Fausto
Noche Profunda
LINCEO
( El vigía, cantando desde la atalaya del palacio.) Nacido para ver, encargado de observar, sujeto por juramento a la torre, el mundo me encanta. Miro a lo lejos, veo en la cercanía la luna y las estrellas, la selva y el venado. Así, en todo percibo la eterna belleza, y como ello me place, yo me plazco también a mi. Lo que visteis, ojos afortunados, sea lo que fuese,
¡era en verdad tan bello...! ( Pausa). No estoy colocado tan alto aquí sólo para recrearme. ¡Qué horrible sobresalto me amenaza del mundo envuelto en tinieblas! Veo surgir centelleantes chispas a través de la doble noche de los tilos. Cada vez más violento se aviva un incendio atizado por la corriente de aire. ¡Ay! Arde el interior de la mohosa y húmeda choza.
Claman pronto auxilio, y ningún medio de salvación se vislumbra. ¡Ah! ¡los buenos ancianos, en otro tiempo tan cuidadosos del fuego vienen a ser presa de densa humareda! ¡Qué horrible suceso! Resplandece la llama; roja y hecha un ascua, sostiénese la negra armazón enmohecida. ¡Si al menos aquellas buenas gentes se hubiesen salvado de ese infierno F A U S T O
furiosamente abrasado! Brillantes fulgores, parecidos a lenguas de fuego, suben por entre las hojas y el ramaje, las ramas secas, que arden chisporroteando, se abrasan presto y se vienen abajo. ¿Por qué, ojos míos,
habías de percibirlo? ¿Por qué debo yo tener una vista tan penetrante?
Despló- mase la capillita bajo el peso de las ramas caídas; serpenteantes, las voraces llamas prenden ya en la cima, de los árboles, y hasta su raíz arden los huecos Aroncos, convertidos en ascuas rojas como la púrpura. ( Larga pausa. Canto). Lo que se recomendaba poco antes a la vista, ha desaparecido con los siglos.
FAUSTO
( En el balcón, frente a las dunas). ¿Qué plañidero canto, viene de arriba?
Sobrado tardíos son aquí palabra y sonido. Mi vigía prorrumpe en lamentos.
En el fondo de mi corazón me da grima este acto impaciente. Pero si desaparecieron los tilos, sin quedar de ellos más que unos horribles troncos medio carbonizados, bien presto queda construida una atalaya para mirar en lo infinito. Desde allí veré también la nueva morada que alberga a esa anciana pareja, que, impresionada por mi generosa atención, goza placentera de avanzados días.
MEFISTÓFELES Y LOS TRES COMPAÑEROS
( Abajo). Llegamos al trote largo. Perdonad. Eso no ha sido de buenas a buenas. Hemos llamado a la puerta, la hemos, aporreado, y nunca se abría.
La empujamos, la
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sacudimos, continuamos dando recios golpes, y entonces la carcomida puerta se vino abajo. Llamamos a voces y proferimos duras amenazas, pero no encontramos quien nos oyera. Y como ocurre en tales casos, ellos ni oían ni querían oír. Mas nosotros no hemos titubeado, y sin pérdida de tiempo te hemos desembarazado de ellos. La pareja no se ha dado gran pena, puesto que del susto ha caído exánime. Un extranjero, que estaba allí oculto y pretendía resistir, quedó tendido sin vida en el breve espacio de una lucha encarnizada. Unas ascuas esparcidas en derredor incendiaron la paja, y ahora todo arde libremente, cual hoguera para esos tres.
FAUSTO
¿Fuisteis sordos a mis palabras? Yo quería una permuta, no una expoliación.
Ese golpe inconsiderado, salvaje, lo maldigo. Tome su parte cada uno de vosotros. CORO
Dice la sentencia, la vieja sentencia: Obedece de buen grado, al poder. Y si eres osado y resistes, arriesga casa y hacienda y... tu persona. ( Vanse.) FAUSTO
( En el balcón). Las estrellas ocultan su mirada y su fulgor; el fuego decrece y despide exigua llama; un viento ligero, que da calofríos, le atiza haciendo llegar hasta mí humo y vapor. Pronto ordenado, harto pronto llevado a efecto... ¿Qué es
F A U S T O
aquello que viene flotando en el aire, parecido a unos fantasmas?
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