Fausto

Johan Wolfgang Goethe · Capítulo 46 de 47

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Fausto

Grande Atrio del Palacio

Noche oscura. Algunas antorchas iluminan fantásticamente la escena MEFISTÓFELES

( Al frente de los otros, como capataz). ¡Venid, venid acá! Entrad, entrad, desvencijados Lémures, medias naturalezas mal forjadas con ligamentos, tendones y huesos. LOS LÉMURES

( En coro). Nos ponemos desde luego a tus órdenes, y se- gún lo hemos medio entendido, se trata quizás de un vasto terreno que hemos de' adquirir.

Ahí están las estacas puntiagudas, la larga cadena para medir. Porque nos llamaron, lo hemos olvidado.

MEFISTÓFELES

Aquí no es cuestión de trabajo artístico. Proceded sólo según vuestra propia

medida. Extiéndase en el suelo, tan largo como es, el más talludo de todos, y vosotros excavad el césped en todo el contorno. Cual lo hicieron para nuestros

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padres haced un hoyo en forma de cuadro un poco largo. Del palacio hasta la estrecha morada, ved ahí cuán estúpidamente corre todo a su fin.

LOS LÉMURES

( Cavando con ademanes grotescos). Cuando era joven y vivía entregado al amor, paréceme que era muy dulce; allí donde había alegre música y reinaba el jolgorio, allí se agitaban mis pies. Mas ahora la solapada vejez me ha herido con su muleta, y he dado un trompicón en la puerta de la tumba, porque ¡justamente estaba abierta!

FAUSTO

( Saliendo del palacio, llega a tientas hasta el quicio de la puerta). ¡Cuánto me deleita el ruido de las azadas! Es la multitud que trabaja a mi servicio, que reconcilia la tierra consigo misma, que fija su limite a las olas, que ciñe el mar con sólida barrera. MEFISTÓFELES

( Aparte). Al fin y al cabo, te afanas sólo para nosotros, con tus diques y malecones, puesto que preparas ya un gran festín a Neptuno, el demonio de las aguas. De todas maneras estáis perdidos; los elemen-tos están confabulados con nosotros, y todo eso corre a la destrucción.

FAUSTO

¡Capataz!

F A U S T O

MEFISTÓFELES

Aquí estoy.

FAUSTO

Por todos los medios posibles reúne masas y masas de obreros, aliéntalos mediante el logro y el rigor; paga, engolosina, engancha. Todos los días quiero tener aviso de cómo adelanta la emprendida obra del foso.

MEFISTÓFELES

( En voz baja). Si no estoy mal informado, no se trata de foso, sino de... una fosa.

FAUSTO

Extiéndase hasta el pie de la montaña una ciénaga que in- ficiona todo cuanto se ha ganado a fuerza de trabajo; desaguar también esa charca

pestilente fuera el logro supremo. A muchos millones de hombres les abro espacios donde puedan vivir, no seguros, es cierto, pero sí libres y en plena actividad. Verde y fértil es la campiña; hombres y rebaños se han cómodamente instalado desde luego en esta tierra del todo nueva, junto a la fuerte colina levantada por un pueblo audaz y laborioso. Aquí, en el interior, un país paradisíaco; allá fuera desátense en hora buena las olas subiendo hasta el borde, si a bocados mellan el dique para hacer violenta irrupción, todos, aunando sus esfuerzos, se apresuran a cerrar la brecha. Sí, a esta idea vivo entregado por completo; es el fin supremo de la sabiduría; sólo merece la

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libertad, lo mismo que la vida, quien se ve obligado a ganarlas todos los días. Y de esta suerte, rodeados de peligros, el niño, el adulto y el viejo pasan bien aquí sus años. Quisiera ver una muchedumbre así en continua actividad, hallarme en un suelo libre. Entonces podría decir al fugaz momento: “Detente, pues; ¡eres tan bello!”. La huella de mis días terrenos no puede borrarse en el transcurso de las edades. En el presentimiento de tan alta felicidad, gozo ahora del momento supremo.

(FAUSTO cae de espaldas. Los LÉMURES le cogen y le tienden en el suelo.)

MEFISTÓFELES

Ningún deleite le satisface, ninguna dicha le llena, y así va sin cesar en pos de formas cambiantes. El último, el mísero, el vano momento ansía retenerlo ese infeliz. Aquel que tan tenaz resistencia me opuso, queda dominado por el tiempo: el viejo yace ahí en la arena. Párase el reloj ... EL

CORO

¡Se para! Callado está cual la medianoche. Cae la manecilla.

MEFISTÓFELES

Cae; todo está consumado.

EL CORO

F A U S T O

Ha finido.

MEFISTÓFELES

¡Finido! ¡Necia palabra! ¿Por qué finido? Finido y pura nada son exactamente lo mismo. ¿Para qué nos sirve, pues, el eterno crear? Para reducir a la nada lo creado. ¡Conque ha finido! ¿Qué se ha de argüir de eso?

Es como si ello no hubiese jamás existido, y sin embargo, circula cual si existiese. En su lugar, prefiriera yo el vacío eterno.

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