Extasis Ritual: Magia Sexual Practica

Brandy Williams · Capítulo 29 de 35

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Extasis Ritual: Magia Sexual Practica

El Secreto

A menudo, cuando mi compañero Alex y yo trabajamos en talleres, la gente nos pregunta sobre los secretos de la magia sexual. Las preguntas suelen referirse a nuestra experiencia: ¿han probado esto, han oído hablar de aquello, han leído este libro? Los temas van desde el sexo astral hasta el dominio y la vinculación tántrica. ¿Qué saben de la eyaculación femenina?

¿Dónde está el punto G? ¿Debo perder la conciencia en el clímax?

Respondemos que no hemos trabajado el sexo astral ni con mujeres que segreguen más que los líquidos lubrificantes habituales. Pero la experiencia es diferente, y cada uno tiene libertad de experimentar en aquella línea que la imaginación o la sugestión que un texto impreso generen.

La pregunta toma a veces forma diferente: ¿No hay nada más? Es como si quisieran conocer un secreto, algún conocimiento, alguna práctica iniciatoria oculta que instantánea y automáticamente les convirtiera en los mejores amantes del mundo. Algo que explique cómo llegar a la cumbre del éxtasis, que nos conduzca a ese lugar del interior o del mas allá que creemos poder alcanzar.

Los ejercicios y técnicas incluidos en este volumen forman un cuerpo de conocimiento extraído de los sistemas de valores y religiones en los que están incluidos. De hecho, han sido secretos ocultos por un lenguaje oscuro y florido. Los autores alquímicos hablan de colocar el atanor en la cucúrbita, y de mezclar la esencia del águila blanca y el león rojo. Los textos tántricos suelen expresarse en términos similares. Puede ser decepcionante trabajar la mitad de un día un pasaje particular para descubrir que el autor está empleando demasiado tiempo para explicar un procedimiento de mezcla de los líquidos corporales. Uno de los secretos es que éstos son una función normativa del cuerpo humano. Todos estamos en libertad de generar a nuestro alrededor nuestros propios valores y experiencias religiosas.

Otro de los secretos es que la magia sexual implica trabajo, tiempo y práctica. Como sucede con cualquier otro sistema -un programa de ejercicios, aprender un nuevo idioma, seguir una dieta—, cuanto más pongamos en ello, más sacaremos. No existen varitas mágicas que al agitarlas mejoren automáticamente nuestras técnicas amatorias.

El secreto auténtico no está en lo que hacemos, sino en la actitud; no es una técnica, sino un misterio. Por mucha habilidad que lleguemos a tener en la expresión física de la pasión, por muy elaborados que se vuelvan nuestros rituales, por muy exaltados que sean nuestros

cambios de conciencia, siempre hay algo que no puede describirse, sólo experimentarse. Sucede lo mismo con un contacto, con una mirada del amante, con un hormigueo en el estómago, o con un destello perceptivo durante el momento del clímax.

La experiencia puede ayudar a un trabajador solitario a soportar las experiencias más dramáticas de la vida, o unir a dos almas humanas con una ternura tan grande que parece imposible. Es el sentimiento del ardiente deseo de unirse con el amado, de sentir que la piel se funde con la piel, de leer la mente del amante, de dejar totalmente el cuerpo para flotar en una esfera de luz ilimitada.

Es como regresar a casa; aquello para lo que nuestras vidas fueron creadas; la cumbre de la consecución humana. Algunos buscamos esa experiencia por medio del trance, la meditación, el ritual elaborado. Se ha dicho que es la iluminación, el conocimiento y la conversación del santo ángel guardián, el descenso de la mente intuitiva. Es el objetivo de todos los sistemas místicos, el paraíso del que busca. Estos ejercicios y trabajos están destinados a la preparación de la escena para esa experiencia; pero siempre viene como un regalo, una gracia. Los hetairas no lo buscan sentándose en contemplación o recorriendo caminos rituales en un templo, sino por la exploración de lo que nuestros cuerpos pueden hacer. El nombre que le damos es amor, hasta que encontremos otros mejor; si es que existe.

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APÉNDICE A

SOBRE LA PALABRA HETAIRA