Fausto

Johan Wolfgang Goethe · Capítulo 8 de 47

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Fausto

Cocina de Bruja

En un fogón bajo hay una gran marmita sobre la lumbre. En el vapor que de ella se eleva, aparecen figuras diversas. UNA MONA está sentada junto a la marmita espumándola y cuidando de que no rebose. EL MONO, con los pequeñuelos, está sentado cerca del fogón calentándose Las paredes y el techo están decorados con los más extraños arreos y útiles de las hechiceras.

FAUSTO, MEFISTÓFELES

FAUSTO

Asco me da ese estrambótico aparato hechiceresco. ¿Me prometes que yo me recobraré en ese caos de extravagancias? ¿Será menester que pida consejo a una vieja? Y ese asqueroso menjurje ¿me quitará treinta años del cuerpo? ¡Desdichado de mí si no sabes nada mejor! Ha desaparecido ya para mí la esperanza . ¿No han descubierto algún bálsamo la Naturaleza ni un noble espíritu?

J O H A N W O L F G A N G G O E T H E

MEFISTÓFELES

Ahora hablas de nuevo sesudamente, amigo mío. Para rejuvene-certe, hay también un medio natural, pero se halla en otro libro y forma un curioso capítulo. FAUSTO

Quiero saberlo.

MEFISTÓFELES

Bien está. Es un remedio que se logra sin dinero, sin médico y sin brujería alguna. Vete en seguida al campo, empieza a cavar y remover la tierra, manténte tú y tu espíritu en un círculo muy reducido; susténtate con alimentos sencillos, vive como bestia entre las bestias, y no tengas por delito estercolar tú mismo el campo cuyas mieses recogerás. He aquí el mejor medio, créelo, para remozarte hasta a los ochenta años.

FAUSTO

No estoy habituado a eso; no puedo avenirme a empuñar el aza-dón. La vida estrecha no es en modo alguno para mí. MEFISTÓFELES

Entonces forzoso será que en ello intervenga la bruja. FAUSTO

¿Y por qué ha de ser precisamente esta vieja? ¿No puedes preparar tú mismo la pócima?

F A U S T O

MEFISTÓFELES

¡Vaya un bonito pasatiempo! Interin podría yo muy bien construir un millar de puentes. Para esa obra no bastan el arte y el saber; también se necesita paciencia. Un espíritu tranquilo se pasa trabajando así años enteros, y sólo el tiempo hace eficaz la sutil fermentación. Y todo cuanto para ello es menester, son cosas raras en extremo. No hay duda que el diablo es quien lo enseñó a la bruja, pero el diablo no puede hacerlo. ( Reparando en los animales). ¡Mira qué graciosa fami-lia! Esta es la criada; éste, el criado. ( A los animales). Parece que la señora no está en casa.

LOS ANIMALES

Para ir al festín, ha salido de casa por el cañón de la chimenea.

MEFISTÓFELES

¿Y cuánto tiempo suele correr acá y acullá? LOS ANIMALES

El tiempo de calentarnos las patas nosotros. MEFISTÓFELES

( A Fausto). ¿Qué te parecen esos amables animalejos? FAUSTO

Los más insulsos que he visto en mi vida.

J O H A N W O L F G A N G G O E T H E

MEFISTÓFELES

¡Quiá! Una cháchara como esa es cabalmente la que sigo con más gusto. ( A los animales). Ea, decidme, muñecos malditos, ¿qué papilla es esa que estáis revolviendo ahí? LOS ANIMALES

Cocemos unas sopas aguadas para los pobres. MEFISTÓFELES

Entonces tendréis un gran público.

EL MONO

( Acercándose a Mefistófeles y haciéndole carantoñas). ¡Oh! Ju- guemos a los dados en seguida, y hazme rico dejándome ganar. Esto anda muy mal, y si yo tuviese dinero, estaría dotado de juicio.

MEFISTÓFELES

¡Qué dichoso se juzgaría el mono si pudiera jugar también a la lotería!

( Entretanto, los monos pequeños han estado jugando con una gran bola, y la hacen rodar hacia adelante).

EL MONO

¡He aquí el mundo! Sube y baja y rueda sin cesar. Suena como vidrio. ¡Cuán pronto se quiebra! Está hueco por dentro. Por aquí brilla mucho, y por aquí aun más. Yo soy F A U S T O

viviente. Amado hijo mío, acuérdate de esto. Tú debes morir. Es de arcilla, y se hace añicos.

MEFISTÓFELES

¿Para qué sirve esa criba?

EL MONO

( Descolgándola). Si fueras un ladrón, yo te reconocería al pun-to. (Corre hacia la Mona, y la hace mirar a través de la criba). Mira a

través de la criba. ¿Reconoces al ladrón y no te atreves a nombrarlo?

MEFISTÓFELES

( Acercándose a la lumbre). ¿Y ese puchero? EL MONO y LA MONA

¡Necio mentecato! ¡No conoce el puchero! ¡No conoce la marmita!

MEFISTÓFELES

¡Deslenguado animal!

EL MONO

Toma el escobón que está aquí y siéntate en esta silla. ( Invitando a Mefistófeles a sentarse). FAUSTO

J O H A N W O L F G A N G G O E T H E

( Que durante este tiempo había permanecido delante de un es-pejo, ora acercándose a él ora alejándose). ¡Qué veo! ¿Que célica imagen

se muestra en este mágico espejo? ¡Oh, Amor, préstame las más veloces de tus alas y condúceme a la región que ella habita! ¡Ah! Si me muevo de este sitio, si me aventuro a acercarme no puedo verla sino co-mo envuelta en niebla. ¡La más hermosa imagen de mujer! ¿Es posible que la mujer sea tan bella? ¡He de ver yo en este cuerpo tendido el compendio de todos los cielos? ¿Existe en la tierra cosa igual? MEFISTÓFELES

Naturalmente, cuando todo un Dios se afana primero durante seis días, y aun al fin exclama ¡bravo!, por fuerza he de resultar una cosa razonable. Por esta vez, mira hasta saciarte; yo sabré descubrir para ti un tesoro parecido, y ¡dichoso aquel que, en calidad de novio, tenga la buena fortuna de conducirlo a su casa!

( Fausto mira sin cesar en el espejo; Mefistófeles, arrellanándose en el asiento y jugando con el escobón, sigue hablando).

Heme aquí sentado como un rey en su trono. Aquí tengo el cetro; sólo me falta la corona.

LOS ANIMALES

( Que hasta ahora han hecho toda clase de movimientos extrava- gantes en revuelta confusión, llevan con grande algarabía una corona a

Mefistófeles). ¡Oh! Tened la bondad de embadurnar esta corona con sudor y sangre.

F A U S T O

( Los animales manejan con torpeza la corona y la rompen en dos pedazos, con los cuales saltan de un lado a otro.)

¡Ya está hecho! Nosotros hablamos y vemos, nosotros olmos y rimamos.

FAUSTO

( Frente al espejo). ¡Ay de mí! Casi me vuelvo loco. MEFISTÓFELES

( Señalando a los animales). Ahora hasta casi comienza a darme vueltas la cabeza.

LOS ANIMALES

Y si ello nos sale bien, y si ello se concierta, resultan pensamien-tos.

FAUSTO

( Como antes). Mi pecho se me empieza a abrasar. ¡Huyamos presto!

MEFISTÓFELES

( En la actitud anterior).Vaya, al menos hay que reconocer que son poetas sinceros.

( La marmita, que hasta entonces la Mona había descuidado, empieza a rebozar. De resultas de ello, surge una gran llama que sube

hasta la chimenea. La BRUJA desciende rápidamente a través de la llama dando espantosos alaridos.)

J O H A N W O L F G A N G G O E T H E

LA BRUJA

¡Ay! ¡ay! ¡ay! ¡Arre allá, maldita marrana! ¡Bestia condenada! ¿Así cuidas de la marmita? ¿Así

quemas a la señora? ¡Maldito animal! ( Viendo a Fausto y Mefistófeles). ¿Qué es eso? ¿Quiénes sois?

¿Qué buscáis ahí? ¿Quién se ha metido aquí a hurtadillas? ¡Que el tormento del fuego os llegue hasta los huesos!

( Mete súbitamente la espumadera en la marmita y lanza con fuerza una rociada de llamas sobre Fausto, Mefistófeles y los animales. Los

animales dan gritos lastimeros.)

MEFISTÓFELES

( Da media vuelta al escobón que tiene en la mano, y golpea ,con el mango a derecha e izquierda los vasos y cacharros). - ¡Roto! ¡roto!

Ahí está derramada por el suelo la papilla. Ahí por tierra está el vaso. No es sino pura diversión, carroña; llevo el compás de tu melodía. ( Mientras la Bruja retrocede llena de furor y espanto). ¿Me conoces ahora, estantigua, tarasca? ¿No conoces a tu amo y señor? No sé qué me detiene que no te zurro y no te hago pedazos a ti y a tus espíritus-monos. ¿No tienes ya respeto al jubón rojo? ¿No sabes distinguir la pluma de gallo? ¿Por ventura he ocultado este rostro? ¿Será menester acaso que me nombre yo mismo?

LA BRUJA

¡Oh! Perdonad, señor, mi impolítico saludo. Pero no veo ningún pie de caballo. ¿D6nde están, pues vuestros dos cuer- nos?.

F A U S T O

MEFISTÓFELES

Por esta vez, te escapas así; porque la verdad es que hace ya algún tiempo que no nos hemos visto. La civilización, que pule al mundo entero, ha alcanzado también al mismo diablo. El Fantasma del Norte no se deja ver ya. ¿Dónde ves tú cuernos, rabo ni garras? Y en lo que atañe al pie, del cual no me puedo privar, me perjudicaría ante las gentes. Por esta razón, desde hace muchos años, me valgo, como más de un mozalbete, de pantorrillas postizas.

LA BRUJA

( Bailando). Casi pierdo el sentido y el juicio al ver aquí otra vez al señorito Satán.

MEFISTÓFELES

Guárdate bien, mujer, de darme tal nombre. LA BRUJA

¿Y por qué? ¿Qué os ha hecho?

MEFISTÓFELES

Desde hace mucho tiempo está inscrito en el libro de la fábula. Mas no por eso han mejorado los hombres; están libres del Malo, pero los malos han quedado. Llámame señor barón, y así se arregla la cosa. Yo soy un caballero como otro cualquiera. No puedes dudar de mi noble sangre. Mira: He aquí mis blasones. (Hace un ademán deshonesto.)

J O H A N W O L F G A N G G O E T H E

LA BRUJA

( Riendo a carcajadas). ¡Ja ja! Eso es muy propio de vuestro carácter. Sois un pícaro, como siempre lo fuisteis. MEFISTÓFELES

( A Fausto). Apréndelo bien, amigo mío. Esta es la manera de conducirse uno con las brujas.

LA BRUJA

Y ahora decidme, señores: ¿qué deseáis?

MEFISTÓFELES

Un buen vaso del licor que tú sabes. Pero he de pedirte del más añejo que tengas; los años doblan su fuerza. LA BRUJA

Que me place. Aquí tengo una redoma, de la cual por golosina bebo yo misma de vez en cuando, y que no hiede ya lo más mínimo. Con mil amores voy a ofreceros un vasito. ( En voz baja a Mefistófeles). Pero si ese hombre la bebe sin estar dispuesto bien lo sabéis, no puede vivir ni una hora.

MEFISTÓFELES

Es un buen amigo, a quien eso ha de hacer bien; quisiera para él lo mejor de tu cocina. Traza tu círculo, pronuncia tus fórmulas, y preséntale una taza llena.

F A U S T O

( La Bruja, haciendo estrambóticos ademanes, traza un círculo en el cual dispone objetos extraños.

Entretanto, los vasos y las mar-mitas

empiezan a sonar, haciendo música. Por fin, trae ella un grue-so librote y coloca los Monos dentro del círculo, para que le sirvan de atril y tengan la antorcha. Hace a Fausto seña de acercarse.)

FAUSTO

( A Mefistófeles). No, dime: ¿en qué vendrá a parar todo ello? Esos chirimbolos extravagantes, esos ademanes frenéticos, esa farsa tan ridícula me son conocidos y asaz odiosos.

MEFISTÓFELES

¡Bah! ¡bufonadas! Eso no es más que para reír. No seas tan repa-rón. Ella, como buen médico, ha de hacer un poco de comedia para que el licor te obre bien. ( Obliga a Fausto a entrar en el Círculo).

LA BRUJA

( Con grande énfasis empieza a declamar leyendo en el libro). Es menester que lo entiendas. De uno haz diez, y el dos quítalo, y tres haz al punto, ¡así eres rico! Deja el cuatro. De cinco y seis, así dice la bruja, haz siete y ocho; de esta suerte está consumado, y nueve es uno, y diez es ninguno. Esta es la tabla de multiplicar de las brujas.

FAUSTO

Antójaseme que la vieja delira.

J O H A N W O L F G A N G G O E T H E

MEFISTÓFELES

Mucho falta aún para terminar; bien lo sé. Así reza todo el libro. Harto tiempo he perdido yo en eso, puesto que una contradicción com-pleta resulta un misterio tanto para los sabios como para los necios. El arte, amigo mío, es viejo y nuevo. En todos los tiempos ha habido cos-tumbre de difundir, por tres y uno y uno por tres, el error en lugar de la verdad. De este modo se charla y se dogmatiza sin inquietarse uno lo más mínimo. ¿Quién va a meterse con los locos? De ordinario, el hombre cree cuando oye sólo palabras, pero es menester también que ellas hagan pensar alguna cosa. LA BRUJA ( Prosiguiendo). El alto poder de la sabiduría está oculto para todo el mundo. Y al que no discurre, a él es concedido; él lo tiene sin fatiga alguna.

FAUSTO

¡Qué desatinos está ensartando! Mi cabeza está a punto de esta-llar. Paréceme oír todo un coro de cien mil orates. MEFISTÓFELES

¡Basta, basta, ilustre sibila! Danos acá tu elixir, y llena pronto la copa hasta el borde, pues a mi amigo no le dañará esa bebida. Es hom-bre de muchos grados y ha echado más de un buen trago.

F A U S T O

( La Bruja vierte con muchas ceremonias el licor en una taza. En el momento en que Fausto la lleva a sus labios, brota una ligera llama.)

MEFISTÓFELES

¡Valor! Al coleto de una vez. Bebe sin vacilar. Eso te alegrará al instante el corazón. Te tuteas con el diablo, ¿y tendrás miedo a una llama?

( La Bruja rompe el círculo, y Fausto sale de él). MEFISTÓFELES

Y ahora salgamos al momento. No puedes estar en reposo.

LA BRUJA

Que os haga buen provecho el traguito.

MEFISTÓFELES

( A la Bruja.) Y si puedo complacerte en algo, no tienes que decírmelo en el aquelarre.

LA BRUJA

He aquí una canción. Si la cantáis de vez en cuando, notaréis un efecto singular.

MEFISTÓFELES

( A Fausto). Ven presto, y déjate guiar. Es necesario que trans-pires, a fin de que la virtud de la pócima penetre hasta el interior y exterior. Luego te enseñaré a apreciar la noble J O H A N W O L F G A N G G O E T H E

ociosidad, y bien pronto vas a sentir con íntimo deleite cómo se mueve Cupido y salta de acá para acullá. FAUSTO

Déjame siquiera mirar un momento más en el espejo. ¡Era tan seductora aquella imagen de mujer...!

MEFISTÓFELES

No, no. Ante ti has de ver bien pronto en persona el modelo ,de todas las mujeres. ( Aparte.) Con esa bebida en el cuerpo, presto verás una Helena en cada mujer.'

F A U S T O