Odas y sonetos
[¡Cuántos bardos dan brillo a los lapsos del tiempo!]
¡Cuántos bardos dan brillo a los lapsos del tiempo! Unos cuantos de ellos han sido el alimento
de mi feliz ensueño: podía divagar
sobre sus cualidades, terrenas o sublimes;
y algunas veces, cuando me dispongo a escribir, en tropel se me cuelan delante de mi mente,
pero no me ocasionan irritantes molestias
ni confusión alguna: es un grato tañido.
Por eso los innúmeros sonidos de la tarde
—el canto de los pájaros, el susurro de hojas,
la voz de los arroyos, las campanas que exhalan sus sonidos solemnes, y miles más de ellos
que la distancia priva de ser reconocidos—
son música agradable y no una algarabía.
N. del T.: Este es un soneto representativo del proceso poético de su autor. En el proceso confluyen las lecturas de los grandes poetas del pasado y las sensaciones de la naturaleza; éstas se unen en la mente del poeta, el cual logra una abstracción de todas ellas (verso undécimo); esto produce una «música agradable», es decir, una armonía.