Extasis Ritual: Magia Sexual Practica

Brandy Williams · Capítulo 6 de 35

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Extasis Ritual: Magia Sexual Practica

Corazón Abierto

¡La vida es una danza! Trata del movimiento, de que le guste como se mueve, de que ame donde vive, en un cuerpo del planeta Tierra. La siguiente tarea del hetaira consiste en aprender a danzar gozosamente. Eso significa que tenemos que reivindicar nuestra sexualidad como propia, curarnos de las experiencias dolorosas, eliminar los mensajes e imágenes negativas sobre nuestra sexualidad, comunicarnos claramente con nuestro compañero y ser sinceros con nosotros mismos.

El gozo es que nos guste el rostro que vemos en el espejo, y aprender a decir: «Merezco el placer.» Para ello reivindicamos la posesión completa de nuestro cuerpo y nuestro tacto. Muchos hemos

«aprendido» que nuestro cuerpo no es nuestro. No podemos saber lo que hay en los alimentos que comemos. No podemos controlar lo que le sucede a nuestro cuerpo en el lugar de trabajo. Algunos trabajan en oficinas, otros en grandes edificios del centro de la ciudad: en un entorno tan cerrado y controlado que cualquier virus se esparce por todo el edificio. Algunos nos ganamos la vida con lo que produce nuestro cuerpo, en líneas de producción en las que podemos estar expuestos a agentes químicos de efectos impredecibles; otros en el campo, donde están expuestos a pesticidas de efectos impredecibles.

Los gobiernos legislan a veces acerca de las sustancias que podemos ingerir legalmente. Quizá no podamos decidir sobre el tema de tener hijos: los métodos anticonceptivos pueden ser difíciles de conseguir; quizá no sea posible realizar un aborto; y las mujeres con frecuencia, y los hombres a veces, «aprenden» una dura lección: nuestra sexualidad no es nuestra. Nos pueden tocar en contra de nuestra voluntad, con dureza, dolorosamente. Podemos ser violadas. Nos pueden mirar.

Alguien puede ponernos una mano en el codo al ir a pasar por una puerta, como si nuestros cuerpos fueran propiedad común.

Volver a tener el control de nuestro cuerpo exige tiempo y valor, cambiar los hábitos de pensamiento y conducta, aprender a ser enérgicos. Como hetairas, ése es el acto más esencial. La mujer que se posee a sí misma, el hombre que se posee a sí mismo, elige cada contacto en cada momento. Es una promesa difícil de hacer y de mantener. Se necesita que de todas las razones para tocarnos y hacer el amor eliminemos aquellas que no se refieran al placer del acto y la intimidad. Padres, esposos y amigos nos piden seguridad física, en forma de abrazos y besos, en momentos en los que a veces nos hace feliz dársela, pero también en los momentos en los que necesitamos espacio físico. En la calle los desconocidos nos tocan por casualidad.

Es una escena tan fuerte decirles que no, ¿no sería más fácil dejarlos pasar?

Tenemos tantas razones para comprometernos con una sexualidad que no tiene relación con el placer y la unión: como modo de pago, como una forma de mantener el afecto, como deber, como una liberación física. ¡Funciona! La sexualidad nos permite conseguir las cosas que queremos: la pena o el trabajo, la afirmación del amor, el mantenimiento de la relación, evitar la discusión, liberar la incomodidad, la sensación de excitación. Sin embargo, cada vez que sufrimos un contacto que no hemos solicitado, cada vez que unimos nuestro cuerpo por una razón que no sea el gozo del momento mismo, reforzamos la percepción que tenemos de nosotros mismos como carentes de poder, como seres poseídos por otro. Perdemos la confianza en nuestra capacidad de protegernos, de amarnos, de tomar decisiones sabias sobre nuestra vida. Disminuimos nuestro poder y capacidad de abordar el sexo en un contexto sagrado.

Con nuestros amigos, familiares y conocidos no es necesario ser siempre agresivos. Cómo retroceder suavemente, apartar la mano, con una sonrisa o un comentario que desvíe la atención. A los que ama, puede explicarles también lo que está haciendo, y que el resultado será que cada vez que le dé un abrazo o le entregue el cuerpo en la unión, estará totalmente presente y amoroso. Es importante también reservar el derecho a ser firme, verbal y físicamente, con cualquiera, desde el extraño que nos aborda en el callejón hasta el amor de nuestra vida.

Afirmación primera: Me poseo a mí mismo Tome un espejo y colóquelo en su espacio de práctica. Puede utilizar uno que ya tenga o comprar uno especial para las afirmaciones.

En el tiempo del hetaira, mire al espejo y diga: «Me amo. Confío en mí. Me poseo. Nadie me tocará sin mi permiso, cueste lo que cueste.»

Dígaselo en cada sesión durante dos semanas. Puede repetir la afirmación en ese período de tiempo siempre que se mire a un espejo.

Afirmación segunda: Afirmo mi propia seguridad El mantenimiento de la promesa requerirá aprender a defenderse a sí mismo. Eso no significa que deba dedicar los próximos seis años al aprendizaje de un arte marcial. Busque en los periódicos o llame a un centro de mujeres o un centro de artes marciales para encontrar una clase de autodefensa simple. Un entrenamiento de tres horas y unos cuantos minutos de pensamiento al día pueden construir una eficaz capacidad de autodefensa. Aunque también puede decidir aprender un arte marcial por el incremento de la capacidad de protección que le proporciona, porque es también un ejercicio excelente, porque le permite entrenar la concentración, y porque le permite practicar el movimiento de la energía.

Si nunca había empezado un entrenamiento auto defensivo, hágalo ahora. Si alguna vez le atacan, lo único que necesita es correr más que su oponente hasta el lugar seguro más próximo. Lleve siempre zapatos planos y cómodos, con los que es fácil correr. Si eso significa llevar un par de repuesto en su vida diaria, hágalo, y recuerde llevarlos. Cuando camine por una calle, practique la búsqueda del lugar de seguridad más próximo. ¿Hay algún almacén conveniente? ¿Una casa con las luces encendidas? ¿Un grupo de personas hablando? Si tuviera que esconderse en su casa, ¿dónde lo haría?

Quizá necesite incapacitar al atacante antes de escapar. Para incapacitar a un asaltante no se necesita demasiada habilidad. En primer lugar, tendrá que mantener al atacante fuera del alcance de su brazo, lo que significa una patada. Probablemente de niño aprendió a lanzar patadas hacia el frente. Practique a hacerlo desde el lado, sin telegrafiar el movimiento que va hacer con el resto de su cuerpo, con un golpe corto y fuerte. Durante el tiempo del hetaira, dé patadas a la

pared varias veces; o practique con un palo ligero o un árbol en un parque, en un lugar en el que sepa que no va a ser molestado. Una patada lateral golpeará al atacante a la altura de la rodilla, y una presión muy pequeña desequilibrará una rótula por muy poca fuerza que tenga. Una persona con un golpe en la rótula no se pondrá a correr detrás de usted por la calle.

Practique también a lanzar un grito con la patada. Emita un sonido fuerte y breve. Un grito puede confundir y asustar a un atacante y demuestra que está dispuesto a defenderse. Quizá se sienta estúpido al hacerlo. Es una sensación normal, pero desaparece. Pruébelo durante el tiempo del hetaira durante al menos dos semanas; si todavía se siente estúpido, hágalo dos semanas más. Cuando se sienta cómodo con el movimiento y el sonido, añádalos a su práctica ocasionalmente, asegurándose de que tiene la habilidad suficiente.

Hay ejercicios para iniciarse en la autodefensa que debe añadir a su repertorio. Lo mejor es realizar un curso, aunque sea breve, al menos para observar el estilo de otras personas y obtener algo de práctica.

Este es también un buen momento para revisar la seguridad de su casa y el coche, su protección física y sus hábitos. Cierre siempre el coche; cuando visite de noche la casa de un amigo, pídale que le observe hasta que entre de nuevo al coche, y vigile a sus amigos cuando les lleve en coche hasta que hayan cruzado la puerta de su casa.

Asegúrese de que todas las ventanas y puertas están cerradas.

Finalmente, la norma básica de la seguridad personal es ésta: haga lo que sea necesario. Si se siente incómodo en un lugar particular o con determinada persona, váyase inmediatamente. Eso puede significar a veces dar una apariencia un poco tonta, resultando inconveniente para usted o para aquel con quien se encuentra. Pero su seguridad siempre está por encima. Algunos ya hemos sufrido algún asalto físico: nos han robado, atacado, golpeado y violado. Desgraciadamente es una experiencia común y nos deja demasiadas emociones a las que tenemos que enfrentarnos. El disponer de nuestra seguridad personal nos ayuda a fortalecer todavía más la confianza que tenemos en nosotros. Las afirmaciones fortalecen la capacidad de repeler a esas personas que coaccionan la conducta sexual de los demás.

Afirmación tercera: Soy una totalidad

Si alguno de los ejercicios de este libro hace que se sienta incómodo o evoca imágenes, deténgase inmediatamente y busque un modo de curarse. Los que tengan traumas realmente serios, por muy alejados que estén en el pasado, pueden necesitar curarlos. Busque un terapeuta en el que pueda confiar; eso es una señal de que se respeta. ¡Merece el cuidado y la atención que un terapeuta puede darle! Elija una persona con la que se sienta cómodo, y dése permiso a sí mismo para abandonar el tratamiento si no le hace feliz. Algunas de las formas más nuevas de terapia -gestalt, hipnosis eriksoniana, programación neurolingüística— están específicamente diseñadas para tratar los traumas rápidamente y sin dolor.

Distánciese todo lo que pueda del trauma. Consiga olvidarlo. Está muy bien olvidar, dejar que el dolor se vaya, limpiarse, curarse. La persona que era no es ya la persona que es. Perdone a la persona que es ahora por no haber estado allí para protegerle en otro tiempo. En el tiempo del hetaira, tome un baño largo y tranquilizante, prestándose a sí mismo una atención especial. Vístase con algo cómodo, algo que le ayude a sentirse seguro. Saque el espejo, mire su reflejo y diga: soy un hetaira. Mi cuerpo es fuerte y sagrado. Mi cuerpo es mi herramienta mágica. Merezco el placer y doy y recibo el placer. Elijo las experiencias que quiero tener. Soy una totalidad.

Afirmación cuarta: Mi vida es digna de ser escrita Los diarios ayudan a la curación emocional. Todavía más, nos permiten explorar nuevos aspectos de nosotros mismos, nos permiten tener un lugar para comunicar los pensamientos y experiencias que no podemos compartir con ningún ser vivo.

Elija algún libro que le explique la forma adecuada de llevar un diario; vea la bibliografía. O visite una papelería y deje que los volúmenes en blanco le inspiren. No importa el tamaño o el tipo de libro que elija. Ni tampoco que haga una entrada todos los días. Elija un tipo de diario con el que disfrute al utilizarlo, y escriba en él todo lo que le dicte la inspiración. Puede elegir un diario que pueda llevar encima, o trabajar con diversos libros de diferentes tamaños y colores.

En el tiempo del hetaira, siéntese con el papel en el regazo durante un tiempo hasta que se le ocurra un pensamiento que le gustaría

registrar. Debe saber lo que está sintiendo, lo que sucedió la última noche, algunas cosas nuevas que le gustaría intentar. A partir de ahora, al final de cada tiempo del hetaira anote el día, la hora y lo que hizo.

Así empezará a tener un registro de los cambios que ha conseguido, estará describiendo su progreso: y ése es uno de los actos mágicos más importantes.

El diario nos ayuda a explorarnos, sirve como espacio seguro que estimula un cambio positivo y un sentimiento de poder en nuestras vidas. A largo plazo, la recuperación del control de nuestro cuerpo produce un cambio en nuestra cultura. Como magos, nos hacemos la afirmación de que tenemos poder sobre la manera en que reaccionamos ante el mundo, y tenemos también el poder de alterar nuestro contexto.

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Afirmación quinta: Puedo cambiar mi mundo

Investigue los grupos de acción política que existen en su área y busque aquel cuyos objetivos concuerden con los suyos. Dedíqueles su tiempo de hetaira durante dos semanas: quizá baste con una o dos horas. Puede hacer llamadas telefónicas, o cerrar sobres, o preparar un boletín informativo. Si el trabajo en grupo no le interesa, busque boletines de acción política en la biblioteca, pídale prestado uno a un amigo, o escriba pidiendo un ejemplar. Infórmese sobre las cuestiones que le interesen. Casi todos los ejemplares de esas revistas contienen una petición a los lectores para que escriban o den dinero, lo que es una posibilidad de acción. O simplemente puede reunir información sobre la cuestión y pasársela a dos o tres amigos, llamando su atención sobre el tema.

Al final de ese período es importante que suspenda la actividad política; es adictiva y puede consumir grandes períodos de tiempo.

Vuelva a practicar su trabajo de hetaira; entonces, si lo decide, podrá añadir nuevas actividades de voluntariado a su vida.

En su espacio de prácticas y en el tiempo del hetaira, mírese en el espejo y realice esta afirmación: «Soy poderoso. Actúo para realizar cambios positivos en mi mundo. Actúo para que todo el mundo posea su propio cuerpo.»

Afirmación sexta: Mi cuerpo es hermoso

Para tomar posesión de nuestra sexualidad y de nuestro cuerpo, quizá sea necesario replantear nuestros pensamientos. Hemos fijado actitudes hacia la sexualidad —mediante el entrenamiento familiar y cultural, con los mensajes de los medios de comunicación y por causa de la falta de información y apoyo- que parecen destinadas a alienar las pautas y minimizar el gozo de la experiencia sexual. En la «escuela del hombre real», los chicos aprenden a competir. Los genitales más grandes, el clímax, el lanzamiento más alejado de semen. Los chicos controlan lo que está sucediendo. Eso significa que el sexo sólo está destinado al gozo masculino, y también que los chicos nunca pierden

el control, nunca muestran emoción. El ganador es el que hace funcionar la máquina con mayor eficacia: ya sea ésta el coche, el ordenador o el cuerpo humano. Recientemente, otros mensajes, en algunos aspectos más positivos pero todavía competitivos y orientados hacia un objetivo, han añadido una capa de señales conflictivas al entrenamiento del chico. El hombre que lo «sostiene» más tiempo gana. Ha complacido a su chica, ha conseguido que llegue al clímax, pero tiene que hacerlo más de una vez. Hay que ser el mejor que ella haya tenido nunca.

La «escuela de chicas» enseña una serie de conductas totalmente distintas, algunas competitivas y otras apaciguadoras. El tener buen aspecto es más importante que la comodidad. Los trajes más caros, el maquillaje más cuidadoso, el arreglo más pulcro es el que gana. Hay que darle a él lo que quiere, sin que importe cómo se siente ella. No hay que ganar nunca una partida con un hombre, nunca hay que dejarle saber que ella tiene el control. También aquí hay mensajes conflictivos: no goces, pero tienes que llegar al clímax doce veces en una noche. No es real a menos que sea una relación coital. No le digas nunca a él lo que quieres.

El aumento de la capacidad y el gozo significa que hay que tomar un control consciente de nuestro entrenamiento, darnos permiso para ir más allá de los límites que nos ha enseñado la «escuela del hombre real» y la «escuela de la chica». El hetaira busca la máxima flexibilidad de conducta: abandonar el control al compañero o dirigir totalmente una sesión; pasar horas simplemente acariciando la piel o en una relación coital plena e intensa; ser sensible a las necesidades y estados de ánimo del compañero mientras comunicamos claramente nuestras necesidades y objetivos.

Aquí las parejas del mismo sexo tienen una ventaja. El reflejar unas conductas masculinas y femeninas que resulten aceptables nos da una posibilidad de expandirnos y ser más flexibles en la respuesta y la actitud. Los heterosexuales también han captado el mensaje de que existe una reciprocidad mutua.

A veces nos referimos a las partes del cuerpo y a la sexualidad con palabras que ponen el énfasis en las actitudes negativas que instila nuestra cultura. Los hetairas se comprometen a cambiar

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nuestras descripciones. Sacamos el nuevo lenguaje de las mejores frases de nuestro idioma, del mundo natural, de la observación de nuestro cuerpo, y de las culturas que han descrito el cuerpo y la sexualidad en términos más positivos. En el tiempo del hetaira examine sus genitales en el espejo.

Descríbalos mentalmente o en voz alta. ¿Qué colores ve? ¿Qué formas y texturas?

He aquí algunas metáforas que puede utilizar: para la vulva, flor, puerta, la curva de una montaña o roca, una copa que contiene y da líquidos; seda y satén para las paredes de la vagina; la perla de la ostra para el clítoris. Para el pene, cayado, tallo, tronco, espira de piedra; la viña para las venas del pene; el ojo o pequeña boca para la abertura de la punta; para los líquidos corporales, miel, ambrosía, dulce néctar.

Cualquier cohibición desaparecerá cuando refuerce las afirmaciones, construyendo el conocimiento de que su cuerpo es tan hermoso como las plantas y animales del mundo natural, y además es sagrado.

Afirmación séptima: Sé lo que me gusta

En el tiempo del hetaira saque su diario. Examine con sinceridad las conductas sexuales que le gustan, tanto a solas como con un compañero. ¿Disfruta mucho o poco con esas conductas? ¿Cada vez que hace el amor o sólo de vez en cuando? He aquí algunos ejemplos: proporcionar sexo oral. Obtener sexo oral. Penetración anal, ser penetrado analmente. Coito heterosexual. Obtener estimulación manual, dar estimulación manual. Con muchas caricias o sin ninguna; hablando, sin hablar; mirando, escuchando o sin hacerlo; ser observado, observar, o no hacerlo. Hora del día, día de la semana.

Escenario: en el interior, en el exterior. Superficies suaves o duras.

Nivel y tipo de la luz. Partes del cuerpo a tocar con las manos y los labios: cabello, rostro, brazos, pechos, etc.

Ahora repita la lista con lo que específicamente no le agrada, y si eso sucede con frecuencia o siempre.

Examine ahora sus pautas de conducta. ¿Suele iniciar un encuentro, cómo? ¿Verbalmente o con alguna señal de contacto? ¿Suele responder a la petición de otro? ¿Qué es lo que estimula una sesión de amor a solas? ¿Responde siempre, algunas veces o nunca cuando en realidad

no quiere hacerlo? ¿Le dice a su compañero lo que le gusta y lo que no le gusta?

Piense en su historia sexual. ¿Cuándo hizo por primera vez el amor?

¿Cuáles son sus hitos sexuales? ¿Qué momentos de su vida reflejan cambios en su sexualidad? ¿Qué le gustaba de niño?

Los hetairas trabajan para ampliar la capacidad de placer. Cuando la sexualidad ha significado tantas cosas diferentes, el placer se entremezcla con otras muchas necesidades físicas y emocionales, hasta el punto de que, en sí mismo, el acto de hacer el amor no satisface. Las experiencias negativas que hemos tenido con otros nos vuelven un poco precavidos ante los juegos de artificio físicos y emocionales. El resultado es que hemos aprendido a reducir el placer, a desconfiar de él, a limitarlo a un breve período de tiempo. Incluso podemos hacer el amor con nosotros y con los demás teniendo como objetivo el conseguir el clímax más rápido posible, perdiéndonos el gozo y el poder del contacto sensual.

Afirmación octava: Me amo a mí mismo.

Haga el amor consigo mismo en el tiempo del hetaira.

Prepare un lugar confortable en su espacio de práctica. Ya conoce en qué tipo de superficie le gusta sentarse o acostarse, qué nivel y tipo de luz le gusta, y qué temperatura es la más cómoda. Puede equipar el espacio con almohadas o alfombras. Las velas producen una luz más suave y crean una atmósfera cálida. Puede quemar incienso, o frotarse la piel con aceite.

Lleve consigo una cesta con juguetes. Puede empezar con un trozo de seda, algo de piel, una piedra, plumas: tantas texturas distintas como pueda reunir. Acaríciese la piel con esos objetos. En los días calurosos dése una ducha fría y túmbese sin secarse; o puede realizar el ejercicio en la bañera. Acaríciese suavemente, o con placer; puede experimentar el acto de darse pellizcos y pequeños golpes. Tóquese las partes del cuerpo a las que presta menos atención: los pies, la zona posterior de las orejas, la parte posterior de las rodillas. Hágase saber a sí mismo que se ama, que puede aceptar el placer por sí mismo.

Haga un trato consigo mismo: la próxima vez que sienta el impulso de hacer el amor a solas, lo hará. Puede retirarse al baño de su casa o lugar de

trabajo. Puede estar paseando por el bosque; puede tener una conversación con un amigo; siempre que tenga el deseo, escúchese unos minutos y concédase el placer que desea.

Trabajar con otros. Al reivindicar nuestros cuerpos, necesitamos que nuestros familiares y compañeros sepan lo que queremos en caso de emergencia. Hay ocasiones en las que las leyes nos consideran incapaces de tomar decisiones propias: cuando estamos enfermos, cuando estamos inconscientes, cuando da a luz si es mujer. En esos momentos los padres y esposos pueden tener que tomar decisiones sobre nosotros. Hágales saber lo que quiere, y siga hablando con ellos hasta estar convencido de que satisfarán sus deseos.

Todos merecemos respeto, especialmente en relación con el control de nuestro cuerpo. Trabajar con otros significa que debemos comunicar claramente lo que necesitamos y queremos, fortaleciendo la confianza.

Fortalecer la comunicación que nos permite confiar y la confianza que forma los fundamentos de la intimidad es un proceso largo. No se produce instantáneamente, sin esfuerzo, con amantes de períodos breves. Pero se produce, y con más de un amante o amigo si se atreve a ello.

Primero ha de ser honesto consigo mismo, admitir su cólera, miedo, celos y necesidades. Después han de comprometerse unos y otros a ser honestos y comunicar siempre lo que necesitan sexual-mente y lo que sienten sobre la sexualidad. El amor no significa la capacidad de leer la mente. Si no ha expresado verbalmente, con fuerza y claridad, lo que quiere y lo que no quiere, su compañero no es responsable de darle lo que necesita.

Establecer un espacio de confianza. Su próximo tiempo del hetaira compartido lo deben utilizar para crear juntos un lugar en el que sus corazones se encuentren fácilmente. Dentro del espacio de confianza hay seguridad y paz; ambos deben comprometerse a mantener ese espacio.

Las reglas son éstas: una persona habla primero mientras la otra escucha, sin comentarios ni interrupciones. Luego le toca el turno al otro. Ninguno abandona la habitación. Hay que permanecer centrados en el aquí y el ahora; utilice mucho la primera persona: «Me siento colérico, feliz. Ahora me siento en paz.» Esto es especialmente importante para que se reduzcan las conductas que está pidiendo a su compañero que cambie. Es inútil decir

«me produces cólera». Recuerde que, como magos, podemos controlar la

respuesta a nuestro mundo y experiencia. Es más claro, menos amenazador y realmente más cercano a la verdad decir: «Me siento incómodo con tu conducta. Tengo esta emoción por tu causa.»

Empiecen por compartir todos los agrados y desagrados sexuales que puedan de la lista que previamente habrán redactado. Léanselo en voz alta el uno al otro. Ahora que su compañero sabe lo que a usted no le gusta, dejará de tener esa conducta inmediatamente. Ahora que usted sabe lo que no le gusta a su compañero, sea lo bastante cortés y amoroso como para dejar de pedirlo o esperarlo. Esto permite siempre la oportunidad de darle al compañero más de lo que a éste le gusta.

El compromiso de confianza e intimidad implica la liberación con respecto a las historias antiguas y la aceptación de las debilidades mutuas. Cada día hay una nueva. La cólera, la pena y el dolor de ayer desaparecen. Los rencores sostenidos son venenosos; el amanecer trae una posibilidad nueva. Recuerde también que los fallos del otro forman parte de su personalidad. Odiar esas características le separa; aceptarlas permite construir vínculos profundos de liberación, confianza y compromiso, y rompe las barreras que impiden la unión.

Petición de tiempo muerto. Ya se ha prometido a sí mismo, como hetaira, que elegirá cada contacto en cada momento. Eso puede significar que quizá inicie una sesión amorosa descubriendo en determinado momento que ya no desea continuar con ese nivel de contacto. Los compañeros que trabajan juntos se conceden el uno al otro el derecho de pedir un tiempo muerto. Cuando el acto de hacer el amor se vuelva mágicamente más habilidoso, habrá momentos en los que generará más energía de la que quiere manejar. Puede desear detenerse para examinar una percepción nueva o un recuerdo que sale a la superficie. O quizá descubra simplemente que está demasiado cansado o que se siente demasiado mal.

En ese caso, comuníquele a su compañero inmediatamente cuál es el problema. Quizá se descubra a sí mismo diciendo: «Estoy asustado.»

¿Qué significa estar asustado? Concéntrese en los mensajes de su cuerpo. ¿Hay tensión en sus hombros? ¿Una sensación de vacío en el estómago? Esa exploración es mucho más fructífera que el intento de descubrir lo que está haciendo su compañero para asustarle.

Comuníquele sus sensaciones. «Tengo los hombros tensos.» En ese

punto puede pedirle que le dé un masaje en los hombros. También puede pedirle que dejen de hacer el amor en ese momento.

Evidentemente es mejor estar seguro de que quiere hacer el amor antes de iniciar una sesión. Asegurarse de que el nivel de azúcar en la sangre es el adecuado para la ocasión. El cuerpo quema muchas calorías al hacer el amor, y libera agentes químicos: adrenalina, endorfinas. La química corporal se altera. ¡Si no ha comido, lo notará!

Beba leche, tome queso, coma una pieza de fruta.

Si hay algo que no ha comentado a su compañero, también lo notará aquí, especialmente cuando empiece las prácticas de magia sexual.

Compruebe su nivel de comodidad: ¿El problema es algo que puede apartar desde ahora, o realmente está disminuyendo su confianza en su compañero y el gozo que le produce la experiencia? En ese caso, suspéndalo.

Cada miembro del grupo tiene derecho a pedir un tiempo muerto siempre que surja la necesidad. Para los compañeros con una comunicación clara, será algo ocasional; los compañeros que no tengan una comunicación clara o una confianza adecuada pueden utilizarlo a menudo. Es una señal de la necesidad de volver atrás y hablar uno y otro en el espacio de la confianza. Pedir un tiempo muerto puede ser algo sencillo, pero también puede resultar doloroso. Está haciendo el amor; ha descubierto que no puede permitir la intimidad porque antes tiene que comunicarle algo a su compañero. No debe hacerlo ahora.

Este es el momento adecuado para darle tranquilidad. «Te amo. Me preocupo por ti.» Ambos deben hacer esa afirmación. Posponga ahora la discusión. Fije una cita para hablar de ello en el espacio de confianza; y cumplan la cita. Si ambos quieren hacerlo ahora, deben levantarse e ir al espacio de prácticas; rompa la relación entre el lugar en el que hace el amor y el lugar en el que solucionan una dificultad.

Cuando su compañero pida un tiempo muerto quizá se sienta irritable, decepcionado, colérico. ¿Cuál es el problema? Usted está bien. Reconozca sus sentimientos. ¡Desde luego que está decepcionado! ¿Pero se preocupa por su compañero? Si usted expresara la necesidad de detenerse, ¿qué respuesta querría que le diera? Dé usted esa misma respuesta. Tranquilidad, aceptación y perdón son los regalos del amante.

Su cuerpo es sagrado. En el tiempo del hetaira, examine los genitales de su compañero, y descríbalos. ¿Qué colores, texturas y formas ve? Utilice las metáforas de la sección anterior. Ahora su compañero debe examinar sus genitales y describírselos.

Practiquen el acto de mirarse el uno al otro e intercambiar afirmaciones: tu placer es mi placer. El placer está en el contacto. Me encanta tocarte. Mi cuerpo es sagrado. Tu cuerpo es sagrado.

Comprométanse a utilizar un lenguaje positivo para describir el cuerpo del otro y la forma que tiene de hacer el amor. Como hetairas, nos comprometemos al amor para crear nuestra magia.

El pacto que hacemos con nosotros mismos es el de amarnos: centrarnos en la devoción a la experiencia sagrada, honrar nuestros cuerpos en cuanto que templos del espíritu, nuestras emociones en cuanto que reflejos del espíritu, nuestra aspiración en cuanto que adoración del espíritu por el espíritu. El pacto que hacemos con nuestros amantes es el de centrarnos en la devoción a lo sagrado que hay dentro de ellos: venerar sus cuerpos en cuanto que templos del espíritu, honrar sus emociones en cuanto que reflejos del espíritu, estimular sus aspiraciones en cuanto que expresiones del espíritu.

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CUATRO