Fausto

Johan Wolfgang Goethe · Capítulo 1 de 47

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Fausto

Dedicatoria

De nuevo os acercáis, vagas formas que allá en los días de mi ju-ventud os mostrásteis ya a mi turbada vista. ¿Intentaré yo reteneros esta vez? ¿Siento mi corazón inclinado todavía a aquellas ilusiones? Estáis pugnando por acercaros a mí. En buena hora: podéis disponer, tal como del seno de los vapores y de la niebla os alzáis en torno mío. Siéntese mi pecho estremecido como en mis juveniles años por los mágicos efluvios que en vuestro desfile os envuelven. Aportáis con vosotras las imágenes de placenteros días; álzanse muchas sombras amadas, y semejantes a una añeja leyenda medio olvidada, resurgen con ellas el primer amor y la primera amistad; renuévase el dolor, y el lamento vuelve a seguir el laberíntico y extra-viado curso de la vida, nombrando los seres queridos que, burlados en horas risueñas por la fortuna, desaparecieron antes que yo. No oyen ya los siguientes cantos las almas para quienes yo entoné los primeros; cual polvo se ha esparcido la multitud cariñosa, y se han ido perdiendo ¡ay! los primeros ecos. Resuenan mis acentos para una muchedumbre

F A U S T O

desconocida, cuyo aplauso mismo llena de in-quietud mi corazón, y aquellos que en otro tiempo se deleitaban en mi canto, si alientan aún, vagan por el mundo errantes y dispersos.

Apodérase de mí un anhelo insólito largo tiempo ha, por esa plácida y augusta región de los espíritus; fluctúa ahora en vagos sonidos el murmurio de mi canto, parecido a las modulaciones del arpa eólica.

Un estremecimiento invade mi sér, las lágrimas suceden a las lágrimas; el yerto corazón siéntese blando y tierno; lo que poseo, lo percibo como en lontananza, y lo que desapareció truécase para mí en palpitante realidad.

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