadencia mesurada de la voz del maestro. Trae con el cambio el conocimiento del cambio: búscale en el mazo de carta, en las piedras echadas, en la voz del oráculo. Búscale también en el cambiante más allá de los sueños, esa imagen que aclara el significado.
El es la claridad que traza distinciones: es esto o es aquello. La niebla gris es lluvia o es niebla. El cielo se ilumina con la neblina de la ciudad o con el racimo de estrellas. El agua es o muy fría o muy caliente. El ruido es el estallido del motor de un coche o un disparo.
Cuando estamos en peligro, él nos empuja en la espalda para que sobrevivamos: para que sigamos en movimiento a través de la nieve, para que sigamos huyendo del ataque, viene cuando la esperanza nos ha abandonado totalmente y nos permite dar un nuevo paso. Hazlo de nuevo. Hazlo mientras dure.
Al final de la vida viene también a anunciarnos la transición y a hacérnosla más fácil, para que podamos saber que el tiempo ha llegado al final de la lucha, dejemos la carga, nos pongamos en pie y nos enfrentemos a la muerte que nos aguarda. Será firme si le oponemos resistencia, amable si le aceptamos, pero con seguridad vendrá.
Podemos experimentarlo como duro o amable: a él le da lo mismo; lo que le importa es el propio movimiento. Lo vemos en el cuerpo firme del joven, hombre o mujer. Lo encontramos en la alegría del momento en que una inspiración abre una comprensión nueva.
Nuestros amantes lo encuentran cuando de pronto comprenden un nuevo aspecto en nosotros.
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