Obscuritas
Capítulo 1
El comisario jefe era un idiota.
Vaya mierda todo esto, una cosa totalmente absurda.
El comisario Fransson se enzarzó en una larga y malhumorada perorata.
Micaela Vargas no soportaba escucharle y, además, hacía demasiado calor en
el coche. Al otro lado de la ventanilla se sucedían las casas señoriales de
Djursholm.
—¿No lo hemos pasado? —preguntó.
—Tranquila, bonita, tranquila; no es que este sea precisamente mi barrio
—contestó Fransson al tiempo que se daba aire con la mano.
Poco después atravesaron la puerta de una verja y continuaron por una
extensa zona ajardinada hasta llegar a una casa de piedra muy grande,
provista de pilares claros a lo largo de la fachada, y el nerviosismo que
Micaela sentía se intensificaba. En realidad trabajaba como policía de barrio,
pero ese verano la habían trasladado a homicidios para participar en una
investigación, porque el hombre sospechoso de ser el autor del crimen era un
conocido suyo: Giuseppe Costa. Hasta el momento su trabajo consistía en
poco más que hacer comprobaciones sencillas y ser la chica de los recados.
Aun así, ese día le habían pedido que fuera a ver a un tal profesor Rekke,
quien, según el comisario jefe, les iba a poder ayudar con el caso.
—Esa debe de ser la señora —dijo Fransson señalando a una elegante
mujer pelirroja vestida con unos pantalones blancos que había salido a la
escalera de entrada a recibirlos.
Como salida de una película, pensó Micaela, sudorosa e incómoda, antes
de bajar del coche y atravesar la grava perfectamente rastrillada que había
delante de la casa.