Mi yo contigo

Bela Marbel · Capítulo 19 de 30

Páginas del PDF

Mi yo contigo

Capítulo 18

 

¿Atrevimiento final?

 

—Buenas tardes, señorita Toyer, ¿se encuentra usted bien? —Stuart se dirigió a Lucy con la frialdad que requería el momento. Realmente ella lo sintió como la parte atacante, aunque le estaba hablando incluso con dulzura.

—Sí, gracias —consiguió contestar.

—Hablemos de la tarde de autos, ¿le parece?

Lucy no entendía ese tono meloso y preocupado.

—¿Qué estás haciendo? —le preguntó Lucy.

—Trato de que parezca que empatizo contigo, no puedo empezar atacándote porque el jurado se me pondría en contra, así es que comienzo como si estuviera preocupado por ti y después, cuando ya me los haya ganado, te machacaré.

—¿Eso es lo que haces tú como fiscal? —insistió la chica.

—Es lo que hace todo buen abogado.

—¿Manipular al jurado?

—Llámalo X, yo haré lo que tenga que hacer para ganar, los abogados de la defensa también. Si queremos que esto funciones, limítate a contestar, no me interrumpas, ¿de acuerdo?

—Bien.

—Perfecto —sentenció con retintín—. La noche en cuestión fue usted voluntariamente a la habitación de un grupo de chicos, sola.

—Protesto señoría, no era por la noche, sino por la tarde —interrumpió Jeremy.

—Mis disculpas, un descuido —se corrigió compungido Stuart.

—¡Y una mierda un descuido! ¡Has hecho trampas! Así parece que me lo busqué…

—¡Señorita Toyer! Limítese a contestar al abogado o tendré que apercibirla —la interrumpió Rina.

—Pero es que…

—Segundo aviso, continúe e incurrirá en desacato —insistió la secretaria.

Lucy cuadró la mandíbula y miró a Stuart con cara de pocos amigos.

—¡Tiempo muerto! —intervino el fiscal.

—Será mejor que repasemos las normas básicas —apuntilló Jeremy.

—Pero, Jeremy, es que lo ha hecho a posta para que parezca una buscona —protestó Lucy.

—Apenas he comenzado, créeme, él será mucho más duro. Tu abogado ha protestado y es todo lo que podemos hacer cuando esto suceda —la aleccionó Stuart.

—¡Pero lo han oído!

—Sí, y lo tendrán en cuenta por mucho que les ordene el juez, y aún tendrán más en cuenta tu reacción y, lo que verdaderamente importa que es tu respuesta. —La chica se mantuvo en un tenso silencio—. No has mirado al jurado ni una sola vez —la acusó.

—Al final es solo teatro, ¿no?

—¡Exacto! Por fin lo has entendido —confirmó Stuart levantando los brazos al cielo.

Lucy se aguantó las ganas de darle una bofetada y se decantó por el silencio rencoroso.

—Comencemos de nuevo —propuso Jeremy—. Lucy, mantén la calma, habla claro y mirando al jurado, obvia los ataques personales y confía en tu abogado, en caso de que el otro se pase no solo protestará, en su turno de preguntas, rebatirá y tratará de darle la vuelta de forma que su ataque le muerda el culo. Tu trabajo consiste en ser todo credibilidad y serenidad. ¿Estás preparada?

—Lo estoy.

—Pues comencemos otra vez.

 

Lyon salió del juzgado algo más animado de cómo había llegado. El gran jurado había decidido que podían usar el testimonio del eslabón débil. Lo que les venía muy bien teniendo en cuenta lo mucho que les estaba costando hacer que Lucy mantuviera la calma durante los ensayos de juicio que habían estado haciendo las últimas dos semanas. Ya habían seleccionado al jurado, tan solo un nativo entre ellos, un hombre lo suficientemente mayor como para ser considerado sabio en su cultura, o eso le había dicho Jeremy. No habían podido vetar a todos los hombres blancos que se identificarían con los padres de esos chicos, pero tenían un número suficiente de mujeres jóvenes que se sentirían en peligro y de hombres y mujeres de mediana edad que verían a la víctima como su hermana o hija.

En ocasiones echaba de menos a la chica asustadiza que era la joven al principio. Esa era manejable, la increíble mujer que tenía ahora delante era una guerrera dispuesta a saltar al cuello de cualquiera que tratara de imponerse.

Al final de la última sesión habían conseguido algo decente, pero debían seguir por ahí. Necesitaba algo más de tiempo, tiempo que no tenía ya que el juicio era inminente.

Ahora debía volver corriendo a la oficina porque tenía un mensaje de Jake diciéndole que lo esperaba en quince minutos. Hoy también se saltaría la comida.

Antes de entrar en el despacho de su jefe fue al baño y se acicaló frente al espejo, imaginó que le daría la enhorabuena por cómo estaban yendo las cosas y plantearían una estrategia a seguir de cara a los medios de comunicación. Le encantaría ser él quien diese el primer comunicado, pero estaba claro que ese honor se lo iba a guardar para él mismo el viejo Jake. Se conformaría con que durante el juicio le dejase dar alguna rueda de prensa. Su cara y su nombre en el noticiario, era todo lo que necesitaba para que cuando se presentase al cargo de fiscal federal, el senado lo ratificase.

Una vez se hubo peinado y estirado la chaqueta del traje negro de Armani que portaba ese día se dirigió a ver a Jake. Los zapatos italianos apenas hacían ruido al chocar contra el suelo de mármol.

—Buenos días, Linda —le dijo a la secretaria de su jefe tendiéndole una rosa que había robado del jardín.

—Siempre serás mi favorito, pase lo que pase. —Ese comentario intranquilizó a Stuart y le hizo notar de nuevo el cuchillo en su espalda.

Se plantó delante de la puerta y dio un par de golpes.

—Entra —se escuchó la voz de su jefe desde el otro lado.

—Buenas tardes, Jake. Hoy ha sido un gran día. Tengo un buen presentimiento con este caso —le soltó casi sin respirar.

—Precisamente de eso quería hablarte. —Le indicó una silla para que tomara asiento frente a él, al otro lado del enorme escritorio de roble casi negro que decoraba la sala.

Stuart vio a Jake abrir un cajón con una llave minúscula y sacar de él una botella de Jack Daniels y dos vasos. Le puso uno delante, otro lo dejó a la mano de él y repartió un par de dedos de licor para cada uno. Stuart sintió cómo el cuchillo se hundía un poco más en su interior. Se conocían demasiado bien como para no saber que toda esa parafernalia estaba precediendo una gran patada en sus partes. Le dio un trago al licor que quemó en su garganta antes de seguir bajando.

—¿Va todo bien, Jake? —se atrevió a preguntar.

—Estupendo, justo hace un momento he hablado con Laura de ello.

—¿Con Laura?

—Sí, te estaba ayudando en el caso de abuso, ¿cierto?

—Me ha echado una mano en el caso de la violación múltiple, sí. Con la investigación, sobre todo.

—Desde que se fue tu investigadora…

—Buscaré a alguien pronto.

—¿Cómo le va?

—¿A mi investigadora?

—Sí, ¿se ha afincado en Oklahoma finalmente?

—¿Estás dando un rodeo, Jake?

El hombre sonrío.

—Me conoces bien, Lyon. —Stuart asintió—. He tenido algunas reuniones durante la semana.

—¿Me vas a hablar de tus reuniones?

—Mis reuniones te afectan, Stuart. Aún quieres seguir ocupando mi puesto cuando me elijan gobernador, ¿cierto?

—Votaré por ti —le contestó.

Jake soltó una carcajada.

—Bien, el caso es que mi equipo y yo hemos estado recaudando fondos. —Stuart se mantuvo callado esperando el momento en que el puñal se clavara en su corazón desde atrás—. Hemos hecho algunos contactos, todo bien, todo correcto. Nos hemos traído un buen número de promesas.

—Y algunos cheques, supongo.

—Suficientes para empapelar este despacho, pero…

—Siempre hay un pero.

—Es un pero minúsculo.

—Y me lo cuentas porque…

—Porque si no te avienes a razones, y según Laura no lo harás, mis cheques volarán y con ellos tus aspiraciones a mi sillón.

—Y ahora es cuando pones las cartas sobre la mesa. —Stuart cogió la botella y rellenó los vasos.

—Debemos cambiar la estrategia en el caso de abuso.

—Violación múltiple.

—La cuestión es que hay que llegar a un acuerdo. Y lo más discreto posible.

—No podemos hacer eso. Estamos a punto de cambiar la historia. Por primera vez podemos ganarnos el respeto de la comunidad indígena, eso también son votos para los futuros gobernadores.

—Es posible, pero los acusados son hijos de personas influyentes y eso se traduce en…

—Dinero.

—… financiación para las campañas y cien veces más votos que los que tú propones. La comunidad india no es muy dada a votar.

—¿Por qué será?

—No seas obtuso, Stuart.

—Vamos a vender a la chica.

—Vamos a ahorrarle una locura de juicio que la pondrá en la picota.

—Lo sabe y quiere hacerlo, está dispuesta a sacrificar su tranquilidad para dar visibilidad a la causa.

—¿En qué momento has convertido mi caso en una causa? —Stuart calló una respuesta que no le iba a hacer ningún favor—. Laura me ha dicho que te has tomado muchas molestias para prepararla bien.

—Hago lo necesario.

—Es una chica muy guapa.

—Es una víctima.

—Procura recordarlo.

—¿Me estás ordenando que llegue a un acuerdo?

—La decisión última es tuya, por supuesto, yo no puedo más que sugerirte lo que es bueno para todos. Y además me preocupo por saber si te has implicado emocionalmente con… la víctima.

—No me he implicado más que en el resto de mis casos.

—Bien. Voy a creerte. Solo quiero que tengas en cuenta las posibles repercusiones de una mala decisión, no me gustaría verme obligado a sustituirte por conducta impropia. Me preocupo por tu carrera.

Ambos hombres quedaron en silencio durante un largo minuto, finalmente Jake volvió a hablar:

—¿Quieres dejar de ser adjunto y sentarte en este sillón?

—Ya sabes que sí —le contestó Stuart.

—Entonces harás lo que tengas que hacer.